“El que reciba a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe …” (Marcos 9:33-41)

Lad de små børn komme til Mig (Dejad que los niños vengan a Mí), Carl Bloch (danés, siglo XIX)

Lad de små børn komme til Mig (Dejad que los niños vengan a Mí), Carl Bloch (danés, siglo XIX)

Y llegaron a Capernaúm; y estando ya en la casa, les preguntaba: ¿Qué discutíais por el camino? Pero ellos guardaron silencio, porque en el camino habían discutido entre sí quién de ellos era el mayor. Sentándose, llamó a los doce y les dijo: Si alguno desea ser el primero, será el último de todos y el servidor de todos. Y tomando a un niño, lo puso en medio de ellos; y tomándolo en sus brazos les dijo: El que reciba a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe; y el que me recibe a mí, no me recibe a mí, sino a aquel que me envió.

Juan le dijo: Maestro, vimos a uno echando fuera demonios en tu nombre, y tratamos de impedírselo, porque no nos seguía. Pero Jesús dijo: No se lo impidáis, porque no hay nadie que haga un milagro en mi nombre, y que pueda enseguida hablar mal de mí. Pues el que no está contra nosotros, por nosotros está. Porque cualquiera que os dé de beber un vaso de agua, por razón de vuestro nombre, ya que sois seguidores de Cristo, en verdad os digo que no perderá su recompensa.

 

La Bibila de Las Americas*
* 8:38 vimos a uno echando fuera demonios en tu nombre.  LBLA omite y no viene con nosotros.
 8:41 … cualquiera que os dé de beber un vaso de agua, por razón de vuestro nombre ...
El griego es  Ὃς γὰρ ἂν ποτίσῃ ὑμᾶς ποτήριον ὕδατος ἐν ὀνόματί μου, que corresponde mejor a la RVR:Y cualquiera que os diere un vaso de agua en mi nombre [ἐν ὀνόματί μου] …

 


Cánon de Eusebio:

Mateo Marcos Lucas Juan
9:33
18:1-5 9:34-37  9:46-48
9:38-40 9:49-50
10:42 9:41

 


Comentario

 

En aquel momento se acercaron los discípulos a Jesús, diciendo: ¿Quién es, entonces, el mayor en el reino de los cielos? (Mateo 18:1).

Sentían al modo humano, como lo significa el evangelista al decir: En aquel momento. Es decir, en el punto en que Cristo honró a Pedro más que a todos los otros. Pues siendo entre Santiago y Juan uno de ellos primogénito, Jesús a los otros dos no los honró de manera semejante con tal honor Avergonzados de esto, manifiestan la conmoción de su ánimo. Pero no dicen abiertamente: ¿por qué has preferido a Pedro a nosotros? ¿acaso él es mayor que nosotros? No se atreven a eso; sino que hacen la pregunta en un modo indeterminado: ¿Quién será más grande?

Cuando vieron los discípulos que Cristo prefirió aquellos tres a los demás, no sufrieron esa conmoción de ánimo; pero cuando a uno solo tanto lo honró, entonces se dolieron. Ni sólo eso, sino que juntando otras muchas cosas, se inflamaron de envidia. Pues Jesús había dicho a Pedro: Te daré las llaves [Mateo 16:19] y bienaventurado eres, Simón hijo de Jonás [Mateo 16:17], y ahora le dice: Paga por mí y por ti [Mateo 17:26]; y finalmente les hería también la libertad de hablar que usaba Pedro. Y si Marcos no dice que lo preguntaran sino únicamente que así lo pensaban en su interior [Marcos 9:34], eso no se opone a la narración de Mateo. Porque es verosímil que hicieran ambas cosas; y que en otras ocasiones una y dos veces lo pensaran pero ahora sí lo dijeran y juntamente lo pensaran.

Pero tú no te fijes únicamente en este defecto, sino piensa, por otra parte, que ellos en esta ocasión no buscaban nada de lo de este siglo y en que además luego quitaron este defecto y mutuamente se cedían unos a otros el puesto primero. Nosotros, en cambio, no alcanzamos a llegar ni siquiera a esa clase de defectos de ellos, ni andamos investigando quién será mayor en el reino de los cielos, sino quién lo será acá en el reino de la tierra y quién más opulento y quién más poderoso. Y ¿qué hace Cristo? Descubre la conciencia de ellos y responde no únicamente a sus palabras, sino también a sus sentimientos. Y él, habiendo llamado a un niño lo puso en medio de ellos y dijo: En verdad os digo, si no os volviereis como este niño no entraréis en el reino de los cielos [Mateo 18:2-3].

