“Yo os bautizo con agua; pero viene el que es más poderoso que yo …” (Lucas 3:1-18)

Juan Bautista, icono por Andrei Rublev (siglo XV, Rusia)

Juan Bautista, icono por Andrei Rublev (siglo XV, Rusia)

En el año decimoquinto del imperio de Tiberio César, siendo Poncio Pilato gobernador de Judea, y Herodes tetrarca de Galilea, y su hermano Felipe tetrarca de la región de Iturea y Traconite, y Lisanias tetrarca de Abilinia, durante el sumo sacerdocio de Anás y Caifás,vino la palabra de Dios a Juan, hijo de Zacarías, en el desierto. Y él fue por toda la región contigua al Jordán, predicando un bautismo de arrepentimiento para el perdón de los pecados; como está escrito en el libro de las palabras del profeta Isaías:

VOZ DEL QUE CLAMA EN EL DESIERTO: “PREPARAD EL CAMINO DEL SEÑOR, HACED DERECHAS SUS SENDAS.

TODO VALLE SERA RELLENADO, Y TODO MONTE Y COLLADO REBAJADO; LO TORCIDO SE HARA RECTO, Y LAS SENDAS ASPERAS SE VOLVERAN CAMINOS LLANOS;

Y TODA CARNE VERA LA SALVACION DE DIOS.”

Por eso, decía a las multitudes que acudían para que él las bautizara: ¡Camada de víboras! ¿Quién os enseñó a huir de la ira que vendrá? Por tanto, dad frutos dignos de arrepentimiento; y no comencéis a deciros a vosotros mismos: “Tenemos a Abraham por padre”, porque os digo que Dios puede levantar hijos a Abraham de estas piedras. Y también el hacha ya está puesta a la raíz de los árboles; por tanto, todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado al fuego. Y las multitudes le preguntaban, diciendo: ¿Qué, pues, haremos? Respondiendo él, les decía: El que tiene dos túnicas, comparta con el que no tiene; y el que tiene qué comer, haga lo mismo. Vinieron también unos recaudadores de impuestos para ser bautizados, y le dijeron: Maestro, ¿qué haremos? Entonces él les respondió: No exijáis más de lo que se os ha ordenado. También algunos soldados le preguntaban, diciendo: Y nosotros, ¿qué haremos? Y él les dijo: A nadie extorsionéis, ni a nadie acuséis falsamente, y contentaos con vuestro salario. Como el pueblo estaba a la expectativa, y todos se preguntaban en sus corazones acerca de Juan, si no sería él el Cristo, Juan respondió, diciendo a todos: Yo os bautizo con agua; pero viene El que es más poderoso que yo; a quien no soy digno de desatar la correa de Sus sandalias; El os bautizará con el Espíritu Santo y fuego. El bieldo está en su mano para limpiar completamente su era y recoger el trigo en su granero; pero quemará la paja en fuego inextinguible. Y también con muchas otras exhortaciones Juan anunciaba las buenas nuevas al pueblo.

 

La Bibila de Las Americas

 

*3:3 … predicando un bautismo de arrepentimiento por LBLA. Mas bien,… predicando EL bautismo de arrepentimiento [κηρύσσων βάπτισμα μετανοίας]

Cánon de Eusebio:

Mateo Marcos Lucas Juan
3:1-2 3:1-2 1:6-8; 3:23
3:3 1:3 3:3-6 1:23
3:7-10 3:7-9
3:10-15
3:11 1:7-8 3:16 1:15,26-27,30-31; 3:28
3:12 3:17-18

 


Comentario

Homilía por San Juan Crisóstomo (siglo IV)

Hubo un hombre enviado por Dios, llamado Juan  (Juan 1:6)

El Evangelista, en su doctrina sobre el Dios Verbo, puso las cosas más esenciales y necesarias; y procediendo por su orden, vino luego al Precursor del Verbo, llamado Juan. Pero tú, cuando oyes que fue enviado por Dios, piensa desde luego que nada de lo que dice lo dice al modo humano. Porque no dice cosas suyas, sino del que lo envía. Por tal motivo fue llamado ángel o enviado [ἄγγελος, angelos] [Malaquías 3:1]. El oficio del ángel o enviado es no decir nada suyo. Además, eso de hubo no significa que vino a la existencia, sino que se le dio una misión. Fue enviado por Dios es lo mismo que fue enviado de Dios. Yo pregunto: ¿cómo es que los herejes dicen que aquello de: Subsistiendo en la naturaleza divina [Filipenses 2:6] no se ha de entender de una igualdad del Hijo con el Padre, porque la palabra Dios no lleva artículo? Tampoco acá hay artículo alguno. Entonces ¿aquí no se refiere al Padre? Pero ¿qué diríamos del profeta que clama: He aquí que yo envié a mi mensajero para allanar el camino delante de ti [Malaquías 3:1, Marcos 1:2]? Ese mi y ti significan personas.

