“Entonces Pilato le preguntó, diciendo: ¿Eres tú el Rey de los judíos?” (Lucas 23:2-34, 44-56)

Что есть Истина, Христос и Пилат (¿Qué es la verdad? Pilato y Cristo), Nicholas Ge (1890)

Что есть Истина, Христос и Пилат (¿Qué es la verdad? Pilato y Cristo), Nicholas Ge (1890)

Y comenzaron a acusarle, diciendo: A éste hemos hallado que pervierte a la nación, y que prohibe dar tributo a César, diciendo que él mismo es el Cristo, un rey. Entonces Pilato le preguntó, diciendo: ¿Eres tú el Rey de los judíos? Y respondiéndole él, dijo: Tú lo dices. Y Pilato dijo a los principales sacerdotes, y a la gente: Ningún delito hallo en este hombre. Pero ellos porfiaban, diciendo: Alborota al pueblo, enseñando por toda Judea, comenzando desde Galilea hasta aquí.

Entonces Pilato, oyendo decir, Galilea, preguntó si el hombre era galileo. Y al saber que era de la jurisdicción de Herodes, le remitió a Herodes, que en aquellos días también estaba en Jerusalén. Herodes, viendo a Jesús, se alegró mucho, porque hacía tiempo que deseaba verle; porque había oído muchas cosas acerca de él, y esperaba verle hacer alguna señal. Y le hacía muchas preguntas, pero él nada le respondió. Y estaban los principales sacerdotes y los escribas acusándole con gran vehemencia. Entonces Herodes con sus soldados le menospreció y escarneció, vistiéndole de una ropa espléndida; y volvió a enviarle a Pilato. Y se hicieron amigos Pilato y Herodes aquel día; porque antes estaban enemistados entre sí.

Entonces Pilato, convocando a los principales sacerdotes, a los gobernantes, y al pueblo, les dijo: Me habéis presentado a éste como un hombre que perturba al pueblo; pero habiéndole interrogado yo delante de vosotros, no he hallado en este hombre delito alguno de aquellos de que le acusáis. Y ni aun Herodes, porque os remití a él; y he aquí, nada digno de muerte ha hecho este hombre. Le soltaré, pues, después de castigarle. Y tenía necesidad de soltarles uno en cada fiesta. Mas toda la multitud dio voces a una, diciendo: ¡Fuera con éste, y suéltanos a Barrabás! Este había sido echado en la cárcel por sedición en la ciudad, y por un homicidio. Les habló otra vez Pilato, queriendo soltar a Jesús; pero ellos volvieron a dar voces, diciendo: ¡Crucifícale, crucifícale! Él les dijo por tercera vez: ¿Pues qué mal ha hecho éste? Ningún delito digno de muerte he hallado en él; le castigaré, pues, y le soltaré. Mas ellos instaban a grandes voces, pidiendo que fuese crucificado. Y las voces de ellos y de los principales sacerdotes prevalecieron. Entonces Pilato sentenció que se hiciese lo que ellos pedían; y les soltó a aquel que había sido echado en la cárcel por sedición y homicidio, a quien habían pedido; y entregó a Jesús a la voluntad de ellos.

Y llevándole, tomaron a cierto Simón de Cirene, que venía del campo, y le pusieron encima la cruz para que la llevase tras Jesús. Y le seguía gran multitud del pueblo, y de mujeres que lloraban y hacían lamentación por él. Pero Jesús, vuelto hacia ellas, les dijo: Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, sino llorad por vosotras mismas y por vuestros hijos. Porque he aquí vendrán días en que dirán: Bienaventuradas las estériles, y los vientres que no concibieron, y los pechos que no criaron. Entonces comenzarán a decir a los montes: Caed sobre nosotros; y a los collados: Cubridnos. Porque si en el árbol verde hacen estas cosas, ¿en el seco, qué no se hará?

Llevaban también con él a otros dos, que eran malhechores, para ser muertos. Y cuando llegaron al lugar llamado de la Calavera, le crucificaron allí, y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda. Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. Y repartieron entre sí sus vestidos, echando suertes.

Cuando era como la hora sexta, hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora novena. Y el sol se oscureció, y el velo del templo se rasgó por la mitad. Entonces Jesús, clamando a gran voz, dijo: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Y habiendo dicho esto, expiró. Cuando el centurión vio lo que había acontecido, dio gloria a Dios, diciendo: Verdaderamente este hombre era justo. Y toda la multitud de los que estaban presentes en este espectáculo, viendo lo que había acontecido, se volvían golpeándose el pecho. Pero todos sus conocidos, y las mujeres que le habían seguido desde Galilea, estaban lejos mirando estas cosas.

Había un varón llamado José, de Arimatea, ciudad de Judea, el cual era miembro del concilio, varón bueno y justo. Este, que también esperaba el reino de Dios, y no había consentido en el acuerdo ni en los hechos de ellos, fue a Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús. Y quitándolo, lo envolvió en una sábana, y lo puso en un sepulcro abierto en una peña, en el cual aún no se había puesto a nadie. Era día de la preparación, y estaba para comenzar el día de reposo.

Y las mujeres que habían venido con él desde Galilea, siguieron también, y vieron el sepulcro, y cómo fue puesto su cuerpo. Y vueltas, prepararon especias aromáticas y ungüentos; y descansaron el día de reposo, conforme al mandamiento.

Reina Valera Revisada (1960)

Cánon de Eusebio:

Mateo Marcos Lucas Juan
23:2
27:11 15:2 23:3 18:33,37
23:4 18:38; 19:4,6
23:5-9
23:13-14 18:38; 19:4,6
23:15-16
27:15 15:6 23:17
27:20-21 15:11 23:18-19 18:40
27:22-23 15:12-14 23:20-21 19:6
23:22 18:38; 19:4,6
27:22-23 15:12-14 23:23 19:15
27:26 15:15 23:24-25 19:16
 27:32 15:21 23:26  19:17-18
23:27
[23:28-31]
 27:38 15:27 23:32-33 19:18
23:34
27:45 15:33 23:44-45a
27:51 15:38 23:45b
27:50  15:37 23:46  19:30
 27:54  15:39  23:47
23:48-49
 27:57-58 15:42-45  23:50-52 19:38
27:59-60 15:46 23:53  19:40-42
23:54-55
 16:1  23:56

 


Homilía por San Juan Crisóstomo (siglo IV)

Jesús compareció en presencia del Procurador; y le preguntó el Procurador: ¿Eres tú el Rey de los judíos? Y Jesús le contestó: Tú lo dices. Pero en cuanto a las acusaciones de los príncipes de los sacerdotes y ancianos del pueblo, nada respondió [Mateo 27:11].

¿ADVIERTES CÓMO por primera vez se examina aquí lo que los judíos con suma frecuencia trataban? Como vieran éstos que Pilato no se cuidaba de las disquisiciones legalistas, acuden a los crímenes contra la nación y públicos. Lo mismo hacían con los apóstoles y continuamente les objetaban lo mismo; o sea que andaban por todas partes predicando a un tal Rey, Jesús [Hechos 18:17], que ellos consideraban como simple hombre; y con esto echaban sobre los apóstoles la sospecha de que andaban queriendo establecer un reino y tiranía. Por donde se ve que aquel desgarrar sus vestiduras el pontífice y su estupor, fueron cosas simuladas y de comedia. En realidad todo lo revolvían y barajaban para darle muerte a Cristo.

Tal fue el motivo de que Pilato lo interrogara sobre esto entonces. ¿Qué respondió Cristo?: Tú lo dices. Confesó ser Rey, pero Rey celeste Con mayor claridad lo dijo a Pilato en otra parte, al responderle: Mi reino no es de este mundo [Juan 18:36], para que ni estos acusadores ni aquellos otros tuvieran excusa alguna. Y da Cristo ahí la razón incontrovertible: Si fuera de este mundo, los míos combatirían para que no fuera entregado. Y para quitar toda sospecha, había pagado el tributo [Mateo 22:17] y había dispuesto que los demás también lo pagaran; y cuando quisieron proclamarlo Rey, huyó [Juan 6:15].

Preguntarás: ¿por qué no alegó esto cuando fue acusado de ambicionar el poder? Porque teniendo ellos en sus manos infinitas demostraciones de su poder, mansedumbre y modestia, voluntariamente se cegaban, tramaban males contra El y tenían corrompido el juicio. Por tal motivo a nada responde, sino que calla. Alguna vez habla pero brevísimamente, para no echar sobre sí la opinión de arrogante a causa de su perpetuo silencio. Fue cuando el sumo pontífice lo conjuró y cuando el Procurador lo interrogó. En cambio, a los crímenes de que lo acusaban, nada responde, pues sabía que no los había de persuadir.

Ya lo había predicho el profeta: En su humildad se le privó de juicio [Isaías 53:8 LXX]. El Procurador se admiraba de esas cosas. Y en verdad era de admirar el mostrar tan grande modestia y silencio quien tantísimas cosas podía alegar. Pero no lo acusaban porque creyeran que tuviera alguna falta, sino únicamente llevados de la envidia y el odio. Pues si ya cuando presentaron testigos falsos nada tuvieron que acusar ¿por qué persisten en acusar? ¿Por qué, aun viendo expirar a Judas, y a Pilato lavarse las manos, no se compungieron? Pues en esas circunstancias, hizo Jesús muchas cosas que los podían llevar a compungirse; y sin embargo no se tornaron mejores.

¿Qué le dice Pilato a Jesús?: ¿No oyes cuántas cosas testifican contra ti? [Mateo 27:19] Porque deseaba que se defendiera y así librarlo, le hablaba así. Mas como Jesús nada respondiera, Pilato urdió otro medio. ¿Cuál? Era costumbre que se dejara libre uno de los criminales; y Pilato intentó librar a Jesús por este camino. Como si les dijera: Si no queréis dejarlo libre como inocente, a lo menos libradlo como criminal en reverencia de la fiesta. ¿Observas cómo se ha invertido el orden? La costumbre era que el pueblo pidiera en favor de los reos ya condenados, y que el Procurador concediera la petición; mas ahora sucede al contrario: el Procurador pide al pueblo, que ni aun así se aplaca, sino que más se enfurece, y locos por la envidia, dan gritos. Pues nada podían objetar acusando; y aun callando El, quedaban redargüidos, pues tantas cosas había que declaraban justo a Jesús. Callando los derrotaba, mientras ellos, enfurecidos, barbotaban miles de cosas.

En estando él sentado en el tribunal, su mujer le envió este recado: No te metas con ese justo; pues he sufrido mucho hoy en sueños, por causa de él [Mateo 27:19]. Mira otra cosa que hubiera podido retraerlos de su propósito. Porque ese sueño, tras de la experiencia ya adquirida en el asunto, era de no poco peso. ¿Por qué no lo vio Pilato en persona? O porque su mujer era más digna de verlo; o también porque de haberlo visto él, no se le hubiera dado fe; o quizá hubiera cambiado algo del ensueño. Por esto la Providencia hace que sea su mujer quien lo vea y así llegue al conocimiento de todos. Y no solamente lo vio, sino que padeció muchas cosas, para que Pilato, por consolarla, procediera con mayor lentitud en decretar la muerte. Además, no interesaba poco el tiempo del ensueño, pues ella lo vio en esa misma noche. Mas Pilato no podía dar libre a Cristo sin peligro, pues los judíos le habían dicho: Se hace Rey. Se hacía pues necesario investigar pruebas, razones y señales de que Cristo buscaba el dicho reinado. Por ejemplo, si había reunido ejército, si había juntado dineros, si tenía fábrica de armas, o en fin si había intentado algo.

Sin suficiente motivo Pilato se deja arrastrar por tales suposiciones, por lo cual Cristo le declara que no está exento de culpa, diciéndole: Por esto el que me ha entregado a ti comete mayor pecado [Juan 19:11]. Cedió pues por debilidad y lo sujetó a los azotes. Pilato era débil y nada varonil; y en cambio los príncipes de los sacerdotes eran malignos y astutos. Y pues Pilato había pensado en otro modo de librar a Cristo, valiéndose de!a solemnidad y la ley que ordenaba dar libertad a uno de los presos con esa ocasión ¿qué es lo que traman los príncipes de los sacerdotes? Dice el evangelista: Persuadieron a la turba pedir a Barrabás [Mateo 27:20].