Como si les dijera: Vosotros inquirís quién será mayor en el reino de los cielos y contendéis acerca de la primacía; pero yo digo a quien no se humillare que no es digno del reino de los cielos. Bellamente pone el ejemplo: ni solamente lo pone, sino que trae al niño al medio para persuadirlos y exhortarlos con la presencia misma del niño a que sean sencillos y humildes. Porque el niño está libre de envidia, de vanagloria, del anhelo de primacías y sobre todo posee esa virtud que llamamos sencillez y humildad.

De modo que para entrar al reino de los cielos se necesita no únicamente fortaleza y prudencia, sino además sencillez y humildad. Pues aun en las cosas más importantes, si faltan esas virtudes, queda fallo lo que toca a nuestra salvación. El párvulo, ya sea que se le injurie, ya sea que se le alabe, ahora se le azote, ahora se le honre, ni se cree indigno y se aira ni se deja llevar de la envidia ni se ensoberbece. ¿Observas cómo de nuevo Cristo nos pone delante ejemplos tomados de las cosas de la naturaleza; y nos declara que tales virtudes pueden obtenerse mediante los propósitos de la voluntad, y echa de este modo por tierra la dañosa locura de los maniqueos? Pues si la naturaleza es mala ¿por qué Cristo toma de ella los ejemplos de virtud? Yo pienso que puso en medio de los discípulos a un parvulito libre de todas esas enfermedades del alma. Porque en los parvulitos no tienen lugar ni la arrogancia ni la vanagloria ni la envidia ni las querellas ni otras enfermedades semejantes. Tienen en cambio por su propio natural muchas virtudes como son la sencillez, la humildad, el estar ajenos a la turba de negocios, el no ensoberbecerse de nada: cosas en que hay una doble virtud, porque las poseen y no se ensoherbecen por tenerlas. Por tal motivo tomó Jesús al infante y lo puso en medio.

Pero no terminó con eso su discurso, sino que continuó en la amonestación y dijo: Y el que recibiere a un niño como éste, a mí me recibe. Como si les dijera: no únicamente recibiréis gran premio si sois como este infante, sino también, si, por mí, honráis a otros que le sean semejantes, os retribuiré con el reino. Y añadió lo que es más al decir: A mí me recibe. Como si dijera: En modo tan grande me alegro con la humildad y la sencillez. Y llama aquí pequeños a los hombres tan sencillos y humildes que muchos los tienen por bajos y despreciables. Y enseguida, para más confirmar su doctrina, la refuerza poniendo delante no sólo los premios sino también los castigos. Pues dice: Y al que escandalizare a uno de estos pequeñuelos que creen en mí, más le valiera que le colgaran al cuello una piedra de molino de asno y lo hundieran en el fondo del mar.

Porque así como aquellos, dice Jesús, que por mí honran a estos pequeños, poseerán el cielo y un premio mayor que un reino, así los que los deshonran (pues esto significa escandalizarlos), sufrirán penas terribles. Y si al escándalo lo llama deshonra e injuria, no te admires, pues muchos a causa de su pusilanimidad han sufrido escándalo por haber sido menospreciados e injuriados. Para poner como de bulto el crimen, hace referencia al daño que se sigue de él. En cambio, no explica del mismo modo el castigo, sino que manifiesta cuánto sea intolerable por comparación con las cosas que nos son conocidas. Cuando quiere impresionar los ánimos rudos pone ejemplos de las cosas que caen bajo el dominio de los sentidos.
– San Juan Crisóstomo (Constantinopla, siglo IV), Homilías Sobre el Evangelio de San MateoHomilía LVIII

 

 


Todas las cosas son puras para los puros, mas para los corrompidos e incrédulos nada es puro, sino que tanto su mente como su conciencia están corrompidas. Profesan conocer a Dios, pero con sus hechos lo niegan, siendo abominables y desobedientes e inútiles para cualquier obra buena. Pero en cuanto a ti, enseña lo que está de acuerdo con la sana doctrina. Los ancianos deben ser sobrios, dignos, prudentes, sanos en la fe, en el amor, en la perseverancia. Asimismo, las ancianas deben ser reverentes en su conducta: no calumniadoras ni esclavas de mucho vino, que enseñen lo bueno, que enseñen a las jóvenes a que amen a sus maridos, a que amen a sus hijos, a ser prudentes, puras, hacendosas en el hogar, amables, sujetas a sus maridos, para que la palabra de Dios no sea blasfemara.  Asimismo, exhorta a los jóvenes a que sean prudentes; muéstrate en todo como ejemplo de buenas obras, con pureza de doctrina, con dignidad, con palabra sana e irreprochable, a fin de que el adversario se avergüence al no tener nada malo que decir de nosotros. Exhorta a los siervos a que se sujeten a sus amos en todo, que sean complacientes, no contradiciendo, no defraudando, sino mostrando toda buena fe, para que adornen la doctrina de Dios nuestro Salvador en todo respecto.