Este vino como testigo para dar testimonio de la luz (Juan 1:7).

Preguntará alguno: ¿Cómo es eso de que el siervo da testimonio del Señor? Pues bien: ¿no te admirarás más aún y dudarás cuando veas que no sólo es testificado por el siervo, sino que El mismo acude al siervo y es bautizado por el siervo, estando mezclado con los demás judíos? No conviene perturbarse ni alborotarse, sino más bien admirarse de la inefable benignidad del Señor. Si alguno duda y permanece turbado, el Señor le dirá lo que al Bautista: Déjame ahora hacer: pues así conviene que cumplamos toda justicia [Mateo 3:15]. Y si más aún se conturba, le añadirá lo que dijo a los judíos: Yo no necesito que un hombre testifique en favor mío [Juan 5:34]. Pero si Jesús no necesita de semejante testimonio, entonces ¿por qué Juan fue enviado por Dios? No fue porque Cristo necesitara de semejante testimonio: afirmarlo sería el colmo de la impiedad. Entonces ¿por qué? Juan mismo nos lo enseña cuando dice: Para que todos creyeran en El [Juan 1:7].

Cristo, habiendo dicho: Yo no necesito que un hombre testifique en favor mío [Juan 5:34], para no parecer ante los necios como contradiciéndose, ya que en una ocasión afirma: Es otro el que da testimonio de Mí y sé Yo que su testimonio es verdadero [Juan 5:32] refiriéndose a Juan; y en esta otra dice: Yo no necesito que un hombre testifique en favor mío, El mismo añadió la solución: Lo digo por vosotros, para que os salvéis [Juan 5:34]. Que es como si dijera: Soy Dios y verdadero Hijo de Dios y de su misma substancia inmortal y feliz, y no necesito del testimonio de ningún hombre. Pues aun cuando nadie quisiera testificarlo, no por eso sería yo en nada inferior en naturaleza al Padre. Mas como tengo el cuidado de muchos, me he abajado a esta humillación de dar el oficio de testificar de Mí a un hombre.

Atendiendo a la debilidad y bajas apetencias de los judíos, parecía que por este camino sería más fácil que creyeran en El. De manera que así como se revistió de carne para no descender al certamen en su manifiesta divinidad, lo que hubiera sido dar muerte a todos, así envió a un hombre como heraldo, para que escuchando ellos la voz de uno de su mismo linaje, más fácilmente se le acercaran los que entonces lo oyeran. No teniendo necesidad del testimonio del Bautista, cosa que sólo podía demostrarse apareciendo en clara substancia, con lo que habría espantado a todos, no procedió así, como hace un momento lo dije, pues a todos los hubiera perdido, por no poder nadie resistir la fuerza de aquella luz inaccesible. Tal fue el motivo de revestirse de carne y dar a uno de nuestros consiervos el oficio de testimoniar acerca de El; porque El todo lo hizo buscando siempre la salvación de los hombres. Por lo cual cuidó al mismo tempo de su propia dignidad y de la capacidad de entender de sus oyentes y de la utilidad de los mismos.

Dando a entender esto, decía: Esto lo digo por vosotros, para que seáis salvos. Y el evangelista, que dice lo mismo que afirma el Señor, una vez que dijo: Para dar testimonio de la luz, añadió: Para que por su medio creyeran todos en El [Juan 1:7]. Como si dijera: No pienses que vino Juan el Bautista para añadir algo a la fe en las palabras del Señor. No vino para eso, sino para que por su medio creyeran sus congéneres los judíos. Y que el evangelista lo haya dicho para suprimir esa imaginación, consta por lo que sigue. Pues añadió: No era él la luz [Juan 1:8]. Si no lo hubiera dicho con el objeto de apartar la imaginación que indiqué, resultaría inútil decirlo y más sería una repetición que no una explicación de la doctrina. Habiendo dicho ya: Fue enviado para que diera testimonio de la luz ¿por qué había de añadir: No era él la luz? No lo hizo sin causa y motivo. Lo que sucede es que como entre nosotros con frecuencia es de mayor dignidad el que testifica que aquel de quien testifica, por lo cual de ordinario se le juzga más digno de fe, para que nadie imaginara eso del Bautista, ya desde el principio lo excluye; y una vez corregido eso de raíz, declara quién es el que testifica y quién aquel del que da testimonio, y cuán grande es la diferencia entre ambos.

