“Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón” (Mateo 11:27-30)

La oración de San Efrén el Sirio (siglo IV)

La oración de San Efrén el Sirio (siglo IV)

Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre; y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni al Padre conoce alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar. Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga.

Reina Valera Revisada (1960)

Cánon de Eusebio:

Mateo Marcos Lucas Juan
11:27 10:22 3:35;13:3;16:15;1:18;5:37;6:46;7:28-29;8:19;10:15;15:21;17:25
11:28-30

 


Homilía por San Juan Crisóstomo (siglo IV)

Venid a mí todos los que estáis fatigados y cargados, que Yo os aliviaré.

 

No éste o aquél, sino todos los que vivís en solicitudes, en tristezas, en pecados. Venid, no para que Yo os castigue, sino para perdonaros vuestros pecados. Venid, no porque Yo necesite de vosotros y vuestra gloria, sino porque tengo sed de vuestra salvación. Yo, dice, OÍ aliviaré. No dice: “os haré salvos,” sino lo que es mucho más, “os daré un descanso perfecto.” Tomad sobre vosotros mi yugo y aprended de Mí que soy manso y humilde de corazón y hallaréis la paz para vuestras almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera. Como si dijera: no temáis al oír yugo, puesto que es suave; no tembléis al oír carga, puesto que es ligera.

Entonces ¿cómo anteriormente dijo: La puerta es angosta y el camino estrecho? [Mateo 7:13] Esto es verdadero, pero se trata de cuando sois remisos, si sois perezosos; en cambio, si hacéis lo que antes se os ha dicho, será todo una carga ligera. En este sentido lo dijo ahora. Mas ¿cómo podrá realizarse? Si eres humilde, si eres manso, si eres modesto. Esta virtud es la madre y principio de todas las virtudes. Por esto al empezar a establecer las leyes divinas, por aquí dio principio [Mateo 5:3]. Hace lo mismo ahora y establece una gran recompensa. Como si dijera: de este modo no únicamente serás útil a otros, sino, antes que para nadie, para ti mismo preparas una gran recompensa. Puesto que: Hallaréis descanso para vuestras almas. Antes de la recompensa futura ya aquí te adelanta otra y te da el premio. Con esto hace más aceptable su sentencia y con ponerse El mismo como ejemplo. Entonces ¿qué temes? ¿que te desprecien si eres humilde? Mírame y apréndelo todo de Mí: conocerás entonces cuán grande bien hay en ello. ¿Observas cómo por todos los medios induce a la humildad? Por lo que El ha hecho: Aprended de Mí que soy manso. Por lo que ellos ganarán: Hallaréis descanso para vuestras almas. Por lo que El les da: Os aliviaré. Por haberles hecho ligera la carga: Porque mi yugo es suave y mi carga ligera. Pablo nos persuade lo mismo diciendo: La momentánea y ligera tribulación nos prepara un peso eterno de gloria incalculable [2 Corintios 4:17]. Preguntarás: ¿cómo es ligera la carga, pues dice: El que no aborrece a su padre y a su madre; y el que no toma su cruz y me sigue no es digno de Mí; y el que no renuncia a todo lo que posee no puede ser mi discípulo? [Lucas 14:26,27,33; Mateo 10:37,38]  Y ordena aborrecer al alma misma [Mateo 16:25]. Que Pablo resuelva tu dificultad diciendo: ¿Quién nos arrebatará el amor de Cristo? ¿La tribulación, la angustia, la persecución, el hambre, la desnudez, el peligro, la espada? [Romanos 8:35] Y también: Tengo por cierto que los padecimientos del tiempo presente no son nada en comparación con la gloria que ha de manifestarse en nosotros [Romanos 8:18]. Que te lo enseñen los apóstoles, que tras de infinitos azotes volvían de la reunión de los judíos: Gozosos porque habían sido dignos de padecer ultrajes por el nombre de Jesús [Hechos 5:41].

Y si todavía temes y tiemblas al oír yugo y carga, semejante temor ya no brota de la naturaleza de las cosas, sino de tu desidia; de manera que si eres diligente y fervoroso, todo te será leve y fácil. Por tal motivo Cristo, persuadiéndonos de la necesidad de trabajar, no habló sólo de cosas suaves ni sólo de trabajosas, sino de ambas. Puesto que habló de yugo, pero lo llamó suave; nombró la carga, pero añadió que es ligera. Todo para que no rehúyas tales cosas por ser onerosas, ni tampoco las desprecies como demasiado fáciles. Pero si tras de todo esto aún te parece difícil la virtud, piensa que más difícil es la perversidad, como lo dejó entender el mismo Cristo. Pues antes de decir: Tomad mi yugo, puso por delante lo otro: Venid vosotros los que estáis fatigados y cargados, declarando que el pecado es laborioso y carga pesada y difícil de soportar. Porque no dijo únicamente fatigados, sino además cargados.

Lo mismo dijo el profeta describiendo la naturaleza del pecado: Pesan mis iniquidades sobre mí como pesada cargad [Salmos 37:4 LXX]. Y Zacarías, pintándolo, lo llama talento de piorno [Zacarías 5:7,8]. Y la experiencia así lo demuestra también. Pues no hay nada que tanto pese sobre el alma, que tanto ciegue y deprima, como la conciencia de pecado; ni nada que tanto levante la voluntad como la posesión de la justicia y la virtud. Atiende, te ruego. ¿Qué cosa más pesada que nada poseer, presentar la otra mejilla, no vengarse del que hiere, morir de muerte violenta? Y sin embargo, si bien discurrimos, todo eso es fácil y ligero y aun produce placer.

Mas, para que no os turbéis, examinemos cosa por cosa. Y si os parece bien, comencemos con lo que a muchos les parece trabajosísimo. ¿Acaso te parece, dime, pesado y enojoso cuidar de sólo el alimento, o más bien estar envuelto en mil solicitudes? ¿Tener el hombre un solo vestido y nada más buscar, o más bien, poseyendo en casa muchas riquezas, estar atormentado día y noche y andar temblando, temiendo y angustiado por guardarlas, no sea que la polilla las roa o que el esclavo cargue con ellas y huya? Pero, por mucho que yo diga, no podré pintar el caso tal cual es mejor que la misma experiencia. Por lo cual, me gustaría que estuviera presente alguno de los que han llegado a la cumbre de la virtud, con lo que tocaríais como con la mano el gozo de la pobreza. Nadie de los amantes de la pobreza recibiría las riquezas ni aun regaladas. Preguntarás: bueno ¿pero los ricos querrían alguna vez hacerse pobres y abandonar el cuidado de la riqueza? Respondo que esto nada significa, sino que es prueba de necedad y de enfermedad gravísima y que no demuestra que haya gozo en la posesión de las riquezas.

Sírvannos de testigos en esto los que diariamente se lamentan de semejantes cuidados y piensan que una vida así no es factible ni puede vivirse. En cambio los pobres no andan así, sino que se ríen, se gozan, se glorían de la pobreza, no menos que el rey con su diadema. También el presentar la otra mejilla al que nos hiere, en vez de herirlo por parte nuestra, es, si bien se considera, lo más llevadero y más agradable. Porque de lo segundo nacen las guerras; de lo primero, el término de ellas. Con lo segundo a veces enciendes la hoguera de la ira del otro; con lo primero, por el contrario, apagas tu llama propia. Y a todos es manifiesto ser más dulce no inflamarse que en el fuego quemarse.

Y si en las cosas materiales es esto verdad, mucho más lo es en lo que toca al alma. ¿Qué te parece más ligero, luchar o ser coroñado? ¿Estar en el pugilato o disfrutar del premio? ¿Luchar con las olas o estar ya en el puerto? A la verdad, aun el morir es mejor que el vivir. Porque la muerte libra de los peligros y de las olas; mientras que la vida pone en los peligros y nos expone a mil asechanzas y angustias que la hacen desagradable. Y si no crees a lo dicho, escucha a quienes al tiempo de los combates contemplaron el rostro de los mártires; y cómo, mientras eran azotados y destrozados, estaban llenos de regocijo y alegres: metidos en las sartenes se gozaban y alegraban más que si los tendieran en lechos de flores. Por esto Pablo, que iba a cerrar el curso de su vida con una muerte violenta, ya a punto de salir de ella, exclamaba: Me alegro y me congratulo con todos vosotros; y vosotros igualmente alegraos y congratulaos conmigo [Filipenses 2:17,18]. ¿Observas con cuánta grandeza de alma convoca al orbe todo para que participe de su gozo? ¡Tan gran bien le parecía ser el salir de este mundo! ¡tan deseable aquella muerte terrible! ¡tan apetecible y amable!

Pero que el yugo de la virtud sea suave y ligero, hay muchas razones que lo declaran. Y si os place, veamos finalmente las cargas del pecado. Traigamos al medio a los avaros, es decir, a esos que sin vergüenza alguna traen y llevan los préstamos. ¿Qué habrá más laborioso que semejante negociación? ¡Cuántos padecimientos! ¡cuántas solicitudes! ¡cuántos escollos! ¡cuántos peligros! ¡cuántas trampas y asechanzas! ¡cuántas guerras que nacen cada día de semejante lucro! ¡cuántos alborotos y tumultos! Así como jamás puedes ver el mar sin oleajes, así tampoco a esa alma sin cuidados y temores y tristezas y perturbaciones. Apenas se apartan unas y llegan otras; y tras éstas, otras; y aún no apaciguadas éstas, otras al punto se levantan.