Tito 1:15-2:10, LBLA

 

Las lecturas son del Leccionario de la Iglesia Ortodoxa para el 19 de diciembre 2014

 

Anuncios

“Pero yo os digo que Elías ya ha venido” (Marcos 9:10-16)

La predicazione di San Giovanni Battista nel deserto, Massimo Stanzione (italiano, 1634)

La predicazione di San Giovanni Battista nel deserto, Massimo Stanzione (italiano, 1634)

Y se guardaron para sí lo dicho, discutiendo entre sí qué significaría resucitar de entre los muertos. Y le preguntaron, diciendo: ¿Por qué dicen los escribas que Elías debe venir primero? Y El les dijo: Es cierto que Elías, al venir primero, restaurará todas las cosas. Y, sin embargo, ¿cómo está escrito del Hijo del Hombre que padezca mucho y sea despreciado? Pero yo os digo que Elías ya ha venido, y le hicieron cuanto quisieron, tal como está escrito de él.

Cuando volvieron a los discípulos, vieron una gran multitud que les rodeaba, y a unos escribas que discutían con ellos. Enseguida, cuando toda la multitud vio a Jesús, quedó sorprendida, y corriendo hacia El, le saludaban. Y El les preguntó: ¿Qué discutís con ellos?

 

LBLA

 


Cánon de Eusebio:

Mateo Marcos Lucas Juan
9:10
17:10-13 9:11-13
9:14-16

 


Comentario

 

Le preguntaron los discípulos: ¿Cómo, pues, dicen los escribas que Elías tiene que venir primero? (Mateo 17:10).

De modo que esto ellos no lo sabían por las Escrituras, sino que así lo contaban los escribas, y semejante opinión corría entre el vulgo, lo mismo que acerca de Cristo. Por eso decía la samaritana: Yo sé que el Mesías está por venir y que cuando venga nos hará saber todas las cosas [Juan 4:25]. Y los judíos preguntaban al Bautista: ¿Eres tú Elías o uno de los profetas? [Juan 1:21] Pues como ya dije, semejante opinión acerca de Elías y de Cristo andaba muy valida; sino que ellos no la interpretaban correctamente. Porque la Escritura refiere dos venidas de Cristo: la que ya be verificó y la que está por venir. A ambas se refiere Pablo cuando dice: Porque se ha manifestado la gracia salutífera de Dios a todos los hombres, enseñándonos a negar la impiedad y los deseos del mundo, para que vivamos sobria, justa y piadosamente en este siglo. Aquí tenemos la primera venida. Pero oye cómo declara luego la otra: Con la bienaventurada esperanza en la manifestación gloriosa del gran Dios y Salvador nuestro Cristo Jesús [Tito 2:13].

También los profetas hablan de ambas venidas; y de una de ellas, que es la segunda, dicen que tendrá como Precursor a Elías. Precursor de la primera fue el Bautista, al cual Cristo lo llamaba Elías, no porque fuera Elías, sino porque tenía un ministerio como el de Elías. Pues así como Elías será precursor de la segunda venida, así Juan lo fue de la primera. Pero los escribas, confundiéndolo todo y pervirtiendo la opinión popular, se fijaron únicamente en Elías, el Precursor de la segunda venida; y así decían al pueblo: “Si éste fuera el Cristo, debía haberlo precedido Elías.”  Y este fue el motivo de que los discípulos preguntaran: ¿Cómo es, pues, que los escribas dicen que Elías ha de venir primero?