Hecho esto, y demostrada la incomparable excelencia del Verbo, prosigue confiadamente con lo demás. Rechazado ya con diligencia lo que de absurdo podría ocurrirse a los necios, se dedica a enseñar la doctrina fácilmente y sin tropiezo. Roguemos, pues, al Señor que, ya que poseemos la revelación de tantas y tan excelentes cosas, y juntamente la recta y sana doctrina, llevemos una vida pura y santa. Pues la doctrina de nada nos aprovecha sin las buenas obras. Aun cuando logremos una fe plena y una inteligencia clara de todas las Escrituras, si no tenemos el patrocinio de una vida buena, nada obstará para que caigamos en la gehenna del fuego y nos quememos para siempre en la llama inextinguible. Así como los que obraron el bien resucitarán para vida eterna, así los que se atrevieron a llevar una vida desordenada, resucitarán para un castigo sin acabamiento y eterno.

En consecuencia, empleemos todo nuestro empeño, para que la ganancia lograda mediante la fe correcta, no la perdamos a causa de la perversidad en nuestras obras; sino que tras de vivir acá piadosamente, nos presentemos confiados ante Cristo, felicidad que no tiene igual. Ojalá que nosotros, conseguido todo lo dicho, en todo procedamos para la gloria de Dios; al cual sea la gloria, juntamente con el Hijo Unigénito y el Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.

Homilías sobre el Evangelio de San JuanHomilía VI

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“Esforzaos por entrar por la puerta estrecha” (Lucas 13:18-29)

Evgeny Rodionov (1977-1996), soldado ruso, decapitado por rebeldes chechenos cuando se negó a quitarse su cruz.

Evgeny Rodionov (1977-1996), soldado ruso, decapitado por rebeldes chechenos cuando se negó a quitarse su cruz.

Entonces decía: ¿A qué es semejante el reino de Dios y con qué lo compararé? Es semejante a un grano de mostaza que un hombre tomó y echó en su huerto; y creció y se hizo árbol, y las aves del cielo anidaron en sus ramas. Y volvió a decir: ¿A qué compararé el reino de Dios? Es semejante a la levadura que una mujer tomó y escondió en tres medidas de harina hasta que todo quedó fermentado.

Pasaba Jesús por ciudades y aldeas, enseñando, mientras proseguía camino a Jerusalén. Y alguien le dijo: Señor, ¿son pocos los que se salvan? Y El les dijo: Esforzaos por entrar por la puerta estrecha, porque os digo que muchos tratarán de entrar y no podrán. Después que el dueño de la casa se levante y cierre la puerta, y vosotros, estando fuera, comencéis a llamar a la puerta, diciendo: “Señor, ábrenos”, El respondiendo, os dirá: “No sé de dónde sois.” Entonces comenzaréis a decir: “Comimos y bebimos en tu presencia, y enseñaste en nuestras calles;” y El dirá: “Os digo que no sé de dónde sois; Apartaos de mi, todos los que hacéis iniquidad.” Allí será el llanto y el crujir de dientes cuando veáis a Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, pero vosotros echados fuera. Y vendrán del oriente y del occidente, del norte y del sur, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios.

 

La Bibila de Las Americas

 


Cánon de Eusebio:

Mateo Marcos Lucas Juan
13:31-32 4:30-32 13:18-19
13:33 13:20-21
9:35 6:6 13:22
7:13-14 13:23-24
7:22-23 13:25-28a
8:11-12 13:28b-29

 


Comentario

Parábola del grano de mostaza

(Lucas 13:18-19; Mateo 13:31-32; Marcos 4:30-32)

En Oriente, un árbol de mostaza puede alcanzar un tamaño enorme, aunque su semilla es tan pequeña que los judíos tenían un dicho: “pequeño como un grano de mostaza.” El significado de la parábola es que, a pesar de que en un principio el Reino de Dios fue en apariencia pequeño e insignificante, el poder concentrado en él superó todos las adversidades y fue capaz de transformarlo en un Reino magno y universal. San Juan Crisostomo comenta: “con esta parábola Nuestro Señor quiso mostrar el modo en que iba a difundirse la prédica del Evangelio. A pesar de que sus discípulos eran los más débiles y humildes, poseían un gran poder interior, y su prédica se extendió por todo el mundo.”  La Iglesia de Cristo, en un principio pequeña e inadvertida para el mundo, se expandió por la tierra de tal manera que una multitud de naciones se cobija bajo su amparo, como los pájaros en las ramas de un árbol de mostaza. Precisamente lo mismo ocurre con el alma de cada ser humano: el soplo de la gracia de Dios, inicialmente apenas perceptible, envuelve el alma cada vez mas, hasta que ésta se convierte en receptora de abundantes virtudes.