¿Observas por cuántos medios procura Pilato librarlos de culpa y con qué empeño se esfuerzan ellos para que no les quede ni sombra de excusa? Porque ¿qué era lo que a ese tiempo convenía? ¿Dejar libre a alguno de los reos ya convictos, o a aquel de quien se dudaba si era o no culpable? Puesto que si convenía dejar libre a uno de los ya condenados, mucho más convenía dejar libre a aquel cuya falta aún no se comprobaba. Al fin y al cabo a ellos mismos no les parecía Jesús ser peor que los públicos y homicidas.

Por tal motivo dice el evangelista no únicamente que tenían en la cárcel a un ladrón, sino a un ladrón insigne, célebre por su perversidad y que había cometido infinitos homicidios. A pesar de todo, lo prefieren y anteponen al Salvador del mundo y no respetan ni el tiempo sagrado ni las leyes de lo humano ni nada semejante, sino que totalmente los ciega la envidia. Y no contentos con su propia maldad, corrompen al pueblo para merecer también por este engaño los extremos castigos. Como pidieran al Procurador la libertad de Barrabás, Pilato les dijo: Pues ¿qué haré de Jesús que se dice Cristo? [Mateo 27:22] Quería nuevamente por este otro medio doblegarlos, dejando en manos de ellos el que a lo menos por vergüenza pidieran libre a Jesús; y que así todo dependiera de la generosidad del pueblo. Pues si les hubiera dicho: No ha cometido crimen alguno, los habría vuelto más querellosos aún. En cambio, la petición de salvar a Jesús por las leyes de la humanidad, le parecía más apto. Pero ellos contestaron: ¡Crucifícalo, crucifícalo! El les respondió: ¿Qué mal ha hecho? Pero ellos con desbordado furor vociferaban: ¡Sea crucificado! Viendo, pues, Pilato que nada adelantaba, se lavó las manos diciendo: Soy inocente [Mateo 27:22-24].

Entonces ¿por qué lo entregas a la muerte? ¿Por qué no lo libraste como hizo el tribuno aquel con Pablo? [Hechos 21] Y eso que sabía que matando a Pablo les caía bien a los judíos; pues a causa de éste se habían levantado en sedición y alboroto; y sin embargo, fuertemente se opuso. No procedió así el Procurador, sino que se portó débil y cobardemente; de modo que la corrupción alcanzó a todos. Ni él resistió a la multitud, ni la plebe resistió a los judíos. Y así ninguna excusa les quedaba. Ellos vociferaban, o sea clamaban más y más: ¡Sea crucificado! Pues no querían simplemente dar muerte a Cristo, sino una muerte de criminal Por esto, aun repugnándolo el juez, perseveraban en sus clamores.

¿Ves cuántas cosas hizo Cristo para inducirlos al arrepentimiento? Así como a Judas con frecuencia lo reprimió, así lo hizo con éstos: a través de todo el evangelio procede así, y lo mismo ahora al tiempo del juicio. Cuando veían al que era Procurador y juez lavarse las manos y le oían decir: Yo soy inocente de la sangre de este hombre, lo propio era que se compungieran, tanto por las palabras como por lo que hacía; lo mismo que cuando vieron a Judas colgado con el lazo y también a Pilato que en persona les rogaba que escogieran a otro preso en vez de Jesús. Cuando el traidor y acusador se condena a sí mismo de falsedad; y el juez que sentencia, echa de sí la culpa; y en esa misma noche se realiza un tal ensueño; y en cierto modo Pilato en persona pide la liberación de Jesús ¿qué excusa pudieron tener los judíos? Al fin y al cabo, si no concedían que fuera inocente, a lo menos con toda certeza no debían anteponerle un ladrón; digo a un ladrón insigne y del que públicamente sabían qué clase de hombre era.

¿Qué hicieron los judíos? Como vieran al juez lavándose las manos y oyeran que decía: Yo soy inocente, gritaban: Caiga su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos [Mateo 27:25]. Entonces, finalmente, pues ellos contra sí mismos dictaron la sentencia, Pilato cedió del todo. Pero tú considera en este paso la gran perversidad de los judíos. Porque así es el ímpetu temerario de la mala pasión: no deja ver nada bueno. Pase ¡oh judíos! que os maldijerais a vosotros mismos; mas ¿por qué atraéis la maldición también sobre vuestros hijos? El Señor, en cambio, benigno como es, mientras ellos así tan furiosamente enloquecían, tanto contra sí mismos como contra sus hijos, no confirmó la sentencia que lanzaban en propia contra y de sus hijos, sino que, por el contrario, a quienes de ellos hicieron penitencia los recibió en su amistad y los colmó de bienes. Del número de éstos era Pablo y muchos miles de creyentes de Jerusalén Pues Santiago decía: ¿Ves, hermano, cuántos millares hay de creyentes? [Hechos 21:20]

Entonces les dejó libre a Barrabás; y a Jesús, tras de haberlo hecho azotar, se lo entregó para que lo crucificaran [Mateo 27:26].

¿Por qué lo mandó azotar? O bien fue como a ya sentenciado, o para guardar cierta forma de juicio en el asunto, o para dar gusto a los judíos. Lo conveniente y necesario era que resistiera. Pues anteriormente les había dicho: Tomadlo allá vosotros y según vuestra ley juzgadlo [Juan 18:31]. Muchas cosas había capaces de apartar a Pilato y a los judíos de tan grave crimen: los milagros y prodigios, la inmensa mansedumbre de la víctima, su profundo silencio. Pues así como se mostró verdadero hombre tanto en lo que dijo en su defensa como por las súplicas al Padre, así demostró también su alteza divina y su magnanimidad, tanto por el silencio como por el desprecio de lo que contra El se decía; de modo que a todos los dejaba admirados. Pero por nada quisieron ceder.

Es que cuando ya una vez la razón queda coartada como con una embriaguez y locura, es muy difícil arrepentirse de la caída, a no ser que se esté dotado de un ánimo esforzado y generoso. Cosa grave, por cierto, cosa grave es dar entrada a esa clase de pasiones; por lo cual se hace necesario cerrarles del todo la puerta; pues en cuanto han invadido a un alma y la han llenado, a la manera del fuego que cae sobre leña, se enciende gran llamarada. Os suplico, en consecuencia, que pongamos todos los medios para impedirle la entrada; y que no suceda que, prevalidos de un frío raciocinio, nos consolemos con éste, e introduzcamos en el alma toda perversidad, diciendo: ¿Qué importa esto? ¿qué importa esotro? Brotan de aquí males sin cuento. El demonio, perverso como es, usa de su astucia, perseverancia y adaptación, para ruina del hombre; y comienza su batalla por cosas mínimas.

Pon atención, te lo ruego. Quería enredar a Saúl en las vaciedades y delirios de una pitonisa. Pero si desde el principio se lo hubiera propuesto, ciertamente Saúl lo habría desechado. ¿Cómo lo habría aceptado cuando él mismo había expulsado a las pitonisas? Por tal motivo el demonio lo fue llevando poco a poco. Desobedeció Saúl a Samuel y se atrevió a ofrecer el sacrificio de holocausto, ausente el profeta. Acusado de esto, respondió que la llegada de los enemigos lo había puesto en aquella necesidad grande [1 Samuel 13:12, 28:15]. Y siendo así que convenía llorar aquella falta, procedió como si en nada hubiera faltado. Luego el Señor le ordenó pelear contra los amalecitas, y también acá quebrantó lo ordenado por Dios. Siguiéronse sus crímenes contra David. Y así, poco a poco, ya no se detuvo en la pendiente de su ruina, hasta que fue a dar al abismo de su perdición.

Lo mismo le sucedió a Caín. El demonio no lo empujó repentinamente al asesinato de su hermano, pues no se lo habría persuadido. Sino que primero le presentó el asunto como si no fuera pecado; luego lo inflamó en cólera y envidia y lo persuadió de que ningún mal se seguiría; en tercer lugar le persuadió el homicidio y el negar que lo hubiera perpetrado; y no se apartó de él el demonio, hasta que por fin puso Caín el colofón a todos los males. En consecuencia, se hace necesario rechazarlo sobre todo a los comienzos. Sobre todo teniendo en cuenta que dichos comienzos, aun cuando no pasen adelante, son ya pecado que no se ha de despreciar; y que en cambio, si el alma se descuida un poco, pasan a cosas graves. Hay, pues, que tomar todos los medios para combatir los malos principios.

No consideres el pecado como cosa pequeña, sino piensa, pues debes pensar que con el descuido se convierte en raíz de mayores caídas. Si se ha de decir una paradoja, no requieren tanta diligencia para evitarlos los pecados grandes como los pequeños. En los grandes la naturaleza misma del pecado hace que lo aborrezcamos, mientras que en los menos graves, aun por el hecho de serlo, nos arrastran a la negligencia y no dejan que con fortaleza se luche contra ellos. Con lo cual, mientras andamos descuidados, ellos crecen. Lo mismo puedes ver en las cosas corporales. Por este camino se originó en Judas el grave daño de la traición. Si no se hubiera persuadido de que el robar los bienes destinados a los pobres era cosa leve, nunca habría llegado hasta la traición. Asimismo, si los judíos no se hubieran persuadido de que entregarse a la vanagloria era cosa leve, nunca habrían llegado a dar muerte a Cristo.

De modo que ya ves cómo de ese principio han nacido todos los males. Nadie repentinamente se hace malo. Tiene, por cierto, nuestra alma un nativo pudor del mal y una reverencia al bien, y no puede suceder que repentinamente se incline a la impudencia y lo eche a rodar todo juntamente: ¡se corrompe poco a poco por su negligencia! Así la idolatría comenzó por ser los hombres, ya vivos ya muertos, excesivamente tenidos en honor; así se llegó al culto de las esculturas; así entró la fornicación y los demás pecados. Atiende en este punto. ¿Qué cosa más leve que reír? ¿qué mal se puede seguir de eso? Pues bien, la risa es el origen de la obscenidad, las chocarrerías, las palabras torpes, y finalmente de las torpes acciones.

Acusado alguno de que calumnia al prójimo, de que lo injuria, de que lo maldice, se descuida y alega: maldecir es cosa leve. Pero de ahí nacen los odios profundos, las enemistades irreconciliables e infinitas palabras injuriosas; y de las palabras injuriosas se procede a los golpes, y de los golpes con frecuencia se llega al asesinato. De modo que el demonio maligno va llevando de lo leve a lo grave. Y de lo grave arrastra a la desesperación; porque también ha encontrado este otro camino, no menos pernicioso que el anterior. No arruina tanto el pecado como la desesperación. Al fin y al cabo, el que ha pecado puede pronto, mediante la penitencia, corregir lo que hizo, si anda vigilante. Pero quien desespera y no se corrige, deja de enmendarse porque ya no echa mano del medio de la penitencia.

Tiene todavía el demonio un tercer medio y forma de asechanzas gravísimo, que es cuando envuelve el pecado en apariencias de piedad. Preguntarás: ¿cómo ha tomado tanta fuerza el demonio que llegue hasta ese engaño? Óyelo y guárdate de su astucia. Ordena Cristo, por medio de Pablo, que el esposo no se separe de su mujer [1 Corintios 7:10]; y añade que no deben defraudarse en el débito conyugal mutuamente [1 Corintios 7:5], si no es de común consentimiento. Pues bien, algunas mujeres, por amor a la continencia, se han separado de sus maridos, como si hicieran una obra piadosa, y a sí mismas se han precipitado luego en el adulterio. Piensa cuan perverso trabajo fue el que se tomaron y que sufrirán penas extremas por haber introducido un mal tan grave y haber precipitado a sus esposos en el abismo de la perdición.

Otros, absteniéndose de los alimentos, apoyados en el precepto del ayuno, poco a poco han llegado hasta abominar de la comida, cosa que les causa grandes padecimientos. Sucede esto cuando se aferran a sus propias opiniones, formadas sin tener en cuenta las Sagradas Escrituras. Entre los corintios hubo algunos que pensaron ser cosa indiferente comer de toda clase de manjares, aun prohibidos; y que en esto había algo más de perfección. Y sin embargo, no era eso perfección alguna, sino el colmo de la iniquidad. Por lo cual Pablo con vehemencia los reprende y les afirma ser reos de extremo castigo. Piensan otros ser cosa de piedad el cultivo de la cabellera; y sin embargo esto está prohibido y es cosa de mucha vergüenza. Otros hay que creen ser ganancia espiritual el dolor excesivo de los pecados; pero también esto pertenece a las diabólicas astucias, como sucedió en el caso de Judas, quien por esa causa se ahorcó.