¿Quieres que observemos el ánimo de un rijoso e iracundo? ¿Qué hay peor que sus tormentos? ¿qué cosa más cruel que sus llagas interiores? ¿qué más ardiente que ese horno siempre encendido y que esa llama que jamás se extingue? Y si te vuelves hacia los que se mueren por la belleza de los cuerpos, y están apegados a la vida presente ¿qué servidumbre hay más grave que ésta? Llevan una vida de Caín, la pasan en perpetuos miedos y terrores; y si muere alguno de los que ellos aman, lloran su muerte más que la de un pariente o consanguíneo. Y ¿qué hay más turbulento y feroz que un hombre soberbio? Dice Cristo: Aprended de Mí que soy manso y humilde de corazón y hallaréis descanso para vuestras almas. La clemencia es madre de todos los bienes.

En consecuencia, no temas, no te apartes de ese yugo que te librará de todos los males. Tómalo sobre tu cuello con presteza, y entonces experimentarás su placer. Porque no quebrantará tu cerviz. Se te impone para conservación del buen orden y para enseñarte a caminar cadenciosamente y a buen ritmo y para llevarte por el camino real y librarte de los precipicios que hay a una parte y a otra; y para que así recorras con facilidad la senda angosta. Entonces, ya que tantos bienes acarrea, tan grandes, tanta seguridad, tanta alegría, llevemos con pleno ánimo” y con todo empeño este yugo, a fin de encontrar en esta vida descanso para nuestras almas, y conseguir los bienes por gracia y benignidad de nuestro Señor Jesucristo, al cual sea la gloria y el imperio, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

Homilía XXXVIII sobre el Evangelio de San Mateo (tr. por Rafael Ramírez Torres, SJ)

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“Yo os bautizo con agua; pero viene el que es más poderoso que yo …” (Lucas 3:1-18)

Juan Bautista, icono por Andrei Rublev (siglo XV, Rusia)

Juan Bautista, icono por Andrei Rublev (siglo XV, Rusia)

En el año decimoquinto del imperio de Tiberio César, siendo Poncio Pilato gobernador de Judea, y Herodes tetrarca de Galilea, y su hermano Felipe tetrarca de la región de Iturea y Traconite, y Lisanias tetrarca de Abilinia, durante el sumo sacerdocio de Anás y Caifás,vino la palabra de Dios a Juan, hijo de Zacarías, en el desierto. Y él fue por toda la región contigua al Jordán, predicando un bautismo de arrepentimiento para el perdón de los pecados; como está escrito en el libro de las palabras del profeta Isaías:

VOZ DEL QUE CLAMA EN EL DESIERTO: “PREPARAD EL CAMINO DEL SEÑOR, HACED DERECHAS SUS SENDAS.

TODO VALLE SERA RELLENADO, Y TODO MONTE Y COLLADO REBAJADO; LO TORCIDO SE HARA RECTO, Y LAS SENDAS ASPERAS SE VOLVERAN CAMINOS LLANOS;

Y TODA CARNE VERA LA SALVACION DE DIOS.”

Por eso, decía a las multitudes que acudían para que él las bautizara: ¡Camada de víboras! ¿Quién os enseñó a huir de la ira que vendrá? Por tanto, dad frutos dignos de arrepentimiento; y no comencéis a deciros a vosotros mismos: “Tenemos a Abraham por padre”, porque os digo que Dios puede levantar hijos a Abraham de estas piedras. Y también el hacha ya está puesta a la raíz de los árboles; por tanto, todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado al fuego. Y las multitudes le preguntaban, diciendo: ¿Qué, pues, haremos? Respondiendo él, les decía: El que tiene dos túnicas, comparta con el que no tiene; y el que tiene qué comer, haga lo mismo. Vinieron también unos recaudadores de impuestos para ser bautizados, y le dijeron: Maestro, ¿qué haremos? Entonces él les respondió: No exijáis más de lo que se os ha ordenado. También algunos soldados le preguntaban, diciendo: Y nosotros, ¿qué haremos? Y él les dijo: A nadie extorsionéis, ni a nadie acuséis falsamente, y contentaos con vuestro salario. Como el pueblo estaba a la expectativa, y todos se preguntaban en sus corazones acerca de Juan, si no sería él el Cristo, Juan respondió, diciendo a todos: Yo os bautizo con agua; pero viene El que es más poderoso que yo; a quien no soy digno de desatar la correa de Sus sandalias; El os bautizará con el Espíritu Santo y fuego. El bieldo está en su mano para limpiar completamente su era y recoger el trigo en su granero; pero quemará la paja en fuego inextinguible. Y también con muchas otras exhortaciones Juan anunciaba las buenas nuevas al pueblo.

 

La Bibila de Las Americas

 

*3:3 … predicando un bautismo de arrepentimiento por LBLA. Mas bien,… predicando EL bautismo de arrepentimiento [κηρύσσων βάπτισμα μετανοίας]

Cánon de Eusebio:

Mateo Marcos Lucas Juan
3:1-2 3:1-2 1:6-8; 3:23
3:3 1:3 3:3-6 1:23
3:7-10 3:7-9
3:10-15
3:11 1:7-8 3:16 1:15,26-27,30-31; 3:28
3:12 3:17-18

 


Comentario

Homilía por San Juan Crisóstomo (siglo IV)

Hubo un hombre enviado por Dios, llamado Juan  (Juan 1:6)

El Evangelista, en su doctrina sobre el Dios Verbo, puso las cosas más esenciales y necesarias; y procediendo por su orden, vino luego al Precursor del Verbo, llamado Juan. Pero tú, cuando oyes que fue enviado por Dios, piensa desde luego que nada de lo que dice lo dice al modo humano. Porque no dice cosas suyas, sino del que lo envía. Por tal motivo fue llamado ángel o enviado [ἄγγελος, angelos] [Malaquías 3:1]. El oficio del ángel o enviado es no decir nada suyo. Además, eso de hubo no significa que vino a la existencia, sino que se le dio una misión. Fue enviado por Dios es lo mismo que fue enviado de Dios. Yo pregunto: ¿cómo es que los herejes dicen que aquello de: Subsistiendo en la naturaleza divina [Filipenses 2:6] no se ha de entender de una igualdad del Hijo con el Padre, porque la palabra Dios no lleva artículo? Tampoco acá hay artículo alguno. Entonces ¿aquí no se refiere al Padre? Pero ¿qué diríamos del profeta que clama: He aquí que yo envié a mi mensajero para allanar el camino delante de ti [Malaquías 3:1, Marcos 1:2]? Ese mi y ti significan personas.

Este vino como testigo para dar testimonio de la luz (Juan 1:7).

Preguntará alguno: ¿Cómo es eso de que el siervo da testimonio del Señor? Pues bien: ¿no te admirarás más aún y dudarás cuando veas que no sólo es testificado por el siervo, sino que El mismo acude al siervo y es bautizado por el siervo, estando mezclado con los demás judíos? No conviene perturbarse ni alborotarse, sino más bien admirarse de la inefable benignidad del Señor. Si alguno duda y permanece turbado, el Señor le dirá lo que al Bautista: Déjame ahora hacer: pues así conviene que cumplamos toda justicia [Mateo 3:15]. Y si más aún se conturba, le añadirá lo que dijo a los judíos: Yo no necesito que un hombre testifique en favor mío [Juan 5:34]. Pero si Jesús no necesita de semejante testimonio, entonces ¿por qué Juan fue enviado por Dios? No fue porque Cristo necesitara de semejante testimonio: afirmarlo sería el colmo de la impiedad. Entonces ¿por qué? Juan mismo nos lo enseña cuando dice: Para que todos creyeran en El [Juan 1:7].

Cristo, habiendo dicho: Yo no necesito que un hombre testifique en favor mío [Juan 5:34], para no parecer ante los necios como contradiciéndose, ya que en una ocasión afirma: Es otro el que da testimonio de Mí y sé Yo que su testimonio es verdadero [Juan 5:32] refiriéndose a Juan; y en esta otra dice: Yo no necesito que un hombre testifique en favor mío, El mismo añadió la solución: Lo digo por vosotros, para que os salvéis [Juan 5:34]. Que es como si dijera: Soy Dios y verdadero Hijo de Dios y de su misma substancia inmortal y feliz, y no necesito del testimonio de ningún hombre. Pues aun cuando nadie quisiera testificarlo, no por eso sería yo en nada inferior en naturaleza al Padre. Mas como tengo el cuidado de muchos, me he abajado a esta humillación de dar el oficio de testificar de Mí a un hombre.

Atendiendo a la debilidad y bajas apetencias de los judíos, parecía que por este camino sería más fácil que creyeran en El. De manera que así como se revistió de carne para no descender al certamen en su manifiesta divinidad, lo que hubiera sido dar muerte a todos, así envió a un hombre como heraldo, para que escuchando ellos la voz de uno de su mismo linaje, más fácilmente se le acercaran los que entonces lo oyeran. No teniendo necesidad del testimonio del Bautista, cosa que sólo podía demostrarse apareciendo en clara substancia, con lo que habría espantado a todos, no procedió así, como hace un momento lo dije, pues a todos los hubiera perdido, por no poder nadie resistir la fuerza de aquella luz inaccesible. Tal fue el motivo de revestirse de carne y dar a uno de nuestros consiervos el oficio de testimoniar acerca de El; porque El todo lo hizo buscando siempre la salvación de los hombres. Por lo cual cuidó al mismo tempo de su propia dignidad y de la capacidad de entender de sus oyentes y de la utilidad de los mismos.