Por la misma causa los fariseos enviaron mensajeros al Bautista para preguntarle: ¿Eres tú Elías o uno de los profetas? [Juan 1:21] sin mencionar la primera venida. ¿Cómo resolvió Cristo la cuestión? Respondiendo que Elías ciertamente vendrá antes de su segunda venida; pero que ya vino también, llamando así al Bautista. Como si dijera: Juan vino ya como vendrá Elías; pero si preguntáis del Tesbita, ese ya vendrá. Y por esto dijo: Elías vendrá y restablecerá todo. ¿Qué es ese todo? Lo que dijo el profeta Malaquías: He aquí que yo enviaré a Elías Tesbita, el profeta, antes que venga el día de Yavé, grande y terrible. El convertirá el corazón de los padres a los hijos, no sea que venga yo y entregue la tierra toda al anatema [Malaquías 4:5-6 LXX]*

¿Observas la exactitud de la predicción profética? Como Cristo había llamado Elías a Juan, a causa del parecido en el ministerio, a fin de que no pensaras que éste era también el que el profeta predecía, notó la patria añadiendo el Tesbita. Ahora bien: el Bautista no era Tesbita. Además el profeta añadió otra cosa notable cuando dijo: No sea que venga yo y entregue la tierra toda al anatema, con lo que declaró lo terrible del segundo advenimiento. Porque en el primero no vino a entregar la tierra al anatema. Pues él mismo dice: No he venido a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo [Juan 12:47]. De modo que esto lo dice aludiendo al Tesbita que ha de aparecer antes de la venida de Cristo para el juicio. Y añade el motivo por el que vendrá. ¿Cuál es? Para inducir a los judíos a creer en Cristo, no sea que cuando El llegue perezcan todos en absoluto. Y Cristo, recordando esas cosas, dice: Restablecerá todo [Mateo 17:11]. O sea que enmendará la incredulidad de los judíos que para entonces queden; de modo que se expresó exactísimamente. Porque no dijo el profeta: Convertirá el corazón de los hijos a los padres, sino de los padres para con sus hijos. Siendo los judíos los padres de los apóstoles, eso significa que convertirá el corazón de los judíos a los dogmas y enseñanzas de los apóstoles; o sea que convertirá a ellos el linaje judaico.

Sin embargo, yo os digo: Elías ya vino y no lo reconocieron; antes hicieron con él lo que quisieron. De la misma manera el Hijo del hombre tiene que padecer de parte de ellos. Entonces entendieron los discípulos que les hablaba de Juan el Bautista [Mateo 17:12-13].

Aunque esto no lo decían ni los escribas ni la Escritura, sin embargo, los discípulos por estar ya más despiertos y poner mayor atención a lo que se les decía, pronto lo entendieron. ¿Por dónde vinieron a entenderlo? Ya les había dicho: El es Elías que está a punto de venir [Mateo 11:14]; luego les dice: Ya vino; y de nuevo: Elías vendrá y restablecerá todo. No te turbes ni vayas a sospechar que hay contradicción en lo que dice cuando afirma ahora que ya vino, ahora que está por venir. Todo ello es verdad. Porque cuando dice que Elías vendrá y restablecerá todo, habla del mismísimo Elías y de la futura conversión de Israel. Y cuando dice: El es el que va a venir, dice que Juan es Elías a causa de lo parecido del ministerio.

Del mismo modo los profetas a cualquier rey esclarecido lo llaman David; y a los judíos los llaman príncipes de los sodomitas [Isaías 1:10] y también hijos de los etíopes [Amós 9:7]; y lo hacen por la semejanza de costumbres. Porque así como Elías será Precursor en la segunda venida, así lo fue Juan en la primera. Ni es ésta la única razón de que a Juan lo llame Elías, sino también para manifestar su pleno acuerdo con la Ley Antigua, y que lo de su segundo advenimiento es una verdadera profecía. Por esto añade: Vino y no lo reconocieron, antes hicieron con él lo que quisieron [Mateo 17:12]. Pero ¿qué significa: lo que quisieron? Es decir, lo encarcelaron, lo afrentaron, lo mataron, trajeron en una bandeja su cabeza. Y así de la misma manera el Hijo del hombre tiene que padecer de parte de ellos [Mateo 17:12].

¿Adviertes cómo oportunamente les trae a la memoria su Pasión, y los consuela grandemente con lo de la Pasión de Juan? Ni lo hizo únicamente por este capítulo, sino haciendo enseguida grandes milagros. Cuando habla de su Pasión, al punto obra prodigios; y lo mismo hace antes y después de hablar de ella, como con frecuencia se observa. Pues dice el evangelista: Desde entonces comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y ser muerto y padecer mucho [Mateo 16:21]. Entonces. ¿Cuándo? Cuando ya quedó claro ser él el Cristo e Hijo de Dios. Y también en el monte cuando les puso delante aquella visión admirable en la que los profetas hablaban de su gloria, El les recordó su Pasión. Porque Juan, una vez que refirió la historia del hecho, añade: Así el Hijo del hombre ha de padecer de parte de ellos.