 

Parábola sobre la levadura

(Lucas 13:18-19; Mateo 13:31-32; Marcos 4:30-32)

La parábola acerca de la levadura tiene el mismo significado que la parábola anterior. Dice san Juan Crisostomo: “como la levadura da sus propiedades a una gran cantidad de harina, así vosotros (los Apóstoles) habéis de transfigurar al mundo entero.” De igual modo ocurre en el alma de cada individuo miembro del Reino de Cristo: el poder de la gracia invisible comienza gradual pero activamente a posesionarse de todos los poderes de su espíritu, y santificándolo, lo transfigura. Algunos interpretan que las tres medidas de harina son las tres potencias del alma: mente, sentimiento y voluntad.

El camino estrecho que lleva al Reino de Dios

(Lucas 13:22-30)

Camino de Galilea hacia Jerusalén un hombre le hizo a Jesús la siguiente pregunta: “¿Señor, son pocos los que se salvan? Esta pregunta tiene en cuenta la importancia de algunas exigencias de Jesucristo el Salvador para quienes desean acceder al Reino del Mesías. Jesús respondió con dureza y severidad no sólo a quien le había formulado la pregunta sino a todos los presentes: “Procurad entrar por la puerta estrecha…” — imagen usada con frecuencia por el Señor. El Reino del Mesías, la Iglesia de Cristo, es presentada aquí como una casa que además de una entrada principal cuenta con una puerta estrecha a través de la cual se permite el ingreso sólo ocasionalmente. Muchos querrán entrar por esta puerta angosta pero será inútil pues su moral está en extremo deteriorada e incontables son sus prejuicios en relación con el Reino del Mesías. La importancia de esta analogía reside en que los judíos de aquella época, gracias a los tan difundidos prejuicios de los fariseos, estaban poco capacitados para atravesar la puerta estrecha que en verdad consiste en el arrepentimiento y la abnegación. “Una vez que el Dueño de la casa se levanta y cierra la puerta…” Aquí Dios es representado por el Dueño de casa que está sentado y esperando a sus amigos para cenar; luego se levanta y cierra la puerta de su casa impidiendo el ingreso a los extraños. Esta es una imagen del Juicio del Señor sobre cada ser humano y la humanidad toda luego de Su Segunda Venida. Quienes se encuentren fuera de los aposentos en los que se lleva a cabo la cena del Señor con sus amigos son indignos de la comunión beatífica con Dios. Para ellos será tarde por mas que se muestren arrepentidos y deseosos de entrar. No hay arrepentimiento posible después de la muerte. Los que han sido arrojados fuera dirán: “Hemos comido y bebido en tu compania y Tu mismo has predicado en nuestras plazas.” Aquellos que no se hicieran dignos de participar en la cena le recordarán al Dueño de casa que ellos son sus conocidos; alguna vez fueron extraños seguidores de la enseñanza de Cristo pero no fueron verdaderos cristianos y por ello serán apartados. “Nosotros comimos y bebimos en tu compania y en nuestras calles Tu nos has enseñado.” Estas palabras se aplican especialmente y en sentido literal a los judíos, quienes rechazaron a su Mesías y con ello perdieron el derecho de ingresar al Reino de Cristo. Recién entenderán su error al producirse la Segunda Venida de Cristo, pero será tarde ya y recibirán por respuesta: “No sé de dónde sois…” “Apártense de Mí todos los que han obrado la maldad…” En el Reino del Mesías, el lugar de los judíos apartados será tomado por los gentiles provenientes desde todos los confines de la tierra que confesaron su fe en Jesucristo. “Estos últimos serán los primeros y hay primeros que serán últimos.” Los judíos se consideraban “los primeros” pero como rechazaron al Mesías serán “los últimos.” Los gentiles a quienes se consideraba como “los últimos” serán “los primeros” en el Reino de Cristo. Del mismo modo, quienes se contaban entre los “primeros” pero que en verdad no observaron como corresponde los mandamientos de Cristo serán “los últimos” en el Juicio Final; en cambio quienes fueron objeto de desprecio serán “los primeros.”