Dando a entender esto, decía: Esto lo digo por vosotros, para que seáis salvos. Y el evangelista, que dice lo mismo que afirma el Señor, una vez que dijo: Para dar testimonio de la luz, añadió: Para que por su medio creyeran todos en El [Juan 1:7]. Como si dijera: No pienses que vino Juan el Bautista para añadir algo a la fe en las palabras del Señor. No vino para eso, sino para que por su medio creyeran sus congéneres los judíos. Y que el evangelista lo haya dicho para suprimir esa imaginación, consta por lo que sigue. Pues añadió: No era él la luz [Juan 1:8]. Si no lo hubiera dicho con el objeto de apartar la imaginación que indiqué, resultaría inútil decirlo y más sería una repetición que no una explicación de la doctrina. Habiendo dicho ya: Fue enviado para que diera testimonio de la luz ¿por qué había de añadir: No era él la luz? No lo hizo sin causa y motivo. Lo que sucede es que como entre nosotros con frecuencia es de mayor dignidad el que testifica que aquel de quien testifica, por lo cual de ordinario se le juzga más digno de fe, para que nadie imaginara eso del Bautista, ya desde el principio lo excluye; y una vez corregido eso de raíz, declara quién es el que testifica y quién aquel del que da testimonio, y cuán grande es la diferencia entre ambos.

Hecho esto, y demostrada la incomparable excelencia del Verbo, prosigue confiadamente con lo demás. Rechazado ya con diligencia lo que de absurdo podría ocurrirse a los necios, se dedica a enseñar la doctrina fácilmente y sin tropiezo. Roguemos, pues, al Señor que, ya que poseemos la revelación de tantas y tan excelentes cosas, y juntamente la recta y sana doctrina, llevemos una vida pura y santa. Pues la doctrina de nada nos aprovecha sin las buenas obras. Aun cuando logremos una fe plena y una inteligencia clara de todas las Escrituras, si no tenemos el patrocinio de una vida buena, nada obstará para que caigamos en la gehenna del fuego y nos quememos para siempre en la llama inextinguible. Así como los que obraron el bien resucitarán para vida eterna, así los que se atrevieron a llevar una vida desordenada, resucitarán para un castigo sin acabamiento y eterno.

En consecuencia, empleemos todo nuestro empeño, para que la ganancia lograda mediante la fe correcta, no la perdamos a causa de la perversidad en nuestras obras; sino que tras de vivir acá piadosamente, nos presentemos confiados ante Cristo, felicidad que no tiene igual. Ojalá que nosotros, conseguido todo lo dicho, en todo procedamos para la gloria de Dios; al cual sea la gloria, juntamente con el Hijo Unigénito y el Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.

Homilías sobre el Evangelio de San JuanHomilía VI

La genealogía de Cristo (Mateo 1:1-25)

La prostituée de Jéricho et les deux espions, James Tissot (francés, 1902)

La prostituée de Jéricho et les deux espions, James Tissot (francés, 1902)

Libro de la genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham. Abraham engendró a Isaac, Isaac a Jacob, y Jacob a Judá y a sus hermanos; Judá engendró, de Tamar, a Fares y a Zara, Fares engendró a Esrom, y Esrom a Aram; Aram engendró a Aminadab, Aminadab a Naasón, y Naasón a Salmón; Salmón engendró, de Rahab, a Booz, Booz engendró, de Rut, a Obed, y Obed engendró a Isaí; Isaí engendró al rey David. Y David engendró a Salomón de la que había sido mujer de Urías. Salomón engendró a Roboam, Roboam a Abías, y Abías a Asa; Asa engendró a Josafat, Josafat a Joram, y Joram a Uzías; Uzías engendró a Jotam, Jotam a Acaz, y Acaz a Ezequías; Ezequías engendró a Manasés, Manasés a Amón, y Amón a Josías; Josías engendró a Jeconías y a sus hermanos durante la deportación a Babilonia.
David overhandigt Uria de brief  (David Entrega la carta a Urías), Pieter Lastman (holandés, 1611)

David overhandigt Uria de brief (David Entrega la carta a Urías), Pieter Lastman (holandés, 1611)

Después de la deportación a Babilonia, Jeconías engendró a Salatiel, y Salatiel a Zorobabel; Zorobabel engendró a Abiud, Abiud a Eliaquim, y Eliaquim a Azor; Azor engendró a Sadoc, Sadoc a Aquim, y Aquim a Eliud; Eliud engendró a Eleazar, Eleazar a Matán, y Matán a Jacob; Jacob engendró a José, el marido de María, de la cual nació Jesús, llamado el Cristo. De manera que todas las generaciones desde Abraham hasta David son catorce generaciones; y desde David hasta la deportación a Babilonia, catorce generaciones; y desde la deportación a Babilonia hasta Cristo, catorce generaciones.

50025-D2Y el nacimiento de Jesucristo fue como sigue. Estando su madre María desposada con José, antes de que se consumara el matrimonio, se halló que había concebido por obra del Espíritu Santo. Y José su marido, siendo un hombre justo y no queriendo difamarla, quiso abandonarla en secreto. Pero mientras pensaba en esto, he aquí que se le apareció en sueños un ángel del Señor, diciendo: José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque lo que se ha engendrado en ella es del Espíritu Santo. Y dará a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús, porque El salvará a su pueblo de sus pecados. Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que el Señor había hablado por medio del profeta, diciendo:

HE AQUI, LA VIRGEN CONCEBIRA Y DARA A LUZ UN HIJO, Y LE PONDRAN POR NOMBRE EMMANUEL, que traducido significa: DIOS CON NOSOTROS.

Y cuando despertó José del sueño, hizo como el ángel del Señor le había mandado, y tomó consigo a su mujer; y la conservó virgen hasta que dio a luz un hijo; y le puso por nombre Jesús.

 

La Bibila de Las Americas*

 

*1:25 … y la conservó virgen hasta [ἕως οὗ] que dio a luz un hijo … El griego no implica que Maria tenia hijos después. La creencia de que ella tuvo otros hijos biológicos se originó con el arriano, Helvidio, al final del siglo cuarto. (Los arrianos eran una secta herética de los cristianos que negaban la divinidad de Cristo.)

Cánon de Eusebio:

Mateo Marcos Lucas Juan
1:1-16 3:23-38 1:1-5
1:17
1:18 1:35
1:19-2:4

 


Comentario

¿Qué es lo que investigamos? La razón de que Mateo ponga la genealogía de José, quien en absoluto nada tuvo que ver en la generación de Cristo. Ya indicamos un motivo. Conviene ahora declarar otro más secreto y misterioso. ¿Cuál es? No quería que los judíos, al mismo tiempo que conocían el parto, supieran que nacía de una Virgen. No os conturbe esta inesperada respuesta. No es sentencia mía sino de nuestros Padres y doctores, varones admirables y esclarecidos.

Si allá al comienzo Cristo muchas veces les dijo cosas oscuras, llamándose Hijo del Hombre, sin revelar con claridad en todas partes su igualdad con el Padre ¿por qué tú te admiras de que también este misterio lo dejara en sombras con una grande y admirable providencia? Preguntas ¿qué es aquí lo admirable? El haber salvado el honor de la Virgen y haberla librado de perversas sospechas. Si los judíos desde un principio hubieran oído este misterio, lo habrían interpretado maliciosamente y habrían lapidado a la Virgen y la habrían condenado como adúltera.

Si en otras cosas de las que en el Antiguo Testamento tenían ejemplos, con tan gran impudencia procedían; si cuando Cristo arrojaba los demonios lo llamaban endemoniado; si cuando curó en sábado lo tuvieron por enemigo de Dios, aun a pesar de que anteriormente con frecuencia se había quebrantado la ley del sábado ¿qué no habrían dicho si tal misterio hubieran escuchado? Porque habrían tenido como aliado todo el tiempo pretérito en que nunca jamás semejante cosa había sucedido. Si en presencia de muchos y grandes milagros todavía lo llamaban el hijo de José ¿cómo iban a creerlo nacido de una Virgen antes de los dichos milagros? Por tal motivo se pone la genealogía de José y se desposa a la Virgen. Si José, varón justo y admirable, necesitó de grandes pruebas para llegar a comprender lo sucedido, como fueron la visita del ángel, la visión en sueños, el testimonio de los profetas ¿cómo aquellos judíos perversos, corrompidos, enemigos de Cristo, habrían aceptado semejante versión? Cosa tan nueva, tan inesperada, tenía que perturbarlos profundamente, puesto que en todo el tiempo de sus antepasados, jamás tal cosa había sucedido.

Los que creyeron ser Cristo el Hijo de Dios, ya no pudieron dudar de semejante misterio. En cambio, los que lo creían seductor y enemigo de Dios ¿cómo no iban a escandalizarse de semejante afirmación, en lugar de darle asentimiento? Tal fue la razón de que allá al principio nada dijeron los apóstoles, mientras que amplísimamente se referían a la resurrección, de la que ya en los tiempos antiguos abundaban ejemplos, aunque ninguno tan espléndido. En cambio, que fuera nacido de una Virgen no lo dicen con frecuencia, ni tampoco la Virgen se atrevió a publicarlo. Mira, por ejemplo, lo que ella le dice: Tu padre y yo te buscábamos [Lucas 2:48]. Más aún, si lo hubieran sospechado, ni siquiera habrían creído ser él hijo de David, negado lo cual se habrían seguido muchos males. Por esto ni los ángeles mismos lo revelan, sino únicamente a José y a María. Cuando anunciaron a los pastores el fausto acontecimiento, ninguna alusión hicieron al inefable misterio.