Por este mismo motivo temía Pablo que aquel fornicario de Corintio cayera en una desesperación semejante a la de Judas; y exhorta a los corintios a que lo más pronto posible lo libren de eso: Para que no lo consuma una excesiva tristeza Y enseguida, declarando cómo esto último proviene de astucias del demonio [2 Corintios 2:7], añade: Para que no nos envuelva Satanás en sus astucias, pues no desconocemos sus ardides [2 Corintios 2:10,11]. Como si dijera: él pelea contra nosotros con dolo crecido. Si luchara a campo abierto, fácil sería nuestra victoria. Pero aun ahora es fácil con tal de que vivamos vigilantes Porque para todos y cada uno de sus caminos ya nos armó Dios.

Oye cómo nos exhorta a no despreciar las cosas leves: Quien dijere fatuo a su hermano, será reo de la gehena [Mateo 5:22]. Y también : el que ve con ojos lascivos es perfecto adúltero [Mateo 5:28]. A los chocarreros los llama míseros. Y en todas partes va cortando y arrancando los principios y semillas del mal. Dice que de toda palabra ociosa tendremos que dar cuenta [Mateo 12:36]. Por esto Job purificaba no únicamente las acciones, sino aun los pensamientos de sus hijos [Job 1:5]. Y acerca de la desesperación dice: ¿Acaso el que ha caído no se levantará? [Jeremías 8:4] Y también: No quiero la muerte del pecador, sino que se convierta y viva [Ezequiel 18:23 LXX]. Además: Hoy, si oyereis su voz [Salmos 95:7]. Y luego: Hay gozo en el cielo por un pecador que hace penitencia. Abundan en las Sagradas Escrituras otras muchas sentencias y ejemplos. Y para que no perezcamos bajo el pretexto de piedad, oye a Pablo que dice: Para que no lo consuma la tristeza excesiva.

Sabiendo estas cosas, opongamos la prudencia de las Escrituras a todos los caminos por donde pueden caer los desidiosos. Ni digas: pero ¿qué si curiosamente miro a una mujer hermosa? Porque si adulteras en tu corazón, pronto te atreverás a adulterar en las obras. Tampoco digas: pero ¿qué si a este pobre lo paso de largo? Si a éste pasas, luego pasarás a otro y a otro. Tampoco digas: pero ¿y qué si codicio los bienes ajenos? Esto fue lo que perdió a Acab, aunque luego pagara el precio del viñedo, pues lo tomó contra la voluntad de su sueño. El comprador no ha de obligar sino persuadir. Pues si ese que pagó el justo precio fue condenado por haber tomado los bienes de quien no quería dárselos, quien no sólo hace eso, sino que realmente se los arrebata al renuente, y esto ahora en la Ley de Gracia ¿de qué castigo no será digno?

Pues para que no seamos castigados, conservémonos limpios de toda violencia y rapiña; guardémonos no sólo de los pecados, sino del principio de ellos, y cultivemos con diligencia la virtud. Así gozaremos de los bienes eternos, por gracia y benignidad de nuestro Señor Jesucristo, al cual sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

Homilía LXXXVI sobre el Evangelio de San Mateo (tr. por Rafael Ramírez Torres, SJ)

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“Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo” (Lucas 19:29-40, 22:7-39)

Die Verleugnung des Petrus, Peter Janssen (1869)

Die Verleugnung des Petrus, Peter Janssen (1869)

Y aconteció que llegando cerca de Betfagé y de Betania, al monte que se llama de los Olivos, envió dos de sus discípulos, diciendo: Id a la aldea de enfrente, y al entrar en ella hallaréis un pollino atado, en el cual ningún hombre ha montado jamás; desatadlo, y traedlo. Y si alguien os preguntare: ¿Por qué lo desatáis? le responderéis así: Porque el Señor lo necesita. Fueron los que habían sido enviados, y hallaron como les dijo. Y cuando desataban el pollino, sus dueños les dijeron: ¿Por qué desatáis el pollino? Ellos dijeron: Porque el Señor lo necesita. Y lo trajeron a Jesús; y habiendo echado sus mantos sobre el pollino, subieron a Jesús encima. Y a su paso tendían sus mantos por el camino. Cuando llegaban ya cerca de la bajada del monte de los Olivos, toda la multitud de los discípulos, gozándose, comenzó a alabar a Dios a grandes voces por todas las maravillas que habían visto, diciendo: ¡Bendito el rey que viene en el nombre del Señor; paz en el cielo, y gloria en las alturas! Entonces algunos de los fariseos de entre la multitud le dijeron: Maestro, reprende a tus discípulos. Él, respondiendo, les dijo: Os digo que si éstos callaran, las piedras clamarían.

Llegó el día de los panes sin levadura, en el cual era necesario sacrificar el cordero de la pascua. Y Jesús envió a Pedro y a Juan, diciendo: Id, preparadnos la pascua para que la comamos. Ellos le dijeron: ¿Dónde quieres que la preparemos? Él les dijo: He aquí, al entrar en la ciudad os saldrá al encuentro un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidle hasta la casa donde entrare, y decid al padre de familia de esa casa: El Maestro te dice: ¿Dónde está el aposento donde he de comer la pascua con mis discípulos? Entonces él os mostrará un gran aposento alto ya dispuesto; preparad allí. Fueron, pues, y hallaron como les había dicho; y prepararon la pascua.

Cuando era la hora, se sentó a la mesa, y con él los apóstoles. Y les dijo: ¡Cuánto he deseado comer con vosotros esta pascua antes que padezca! Porque os digo que no la comeré más, hasta que se cumpla en el reino de Dios. Y habiendo tomado la copa, dio gracias, y dijo: Tomad esto, y repartidlo entre vosotros; porque os digo que no beberé más del fruto de la vid, hasta que el reino de Dios venga. Y tomó el pan y dio gracias, y lo partió y les dio, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí. De igual manera, después que hubo cenado, tomó la copa, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama. Mas he aquí, la mano del que me entrega está conmigo en la mesa. A la verdad el Hijo del Hombre va, según lo que está determinado; pero ¡ay de aquel hombre por quien es entregado! Entonces ellos comenzaron a discutir entre sí, quién de ellos sería el que había de hacer esto.

Hubo también entre ellos una disputa sobre quién de ellos sería el mayor.  Pero él les dijo: Los reyes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que sobre ellas tienen autoridad son llamados bienhechores; mas no así vosotros, sino sea el mayor entre vosotros como el más joven, y el que dirige, como el que sirve. Porque, ¿cuál es mayor, el que se sienta a la mesa, o el que sirve? ¿No es el que se sienta a la mesa? Mas yo estoy entre vosotros como el que sirve.  Pero vosotros sois los que habéis permanecido conmigo en mis pruebas. Yo, pues, os asigno un reino, como mi Padre me lo asignó a mí, para que comáis y bebáis a mi mesa en mi reino, y os sentéis en tronos juzgando a las doce tribus de Israel.

Dijo también el Señor: Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo; pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos. El le dijo: Señor, dispuesto estoy a ir contigo no sólo a la cárcel, sino también a la muerte. Y él le dijo: Pedro, te digo que el gallo no cantará hoy antes que tú niegues tres veces que me conoces. Y a ellos dijo: Cuando os envié sin bolsa, sin alforja, y sin calzado, ¿os faltó algo? Ellos dijeron: Nada.

Y les dijo: Pues ahora, el que tiene bolsa, tómela, y también la alforja; y el que no tiene espada, venda su capa y compre una.  Porque os digo que es necesario que se cumpla todavía en mí aquello que está escrito: Y fue contado con los inicuos; porque lo que está escrito de mí, tiene cumplimiento.  Entonces ellos dijeron: Señor, aquí hay dos espadas. Y él les dijo: Basta.

Y saliendo, se fue, como solía, al monte de los Olivos; y sus discípulos también le siguieron.

Reina Valera Revisada (1960)

Cánon de Eusebio:

Mateo Marcos Lucas Juan
21:1-3 11:1-3 19:28-31
21:6-8 11:4-8 19:32-36
21:9 11:9-10 19:37-38 12:12-13
21:15-16 19:39-40
26:14-19 14:10-16 22:4-13
22:14-15
26:27-29 14:23-25 22:16-18
26:26 14:22 22:19 6:35
26:27-29 14:23-25 22:20
26:23-24 14:20-21 22:21-22
26:22 14:19 22:23 13:22
20:24-27 10:41-44 22:24-26
22:27-30
22:31-32
26:33-34 14:29-30 22:33-34 13:36-38
22:35-36
15:28 22:37
22:38
26:36 14:32 22:39 18:1

 


Homilía por San Juan Crisóstomo (siglo IV)

Respondiéndole Pedro, le dijo: Aunque todos se escandalicen en Ti, yo jamás me escandalizaré [Mateo 26:33].

¡Oh Pedro! ¿qué es lo que dices? El profeta predijo: Se dispersarán las ovejas [Zacarías 13:7]. Cristo lo confirma. Y tú dices: ¡jamás! ¿No te basta con que antiguamente, cuando tú dijiste: ¡No lo quiera el cielo, Señor! [Mateo 16:22], fueras reprendido? Jesús permite que caiga para enseñarle que siempre crea en la palabra de Cristo y tenga el parecer de Cristo por más seguro que el propio. Los demás discípulos sacaron de las negaciones un fruto no pequeño, viendo en ellas la debilidad humana y la divina veracidad.

Cuando Cristo predice algo, no conviene discutirlo ni alzarse sobre los demás, pues dice Pablo: Te gloriarás en ti y no en otro [Gálatas 6:4]. Cuando lo conveniente era suplicar y decir: Ayúdanos, Señor, para que no nos apartemos de Ti, Pedro confió en sí mismo y dijo: Aunque todos se escandalicen en Ti, yo jamás me escandalizaré. Como si dijera: “Aunque todos sufran esa debilidad, yo no la sufriré.” Esto lo llevó poco a poco a confiar excesivamente en sí mismo. Cristo, queriendo corregir esto, permitió las negaciones, ya que Pedro no había cedido ni a Cristo ni a los profetas (pues Cristo le había citado al profeta para que así no recalcitrara); y pues no se le puede enseñar con solas palabras, se le enseñará con las obras. Y que Cristo lo permitió para que Pedro quedara en adelante enmendado, oye cómo lo dice el mismo Cristo: Mas yo he rogado por ti, para que no desfallezca tu fe [Lucas 22:32]. Le habló así para más conmoverlo, y demostrarle que su caída era peor que la de los otros, y que necesitaba un auxilio mayor.

Doble era su pecado: contradecir a Cristo y anteponerse a los demás. Y aun había un tercer pecado, más grave aún, que era el adscribirlo todo a sus propias fuerzas. Para curar todo esto Jesús permite que suceda la caída; y por esto, dejando a los demás, se dirige a Pedro y le dice: ¡Simón, Simón, mira que Satanás ha redamado zarandearos como el trigo! [Lucas 22:31]; es decir turbaros, tentaros. Pero yo he rogado por ti, para que no desfallezca tu fe. Mas, si el demonio reclamó zarandearlos a todos ¿por qué no dijo Cristo: Yo he rogado por todos? Pero ¿acaso no está claro el motivo que ya antes dije, o sea que fue para más conmover a Pedro y declarar que su falta es más grave que la de los otros? Por esto a él se dirige. ¿Por qué no le dijo: Yo no lo permití, sino: Yo rogué? Como va enseguida a su Pasión se expresa al modo humano, y demuestra así ser verdadero hombre. En efecto: quien edificó su Iglesia sobre la confesión de Pedro, y en tal forma la defendió y armó que no la pudieran vencer ni mil peligros ni muertes mil; quien confió a Pedro las llaves de los cielos y le confirió tan altísimos poderes; quien para todo eso no necesitó rogar (pues en aquella ocasión no dijo: He rogado, sino que habló con plena autoridad diciendo: Edificaré mi Iglesia y te daré las llaves de los cielos) ¿cómo iba a tener necesidad de rogar para fortalecer el alma vacilante en la tentación de un hombre solo?