Y no mucho después, cuando echó el demonio que los discípulos no habían podido expulsar, cuando volvía a Galilea, dijo Jesús, según narra el evangelio: El Hijo del hombre tiene que ser entregado en manos de hombres pecadores que lo matarán, y al tercer día resucitará [Mateo 17:23]. Procedía así con el objeto de que la magnitud de los milagros disminuyera el exceso del dolor y del todo los consolara; así como ahora, trayéndoles al recuerdo la muerte de Juan, los consoló grandemente. Y si alguno preguntara ¿por qué ahora no resucita a Elías y lo envía, siendo así que tantos y tan grandes beneficios testifican su venida? Respondemos que fue porque aún ahora, creyendo ellos que Jesús era Elías, sin embargo no se convirtieron. Porque dicen los discípulos: Unos dicen que eres Elías, otros que Jeremías [Mateo 16:14]. Entre Juan y Elías no había diferencia sino del tiempo.

Preguntarás: entonces ¿cómo después sí creerán? Ciertamente Elías lo restablecerá todo, no únicamente porque se le reconocerá, sino porque la gloria de Cristo que se extenderá en gran manera y se aumentará, hasta aquel día, brillará más espléndida que el sol. De modo que cuando él venga, habiendo ya precedido tan grande estima y expectación, predicando io mismo y anunciando a Jesús, más fácilmente aceptarán sus palabras. Y cuando dice no lo reconocieron [Lucas 12:24], parece en cierto modo excusarlos; y los consuela no únicamente de este modo, sino además demostrando que El padecerá injustamente; y también como ocultando esas cosas tristes con dos milagros: el que hizo en el monte y el que hará enseguida.

Después de oírlo, ya no le preguntan cuándo vendrá Elías, ya fuera por la tristeza de la futura Pasión, ya porque se apoderó de ellos el temor. Pues con frecuencia, cuando advierten que El no quiere hablar claramente, ellos callan. Así pues, como estando en Galilea les dijera: El Hijo del hombre tiene que ser entregado y le darán muerte, y al tercer día resucitará, el evangelista añade: Y se pusieron muy tristes [Mateo 17:22-23]. Así lo dan a entender dos evangelistas. Marcos dice: Y ellos no entendían esas osas, pero temían preguntarle [Marcos 9:32]. Y Lucas: Pero ellos no sabían lo que significaban aquellas palabras, que estaban veladas, de manera que no las entendieron, y temían preguntarle sobre ellas [Lucas 9:45].

– San Juan Crisóstomo (Constantinopla, siglo IV), Homilías Sobre el Evangelio de San MateoHomilía LVII

 

* Crisóstomo está citando la versión de la Septuaginta de de Malaquías.  el Texto Masorético omite la referencia a Elías como Tesbita [Malaquías 4:5].

 


Por esta causa te dejé en Creta, para que pusieras en orden lo que queda, y designaras ancianos*en cada ciudad como te mandé, esto es, si alguno es irreprensible, marido de una sola mujer, que tenga hijos creyentes, no acusados de disolución ni de rebeldía. Porque el obispo debe ser irreprensible como administrador de Dios, no obstinado, no iracundo, no dado a la bebida, no pendenciero, no amante de ganancias deshonestas, sino hospitalario, amante de lo bueno, prudente, justo, santo, dueño de sí mismo, reteniendo la palabra fiel que es conforme a la enseñanza, para que sea capaz también de exhortar con sana doctrina y refutar a los que contradicen. Porque hay muchos rebeldes, habladores vanos y engañadores, especialmente los de la circuncisión, a quienes es preciso tapar la boca, porque están trastornando familias enteras, enseñando, por ganancias deshonestas, cosas que no deben. Uno de ellos, su propio profeta, dijo: Los cretenses son siempre mentirosos, malas bestias, glotones ociosos. Este testimonio es verdadero. Por eso, repréndelos severamente para que sean sanos en la fe, no prestando atención a mitos judaicos y a mandamientos de hombres que se apartan de la verdad. Todas las cosas son puras para los puros, mas para los corrompidos e incrédulos nada es puro, sino que tanto su mente como su conciencia están corrompidas. Profesan conocer a Dios, pero con sus hechos lo niegan, siendo abominables y desobedientes e inútiles para cualquier obra buena. Pero en cuanto a ti, enseña lo que está de acuerdo con la sana doctrina.

(2 Timoteo 4:9-22, LBLA)

 

 

Las lecturas tomadas del Leccionario de la Iglesia Ortodoxa de 18 de diciembre 2014