Y ¿por qué motivo, habiendo recordado a Abrahán y añadiendo que engendró a Isaac e Isaac engendró a Jacob, sin nombrar a su hermano Esaú, cuando llegó a Jacob recordó a Judá y a sus hermanos? Dicen algunos que fue a causa de las malas costumbres de Esaú y de aquellos primeros. Por mi parte no lo afirmaría. Pues si ese fuera el motivo ¿cómo, poco después recuerda mujeres de las mismas costumbres? Es que en el caso la gloria de Cristo resplandece más por sus contrarios: es decir no de que tenga grandes progenitores, sino al revés pequeños y aun viles. La gloria mayor de quien es excelentísimo es poder parecer vil y humilde si es posible. ¿Cuál es pues la razón de que no los conmemore? Porque nada tenían de común con los israelitas, pues eran sarracenos, ismaelitas y árabes, y los demás que de éstos tomaron origen. Por esto, dejándolos a un lado, se apresura a nombrar a los progenitores de Cristo y del pueblo judío. Por eso dice: Jacob engendró a Judá y sus hermanos. Aquí queda indicado el pueblo judío. Prosigue: Judá engendró a Fares y a Zara, de Tamar.

¿Qué haces, oh evangelista? ¿Nos traes la historia de una unión criminal? [Tamar era la nuera de Judá]  Responde: ¿qué me objetas? En verdad que si narráramos la historia de un simple hombre, con razón alguna habría callado esas cosas. Pero si se trata de la historia de un Dios hecho hombre, eso no sólo no ha de callarse, sino ponerse en clarísima luz, para que así se manifieste su providencia y su poder. No vino para rehuir nuestras vergüenzas, sino para suprimirlas. Así como no admiramos tanto su muerte, como el que haya muerto crucificado, aun cuando esto segundo sea un oprobio -pues cuanto mayor es el oprobio mejor manifiesta el amor que Cristo nos tuvo-, así hemos de pensar acerca de su genealogía. No sólo debemos admirarlo por haber tomado nuestra carne, sino también por haber querido tomar semejantes progenitores, sin avergonzarse nunca de tomar sobre sí nuestras miserias.

E hizo público desde el comienzo de su genealogía, el no avergonzarse de nada de lo nuestro, enseñándonos a que nunca nos avergoncemos por la maldad de nuestros antepasados, sino que nos demos a conseguir únicamente la virtud. A quien la cultiva, aun cuando su progenitor sea un extranjero o haya tenido una madre meretriz o por otros motivos despreciable, de esto ningún daño se le seguirá. Si la vida anterior para nada mancha a quien acoge a un adúltero, muchos menos el varón virtuoso, por haber nacido de una mujer adúltera o meretriz, queda deshonrado con la improbidad de sus progenitores.

Y procedía así Jesús no únicamente para enseñarnos, sino además para humillar la soberbia de los judíos. Habían olvidado la virtud interior del alma y siempre traían en la boca el nombre de Abrahán, creyendo que la virtud de sus ancestros les serviría de defensa. Por eso desde el principio les manifestó que de eso no puede adquirirse gloria, sino solamente de las obras buenas. Además les pone de manifiesto que todos, aun los mismos ancestros, estuvieron sujetos a la ley del pecado. Del patriarca que dio su nombre a ese pueblo, se refiere que cayó en no leve pecado. Tamar lo acusa de fornicación. David del adulterio con una mujer engendró a Salomón. Pues si la Ley no fue guardada por aquellos excelentes varones, mucho menos lo sería por los más pequeños. De manera que no habiéndose cumplido la Ley por ellos, todos pecaron y la venida de Cristo se hizo necesaria.

Por otra parte, el evangelista hizo mención de los doce patriarcas, abatiendo también por este camino aquella jactancia judía por la nobleza de los progenitores. Pues muchos de ellos nacieron de esclava; y sin embargo, esa diferencia de padres no influyó en los hijos, pues todos igualmente fueron patriarcas y jefes de tribu. Esto es para la Iglesia una prerrogativa; ésta es para nosotros la razón de nuestra nobleza y dignidad, de la que en lo antiguo existió la figura. De manera que ya seas siervo, ya libre, por esto nada tienes ni de más ni de menos. Una sola cosa es la que se indaga: la recta voluntad y las buenas costumbres.

Aparte de lo anterior, otro motivo hubo para conmemorar a los dichos. Pues no sin causa en seguida de Fares se puso a Zara. Porque parecía cosa superflua y redundante, tras de la mención de Fares, de donde parte la genealogía de Cristo, nombrar también a Zara. Entonces ¿por qué también a éste lo nombra? Cuando Tamar estaba a punto de darlos a luz, al momento de parirlos, fue Zara quien primero sacó la mano fuera del vientre [Génesis 38:27], viendo lo cual la comadrona, para que fuese él el primogénito, le ató una cinta de púrpura en la mano. Pero apenas la había atado, el niño retiró la mano; de manera que el primero que vio la luz fue Fares y hasta después Zara. Al notar esto la comadrona exclamó: ¡Vaya rotura (en la esperanza) que has hecho!

¿Adviertes la oscuridad del misterio? Porque no sin motivo se nos escribieron estas cosas. Ni era digno de la historia que se nos narrara lo que dijo la comadrona, ni parece que había razón para referir eso de que sacó la mano primero y luego nació después. Entonces ¿qué significa el enigma? Contestamos, atendiendo desde luego al nombre mismo del niño. Porque “Fa-res” significa “división” o “ruptura”. En segundo lugar, por el hecho, pues no parece natural que el niño que primero había sacado la mano, luego, atada ya, la retrajera: no parece cosa natural. Que habiendo uno sacado la mano primero, saliera luego el otro, parecería natural; pero que el primero encogiera la mano para dar salida al segundo no es cosa que suceda en los partos. Sin duda estaba presente el favor de Dios que manejaba a los niños, y por este medio diseñaba una sombra e imagen del futuro.

¿Qué dicen algunos de los que han estudiado estas cosas? Que estos dos niños eran figura de dos pueblos. Y para que entiendas que las instituciones del segundo pueblo brillaron con el nacimiento del primero, el niño extendió la mano, pero no se dejó ver íntegramente; más aún, la retrajo luego; de manera que hasta que salió a luz íntegro su hermano, hasta entonces él apareció: que es exactamente lo que sucedió en los dos pueblos. En los días de Abrahán aparecieron las instituciones eclesiásticas que luego fueron suprimidas. Así apareció el pueblo judaico con sus instituciones legales. Y finalmente vino el pueblo nuevo con sus leyes. Por esto dijo la comadrona: ¿Por qué por tu medio se ha roto el cerco? Porque la Ley al llegar cortó las instituciones del tiempo de Abrahán que se manejaban libres. Con frecuencia la Escritura Sagrada llama cerco a la Ley, como lo dice David el profeta: Destruiste su cerco y la vendimian cuantos pasan al lado del camino [Salmos 80:12]. Por su parte Isaías: Y le puse en torno un cerco.  Y también Pablo: Deshaciendo la pared y cerco interpuesto [Efesios 2:14].

Otros creen que lo de: ¿por qué por tu medio se ha roto el cerco? se dijo por causa del pueblo nuevo. Porque éste al llegar abrogó la Ley. ¿Observas, pues, cómo el evangelista no sin gran razón hizo recuerdo de la historia íntegra de Judá? Pues por la misma razón mencionó a Rut y a Rahab, de las que una fue extranjera y la otra meretriz: para que entendieras que había venido para borrar todos nuestros pecados. Vino como médico y no como juez. Del mismo modo que aquellos antiguos desposaron a mujeres meretrices, así Dios unió consigo nuestra naturaleza adúltera, tal como ya antes los profetas lo habían afirmado respecto de la sinagoga. Sólo que la sinagoga fue desagradecida con su Esposo, mientras que la Iglesia, una vez liberada de sus males heredados, permaneció en el abrazo del Esposo.

Observa cómo lo que se refiere a Rut concuerda con nuestra situación. Era ella una extranjera reducida a la última pobreza. Pero cuando Booz la vio, ni despreció su linaje bajo ni despreció su pobreza. Exactamente al modo como Cristo admitió como consorte a la Iglesia que le era extranjera y no poseía grandes bienes. Y así como aquélla si no hubiera renunciado antes a sus padres y tenido en menos su casa, linaje, patria y parientes, nunca habría sido digna de semejantes nupcias, así la Iglesia entonces apareció amable a su Esposo cuando hubo renunciado a las costumbres patrias. Así lo declaró el profeta al apostrofarla: Olvídate de tu pueblo y de la casa de tu padre y anhelará el Rey tu hermosura [Salmos 45:11]. Eso fue lo que hizo Rut y así fue madre de reyes, como la Iglesia, pues de ella nació David. Tales fueron los motivos por los que el evangelista, avergonzando a los judíos con todas estas cosas y persuadiéndolos a no ser soberbios, tejió la genealogía e hizo mención de aquellas mujeres. Rut, en efecto, a través de sus descendientes, engendró al gran David, y David nunca se avergonzó de semejante origen.

Porque no puede nadie, no puede ser ni virtuoso ni esclarecido ni sin gloria, por la virtud o por la perversidad de sus progenitores. Más aún: si hemos de decir una paradoja, más excelentemente brilla aquel que nacido de perversos progenitores llega sin embargo a ser un hombre virtuoso. En consecuencia, que nadie se ensoberbezca por sus ancestros; sino que, considerando quiénes fueron los progenitores del Señor, rechace toda hinchazón y no se gloríe sino de sus buenas obras. Y ni aun de éstas, pues por esto aquel fariseo del evangelio quedó inferior al publicano. Si quieres hacer algo excelente, no te ensoberbezcas, y con esto ya lo has hecho todo. Si siendo pecadores, cuando lo pensamos y nos tenemos por lo que somos, quedamos justificados, como aquel publicano ¿cuánto más lo estaremos si, siendo justos, nos tenemos por pecadores? Si el pensar con humildad hace justos a los pecadores, aun cuando no sea propiamente humildad sino simplemente justa apreciación; si tanto vale esa justa apreciación en los pecadores ¿qué no hará la verdadera humildad en los justos?