Entonces ¿por qué habló así? Por el motivo que ya expuse y por la rudeza de los discípulos, pues aún no tenían acerca de El la opinión que convenía. Pero entonces ¿por qué Pedro, a pesar de todo, lo negó? Es que Cristo no dijo: Para que no me niegues, sino para que no desfallezca tu fe; es decir para que no perezca del todo. Porque esto fue obra de Cristo, ya que el miedo todo lo destruye. Grande era el miedo. Fue grande, y grande lo descubrió el Señor interviniendo con su auxilio. Y lo descubrió grande, porque encerraba en sí una terrible enfermedad, o sea la arrogancia y el espíritu de contradicción. Y para curar de raíz esta enfermedad, permitió que tan gran terror invadiera a Pedro. Y era tan recia esta tempestad y enfermedad en Pedro, que no sólo contradijo a Cristo y al profeta, sino que aún después, como Cristo le dijera: En verdad te digo que esta noche antes del canto del gallo, me negarás tres veces, todavía Pedro le respondió: Aunque fuera necesario morir contigo yo no te negaré [Mateo 26:34,35]. Lucas añade que cuanto más Cristo le negaba, tanto más Pedro le contradecía.

¿Qué es esto, Pedro? Cuando Jesús decía: Uno de vosotros me va a entregar, temías por ti, no fuera a suceder que vinieras a ser traidor; y aunque de nada tenías conciencia, obligabas a un condiscípulo a preguntar al Señor; y ahora que el Señor claramente dice: Todos os escandalizaréis ¿le contradices, y no una vez sola, sino dos y muchas más? Así lo asegura Lucas. ¿Por qué le sucedió esto? Por su mucha caridad y el mucho gozo. Pues en cuanto se sintió liberado del miedo de llegar a ser traidor y conoció al que lo iba a ser, se expresaba con absoluta franqueza y libertad, y aun se levantó sobre los otros y dijo: Aunque todos se escandalicen, pero yo no me escandalizaré [Mateo 26:33]

Más aún: algo de ambición se ocultaba aquí. En la cena discutían quién era el mayor [Lucas 22:24]: ¡hasta ese punto los sacudía esa enfermedad! Por lo cual Cristo lo corrigió. No porque lo empujara a las negaciones ¡lejos tal cosa! sino solamente retirándole su auxilio y dejando que se mostrara la humana debilidad. Advierte cuan humilde fue en adelante Pedro. Después de la resurrección, cuando preguntó a Jesús: Y éste ¿qué? [Juan 21:21] recibió una reprensión, pero ya no se atrevió a contradecir, como ahora, sino que guardó silencio. Y lo mismo, también después de la resurrección, cuando oyó a Jesús decir: No os incumbe a vosotros conocer los tiempos y las circunstancias [Hechos 1:7], de nuevo calló y no contradijo. Y más tarde, cuando en el techo de la casa, con ocasión del lienzo, oyó la voz que le decía: Lo que Dios ha purificado, cesa tú de llamarlo impuro [Hechos 10:15], aunque no veía claro qué podía significar aquello, estuvo quieto y no discutió.

Todo este fruto lo logró aquel pecado. Antes de la caída, todo lo adscribe a sus fuerzas y dice: Aunque todos se escandalicen, yo no me escandalizaré.  Aunque fuere necesario morir contigo, no te negaré. Lo conveniente era decir: “Si disfruto de tu gracia.”  En cambio, después procede del todo al contrario y dice: ¿Por qué fijáis en nosotros los ojos, como si con nuestro poder y santidad hubiéramos hecho andar a éste? [Hechos 3:12] Gran enseñanza recibimos aquí: que no basta con el fervor del hombre sin la gracia de lo alto; y también que en nada puede ayudarnos la gracia de lo alto, si no hay la prontitud de nuestra voluntad. Esto lo esclarecen los ejemplos de Pedro y Judas. Judas, aun ayudado de gran auxilio de parte de la gracia, ningún provecho sacó, porque no quiso ni puso lo que estaba de su parte. Pedro, en cambio, aun con toda su buena voluntad, destituido del auxilio divino, cayó. Es que la virtud se entreteje con ambos elementos.

En consecuencia, os ruego que no lo dejemos todo a Dios y nos entreguemos al sueño, ni tampoco nos entreguemos al activismo pensando en que nuestros propios trabajos llevarán todo a buen término. No quiere Dios que permanezcamos inactivos. Por esto no lo hace todo El. Pero tampoco nos quiere arrogantes. Por lo mismo no nos lo dio todo. Quitando lo malo que hay en ambos extremos, dejó lo útil. Permitió que el príncipe de los apóstoles cayera para hacerlo más modesto y llevarlo a mayor caridad. Pues dijo: Aquel a quien más se le perdonare más amará [Lucas 7:47].

Obedezcamos a Dios en todo. No le discutamos lo que nos dice, aun cuando nos diga lo que parezca contrario a nuestra razón e inteligencia: prevalezcan sus palabras sobre nuestra razón e inteligencia. Procedamos así en los misterios, sin atender únicamente a lo que cae bajo el dominio de nuestros sentidos, sino apegándonos a sus palabras. Sus palabras no pueden engañar. En cambio, nuestros sentidos fácilmente se engañan. Su palabra nunca es inoperante; pero nuestros sentidos muchas veces se engañan. Puesto que El dijo: Este es mi cuerpo, obedezcamos, creamos, con ojos espirituales contemplémoslo. No nos dio Cristo algo simplemente sensible, sino que en cosas sensibles todo es espiritual. Así en el bautismo, por la materialidad del agua, se concede el don; pero el don y efecto es espiritual, o sea una generación o regeneración o renovación. Si tú fueras incorpóreo, te habría dado esos dones espirituales a la descubierta; pero, pues el alma está unida al cuerpo, mediante cosas sensibles te da Dios los dones espirituales.

¡Cuántos hay ahora que dicen: Yo quisiera ver su forma, su figura, su vestido, su calzado! Pues bien: lo ves, lo tocas, lo comes. Querrías tú ver su vestido; pero él se te entrega a sí mismo no únicamente para que lo veas, sino para que lo toques, lo comas, lo recibas dentro de ti. En consecuencia, que nadie se acerque con repugnancia, nadie con tibieza, sino todos fervorosos, todos encendidos, todos inflamados. Si los judíos comían el cordero pascual de pie, calzados, con los báculos en las manos, aprisa, mucho más conviene que tú te llegues vigilante y despierto. Porque ellos debían salir hacia Palestina y por lo mismo estaban en hábito de viajeros; pero tú tienes que viajar hacia el cielo.

Conviene en consecuencia continuamente vigilar, pues no es pequeño el castigo que amenaza a quienes indignamente comulgan. Considerando lo mucho que te indignas contra el traidor y contra los que crucificaron a Cristo, guárdate de ser reo del cuerpo y sangre de Cristo. Aquéllos destrozaron el cuerpo sagrado; y tú, tras de tan grandes beneficios recibidos, lo recibes en tu alma en pecado. Porque no le bastó con hacerse hombre, ser abofeteado, ser muerto, sino que se concorpora con nosotros no únicamente por la fe, sino constituyéndonos en realidad cuerpo suyo.

Pues entonces ¿cuánta pureza debe tener quien disfruta de este sacrificio? ¿Cómo tiene que ser más pura que los rayos del sol la mano aquella que divide esta carne, la boca que se llena de este fuego espiritual, la sangre que se tiñe con sangre tan tremenda? ¡Piensa en la alteza de honor a que has sido encumbrado y de qué mesa disfrutas! Con aquel que los ángeles ven y tiemblan y no se atreven a mirarlo sin terror a causa del fulgor que de ahí dimana, con ese nos alimentamos, con ese nos concorporamos, y somos hechos un cuerpo y una carne de Cristo.

¿Quién contará las proezas del Señor, hará oír todas sus alabanzas? [Salmos 105:2 LXX] ¿Qué pastor hay que nutra a sus propias ovejas con sus propios miembros? ¿Qué digo pastor? Con frecuencia hay madres que después del parto entregan sus hijos a otras mujeres para que los alimenten y nutran. Pero Cristo no sufrió esto, sino que con su propia sangre nos nutre y en toda plenitud nos une consigo. Considera que nació de nuestra substancia. Dirás que esto no interesa a todos. Pues bien, con toda certeza interesa a todos. Porque si vino a nuestra naturaleza, vino para todos; y si para todos, luego también para cada uno.

Preguntarás: entonces ¿cómo es que no todos sacaron fruto? No se ha de achacar eso a quien en favor de todos eligió venir así, sino a ellos que no quisieron aprovecharse. El por su parte, mediante este misterio, se une con cada uno de los fieles; y a los que una vez ha engendrado los nutre y no los entrega a otro, y con esto te demuestra haber vestido tu carne. En consecuencia, no seamos desidiosos, pues tan gran amor se nos ha concedido, honor tan excelente. ¿No habéis visto con cuánto anhelo los infantes aplican sus labios a los pechos de su madre? Pues con igual anhelo acerquémonos a esta mesa y a este pecho de espiritual bebida. O mejor aún, con mayor anhelo, a la manera de infantes en lactancia, para extraer de ahí la gracia del Espíritu Santo: no tengamos otro dolor que el de vernos privados de este espiritual alimento. Estos misterios no son obra humana. El mismo que en aquella cena instituyólos, es el que ahora los obra. Nosotros poseemos la ordenación ministerial, pero quien los santifica y trasmuta es El mismo.

En consecuencia, que no se acerque ningún Judas, ningún avaro. Si alguno no es de los discípulos, apártese: ¡no soporta esta mesa a quienes no lo son! Con mis discípulos, dice Cristo, como la cena pascual [Mateo 26:18]. Nada tiene menos esta mesa que aquélla; pues no la prepara allá Cristo y acá un hombre, sino que ambas las prepara Cristo. Este es ahora el cenáculo aquel en donde ellos estaban; de aquí salieron al monte de los olivos. Nosotros de aquí salgamos hacia las manos de los pobres, pues las manos de ellos son el monte de los olivos. La multitud de los pobres es los olivos plantados en la casa del Señor, que destilan el óleo; el óleo que en la vida futura nos será de utilidad; el óleo que las cinco vírgenes prudentes tuvieron, mientras que las otras cinco que no se proveyeron, por eso perecieron. Provistos de él entremos aquí, para poder acercarnos al Esposo con las lámparas encendidas y refulgentes. Provistos de él salgamos de aquí. No se acerque, pues, ningún cruel, ningún inmisericorde, ninguno plenamente impuro.

Digo esto para vosotros los que tomáis los misterios y también para vosotros los que los repartís. Porque es necesario dirigirnos también a vosotros, a fin de que con gran diligencia distribuyáis este don. No leve suplicio os está preparado si admitís a participar en esta mesa a alguno que conocéis como perverso. La sangre de Cristo se exigirá de vuestras manos [Ezequiel 33:8]. Aunque se trate de un estratega o de un prefecto o aun del mismo que lleva ceñida la cabeza con la diadema, si se acerca indignamente, apártalo: mayor poder tienes tú que él. Si se te hubiera encargado la custodia de una limpia fuente destinada al rebaño y advirtieras la boca de alguna oveja manchada de cieno, no le permitirías que inclinara la cabeza para beber y enlodara el caudal.

Pues bien, no se te ha señalado la guarda de una fuente de aguas, sino de sangre y de espíritu; de manera que si vieres que se acercan gentes manchadas de pecados, que son más asquerosos que la tierra y el lodo, y no te indignares y no las apartares ¿qué perdón merecerás? Para esto os distinguió Dios con honor semejante, para que así separéis a los pecadores. Esta es vuestra honra; ésta, vuestra seguridad; ésta, vuestra corona; y no el andar de un lado para otro, revestidos de blanca y refulgente túnica.

Preguntarás: ¿cómo puedo yo discernir a unos de otros? Yo no me refiero a los pecados ocultos, sino a los públicos. Y voy a decir algo más escalofriante aún: no es tan grave dejar dentro de la iglesia a los energúmenos como lo es el dejar a éstos que señala Pablo que pisotean a Cristo y tienen por común y vil la sangre del Testamento e injurian la gracia del Espíritu Santo [Hebreos 10:29]. Quien ha pecado y se acerca, es peor que un poseso. Al fin y al cabo, el poseso, agitado del demonio, no merece castigo; pero el pecador, si indignamente se acerca, será entregado a los suplicios eternos.

