“Y después de traer las barcas a tierra, dejándolo todo, le siguieron” (Lucas 5:1-11)

La pêche miraculeuse (La pesca milagrosa), James Tissot (francés, 1886-1896)

La pêche miraculeuse (La pesca milagrosa), James Tissot (francés, 1886-1896)

Y aconteció que mientras la multitud se agolpaba sobre El para oír la palabra de Dios, estando Jesús junto al lago de Genesaret, vio dos barcas que estaban a la orilla del lago, pero los pescadores habían bajado de ellas y lavaban las redes. Subiendo a una de las barcas, que era de Simón, pidió que se separara de tierra un poco; y sentándose, enseñaba a las multitudes desde la barca. Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: Sal a la parte más profunda y echad vuestras redes para pescar. Respondiendo Simón, dijo: Maestro, hemos estado trabajando toda la noche y no hemos pescado nada, pero porque tú lo pides, echaré las redes. Y cuando lo hicieron, encerraron una gran cantidad de peces, de modo que sus redes se rompían; entonces hicieron señas a sus compañeros que estaban en la otra barca para que vinieran a ayudarlos. Y vinieron y llenaron ambas barcas, de tal manera que se hundían. Al ver esto, Simón Pedro cayó a los pies de Jesús, diciendo: ¡Apártate de mí, Señor, pues soy hombre pecador! Porque el asombro se había apoderado de él y de todos sus compañeros, por la redada de peces que habían hecho; y lo mismo les sucedió también a Jacobo y a Juan, hijos de Zebedeo, que eran socios de Simón. Y Jesús dijo a Simón: No temas; desde ahora serás pescador de hombres. Y después de traer las barcas a tierra, dejándolo todo, le siguieron.


Comentario

San Juan Crisóstomo (Constantinopla, siglo IV)

    Pondera su obediencia y su fe. Desde luego, en pleno ejercicio de la pesca – y ya sabéis cuánto apasiona semejante ejercicio – lo oyen que los llama; y no lo dejan para después ni dudan, ni le dijeron: Regresaremos a la casa y lo consultaremos con los parientes, sino que al punto lo siguen, como lo había hecho Eliseo con Elías [1 Reyes 19:20,21]. Esta obediencia es la que Cristo nos pide y la busca en nosotros, de manera que no la difiramos ni por un momento, ni aun cuando alguno de nuestros más allegados quisiera obligarnos. Por esto, al que se le acercó diciendo que le permitiera ir a enterrar a su padre [Mateo 8:21,22], ni siquiera eso le permitió, declarando de esta manera que la obligación de seguir a Cristo debe anteponerse a todo lo demás.

Homilías Sobre el Evangelio de San Mateo, Homilia XIV (tr. del griego por Padre Rafael Ramírez Torres, SJ)

(http://www.clerus.org/bibliaclerusonline/es/evy.htm#t)

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Alimentación de los cinco mil (Marcos 6:30-35)

La multiplicité des pains, James Tissot (1886-1896)

La multiplicité des pains, James Tissot (1886-1896)

Los apóstoles se reunieron con Jesús, y le informaron sobre todo lo que habían hecho y enseñado. Y El les dijo: Venid, apartaos de los demás a un lugar solitario y descansad un poco. (Porque había muchos que iban y venían, y ellos no tenían tiempo ni siquiera para comer.) Y se fueron en la barca a un lugar solitario, apartado. Pero la gente los vio partir, y muchos los reconocieron y juntos corrieron allá a pie de todas las ciudades, y llegaron antes que ellos. Al desembarcar, El vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos, porque eran como ovejas sin pastor; y comenzó a enseñarles muchas cosas. Y cuando era ya muy tarde, sus discípulos se le acercaron, diciendo: El lugar está desierto y ya es muy tarde; despídelos para que vayan a los campos y aldeas de alrededor, y se compren algo de comer. Pero respondiendo El, les dijo: Dadles vosotros de comer. Y ellos le dijeron: ¿Quieres que vayamos y compremos doscientos denarios de pan y les demos de comer? Y El les dijo: ¿Cuántos panes tenéis? Id y ved. Y cuando se cercioraron le dijeron: Cinco, y dos peces. Y les mandó que todos se recostaran por grupos sobre la hierba verde. Y se recostaron por grupos de cien y de cincuenta. Entonces El tomó los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, los bendijo, y partió los panes y los iba dando a los discípulos para que se los sirvieran; también repartió los dos peces entre todos. Todos comieron y se saciaron. Y recogieron doce cestas llenas de los pedazos, y también de los peces. Los que comieron los panes eran cinco mil hombres. Enseguida hizo que sus discípulos subieran a la barca y fueran delante de El al otro lado, a Betsaida, mientras El despedía a la multitud.

 

Comentario por San Juan Crisostomo (siglo IV):


    Y mandando a la muchedumbre que se sentara sobre la hierba, tomó los cinco panes y los dos peces; y alzando los ojos al cielo, bendijo y partió los panes y se los dio a los discípulos y éstos a la muchedumbre. Y comieron todos y se saciaron y recogieron de los fragmentos sobrantes doce cestos llenos, siendo los que habían comido unos cinco mil hombres, sin contar las mujeres y los niños.

    ¿Por qué alzó los ojos al cielo y bendijo? Para que se creyera que El había salido del Padre y era igual a El. Pero las pruebas de ambas cosas parecían contradecirse. Demostraba la igualdad el que todo lo hacía con potestad propia; pero que hubiera venido del Padre no lo habrían creído sino viéndolo obrar todas las cosas con humildad y refiriéndolo todo al Padre e invocándolo para las obras que llevaba a cabo. Por tal motivo, no hace ni sólo una cosa, ni sólo la otra, para confirmar ambas verdades: hace los milagros con plena potestad unas veces y otras invocando al Padre. Y para que no pareciera que en esto había contradicción, en las cosas de menor importancia alza sus ojos al cielo; pero en las de mayor importancia procede con potestad propia: para que comprendas que también en las cosas menores su potestad no la recibe de otra parte, pero que honra a su Padre.

    Cuando perdonó los pecados y abrió el paraíso para introducir al ladrón, y cuando con imperio abrogó la Ley antigua y cuando resucitó innumerables muertos y cuando enfrenó el mar y descubrió los secretos de los corazones y creó los ojos -obras todas propias de sólo Dios y no de otro-, jamás se dice que rogara; en cambio cuando procuró que los panes superabundaran -cosa que es, con mucho, inferior a esas otras-, alza los ojos al cielo, demostrando así lo que ya dije; y enseñándonos a no sentarnos a la mesa antes de dar gracias a Dios que nos proporciona el alimento.

Homilías Sobre el Evangelio de San Mateo, Homilia XLIX (tr. del griego por Padre Rafael Ramírez Torres, SJ)