No eches, pues, a perder tus trabajos; no pierdas el mérito de tus sudores; no recorras infinitos estadios corriendo inútilmente y perdiendo tu trabajo. El Señor conoce muchísimo mejor que tú tus obras. Si das un vaso de agua fresca, ni aun eso desprecia; y si un óbolo das de limosna, si un solo gemido lanzas, todo lo recibe El con benevolencia suma, lo recuerda, le señala su premio. ¿Para qué examinas lo tuyo y aun con frecuencia lo publicas? ¿Ignoras que si tú te alabas Dios no te alabará y que si tú te confiesas miserable El nunca cesará en tus alabanzas delante de todos? No quiere El que tus trabajos se tengan en menos. ¡Qué digo se tengan en menos! Ningún medio deja de poner para que aún por mínimos méritos allá arriba recibas tu corona. Da vueltas buscando ocasiones para que puedas librarte de la gehena.

Por esto, aun cuando te entregues al trabajo a la hora undécima, te dará íntegra tu recompensa. Dice: Aun cuando no tengáis ya ocasión de salvaros, lo haré por mi nombre, para que no sea profanado mi nombre [Ezekiel 36:22]. Si gimes si lloras, esto al punto lo toma como ocasión para salvarte. En fin, que no nos ensoberbezcamos: confesémonos inútiles para que seamos útiles. Si te crees digno de alabanza, te inutilizas, aun cuando de verdad seas digno de alabanza. Si te llamas inútil, te vuelves útil aun en el caso de que seas digno de reproche. De manera que el olvido de nuestras buenas obras nos es indispensable. Preguntarás que cómo podemos desconocer lo que de verdad conocemos. Pero ¿qué estás diciendo? Continuamente ofendes al Señor y todavía te alegras y te ríes y ni siquiera te das cuenta de que has pecado y todo lo echas al olvido; y en cambio ¿no puedes prescindir del recuerdo de tus obras buenas? ¡Y eso que el temor tiene más fuerza!

Pero procedamos al contrario. Cada día caemos en pecado y ni siquiera nos acordamos de eso. En cambio, si damos a un pobre una pequeña limosnita, lo publicamos por arriba y por abajo: cosa que es el extremo de la locura y además suma pena para quien recibe la limosna y suma pérdida para quien anda procurando atesorar buenas obras. No hay más seguro depósito de las buenas obras que el olvido de las buenas obras. Así como cuando exponemos en la plaza nuestros vestidos de oro nos preparamos muchos que nos asechan; mientras que si los ocultamos en casa y los encerramos, entonces los tenemos seguros, lo mismo sucede con las buenas obras: si frecuentemente las andamos recordando movemos a ira al Señor, damos armas al enemigo y lo invitamos a que nos robe. Pero si sólo las conoce Aquel que debe conocerlas estarán en plena seguridad.

En consecuencia, no revuelvas en tu memoria con frecuencia tus buenas obras, no sea que alguien te las arrebate, como le sucedió al fariseo que las andaba publicando y así el demonio se las hurtó; y esto a pesar de que las publicaba con acciones de gracias y refiriéndolas todas a Dios. Cosa que no le aprovechó. Porque no es acción de gracias el vituperar a otros, el buscar para sí la gloria de muchos, el ensoberbecerse contra el que peca. Si das gracias a Dios, conténtate con eso y no hagas referencias a los otros hombres, ni juzgues a tu prójimo, porque eso no es dar gracias. Si quieres saber el modo de dar gracias, oye a los tres jóvenes del horno que dicen: Hemos pecado; hemos obrado la injusticia; pero tú, Señor, eres justo en todo lo que has hecho, pues con justo juicio en todo has procedido. Confesar los propios pecados, eso es dar gracias a Dios. El que así los confiesa, se declara reo de innumerables faltas y no rehúsa el castigo.

Cuidémonos de decir algo en alabanza propia: esto nos vuelve odiosos a los hombres y execrables ante Dios. Cuanto más excelentes obras hagamos, más bajamente hablemos de nosotros: entonces alcanzaremos mayor gloria ante Dios y ante los hombres; y no sólo gloria delante de Dios sino grandes recompensas. No exijas premios y recibirás premios. Confiesa que alcanzas tu salvación por simple gracia, para que Dios confiese serte deudor, no únicamente por tus buenas obras, sino también por ese agradecimiento tuyo. Cuando obramos el bien tenemos a Dios como deudor sólo por las buenas obras; pero cuando además pensamos que nada bueno hemos hecho, nos es deudor también por ese sentimiento humilde, más aún que por las mismas obras buenas: de manera que tal sentimiento se equipara a las obras buenas Y si éste falta, las obras no parecerán cosa grande. Porque también nosotros nos agradamos más de nuestros siervos cuando, procediendo ellos con gran benevolencia, piensan que aún no han hecho nada grande y que valga la pena.

Si quieres, pues, que tus buenas obras sean grandes, no las juzgues grandes. Así aquel centurión decía: Señor, yo no soy digno de que entres en mi casa [Mateo 8:8], con lo que se hizo digno y más de nuestros siervos cuando, procediendo ellos con gran No soy digno de ser llamado apóstol [1 Corintios 15:9], y con esto llegó a ser el primero de todos. Así exclamaba el Bautista: No soy digno de desatar la correa de su calzado [Marcos 1:7; Juan 1:27] – y con esto se hizo digno amigo del Esposo, y a su mano que él juzgaba indigna de tocar el calzado de Cristo, la puso éste sobre su cabeza. Igualmente Pedro decía: Apártate de mí que soy hombre pecador [Lucas 5:8] y con esto fue hecho fundamento de la Iglesia. Porque nada hay más grato a Dios que el contarse uno como el último de los pecadores. Este es el principio de toda virtud. Porque quien es humilde y vive contrito, no se dejará llevar de la vanagloria, no se irritará contra su prójimo ni lo envidiará, no caerá en ningún otro vicio. Es un hecho que, por más esfuerzo que pongamos, nunca levantaremos en alto una mano que está quebrada. Del mismo modo, si el alma se llena de contrición, aunque infinitas pasiones del corazón pretendan hincharla y ensoberbecerla, no podrá ella levantarse ni un poquito. Si quien deplora los daños temporales, echa de sí todas las debilidades del alma, con mayor razón quien deplora sus pecados alcanzará la virtud.

Dirás: pero ¿quién es capaz de quebrantar hasta ese punto su corazón? Pues oye a David, esclarecido sobre todo por su contrición, y obsérvalo. Tras de infinitas preclaras hazañas, estando a punto de perder su patria, su familia, la vida misma, al tiempo mismo de semejante desgracia, como viera a un mísero y despreciable soldado que lo insultaba y se querellaba, no sólo no se vengó, sino que a uno de sus jefes que anhelaba matar al injuriante, se lo impidió y le dijo: ¡Déjalo! porque así Dios se lo ha ordenado [2 Samuel 16:10]. Y también como los sacerdotes le preguntaran si podía llevar consigo el arca de la alianza, no lo permitió; sino ¿qué dijo?: ¡Vuelva el arca a la ciudad y quede en su sitio! Si encontrare gracia delante del Señor y me librare Dios de los males que me amenazan, volveré a ver su decoro. Pero si me dijere: No te quiero, por mi parte haré lo que le sea agradable.

Y lo que hizo con Saúl una y otra y muchas veces ¡cuán grande virtud manifiesta! Porque fue cosa que estaba por encima de la Ley Antigua y andaba ya muy cerca del precepto evangélico. Cuantos preceptos dimanaban de Dios los abrazaba y no se ponía a razones sobre los acontecimientos, sino que ponía todo su empeño en cumplir en todas partes con la ley divina. Y tras de tantas y tan preclaras hazañas, teniendo delante a un tirano, parricida, fratricida, rijoso y furioso y que trataba de quitarle el reino, ni aún así tropezó en algo, sino que dijo: Si agrada a Dios que yo sea destronado y viva fugitivo y errante mientras él vive entre honores, lo acepto, lo abrazo y doy gracias por los males sin cuento que sufro. No procedió como muchos petulantes y sin decoro que no habiendo llevado a cabo ni la mínima parte de las hazañas que hizo David, cuando advierten que otros andan en prosperidad en tanto que ellos padecen cualquier molestia o aflicción, destrozan su propia alma y la cargan con un sin fin de blasfemias.

No se pareció a ellos David, lleno de preclara modestia; y por esto dijo Dios: Encontré a David, hijo de José, varón según mi corazón [2 Samuel 16:10]. Tengamos nosotros ese mismo ánimo y llevemos con mansedumbre lo que hayamos de sufrir; y antes del reino gocemos desde acá de los frutos de la humildad. Porque dice el Señor: Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón y encontraréis descanso para vuestras almas [Mateo 11:29]. Pues bien: para que aquí y en la otra vida disfrutemos de paz, plantemos en nuestra alma la humildad cuidadosamente, porque es ella madre de todos los bienes. Podremos así vadear sin tempestades el piélago de la vida presente y llegar al puerto tranquilo, por gracia y benignidad de nuestro Señor Jesucristo, a quien sea la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén.

Juan Crisóstomo (Constantinopla, siglo IV), Homilías sobre el Evangelio según San Mateo, Homilía III

“Esforzaos por entrar por la puerta estrecha” (Lucas 13:18-29)

Evgeny Rodionov (1977-1996), soldado ruso, decapitado por rebeldes chechenos cuando se negó a quitarse su cruz.

Evgeny Rodionov (1977-1996), soldado ruso, decapitado por rebeldes chechenos cuando se negó a quitarse su cruz.