Rechacemos no solamente a ésos, sino a cuantos veamos que indignamente se acercan. Nadie que no sea discípulo se acerque. Ningún Judas comulgue, para que no sufra el castigo de Judas. Cuerpo es de Cristo también esta multitud. Cuida, pues, tú que repartes los misterios, de no irritar al Señor si no limpias este cuerpo: ¡no le suministres espada en vez de alimento! Aun cuando alguno se acerque a la comunión por ignorancia, apártalo, no temas. Teme a Dios y no a los hombres. Si temes al hombre, él mismo se reirá de ti; si temes a Dios, también los hombres te reverenciarán. Y si tú no te atreves, tráelo a mí. Yo no toleraré semejante atrevimiento. Antes perderé la vida que entregar a un indigno la sangre del Señor. Antes derramaré mí sangre que dar esa sangre tremenda a quien es indigno. Pero si después de larga y seria investigación no lo encuentras indigno, libre quedas de pecado.

Queda dicho esto para los pecadores públicos. Pues si a éstos corregimos, pronto nos dará Dios a conocer los otros que no conocemos. Pero si toleramos a los que conocemos ¿por qué nos ha de dar Dios a conocer a los desconocidos? Todo esto lo digo, no para que simplemente apartemos a ésos y los mantengamos separados, sino para que, enmendados, los tornemos al redil, a fin de cuidar también de ellos. De este modo nos haremos propicio a Dios y encontraremos muchos que dignamente comulguen; y recibiremos abundante recompensa de nuestro empeño solícito en favor de los demás. Ojalá todos la obtengamos por gracia y benignidad de nuestro Señor Jesucristo, al cual sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

Homilía LXXXII sobre el Evangelio de San Mateo (tr. por Rafael Ramírez Torres, SJ)

“Pilato les decía: ¿Pues qué mal ha hecho?” (Marcos 15:1-15)

Ecce homo, Antonio Ciseri (1871)

Ecce homo, Antonio Ciseri (1871)

Muy de mañana, habiendo tenido consejo los principales sacerdotes con los ancianos, con los escribas y con todo el concilio, llevaron a Jesús atado, y le entregaron a Pilato. Pilato le preguntó: ¿Eres tú el Rey de los judíos? Respondiendo él, le dijo: Tú lo dices. Y los principales sacerdotes le acusaban mucho. Otra vez le preguntó Pilato, diciendo: ¿Nada respondes? Mira de cuántas cosas te acusan. Mas Jesús ni aun con eso respondió; de modo que Pilato se maravillaba. Ahora bien, en el día de la fiesta les soltaba un preso, cualquiera que pidiesen. Y había uno que se llamaba Barrabás, preso con sus compañeros de motín que habían cometido homicidio en una revuelta. Y viniendo la multitud, comenzó a pedir que hiciese como siempre les había hecho. Y Pilato les respondió diciendo: ¿Queréis que os suelte al Rey de los judíos? Porque conocía que por envidia le habían entregado los principales sacerdotes. Mas los principales sacerdotes incitaron a la multitud para que les soltase más bien a Barrabás. Respondiendo Pilato, les dijo otra vez: ¿Qué, pues, queréis que haga del que llamáis Rey de los judíos? Y ellos volvieron a dar voces: ¡Crucifícale! Pilato les decía: ¿Pues qué mal ha hecho? Pero ellos gritaban aun más: ¡Crucifícale! Y Pilato, queriendo satisfacer al pueblo, les soltó a Barrabás, y entregó a Jesús, después de azotarle, para que fuese crucificado.

Reina Valera Revisada (1960)

Cánon de Eusebio:

Mateo Marcos Lucas Juan
27:2 15:1 23:1 18:28
27:11 15:2 23:3  18:33,37
27:12-14 15:3-5 19:8-9
27:15 15:6 23:17
27:16-18 15:7-10 18:39
27:20-21 15:11  23:18-19 18:40
27:22-23 15:12-14 23:20-21 19:6,15
27:26 15:15 23:24-25 19:16

 


Homilía por San Juan Crisóstomo (siglo IV)

Pero ellos contestaron: ¡Crucifícalo, crucifícalo! El les respondió: ¿Qué mal ha hecho? Pero ellos con desbordado furor vociferaban: ¡Sea crucificado!  Viendo, pues, Pilato que nada adelantaba, se lavó las manos diciendo: Soy inocente [Mateo 27:22-24].

Entonces ¿por qué lo entregas a la muerte? ¿Por qué no lo libraste como hizo el tribuno aquel con Pablo? [Hechos 21] Y eso que sabía que matando a Pablo les caía bien a los judíos; pues a causa de éste se habían levantado en sedición y alboroto; y sin embargo, fuertemente se opuso. No procedió así el Procurador, sino que se portó débil y cobardemente; de modo que la corrupción alcanzó a todos. Ni él resistió a la multitud, ni la plebe resistió a los judíos. Y así ninguna excusa les quedaba. Ellos vociferaban, o sea clamaban más y más: ¡Sea crucificado! Pues no querían simplemente dar muerte a Cristo, sino una muerte de criminal Por esto, aun repugnándolo el juez, perseveraban en sus clamores.

¿Ves cuántas cosas hizo Cristo para inducirlos al arrepentimiento? Así como a Judas con frecuencia lo reprimió, así lo hizo con éstos: a través de todo el evangelio procede así, y lo mismo ahora al tiempo del juicio. Cuando veían al que era Procurador y juez lavarse las manos y le oían decir: Yo soy inocente de la sangre de este hombre, lo propio era que se compungieran, tanto por las palabras como por lo que hacía; lo mismo que cuando vieron a Judas colgado con el lazo y también a Pilato que en persona les rogaba que escogieran a otro preso en vez de Jesús. Cuando el traidor y acusador se condena a sí mismo de falsedad; y el juez que sentencia, echa de sí la culpa; y en esa misma noche se realiza un tal ensueño; y en cierto modo Pilato en persona pide la liberación de Jesús ¿qué excusa pudieron tener los judíos? Al fin y al cabo, si no concedían que fuera inocente, a lo menos con toda certeza no debían anteponerle un ladrón; digo a un ladrón insigne y del que públicamente sabían qué clase de hombre era.

¿Qué hicieron los judíos? Como vieran al juez lavándose las manos y oyeran que decía: Yo soy inocente, gritaban: Caiga su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos [Mateo 27:25]. Entonces, finalmente, pues ellos contra sí mismos dictaron la sentencia, Pilato cedió del todo. Pero tú considera en este paso la gran perversidad de los judíos. Porque así es el ímpetu temerario de la mala pasión: no deja ver nada bueno. Pase ¡oh judíos! que os maldijerais a vosotros mismos; mas ¿por qué atraéis la maldición también sobre vuestros hijos? El Señor, en cambio, benigno como es, mientras ellos así tan furiosamente enloquecían, tanto contra sí mismos como contra sus hijos, no confirmó la sentencia que lanzaban en propia contra y de sus hijos, sino que, por el contrario, a quienes de ellos hicieron penitencia los recibió en su amistad y los colmó de bienes. Del número de éstos era Pablo y muchos miles de creyentes de Jerusalén Pues Santiago decía: ¿Ves, hermano, cuántos millares hay de creyentes? [Hechos 21:20]

Homilía LXXXVI sobre el Evangelio de San Mateo (tr. por Rafael Ramírez Torres, SJ)

“¿No respondes nada? ¿Qué testifican éstos contra ti?” (Marcos 14:43-15:1)

Christus voor de hogepriester (1617), Gerrit van Honthorst

Christus voor de hogepriester (Cristo ante el sumo sacerdote), Gerrit van Honthorst (1617)

Luego, hablando él aún, vino Judas, que era uno de los doce, y con él mucha gente con espadas y palos, de parte de los principales sacerdotes y de los escribas y de los ancianos. Y el que le entregaba les había dado señal, diciendo: Al que yo besare, ése es; prendedle, y llevadle con seguridad. Y cuando vino, se acercó luego a él, y le dijo: Maestro, Maestro. Y le besó. Entonces ellos le echaron mano, y le prendieron. Pero uno de los que estaban allí, sacando la espada, hirió al siervo del sumo sacerdote, cortándole la oreja. Y respondiendo Jesús, les dijo: ¿Como contra un ladrón habéis salido con espadas y con palos para prenderme? Cada día estaba con vosotros enseñando en el templo, y no me prendisteis; pero es así, para que se cumplan las Escrituras. Entonces todos los discípulos, dejándole, huyeron. Pero cierto joven le seguía, cubierto el cuerpo con una sábana; y le prendieron;mas él, dejando la sábana, huyó desnudo.

Trajeron, pues, a Jesús al sumo sacerdote; y se reunieron todos los principales sacerdotes y los ancianos y los escribas. Y Pedro le siguió de lejos hasta dentro del patio del sumo sacerdote; y estaba sentado con los alguaciles, calentándose al fuego. Y los principales sacerdotes y todo el concilio buscaban testimonio contra Jesús, para entregarle a la muerte; pero no lo hallaban. Porque muchos decían falso testimonio contra él, mas sus testimonios no concordaban. Entonces levantándose unos, dieron falso testimonio contra él, diciendo: Nosotros le hemos oído decir: Yo derribaré este templo hecho a mano, y en tres días edificaré otro hecho sin mano. Pero ni aun así concordaban en el testimonio. Entonces el sumo sacerdote, levantándose en medio, preguntó a Jesús, diciendo: ¿No respondes nada? ¿Qué testifican éstos contra ti? Mas él callaba, y nada respondía. El sumo sacerdote le volvió a preguntar, y le dijo: ¿Eres tú el Cristo, el Hijo del Bendito? Y Jesús le dijo: Yo soy; y veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo. Entonces el sumo sacerdote, rasgando su vestidura, dijo: ¿Qué más necesidad tenemos de testigos? Habéis oído la blasfemia; ¿qué os parece? Y todos ellos le condenaron, declarándole ser digno de muerte. Y algunos comenzaron a escupirle, y a cubrirle el rostro y a darle de puñetazos, y a decirle: Profetiza. Y los alguaciles le daban de bofetadas.

Estando Pedro abajo, en el patio, vino una de las criadas del sumo sacerdote; y cuando vio a Pedro que se calentaba, mirándole, dijo: Tú también estabas con Jesús el nazareno. Mas él negó, diciendo: No le conozco, ni sé lo que dices. Y salió a la entrada; y cantó el gallo. Y la criada, viéndole otra vez, comenzó a decir a los que estaban allí: Este es de ellos. Pero él negó otra vez. Y poco después, los que estaban allí dijeron otra vez a Pedro: Verdaderamente tú eres de ellos; porque eres galileo, y tu manera de hablar es semejante a la de ellos. Entonces él comenzó a maldecir, y a jurar: No conozco a este hombre de quien habláis. Y el gallo cantó la segunda vez. Entonces Pedro se acordó de las palabras que Jesús le había dicho: Antes que el gallo cante dos veces, me negarás tres veces. Y pensando en esto, lloraba.

Muy de mañana, habiendo tenido consejo los principales sacerdotes con los ancianos, con los escribas y con todo el concilio, llevaron a Jesús atado, y le entregaron a Pilato.

Reina Valera Revisada (1960)

Cánon de Eusebio:

Mateo Marcos Lucas Juan
26:47 14:43 22:47 7:32,18:3
26:48-50 14:44-46 22:47-48
26:51-52 14:47 22:49-50 18:10-11
26:55 14:48-49 22:52-53 18:20
26:56 14:49-50
14:51-52
26:57 14:53 22:54 18:12,24
26:58 14:54 18:15
26:59-60 14:55-56 23:10
26:60-64 14:57-61
26:64 14:62 22:69 6:62
26:36-37 14:32-33
26:65 14:63
26:65-66 14:63-64 22:71
26:67-68 14:65 22:63-65 18:22
26:69-70 14:66-68 22:54-57 18:16-17
26:71-74 14:68-72 22:58-61 18:25-27
27:2 15:1 23:1 18:28

 


Homilía por San Juan Crisóstomo (siglo IV)

¿Qué hace el sumo pontífice? Para obligarlo a responder y poder cogerlo por sus propias palabras, le dice: ¿No oyes lo que éstos testifican en tu contra? Pero él callaba. Al fin y al cabo, era inútil responder en donde nadie quería oír. Aquello era únicamente una ficción de juicio; pero en la realidad era un conjunto apasionado de ladrones que acometían lo mismo en un antro que en plena vía. Por esto Jesús callaba. Pero el pontífice perseveraba en su pregunta y decía: Te conjuro por el Dios vivo que nos digas si tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo. Respondióle Jesús: Tú lo has dicho. Pero yo os anuncio que a partir de ahora, veréis al Hijo del hombre sentado a la diestra del Omnipotente y venir sobre las nubes del cielo. Entonces el príncipe de los sacerdotes rasgó sus vestiduras diciendo: Ha blasfemado. Lo dijo para acentuar más la gravedad del crimen y confirmar con los hechos sus palabras. Puso así terror en los oyentes; y entonces hicieron éstos lo que después, cuando lo de Esteban: se taparon los oídos [Hechos 7:59].