Entonces decía: ¿A qué es semejante el reino de Dios y con qué lo compararé? Es semejante a un grano de mostaza que un hombre tomó y echó en su huerto; y creció y se hizo árbol, y las aves del cielo anidaron en sus ramas. Y volvió a decir: ¿A qué compararé el reino de Dios? Es semejante a la levadura que una mujer tomó y escondió en tres medidas de harina hasta que todo quedó fermentado.

Pasaba Jesús por ciudades y aldeas, enseñando, mientras proseguía camino a Jerusalén. Y alguien le dijo: Señor, ¿son pocos los que se salvan? Y El les dijo: Esforzaos por entrar por la puerta estrecha, porque os digo que muchos tratarán de entrar y no podrán. Después que el dueño de la casa se levante y cierre la puerta, y vosotros, estando fuera, comencéis a llamar a la puerta, diciendo: “Señor, ábrenos”, El respondiendo, os dirá: “No sé de dónde sois.” Entonces comenzaréis a decir: “Comimos y bebimos en tu presencia, y enseñaste en nuestras calles;” y El dirá: “Os digo que no sé de dónde sois; Apartaos de mi, todos los que hacéis iniquidad.” Allí será el llanto y el crujir de dientes cuando veáis a Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, pero vosotros echados fuera. Y vendrán del oriente y del occidente, del norte y del sur, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios.

 

La Bibila de Las Americas

 


Cánon de Eusebio:

Mateo Marcos Lucas Juan
13:31-32 4:30-32 13:18-19
13:33 13:20-21
9:35 6:6 13:22
7:13-14 13:23-24
7:22-23 13:25-28a
8:11-12 13:28b-29

 


Comentario

Parábola del grano de mostaza

(Lucas 13:18-19; Mateo 13:31-32; Marcos 4:30-32)

En Oriente, un árbol de mostaza puede alcanzar un tamaño enorme, aunque su semilla es tan pequeña que los judíos tenían un dicho: “pequeño como un grano de mostaza.” El significado de la parábola es que, a pesar de que en un principio el Reino de Dios fue en apariencia pequeño e insignificante, el poder concentrado en él superó todos las adversidades y fue capaz de transformarlo en un Reino magno y universal. San Juan Crisostomo comenta: “con esta parábola Nuestro Señor quiso mostrar el modo en que iba a difundirse la prédica del Evangelio. A pesar de que sus discípulos eran los más débiles y humildes, poseían un gran poder interior, y su prédica se extendió por todo el mundo.”  La Iglesia de Cristo, en un principio pequeña e inadvertida para el mundo, se expandió por la tierra de tal manera que una multitud de naciones se cobija bajo su amparo, como los pájaros en las ramas de un árbol de mostaza. Precisamente lo mismo ocurre con el alma de cada ser humano: el soplo de la gracia de Dios, inicialmente apenas perceptible, envuelve el alma cada vez mas, hasta que ésta se convierte en receptora de abundantes virtudes.

 

Parábola sobre la levadura

(Lucas 13:18-19; Mateo 13:31-32; Marcos 4:30-32)

La parábola acerca de la levadura tiene el mismo significado que la parábola anterior. Dice san Juan Crisostomo: “como la levadura da sus propiedades a una gran cantidad de harina, así vosotros (los Apóstoles) habéis de transfigurar al mundo entero.” De igual modo ocurre en el alma de cada individuo miembro del Reino de Cristo: el poder de la gracia invisible comienza gradual pero activamente a posesionarse de todos los poderes de su espíritu, y santificándolo, lo transfigura. Algunos interpretan que las tres medidas de harina son las tres potencias del alma: mente, sentimiento y voluntad.

El camino estrecho que lleva al Reino de Dios

(Lucas 13:22-30)

Camino de Galilea hacia Jerusalén un hombre le hizo a Jesús la siguiente pregunta: “¿Señor, son pocos los que se salvan? Esta pregunta tiene en cuenta la importancia de algunas exigencias de Jesucristo el Salvador para quienes desean acceder al Reino del Mesías. Jesús respondió con dureza y severidad no sólo a quien le había formulado la pregunta sino a todos los presentes: “Procurad entrar por la puerta estrecha…” — imagen usada con frecuencia por el Señor. El Reino del Mesías, la Iglesia de Cristo, es presentada aquí como una casa que además de una entrada principal cuenta con una puerta estrecha a través de la cual se permite el ingreso sólo ocasionalmente. Muchos querrán entrar por esta puerta angosta pero será inútil pues su moral está en extremo deteriorada e incontables son sus prejuicios en relación con el Reino del Mesías. La importancia de esta analogía reside en que los judíos de aquella época, gracias a los tan difundidos prejuicios de los fariseos, estaban poco capacitados para atravesar la puerta estrecha que en verdad consiste en el arrepentimiento y la abnegación. “Una vez que el Dueño de la casa se levanta y cierra la puerta…” Aquí Dios es representado por el Dueño de casa que está sentado y esperando a sus amigos para cenar; luego se levanta y cierra la puerta de su casa impidiendo el ingreso a los extraños. Esta es una imagen del Juicio del Señor sobre cada ser humano y la humanidad toda luego de Su Segunda Venida. Quienes se encuentren fuera de los aposentos en los que se lleva a cabo la cena del Señor con sus amigos son indignos de la comunión beatífica con Dios. Para ellos será tarde por mas que se muestren arrepentidos y deseosos de entrar. No hay arrepentimiento posible después de la muerte. Los que han sido arrojados fuera dirán: “Hemos comido y bebido en tu compania y Tu mismo has predicado en nuestras plazas.” Aquellos que no se hicieran dignos de participar en la cena le recordarán al Dueño de casa que ellos son sus conocidos; alguna vez fueron extraños seguidores de la enseñanza de Cristo pero no fueron verdaderos cristianos y por ello serán apartados. “Nosotros comimos y bebimos en tu compania y en nuestras calles Tu nos has enseñado.” Estas palabras se aplican especialmente y en sentido literal a los judíos, quienes rechazaron a su Mesías y con ello perdieron el derecho de ingresar al Reino de Cristo. Recién entenderán su error al producirse la Segunda Venida de Cristo, pero será tarde ya y recibirán por respuesta: “No sé de dónde sois…” “Apártense de Mí todos los que han obrado la maldad…” En el Reino del Mesías, el lugar de los judíos apartados será tomado por los gentiles provenientes desde todos los confines de la tierra que confesaron su fe en Jesucristo. “Estos últimos serán los primeros y hay primeros que serán últimos.” Los judíos se consideraban “los primeros” pero como rechazaron al Mesías serán “los últimos.” Los gentiles a quienes se consideraba como “los últimos” serán “los primeros” en el Reino de Cristo. Del mismo modo, quienes se contaban entre los “primeros” pero que en verdad no observaron como corresponde los mandamientos de Cristo serán “los últimos” en el Juicio Final; en cambio quienes fueron objeto de desprecio serán “los primeros.”

Arzobispo Averky Tauchev (ruso-ortodoxo), “Guia para el Estudio de los Cuatro Evangelios”

“El que reciba a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe …” (Marcos 9:33-41)

Lad de små børn komme til Mig (Dejad que los niños vengan a Mí), Carl Bloch (danés, siglo XIX)

Lad de små børn komme til Mig (Dejad que los niños vengan a Mí), Carl Bloch (danés, siglo XIX)

Y llegaron a Capernaúm; y estando ya en la casa, les preguntaba: ¿Qué discutíais por el camino? Pero ellos guardaron silencio, porque en el camino habían discutido entre sí quién de ellos era el mayor. Sentándose, llamó a los doce y les dijo: Si alguno desea ser el primero, será el último de todos y el servidor de todos. Y tomando a un niño, lo puso en medio de ellos; y tomándolo en sus brazos les dijo: El que reciba a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe; y el que me recibe a mí, no me recibe a mí, sino a aquel que me envió.

Juan le dijo: Maestro, vimos a uno echando fuera demonios en tu nombre, y tratamos de impedírselo, porque no nos seguía. Pero Jesús dijo: No se lo impidáis, porque no hay nadie que haga un milagro en mi nombre, y que pueda enseguida hablar mal de mí. Pues el que no está contra nosotros, por nosotros está. Porque cualquiera que os dé de beber un vaso de agua, por razón de vuestro nombre, ya que sois seguidores de Cristo, en verdad os digo que no perderá su recompensa.

 

La Bibila de Las Americas*
* 8:38 vimos a uno echando fuera demonios en tu nombre.  LBLA omite y no viene con nosotros.
 8:41 … cualquiera que os dé de beber un vaso de agua, por razón de vuestro nombre ...
El griego es  Ὃς γὰρ ἂν ποτίσῃ ὑμᾶς ποτήριον ὕδατος ἐν ὀνόματί μου, que corresponde mejor a la RVR:Y cualquiera que os diere un vaso de agua en mi nombre [ἐν ὀνόματί μου] …

 


Cánon de Eusebio:

Mateo Marcos Lucas Juan
9:33
18:1-5 9:34-37  9:46-48
9:38-40 9:49-50
10:42 9:41

 


Comentario

 

En aquel momento se acercaron los discípulos a Jesús, diciendo: ¿Quién es, entonces, el mayor en el reino de los cielos? (Mateo 18:1).

Sentían al modo humano, como lo significa el evangelista al decir: En aquel momento. Es decir, en el punto en que Cristo honró a Pedro más que a todos los otros. Pues siendo entre Santiago y Juan uno de ellos primogénito, Jesús a los otros dos no los honró de manera semejante con tal honor Avergonzados de esto, manifiestan la conmoción de su ánimo. Pero no dicen abiertamente: ¿por qué has preferido a Pedro a nosotros? ¿acaso él es mayor que nosotros? No se atreven a eso; sino que hacen la pregunta en un modo indeterminado: ¿Quién será más grande?