Pero ¿en qué consistía la blasfemia? Porque en otra ocasión a ellos congregados les había dicho: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra hasta tanto que pongo a tus enemigos como escabel de tus pies [Mateo 22:43-46]; y les explicó lo que decía; y ellos no se atrevieron a replicar, sino que guardaron silencio y en adelante tampoco lo contradijeron. Entonces ¿por qué ahora llaman blasfemia a lo que dijo? Pero en fin: ¿por qué Cristo respondió de esa manera? Para quitarles toda posible defensa. Porque hasta el último momento siempre enseñó que El era el Cristo, que está sentado a la derecha del Padre y que finalmente vendría a juzgar al universo. Lo cual indicaba suma concordia con el Padreé

Rasgadas, pues, sus vestiduras, dice Caifas: ¿Qué os parece? No profiere su sentencia, sino que, como si se tratara de un pecado manifiesto y una clara blasfemia, solamente les pide su parecer. Sabiendo que si la cosa se hacía pública y se examinaba a Cristo, saldría libre de tales acusaciones, lo condenan ahí entre ellos mismos y se adelantan a los oyentes y dicen: Vosotros habéis oído la blasfemia: ¡que sólo faltó que obligaran y violentaran a sentenciar en ese sentido¡ ¿Qué dicen ellos?: ¡Reo es de muerte!, para presentarlo como ya condenado y obligar a Pilato a sentenciar en el mismo sentido. Con tales pensamientos y a sabiendas de lo que hacían, dicen: Es reo de muerte. De modo que ellos acusaban, ellos condenaban, ellos sentenciaban y hacían en el tribunal todos los oficios. ¿Por qué no lo acusaron de transgredir el sábado? Porque en esto ya muchas veces los había refutado. Aparte de que intentaban cogerío en palabras y condenarlo conforme a lo que ahí se decía. Así pues, Caifas, adelantándose en el asunto, una vez oído el parecer de los otros, tras de atraer a sí los ánimos de todos con el acto de rasgar sus vestiduras, condujo a Cristo a Pilato, como un hombre ya sentenciado y condenado. Así arregló todo en la sesión. Pero ante Pilato nada de eso dijeron los sacerdotes, sino ¿qué?: Si éste no fuera un malhechor no te lo habríamos entregado,! [Juan 18:30] con el objeto de que fuera condenado como reo de crímenes públicos. ¿Por qué no le dieron muerte a ocultas? Querían crearle mala fama. Puesto que muchos lo habían escuchado y sobremanera lo admiraban, los sacerdotes se esforzaban públicamente y ante la multitud en que fuera muerto.

Cristo no lo impidió, sino que aprovechó la ocasión de la perversidad de ellos para confirmar la verdad, de modo que su muerte fuera a todos manifiesta. Y sucedió lo contrario de le que ellos pretendían. Anhelaban infamarlo para colmarlo de desdoro; pero este mismo camino sirvió para que resultara más brillante y honrado. Así como en lo que decían: “Démosle muerte para que no vengan los romanos y destruyan nuestra ciudad y nación” [Juan 18:48], sucedió precisamente eso, una vez que le dieron muerte, así ahora lo crucificaron públicamente para dañarlo en su honra, y aconteció lo contrario.

Que ellos tuvieran potestad para darle por sí mismo la muerte, oye cómo Pilato lo asegura al decirles: Tomadlo vosotros y juzgadlo según vuestra ley [Juan 18:31]. Pero ellos no quisieron eso, para que pareciera que moría como tirano, inicuo y revoltoso. Y por el mismo motivo lo crucificaron juntamente con dos ladrones. Y además decían: No escribas: El Rey de los judíos, sino que él dijo Rey soy de los judíos [Juan 19:21]. Todo aconteció en favor de la verdad y para que a ellos no les quedara ni sombra de defensa, aunque fuera impudentísima. Y en el sepulcro, los sellos y los guardias hicieron brillar la virtud; y lo mismo se ha de decir de las burlas, dicterios e injurias. Tal es la mentira: por los medios que pone para sus asechanzas, por esos mismos queda deshecha, como sucedió en este caso. Los que creían haber reportado una victoria, quedaron grandemente en vergüenza y vencidos perecieron; y el que parecía vencido, brilló espléndidamente y obtuvo la victoria.

No busquemos el triunfo en todo ni temamos siempre quedar vencidos. Hay ocasiones en que la victoria daña y en cambio es útil la ruina. Entre los que andan irritados, parece vencedor el que lanzó más injurias; y sin embargo, éste es el vencido por esa gravísima enfermedad y ha quedado herido; y el que con fortaleza soportó las injurias es el que vence y queda por encima. El primero no pudo ni siquiera extinguir su propia ira y enfermedad, mientras que el otro del todo se la curó. Aquél quedó vencido por su propio mal; éste otro triunfó incluso de la enfermedad ajena; y no sólo no fue inflamado, sino que apagó en el otro la llama que se levantaba. Si hubiera querido gozar de la victoria aparente, también él habría quedado vencido y habría inflamado más aún y dañado a su adversario; y ambos habrían sido derrotados por la ira, mísera y vergonzosamente, como sucede con las mujeres cuando riñen. En cambio, en el otro supuesto, el que cultivó la moderación quedó libre de semejante desdoro y levantó un trofeo espléndido en sí y en su adversario contra la ira, mientras aparentemente quedaba vencido.

Repito, pues: no busquemos en todo la victoria. Ciertamente el que hirió venció al herido, pero fue con una mala victoria que acarreó daño al vencedor. El herido y al parecer vencido, si lo lleva con moderación es quien en realidad ha ganado la corona. Con frecuencia es mejor ser vencido; y este es el modo más excelente de victoria. ¿Pero qué digo en la rapiña y en la envidia? El que es arrastrado al martirio, encadenado, azotado, destrozado, degollado es como vence. En las guerras se dice vencido al que cae por tierra; entre nosotros, al contrario, eso es lo que se llama victoria. Nunca vencemos con obrar el mal, sino siempre sufriendo males. Espléndida en sumo grado es la victoria en que padeciendo vencemos a quienes nos dañan. Por aquí se ve que la victoria es de Dios, pues tiene un modo contrario al de la victoria profana. Además, es claro argumento de fortaleza. Así las rocas marinas heridas por las olas, a éstas las deshacen; así los santos todos alcanzaron la corona y son celebrados; y erigieron espléndidos trofeos, consiguiendo el triunfo precisamente con no querellarse.

Dice el Señor: “No te muevas, no te fatigues. Es Dios quien te ha infundido la fortaleza, tal que con ella venzas, no entrando en la liza, sino solamente padeciendo. No entres en la batalla y conquistarás el triunfo; no luches cuerpo a cuerpo y serás coronado. Eres aún mucho más fuerte y poderoso que tu adversario. ¿Por qué te deshonras? No le des ocasión para decir que peleó contigo y te venció, sino déjalo estupefacto de tu invencible virtud y proclamando delante de todos que tú sin batalla lo venciste.” Por este camino aquel bienaventurado José en todas partes es ensalzado, pues soportando los males venció a quien le hacía mal. Asechanzas le pusieron sus hermanos y también la mujer egipcia; pero él a todos los superó.

No me alegues la cárcel en donde fue encerrado; ni el palacio en que la mujer pasaba la vida, sino muéstrame quién fue el vencido y quién el vencedor; quién quedó en tristeza y quién en gozo. La mujer no sólo no pudo vencer al justo José, pero ni aun su propia pasión y enfermedad, mientras que él a ella y su pésima enfermedad las venció. Si quieres escucha las propias palabras de la mujer y verás el trofeo: Nos has traído un hebreo para que se burle de nosotros [Génesis 39:17]. No fue él quien te burló, oh mísera, sino el demonio que te afirmó que podrías vencer al diamante. No introdujo tu esposo al hebreo para ponerte asechanzas: fue el Maligno quien te infiltró la impura lascivia, fue él quien te burló.

¿Qué hace José? Calla y es condenado, como lo fue Cristo. Todo aquello era figura de esto otro. José quedó en cadenas; la mujer, en su palacio. Pero él, aun cargado de cadenas, era más brillante que cualquier rey coronado; mientras que ella era más mísera que todos, aun sentada en su tálamo regio. También puede verse la victoria y la ruina por el éxito. ¿Cuál de los dos consiguió lo que quería: el encadenado o la reina? El procuró guardar su castidad; aquélla, quitársela. ¿Cuál de ambos consiguió lo que quería? ¿el que soportó los males o la causadora de los males? Claro es que quien soportó los males. De modo que éste fue el vencedor.

Sabiendo esto, procuremos la victoria por medio de la paciencia; huyamos de la otra, propia de quienes injurian. Así pasaremos esta vida sin dificultades y tranquila; y conseguiremos los bienes futuros, por gracia y benignidad del Señor nuestro Jesucristo, al cual sea la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén.

Homilía LXXXIV sobre el Evangelio de San Mateo (tr. por Rafael Ramírez Torres, SJ)

“Tomad, esto es mi cuerpo” (Marcos 14:10-42)

Fresco en el monasterio Vatopedi, el Monte Athos, Grecia (siglo XIV)

Fresco en el monasterio Vatopedi, el Monte Athos, Grecia (siglo XIV)

Entonces Judas Iscariote, uno de los doce, fue a los principales sacerdotes para entregárselo. Ellos, al oírlo, se alegraron, y prometieron darle dinero. Y Judas buscaba oportunidad para entregarle.

El primer día de la fiesta de los panes sin levadura, cuando sacrificaban el cordero de la pascua, Sus discípulos Le dijeron: ¿Dónde quieres que vayamos a preparar para que comas la pascua? Y envió dos de sus discípulos, y les dijo: Id a la ciudad, y os saldrá al encuentro un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidle, y donde entrare, decid al señor de la casa: El Maestro dice: ¿Dónde está el aposento donde he de comer la pascua con mis discípulos? Y él os mostrará un gran aposento alto ya dispuesto; preparad para nosotros allí. Fueron Sus discípulos y entraron en la ciudad, y hallaron como les había dicho; y prepararon la pascua. Y cuando llegó la noche, vino Él con los doce. Y cuando se sentaron a la mesa, mientras comían, dijo Jesús: De cierto os digo que uno de vosotros, que come conmigo, Me va a entregar. Entonces ellos comenzaron a entristecerse, y a decirle uno por uno: ¿Seré yo? Y el otro: ¿Seré yo? El, respondiendo, les dijo: Es uno de los doce, el que moja conmigo en el plato. A la verdad el Hijo del Hombre va, según está escrito de Él, mas ¡ay de aquel hombre por quien el Hijo del Hombre es entregado! Bueno le fuera a ese hombre no haber nacido. Y mientras comían, Jesús tomó pan y bendijo, y lo partió y les dio, diciendo: Tomad, esto es Mi cuerpo. Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio; y bebieron de ella todos. Y les dijo: Esto es Mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada. De cierto os digo que no beberé más del fruto de la vid, hasta aquel día en que lo beba nuevo en el reino de Dios.

Cuando hubieron cantado el himno, salieron al monte de los Olivos.

Entonces Jesús les dijo: Todos os escandalizaréis de Mí esta noche; porque escrito está:

Heriré al Pastor,
y las ovejas serán dispersadas.

Pero después que haya resucitado, iré delante de vosotros a Galilea. Entonces Pedro Le dijo: Aunque todos se escandalicen, yo no. Y le dijo Jesús: De cierto te digo que tú, hoy, en esta noche, antes que el gallo haya cantado dos veces, Me negarás tres veces. Mas él con mayor insistencia decía: Si me fuere necesario morir contigo, no Te negaré. También todos decían lo mismo.