Cuando vieron los discípulos que Cristo prefirió aquellos tres a los demás, no sufrieron esa conmoción de ánimo; pero cuando a uno solo tanto lo honró, entonces se dolieron. Ni sólo eso, sino que juntando otras muchas cosas, se inflamaron de envidia. Pues Jesús había dicho a Pedro: Te daré las llaves [Mateo 16:19] y bienaventurado eres, Simón hijo de Jonás [Mateo 16:17], y ahora le dice: Paga por mí y por ti [Mateo 17:26]; y finalmente les hería también la libertad de hablar que usaba Pedro. Y si Marcos no dice que lo preguntaran sino únicamente que así lo pensaban en su interior [Marcos 9:34], eso no se opone a la narración de Mateo. Porque es verosímil que hicieran ambas cosas; y que en otras ocasiones una y dos veces lo pensaran pero ahora sí lo dijeran y juntamente lo pensaran.

Pero tú no te fijes únicamente en este defecto, sino piensa, por otra parte, que ellos en esta ocasión no buscaban nada de lo de este siglo y en que además luego quitaron este defecto y mutuamente se cedían unos a otros el puesto primero. Nosotros, en cambio, no alcanzamos a llegar ni siquiera a esa clase de defectos de ellos, ni andamos investigando quién será mayor en el reino de los cielos, sino quién lo será acá en el reino de la tierra y quién más opulento y quién más poderoso. Y ¿qué hace Cristo? Descubre la conciencia de ellos y responde no únicamente a sus palabras, sino también a sus sentimientos. Y él, habiendo llamado a un niño lo puso en medio de ellos y dijo: En verdad os digo, si no os volviereis como este niño no entraréis en el reino de los cielos [Mateo 18:2-3].

Como si les dijera: Vosotros inquirís quién será mayor en el reino de los cielos y contendéis acerca de la primacía; pero yo digo a quien no se humillare que no es digno del reino de los cielos. Bellamente pone el ejemplo: ni solamente lo pone, sino que trae al niño al medio para persuadirlos y exhortarlos con la presencia misma del niño a que sean sencillos y humildes. Porque el niño está libre de envidia, de vanagloria, del anhelo de primacías y sobre todo posee esa virtud que llamamos sencillez y humildad.

De modo que para entrar al reino de los cielos se necesita no únicamente fortaleza y prudencia, sino además sencillez y humildad. Pues aun en las cosas más importantes, si faltan esas virtudes, queda fallo lo que toca a nuestra salvación. El párvulo, ya sea que se le injurie, ya sea que se le alabe, ahora se le azote, ahora se le honre, ni se cree indigno y se aira ni se deja llevar de la envidia ni se ensoberbece. ¿Observas cómo de nuevo Cristo nos pone delante ejemplos tomados de las cosas de la naturaleza; y nos declara que tales virtudes pueden obtenerse mediante los propósitos de la voluntad, y echa de este modo por tierra la dañosa locura de los maniqueos? Pues si la naturaleza es mala ¿por qué Cristo toma de ella los ejemplos de virtud? Yo pienso que puso en medio de los discípulos a un parvulito libre de todas esas enfermedades del alma. Porque en los parvulitos no tienen lugar ni la arrogancia ni la vanagloria ni la envidia ni las querellas ni otras enfermedades semejantes. Tienen en cambio por su propio natural muchas virtudes como son la sencillez, la humildad, el estar ajenos a la turba de negocios, el no ensoberbecerse de nada: cosas en que hay una doble virtud, porque las poseen y no se ensoherbecen por tenerlas. Por tal motivo tomó Jesús al infante y lo puso en medio.

Pero no terminó con eso su discurso, sino que continuó en la amonestación y dijo: Y el que recibiere a un niño como éste, a mí me recibe. Como si les dijera: no únicamente recibiréis gran premio si sois como este infante, sino también, si, por mí, honráis a otros que le sean semejantes, os retribuiré con el reino. Y añadió lo que es más al decir: A mí me recibe. Como si dijera: En modo tan grande me alegro con la humildad y la sencillez. Y llama aquí pequeños a los hombres tan sencillos y humildes que muchos los tienen por bajos y despreciables. Y enseguida, para más confirmar su doctrina, la refuerza poniendo delante no sólo los premios sino también los castigos. Pues dice: Y al que escandalizare a uno de estos pequeñuelos que creen en mí, más le valiera que le colgaran al cuello una piedra de molino de asno y lo hundieran en el fondo del mar.

Porque así como aquellos, dice Jesús, que por mí honran a estos pequeños, poseerán el cielo y un premio mayor que un reino, así los que los deshonran (pues esto significa escandalizarlos), sufrirán penas terribles. Y si al escándalo lo llama deshonra e injuria, no te admires, pues muchos a causa de su pusilanimidad han sufrido escándalo por haber sido menospreciados e injuriados. Para poner como de bulto el crimen, hace referencia al daño que se sigue de él. En cambio, no explica del mismo modo el castigo, sino que manifiesta cuánto sea intolerable por comparación con las cosas que nos son conocidas. Cuando quiere impresionar los ánimos rudos pone ejemplos de las cosas que caen bajo el dominio de los sentidos.
– San Juan Crisóstomo (Constantinopla, siglo IV), Homilías Sobre el Evangelio de San MateoHomilía LVIII

 

 


Todas las cosas son puras para los puros, mas para los corrompidos e incrédulos nada es puro, sino que tanto su mente como su conciencia están corrompidas. Profesan conocer a Dios, pero con sus hechos lo niegan, siendo abominables y desobedientes e inútiles para cualquier obra buena. Pero en cuanto a ti, enseña lo que está de acuerdo con la sana doctrina. Los ancianos deben ser sobrios, dignos, prudentes, sanos en la fe, en el amor, en la perseverancia. Asimismo, las ancianas deben ser reverentes en su conducta: no calumniadoras ni esclavas de mucho vino, que enseñen lo bueno, que enseñen a las jóvenes a que amen a sus maridos, a que amen a sus hijos, a ser prudentes, puras, hacendosas en el hogar, amables, sujetas a sus maridos, para que la palabra de Dios no sea blasfemara.  Asimismo, exhorta a los jóvenes a que sean prudentes; muéstrate en todo como ejemplo de buenas obras, con pureza de doctrina, con dignidad, con palabra sana e irreprochable, a fin de que el adversario se avergüence al no tener nada malo que decir de nosotros. Exhorta a los siervos a que se sujeten a sus amos en todo, que sean complacientes, no contradiciendo, no defraudando, sino mostrando toda buena fe, para que adornen la doctrina de Dios nuestro Salvador en todo respecto.

Tito 1:15-2:10, LBLA

 

Las lecturas son del Leccionario de la Iglesia Ortodoxa para el 19 de diciembre 2014

 

“Pero yo os digo que Elías ya ha venido” (Marcos 9:10-16)

La predicazione di San Giovanni Battista nel deserto, Massimo Stanzione (italiano, 1634)

La predicazione di San Giovanni Battista nel deserto, Massimo Stanzione (italiano, 1634)

Y se guardaron para sí lo dicho, discutiendo entre sí qué significaría resucitar de entre los muertos. Y le preguntaron, diciendo: ¿Por qué dicen los escribas que Elías debe venir primero? Y El les dijo: Es cierto que Elías, al venir primero, restaurará todas las cosas. Y, sin embargo, ¿cómo está escrito del Hijo del Hombre que padezca mucho y sea despreciado? Pero yo os digo que Elías ya ha venido, y le hicieron cuanto quisieron, tal como está escrito de él.

Cuando volvieron a los discípulos, vieron una gran multitud que les rodeaba, y a unos escribas que discutían con ellos. Enseguida, cuando toda la multitud vio a Jesús, quedó sorprendida, y corriendo hacia El, le saludaban. Y El les preguntó: ¿Qué discutís con ellos?

 

LBLA

 


Cánon de Eusebio:

Mateo Marcos Lucas Juan
9:10
17:10-13 9:11-13
9:14-16

 


Comentario

 

Le preguntaron los discípulos: ¿Cómo, pues, dicen los escribas que Elías tiene que venir primero? (Mateo 17:10).

De modo que esto ellos no lo sabían por las Escrituras, sino que así lo contaban los escribas, y semejante opinión corría entre el vulgo, lo mismo que acerca de Cristo. Por eso decía la samaritana: Yo sé que el Mesías está por venir y que cuando venga nos hará saber todas las cosas [Juan 4:25]. Y los judíos preguntaban al Bautista: ¿Eres tú Elías o uno de los profetas? [Juan 1:21] Pues como ya dije, semejante opinión acerca de Elías y de Cristo andaba muy valida; sino que ellos no la interpretaban correctamente. Porque la Escritura refiere dos venidas de Cristo: la que ya be verificó y la que está por venir. A ambas se refiere Pablo cuando dice: Porque se ha manifestado la gracia salutífera de Dios a todos los hombres, enseñándonos a negar la impiedad y los deseos del mundo, para que vivamos sobria, justa y piadosamente en este siglo. Aquí tenemos la primera venida. Pero oye cómo declara luego la otra: Con la bienaventurada esperanza en la manifestación gloriosa del gran Dios y Salvador nuestro Cristo Jesús [Tito 2:13].

También los profetas hablan de ambas venidas; y de una de ellas, que es la segunda, dicen que tendrá como Precursor a Elías. Precursor de la primera fue el Bautista, al cual Cristo lo llamaba Elías, no porque fuera Elías, sino porque tenía un ministerio como el de Elías. Pues así como Elías será precursor de la segunda venida, así Juan lo fue de la primera. Pero los escribas, confundiéndolo todo y pervirtiendo la opinión popular, se fijaron únicamente en Elías, el Precursor de la segunda venida; y así decían al pueblo: “Si éste fuera el Cristo, debía haberlo precedido Elías.”  Y este fue el motivo de que los discípulos preguntaran: ¿Cómo es, pues, que los escribas dicen que Elías ha de venir primero?