Vinieron, pues, a un lugar que se llama Getsemaní, y dijo a Sus discípulos: Sentaos aquí, entre tanto que Yo oro. Y tomó consigo a Pedro, a Jacobo y a Juan, y comenzó a entristecerse y a angustiarse. Y les dijo: Mi alma está muy triste, hasta la muerte; quedaos aquí y velad. Yéndose un poco adelante, Se postró en tierra, y oró que si fuese posible, pasase de él aquella hora. Y decía: Abba, Padre, todas las cosas son posibles para Ti; aparta de Mí esta copa; mas no lo que yo quiero, sino lo que Tú. Vino luego y los halló durmiendo; y dijo a Pedro: Simón, ¿duermes? ¿No has podido velar una hora? Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil. Otra vez fue y oró, diciendo las mismas palabras. Al volver, otra vez los halló durmiendo, porque los ojos de ellos estaban cargados de sueño; y no sabían qué responderle. Vino la tercera vez, y les dijo: Dormid ya, y descansad. Basta, la hora ha venido; he aquí, el Hijo del Hombre es entregado en manos de los pecadores. Levantaos, vamos; he aquí, se acerca el que Me entrega.

Reina Valera Revisada (1960)

Cánon de Eusebio:

Mateo Marcos Lucas Juan
26:14-19 14:10-16 22:4-13
26:20-21 14:17-18 6:64
26:22 14:19 22:23 13:22
26:23-24 14:20-21 22:21-22
26:26 14:22 22:19 6:35
26:27-29 14:23-25 22:16-18
26:30 14:26-27
26:31-32 14:27-28
26:33-34 14:29-30 22:33-34 13:36-38
26:35 14:31
26:36 14:32 22:39 18:1
26:36-37 14:32-33
26:38 14:34 12:26-27
26:39 14:35-36 22:41 18:11
26:42-44 14:39-40
26:45-46 14:41-42 12:23

 


Homilía por San Juan Crisóstomo (siglo IV)

Y mientras cenaban, tomó Jesús el pan y dando gracias lo partió y lo dio a los discípulos diciendo: Tomad y comed. Este es mi cuerpo. Y tomando el cáliz y dando gracias se lo dio diciendo: Bebed todos de él, pues esta es mi sangre del Nuevo Testamento, que será derramada por muchos, en remisión de los pecados [Matthew 26:26-28].

¡OH CUAN grande ceguedad la del traidor! Participando de los misterios, permaneció él mismo. Al participar de la veneranda mesa escalofriante, no cambió ni se arrepintió. Lucas lo significa al decir que después de esto, el demonio se entró en él; no porque Lucas despreciara el cuerpo del Señor, sino burlándose de la impudencia del traidor. Porque su pecado se hacía mayor por ambos lados: por acercarse con tal disposición de alma a los misterios; y porque habiéndose acercado, no se mejoró, ni por el temor, ni por el beneficio, ni por el honor que se le concedía.

Por su parte Cristo, aunque todo lo sabía, no se lo impidió, para que así conozcas que El nada omite de cuanto se refiere a nuestra enmienda. Por esto, ya antes, ya después, lo amonestó y trató de detenerlo con palabras y con obras, por el temor y por las amenazas y por los honores. Sin embargo, nada pudo curarlo de semejante enfermedad. Y así, prescindiendo ya de él, Cristo recuerda a los discípulos, mediante los misterios, nuevamente su muerte; y durante la cena les habla de la cruz, procurando hacerles más llevadera su Pasión con la frecuencia en anunciarla de antemano. Si después de tantas obras llevadas a cabo y de tan numerosas predicciones, todavía se turbaron ¿qué no les habría acontecido si nada hubieran oído de antemano?

Y mientras cenaban, tomó Jesús el pan. Y lo partió. ¿Por qué celebró Jesús este misterio al tiempo de la Pascua? Para que por todos los caminos comprendas ser uno mismo el Legislador del Antiguo Testamento y el del Nuevo; y que lo que en aquél se contiene fue figura de lo que ahora se realiza. Por esto, en donde estaba el tipo y la figura, Jesús puso la realidad y verdad. La tarde era un símbolo de la plenitud de los tiempos e indicaba que las cosas tocaban a su realización. Y da gracias-para enseñarnos cómo se ha de celebrar este misterio; y además, mostrando que no va forzado a su Pasión; y dándonos ejemplo para que toleremos con acciones de gracias todo cuanto padezcamos; y poniéndonos buena esperanza Pues si el tipo y figura pudo librar de tan dura esclavitud, mucho mejor la realidad librará al orbe todo y será entregada en beneficio de todo el género humano. Por esto no instituyó este misterio antes, sino hasta cuando los ritos legales habían de cesar enseguida.

Termina de este modo con lo que constituía la principal solemnidad y conduce a otra mesa sumamente veneranda y terrible. Y así dice: Tomad, comed; este es mi cuerpo que será entregado por muchos. ¿Cómo fue que los discípulos no se perturbaron oyendo esto? Fue porque ya anteriormente les había dicho muchas y grandes cosas acerca del misterio. Y por lo mismo, tampoco les hace preparación especial inmediata, pues ya sabían sobre eso lo bastante. Pone el motivo de la Pasión, que es el perdón de los pecados; y llama a su sangre, sangre del Nuevo Testamento, o sea de la nueva promesa, de la nueva Ley. Porque ya de antiguo lo había prometido y ahora lo confirma el Nuevo Testamento. Así como el Antiguo tuvo sangre de ovejas y terneros, así éste tiene la sangre del Señor.

Declara además que va a morir y por esto habla del Testamento y menciona el Antiguo, pues también aquél fue dedicado con sangre. Y pone de nuevo el motivo de su muerte diciendo que será derramada por muchos para la remisión de los pecados. Y añade: Haced esto en memoria mía. ¿Adviertes cómo aparta y aleja ya de los ritos y costumbres judías? Como si dijera: Así como esos ritos los celebrabais en memoria de los milagros obrados en Egipto, así ahora haced esto en memoria mía. Aquella sangre se derramó para salvar a los primogénitos; pero ésta, para remisión de los pecados de todo el mundo. Pues dice: Esta es mi sangre que será derramada para remisión de los pecados.

Lo dijo con el objeto de al mismo tiempo declarar que su Pasión y cruz era un misterio, y consolar así de nuevo a sus discípulos. Y así como Moisés dijo a los judíos: Esto es para vosotros memorial sempiterno [Éxodo 12:14], así Cristo dice: Para memoria mía, hasta que venga. Por lo mismo dice: Con ardiente anhelo he deseado comer esta cena pascual [Lucas 22:15] es decir, entregaros el nuevo culto y ofreceros la cena pascual con que tornaré a los hombres espirituales. Y él también bebió del cáliz. Para que no dijeran al oír eso: ¿Cómo es esto? ¿de modo que bebemos sangre y comemos carne? Y se conturbaran -pues ya anteriormente, cuando les habló de este misterio, a las solas palabras se habían conturbado-; pues para que no se conturbaran, repito, comienza El mismo por tomarlo, para inducirlos a que participen con ánimo tranquilo de aquel misterio. Por esto bebe su propia sangre.

Preguntarás: entonces ¿es necesario practicar juntamente el rito antiguo y el nuevo? ¡De ningún modo! Por eso dijo: Haced esto, para apartarlos de lo antiguo. Pues si el nuevo perdona los pecados, como en realidad los perdona, el otro resulta ya superfluo. Y como lo hizo antiguamente con los judíos, también ahora unió el recuerdo del beneficio con la celebración del misterio, cerrando con esto la boca a los herejes. Pues cuando éstos preguntan ¿de dónde consta con claridad que Cristo fue inmolado?, con varios argumentos y también con el de este misterio les cerramos la boca. Si Cristo no hubiera en realidad muerto, lo que ahora se ofrece ¿de qué sería símbolo?

¿Adviertes con cuánto cuidado se proveyó a que recordáramos continuamente que Cristo murió por nosotros? Pues Marción, Valentino y Manes* iban más tarde a negar esta providencia y economía, Cristo, aun por medio de los misterios, nos trae a la memoria el recuerdo de su Pasión, para que nadie pueda ser engañado; y mediante la sagrada mesa, a la vez nos salva y nos instruye; porque ella es el principal de todos los bienes. Pablo repite esto con frecuencia.

*Marción (de Sinope, c. 85) – escritor y teólogo griego, fue un heresiarca cristiano del siglo II, fundador de la secta marcionita. Su doctrina se resume en la existencia de dos espíritus supremos, uno bueno y otro malo, y considera al Dios del Antiguo Testamento un inferior de éstos, simple modelador de una materia preexistente. Marción desplegando su canon. Rechazaba por tanto el Antiguo Testamento, y del Nuevo sólo aceptaba el Evangelio según san Lucas y las epístolas de San Pablo. La Iglesia define el canon del Nuevo Testamento en gran parte como una reacción contra Marción, finalmente confirmado en el siglo IX en el séptimo Concilio Ecuménico.

Valentino – fundador de una de las más importantes sectas gnósticas del siglo II. El gnosticismo es un conjunto de corrientes sincréticas filosófico-religiosas que llegaron a mimetizarse con el cristianismo en los tres primeros siglos de nuestra era, convirtiéndose finalmente en un pensamiento declarado herético después de una etapa de cierto prestigio entre los intelectuales cristianos. En efecto, puede hablarse de un gnosticismo pagano y de un gnosticismo cristiano, aunque el más significativo pensamiento gnóstico se alcanzó como rama heterodoxa del cristianismo primitivo. Según esta doctrina los iniciados no se salvan por la fe en el perdón gracias al sacrificio de Cristo, sino que se salvan mediante la gnosis, o conocimiento introspectivo de lo divino, que es un conocimiento superior a la fe. Valentinianismo fue condenado por varios Padres de la Iglesia, como Hipólito y Ireneo

Maniqueísmo es el nombre que recibe la religión universalista fundada por el sabio persa Mani (o Manes) (c. 215-276), quien decía ser el último de los profetas enviados por Dios a la humanidad. El maniqueísmo se concibe desde sus orígenes como la fe definitiva, en tanto que pretende completar e invalidar a todas las demás. Al rivalizar en este sentido con otras religiones, como el zoroastrismo, el budismo, el cristianismo y el islam, de sus contactos con ellas se derivaron numerosos fenómenos de fusión doctrinal.

Homilía LXXXII sobre el Evangelio de San Mateo (tr. por Rafael Ramírez Torres, SJ)

“Yo os bautizo con agua; pero viene el que es más poderoso que yo …” (Lucas 3:1-18)

Juan Bautista, icono por Andrei Rublev (siglo XV, Rusia)

Juan Bautista, icono por Andrei Rublev (siglo XV, Rusia)

En el año decimoquinto del imperio de Tiberio César, siendo Poncio Pilato gobernador de Judea, y Herodes tetrarca de Galilea, y su hermano Felipe tetrarca de la región de Iturea y Traconite, y Lisanias tetrarca de Abilinia, durante el sumo sacerdocio de Anás y Caifás,vino la palabra de Dios a Juan, hijo de Zacarías, en el desierto. Y él fue por toda la región contigua al Jordán, predicando un bautismo de arrepentimiento para el perdón de los pecados; como está escrito en el libro de las palabras del profeta Isaías:

VOZ DEL QUE CLAMA EN EL DESIERTO: “PREPARAD EL CAMINO DEL SEÑOR, HACED DERECHAS SUS SENDAS.

TODO VALLE SERA RELLENADO, Y TODO MONTE Y COLLADO REBAJADO; LO TORCIDO SE HARA RECTO, Y LAS SENDAS ASPERAS SE VOLVERAN CAMINOS LLANOS;

Y TODA CARNE VERA LA SALVACION DE DIOS.”