Por la misma causa los fariseos enviaron mensajeros al Bautista para preguntarle: ¿Eres tú Elías o uno de los profetas? [Juan 1:21] sin mencionar la primera venida. ¿Cómo resolvió Cristo la cuestión? Respondiendo que Elías ciertamente vendrá antes de su segunda venida; pero que ya vino también, llamando así al Bautista. Como si dijera: Juan vino ya como vendrá Elías; pero si preguntáis del Tesbita, ese ya vendrá. Y por esto dijo: Elías vendrá y restablecerá todo. ¿Qué es ese todo? Lo que dijo el profeta Malaquías: He aquí que yo enviaré a Elías Tesbita, el profeta, antes que venga el día de Yavé, grande y terrible. El convertirá el corazón de los padres a los hijos, no sea que venga yo y entregue la tierra toda al anatema [Malaquías 4:5-6 LXX]*

¿Observas la exactitud de la predicción profética? Como Cristo había llamado Elías a Juan, a causa del parecido en el ministerio, a fin de que no pensaras que éste era también el que el profeta predecía, notó la patria añadiendo el Tesbita. Ahora bien: el Bautista no era Tesbita. Además el profeta añadió otra cosa notable cuando dijo: No sea que venga yo y entregue la tierra toda al anatema, con lo que declaró lo terrible del segundo advenimiento. Porque en el primero no vino a entregar la tierra al anatema. Pues él mismo dice: No he venido a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo [Juan 12:47]. De modo que esto lo dice aludiendo al Tesbita que ha de aparecer antes de la venida de Cristo para el juicio. Y añade el motivo por el que vendrá. ¿Cuál es? Para inducir a los judíos a creer en Cristo, no sea que cuando El llegue perezcan todos en absoluto. Y Cristo, recordando esas cosas, dice: Restablecerá todo [Mateo 17:11]. O sea que enmendará la incredulidad de los judíos que para entonces queden; de modo que se expresó exactísimamente. Porque no dijo el profeta: Convertirá el corazón de los hijos a los padres, sino de los padres para con sus hijos. Siendo los judíos los padres de los apóstoles, eso significa que convertirá el corazón de los judíos a los dogmas y enseñanzas de los apóstoles; o sea que convertirá a ellos el linaje judaico.

Sin embargo, yo os digo: Elías ya vino y no lo reconocieron; antes hicieron con él lo que quisieron. De la misma manera el Hijo del hombre tiene que padecer de parte de ellos. Entonces entendieron los discípulos que les hablaba de Juan el Bautista [Mateo 17:12-13].

Aunque esto no lo decían ni los escribas ni la Escritura, sin embargo, los discípulos por estar ya más despiertos y poner mayor atención a lo que se les decía, pronto lo entendieron. ¿Por dónde vinieron a entenderlo? Ya les había dicho: El es Elías que está a punto de venir [Mateo 11:14]; luego les dice: Ya vino; y de nuevo: Elías vendrá y restablecerá todo. No te turbes ni vayas a sospechar que hay contradicción en lo que dice cuando afirma ahora que ya vino, ahora que está por venir. Todo ello es verdad. Porque cuando dice que Elías vendrá y restablecerá todo, habla del mismísimo Elías y de la futura conversión de Israel. Y cuando dice: El es el que va a venir, dice que Juan es Elías a causa de lo parecido del ministerio.

Del mismo modo los profetas a cualquier rey esclarecido lo llaman David; y a los judíos los llaman príncipes de los sodomitas [Isaías 1:10] y también hijos de los etíopes [Amós 9:7]; y lo hacen por la semejanza de costumbres. Porque así como Elías será Precursor en la segunda venida, así lo fue Juan en la primera. Ni es ésta la única razón de que a Juan lo llame Elías, sino también para manifestar su pleno acuerdo con la Ley Antigua, y que lo de su segundo advenimiento es una verdadera profecía. Por esto añade: Vino y no lo reconocieron, antes hicieron con él lo que quisieron [Mateo 17:12]. Pero ¿qué significa: lo que quisieron? Es decir, lo encarcelaron, lo afrentaron, lo mataron, trajeron en una bandeja su cabeza. Y así de la misma manera el Hijo del hombre tiene que padecer de parte de ellos [Mateo 17:12].

¿Adviertes cómo oportunamente les trae a la memoria su Pasión, y los consuela grandemente con lo de la Pasión de Juan? Ni lo hizo únicamente por este capítulo, sino haciendo enseguida grandes milagros. Cuando habla de su Pasión, al punto obra prodigios; y lo mismo hace antes y después de hablar de ella, como con frecuencia se observa. Pues dice el evangelista: Desde entonces comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y ser muerto y padecer mucho [Mateo 16:21]. Entonces. ¿Cuándo? Cuando ya quedó claro ser él el Cristo e Hijo de Dios. Y también en el monte cuando les puso delante aquella visión admirable en la que los profetas hablaban de su gloria, El les recordó su Pasión. Porque Juan, una vez que refirió la historia del hecho, añade: Así el Hijo del hombre ha de padecer de parte de ellos.

Y no mucho después, cuando echó el demonio que los discípulos no habían podido expulsar, cuando volvía a Galilea, dijo Jesús, según narra el evangelio: El Hijo del hombre tiene que ser entregado en manos de hombres pecadores que lo matarán, y al tercer día resucitará [Mateo 17:23]. Procedía así con el objeto de que la magnitud de los milagros disminuyera el exceso del dolor y del todo los consolara; así como ahora, trayéndoles al recuerdo la muerte de Juan, los consoló grandemente. Y si alguno preguntara ¿por qué ahora no resucita a Elías y lo envía, siendo así que tantos y tan grandes beneficios testifican su venida? Respondemos que fue porque aún ahora, creyendo ellos que Jesús era Elías, sin embargo no se convirtieron. Porque dicen los discípulos: Unos dicen que eres Elías, otros que Jeremías [Mateo 16:14]. Entre Juan y Elías no había diferencia sino del tiempo.

Preguntarás: entonces ¿cómo después sí creerán? Ciertamente Elías lo restablecerá todo, no únicamente porque se le reconocerá, sino porque la gloria de Cristo que se extenderá en gran manera y se aumentará, hasta aquel día, brillará más espléndida que el sol. De modo que cuando él venga, habiendo ya precedido tan grande estima y expectación, predicando io mismo y anunciando a Jesús, más fácilmente aceptarán sus palabras. Y cuando dice no lo reconocieron [Lucas 12:24], parece en cierto modo excusarlos; y los consuela no únicamente de este modo, sino además demostrando que El padecerá injustamente; y también como ocultando esas cosas tristes con dos milagros: el que hizo en el monte y el que hará enseguida.

Después de oírlo, ya no le preguntan cuándo vendrá Elías, ya fuera por la tristeza de la futura Pasión, ya porque se apoderó de ellos el temor. Pues con frecuencia, cuando advierten que El no quiere hablar claramente, ellos callan. Así pues, como estando en Galilea les dijera: El Hijo del hombre tiene que ser entregado y le darán muerte, y al tercer día resucitará, el evangelista añade: Y se pusieron muy tristes [Mateo 17:22-23]. Así lo dan a entender dos evangelistas. Marcos dice: Y ellos no entendían esas osas, pero temían preguntarle [Marcos 9:32]. Y Lucas: Pero ellos no sabían lo que significaban aquellas palabras, que estaban veladas, de manera que no las entendieron, y temían preguntarle sobre ellas [Lucas 9:45].

– San Juan Crisóstomo (Constantinopla, siglo IV), Homilías Sobre el Evangelio de San MateoHomilía LVII

 

* Crisóstomo está citando la versión de la Septuaginta de de Malaquías.  el Texto Masorético omite la referencia a Elías como Tesbita [Malaquías 4:5].

 


Por esta causa te dejé en Creta, para que pusieras en orden lo que queda, y designaras ancianos*en cada ciudad como te mandé, esto es, si alguno es irreprensible, marido de una sola mujer, que tenga hijos creyentes, no acusados de disolución ni de rebeldía. Porque el obispo debe ser irreprensible como administrador de Dios, no obstinado, no iracundo, no dado a la bebida, no pendenciero, no amante de ganancias deshonestas, sino hospitalario, amante de lo bueno, prudente, justo, santo, dueño de sí mismo, reteniendo la palabra fiel que es conforme a la enseñanza, para que sea capaz también de exhortar con sana doctrina y refutar a los que contradicen. Porque hay muchos rebeldes, habladores vanos y engañadores, especialmente los de la circuncisión, a quienes es preciso tapar la boca, porque están trastornando familias enteras, enseñando, por ganancias deshonestas, cosas que no deben. Uno de ellos, su propio profeta, dijo: Los cretenses son siempre mentirosos, malas bestias, glotones ociosos. Este testimonio es verdadero. Por eso, repréndelos severamente para que sean sanos en la fe, no prestando atención a mitos judaicos y a mandamientos de hombres que se apartan de la verdad. Todas las cosas son puras para los puros, mas para los corrompidos e incrédulos nada es puro, sino que tanto su mente como su conciencia están corrompidas. Profesan conocer a Dios, pero con sus hechos lo niegan, siendo abominables y desobedientes e inútiles para cualquier obra buena. Pero en cuanto a ti, enseña lo que está de acuerdo con la sana doctrina.

(2 Timoteo 4:9-22, LBLA)

 

 

Las lecturas tomadas del Leccionario de la Iglesia Ortodoxa de 18 de diciembre 2014