Por eso, decía a las multitudes que acudían para que él las bautizara: ¡Camada de víboras! ¿Quién os enseñó a huir de la ira que vendrá? Por tanto, dad frutos dignos de arrepentimiento; y no comencéis a deciros a vosotros mismos: “Tenemos a Abraham por padre”, porque os digo que Dios puede levantar hijos a Abraham de estas piedras. Y también el hacha ya está puesta a la raíz de los árboles; por tanto, todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado al fuego. Y las multitudes le preguntaban, diciendo: ¿Qué, pues, haremos? Respondiendo él, les decía: El que tiene dos túnicas, comparta con el que no tiene; y el que tiene qué comer, haga lo mismo. Vinieron también unos recaudadores de impuestos para ser bautizados, y le dijeron: Maestro, ¿qué haremos? Entonces él les respondió: No exijáis más de lo que se os ha ordenado. También algunos soldados le preguntaban, diciendo: Y nosotros, ¿qué haremos? Y él les dijo: A nadie extorsionéis, ni a nadie acuséis falsamente, y contentaos con vuestro salario. Como el pueblo estaba a la expectativa, y todos se preguntaban en sus corazones acerca de Juan, si no sería él el Cristo, Juan respondió, diciendo a todos: Yo os bautizo con agua; pero viene El que es más poderoso que yo; a quien no soy digno de desatar la correa de Sus sandalias; El os bautizará con el Espíritu Santo y fuego. El bieldo está en su mano para limpiar completamente su era y recoger el trigo en su granero; pero quemará la paja en fuego inextinguible. Y también con muchas otras exhortaciones Juan anunciaba las buenas nuevas al pueblo.

 

La Bibila de Las Americas

 

*3:3 … predicando un bautismo de arrepentimiento por LBLA. Mas bien,… predicando EL bautismo de arrepentimiento [κηρύσσων βάπτισμα μετανοίας]

Cánon de Eusebio:

Mateo Marcos Lucas Juan
3:1-2 3:1-2 1:6-8; 3:23
3:3 1:3 3:3-6 1:23
3:7-10 3:7-9
3:10-15
3:11 1:7-8 3:16 1:15,26-27,30-31; 3:28
3:12 3:17-18

 


Comentario

Homilía por San Juan Crisóstomo (siglo IV)

Hubo un hombre enviado por Dios, llamado Juan  (Juan 1:6)

El Evangelista, en su doctrina sobre el Dios Verbo, puso las cosas más esenciales y necesarias; y procediendo por su orden, vino luego al Precursor del Verbo, llamado Juan. Pero tú, cuando oyes que fue enviado por Dios, piensa desde luego que nada de lo que dice lo dice al modo humano. Porque no dice cosas suyas, sino del que lo envía. Por tal motivo fue llamado ángel o enviado [ἄγγελος, angelos] [Malaquías 3:1]. El oficio del ángel o enviado es no decir nada suyo. Además, eso de hubo no significa que vino a la existencia, sino que se le dio una misión. Fue enviado por Dios es lo mismo que fue enviado de Dios. Yo pregunto: ¿cómo es que los herejes dicen que aquello de: Subsistiendo en la naturaleza divina [Filipenses 2:6] no se ha de entender de una igualdad del Hijo con el Padre, porque la palabra Dios no lleva artículo? Tampoco acá hay artículo alguno. Entonces ¿aquí no se refiere al Padre? Pero ¿qué diríamos del profeta que clama: He aquí que yo envié a mi mensajero para allanar el camino delante de ti [Malaquías 3:1, Marcos 1:2]? Ese mi y ti significan personas.

Este vino como testigo para dar testimonio de la luz (Juan 1:7).

Preguntará alguno: ¿Cómo es eso de que el siervo da testimonio del Señor? Pues bien: ¿no te admirarás más aún y dudarás cuando veas que no sólo es testificado por el siervo, sino que El mismo acude al siervo y es bautizado por el siervo, estando mezclado con los demás judíos? No conviene perturbarse ni alborotarse, sino más bien admirarse de la inefable benignidad del Señor. Si alguno duda y permanece turbado, el Señor le dirá lo que al Bautista: Déjame ahora hacer: pues así conviene que cumplamos toda justicia [Mateo 3:15]. Y si más aún se conturba, le añadirá lo que dijo a los judíos: Yo no necesito que un hombre testifique en favor mío [Juan 5:34]. Pero si Jesús no necesita de semejante testimonio, entonces ¿por qué Juan fue enviado por Dios? No fue porque Cristo necesitara de semejante testimonio: afirmarlo sería el colmo de la impiedad. Entonces ¿por qué? Juan mismo nos lo enseña cuando dice: Para que todos creyeran en El [Juan 1:7].

Cristo, habiendo dicho: Yo no necesito que un hombre testifique en favor mío [Juan 5:34], para no parecer ante los necios como contradiciéndose, ya que en una ocasión afirma: Es otro el que da testimonio de Mí y sé Yo que su testimonio es verdadero [Juan 5:32] refiriéndose a Juan; y en esta otra dice: Yo no necesito que un hombre testifique en favor mío, El mismo añadió la solución: Lo digo por vosotros, para que os salvéis [Juan 5:34]. Que es como si dijera: Soy Dios y verdadero Hijo de Dios y de su misma substancia inmortal y feliz, y no necesito del testimonio de ningún hombre. Pues aun cuando nadie quisiera testificarlo, no por eso sería yo en nada inferior en naturaleza al Padre. Mas como tengo el cuidado de muchos, me he abajado a esta humillación de dar el oficio de testificar de Mí a un hombre.

Atendiendo a la debilidad y bajas apetencias de los judíos, parecía que por este camino sería más fácil que creyeran en El. De manera que así como se revistió de carne para no descender al certamen en su manifiesta divinidad, lo que hubiera sido dar muerte a todos, así envió a un hombre como heraldo, para que escuchando ellos la voz de uno de su mismo linaje, más fácilmente se le acercaran los que entonces lo oyeran. No teniendo necesidad del testimonio del Bautista, cosa que sólo podía demostrarse apareciendo en clara substancia, con lo que habría espantado a todos, no procedió así, como hace un momento lo dije, pues a todos los hubiera perdido, por no poder nadie resistir la fuerza de aquella luz inaccesible. Tal fue el motivo de revestirse de carne y dar a uno de nuestros consiervos el oficio de testimoniar acerca de El; porque El todo lo hizo buscando siempre la salvación de los hombres. Por lo cual cuidó al mismo tempo de su propia dignidad y de la capacidad de entender de sus oyentes y de la utilidad de los mismos.

Dando a entender esto, decía: Esto lo digo por vosotros, para que seáis salvos. Y el evangelista, que dice lo mismo que afirma el Señor, una vez que dijo: Para dar testimonio de la luz, añadió: Para que por su medio creyeran todos en El [Juan 1:7]. Como si dijera: No pienses que vino Juan el Bautista para añadir algo a la fe en las palabras del Señor. No vino para eso, sino para que por su medio creyeran sus congéneres los judíos. Y que el evangelista lo haya dicho para suprimir esa imaginación, consta por lo que sigue. Pues añadió: No era él la luz [Juan 1:8]. Si no lo hubiera dicho con el objeto de apartar la imaginación que indiqué, resultaría inútil decirlo y más sería una repetición que no una explicación de la doctrina. Habiendo dicho ya: Fue enviado para que diera testimonio de la luz ¿por qué había de añadir: No era él la luz? No lo hizo sin causa y motivo. Lo que sucede es que como entre nosotros con frecuencia es de mayor dignidad el que testifica que aquel de quien testifica, por lo cual de ordinario se le juzga más digno de fe, para que nadie imaginara eso del Bautista, ya desde el principio lo excluye; y una vez corregido eso de raíz, declara quién es el que testifica y quién aquel del que da testimonio, y cuán grande es la diferencia entre ambos.

Hecho esto, y demostrada la incomparable excelencia del Verbo, prosigue confiadamente con lo demás. Rechazado ya con diligencia lo que de absurdo podría ocurrirse a los necios, se dedica a enseñar la doctrina fácilmente y sin tropiezo. Roguemos, pues, al Señor que, ya que poseemos la revelación de tantas y tan excelentes cosas, y juntamente la recta y sana doctrina, llevemos una vida pura y santa. Pues la doctrina de nada nos aprovecha sin las buenas obras. Aun cuando logremos una fe plena y una inteligencia clara de todas las Escrituras, si no tenemos el patrocinio de una vida buena, nada obstará para que caigamos en la gehenna del fuego y nos quememos para siempre en la llama inextinguible. Así como los que obraron el bien resucitarán para vida eterna, así los que se atrevieron a llevar una vida desordenada, resucitarán para un castigo sin acabamiento y eterno.

En consecuencia, empleemos todo nuestro empeño, para que la ganancia lograda mediante la fe correcta, no la perdamos a causa de la perversidad en nuestras obras; sino que tras de vivir acá piadosamente, nos presentemos confiados ante Cristo, felicidad que no tiene igual. Ojalá que nosotros, conseguido todo lo dicho, en todo procedamos para la gloria de Dios; al cual sea la gloria, juntamente con el Hijo Unigénito y el Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.

Homilías sobre el Evangelio de San JuanHomilía VI

“¿Con quién, compararé, pues, a los hombres de esta generación?” (Lucas 7:31-36)

¿Con quién, compararé, pues, a los hombres de esta generación? Y ¿a quién se parecen? Se parecen a los chiquillos que están sentados en la plaza y se gritan unos a otros diciendo: ‘Les hemos tocado la flauta, y no han bailado, les hemos entonado canciones tristes, y no han llorado.’ «Porque ha venido Juan el Bautista, que no comía pan ni bebía vino, y dicen: ‘Demonio tiene.’ Ha venido el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: ‘Ahí tienen un glotón y un borracho, amigo de publicanos y pecadores.’ Y la Sabiduría se ha acreditado por todos sus hijos.

 

 


Comentario

San Juan Crisóstomo (Constantinopla, siglo IV)

    Como si dijera Cristo: Juan y yo vamos por contrarios caminos, pero hacemos lo mismo. Como si dos cazadores viendo una bestia feroz difícil de coger, pero que puede ir a caer en la red por dos caminos, ocupara cada uno de ellos uno de los caminos, de modo que el uno la empuja por una senda contraria a la del otro, y así por medio de uno de los dos venga a quedar prisionera.

    Mira cómo todo el género humano suele admirar el ayuno, lo mismo que la austeridad de la virtud. Por esto el negocio todo se instituyó de tal manera que Juan ayunara desde su tierna edad y cultivara ese género de vida para que por este medio mereciera fe su predicación. Preguntarás: ¿por qué motivo Cristo no siguió ese camino? Ciertamente lo siguió al ayunar durante cuarenta días y andando por los pueblos enseñando, sin tener en dónde reclinar su cabeza. Además, con el otro modo de vida que instituyó también se logrará lucro. Al fin y al cabo, lo uno era equivalente a lo otro; y aun había en el segundo camino una ventaja: tener en su favor el testimonio del que lo había emprendido. Por lo demás, Juan solamente exhibía la austeridad de su vida, pues no hizo ningún milagro, mientras que Jesús tuvo además el testimonio de los milagros y portentos. Dejando, pues, que Juan fuera celebrado por sus ayunos, Cristo tomó el camino contrario y entraba a las mesas de los publica-nos y comía con ellos y bebía.

Homilías Sobre el Evangelio de San Mateo, Homilia XXXVII (tr. del griego por Padre Rafael Ramírez Torres, SJ)

(http://www.clerus.org/bibliaclerusonline/es/ewf.htm#bk)


Santos Eulampio y Eulampia, Mártires (Asia Menor, siglo IV)

Conmemorados el 10 de octubre

    1010Eulampius-eulampia-theophilus
    Estos Santos vivieron en la época de Maximiliano, San Eulampio era un joven cristiano que huyó de la ciudad durante la persecución y se refugió en una cueva. Sus compañeros le enviaron a Nicomedia en busca de alimentos. Eulampio se detuvo en una calle a leer el edicto de persecución contra los cristianos. Cuando le denunció un soldado, el joven echó a correr. Naturalmente, su actitud despertó sospechas y Eulampio fue perseguido, capturado y llevado a la presencia del prefecto. El magistrado reprendió a los guardias por haber encadenado al joven, mandó que le desatasen las manos y empezó a interrogarle. Tras, de enterarse del nombre y el oficio de Eulampio, le exhortó a ofrecer sacrificios a alguno de los dioses, pero éste se negó y dijo que los dioses sólo eran ídolos de barro. Enfurecido el prefecto le mandó azotar. Como el joven permaneciese inconmovible, el prefecto dio la orden de torturarle en el potro. Entonces Eulampia, la hermana del mártir, se acercó a abrazarle y fue también arrestada. Ambos fueron sometidos a diversos tormentos, de los que salieron ilesos. Al verlos surgir rejuvenecidos de un baño de aceite hirviente, 200 de los presentes se convirtieron a la fe y fueron decapitados junto con los dos mártires en Nicomidia [hoy Izmit, Turquía].

http://www.ortodoxia.com/contenido/nuestra_fe/santos_es.php?santo=345