Arzobispo Averky Tauchev (ruso-ortodoxo), “Guia para el Estudio de los Cuatro Evangelios”

Los invitados descorteses (Lucas 14:16-24)

L'Invitation au festin ( La invitación al banquete), Eugène Burnand (suizo, 1899)

L’Invitation au festin ( La invitación al banquete), Eugène Burnand (suizo, 1899)

Pero El le dijo: Cierto hombre dio una gran cena, e invitó a muchos; y a la hora de la cena envió a su siervo a decir a los que habían sido invitados: “Venid, porque ya todo está preparado.” Y todos a una comenzaron a excusarse. El primero le dijo: “He comprado un terreno y necesito ir a verlo; te ruego que me excuses.” Y otro dijo: “He comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlos; te ruego que me excuses.” También otro dijo: “Me he casado, y por eso no puedo ir.” Cuando el siervo regresó, informó de todo esto a su señor. Entonces, enojado el dueño de la casa, dijo a su siervo: “Sal enseguida por las calles y callejones de la ciudad, y trae acá a los pobres, los mancos, los ciegos y los cojos.”

Y el siervo dijo: “Señor, se ha hecho lo que ordenaste, y todavía hay lugar.” Entonces el señor dijo al siervo: “Sal a los caminos y por los cercados, y oblígalos a entrar para que se llene mi casa. Porque os digo que ninguno de aquellos hombres que fueron invitados probará mi cena.”

LBLA

 


Cánon de Eusebio:

Mateo Marcos Lucas Juan
22:1-10 14:16-24

 


Comentario

 

Nuestro Señor respondió a la exclamación de uno de los convidados con otra parábola, en la que, con la imagen de una cena se representa al Reino del Mesías, la Iglesia de Cristo. El anfitrión de esta cena es el Señor Dios, sus servidores son la ley y los profetas. Todo el pueblo judío fue invitado a entrar en el Reino. Cuando estaba próximo el tiempo de ese Reino, Dios una vez mas los invitó pero ahora a través del Mesías (en algunas profecías como Isaías 52:13 el Mesías es llamado el siervo del Señor pues adoptó la naturaleza humana). En un principio el Mesías se manifestaba sólo a los elegidos — los judíos— con la noticia de que el Reino de Dios está cerca [e.g. Mateo 10:7], todo está preparado. Pero entre esos mismos judíos hubo quienes, llamados inicialmente en su calidad de conocedores de la ley del Antiguo Testamento — escribas, fariseos y otros líderes del “pueblo elegido”— rehusaron en connivencia aquella invitación. Sus obligaciones materiales y solicitudes mundanas sirvieron de excusas para desatender el llamado de Dios y rechazar al Mesías-Cristo. Entonces, el Señor Dios ordenó al Mesías que invite a publicanos y pecadores, y como en Su Reino aun sobraban muchos lugares, extendió su invitación a los gentiles. Aquellos que respondieron a la enseñanza del Evangelio, entraron en el Reino del Mesías; en cambio los escribas, los fariseos y todos aquellos que la despreciaron se quedaron fuera del Reino.

 

– Arzobispo Averky Tauchev (ruso-ortodoxo, 1906-1976), “Guia Para el Estudio de los Cuatro Evangelios”

 
 


Dijo aún: “El que permanece en el desierto, para guardar el sosiego con Dios, está liberado de tres guerras: la de oír, la del hablar y la de ver. Le queda una sola: la del corazón.”

– Antonio el Grande (Las Palabras de los Ancianos)

 
 
 
 

“Esforzaos por entrar por la puerta estrecha” (Lucas 13:18-29)

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Entonces decía: ¿A qué es semejante el reino de Dios y con qué lo compararé? Es semejante a un grano de mostaza que un hombre tomó y echó en su huerto; y creció y se hizo árbol, y las aves del cielo anidaron en sus ramas. Y volvió a decir: ¿A qué compararé el reino de Dios? Es semejante a la levadura que una mujer tomó y escondió en tres medidas de harina hasta que todo quedó fermentado.

Pasaba Jesús por ciudades y aldeas, enseñando, mientras proseguía camino a Jerusalén. Y alguien le dijo: Señor, ¿son pocos los que se salvan? Y El les dijo: Esforzaos por entrar por la puerta estrecha, porque os digo que muchos tratarán de entrar y no podrán. Después que el dueño de la casa se levante y cierre la puerta, y vosotros, estando fuera, comencéis a llamar a la puerta, diciendo: “Señor, ábrenos”, El respondiendo, os dirá: “No sé de dónde sois.” Entonces comenzaréis a decir: “Comimos y bebimos en tu presencia, y enseñaste en nuestras calles;” y El dirá: “Os digo que no sé de dónde sois; Apartaos de mi, todos los que hacéis iniquidad.” Allí será el llanto y el crujir de dientes cuando veáis a Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, pero vosotros echados fuera. Y vendrán del oriente y del occidente, del norte y del sur, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios.

LBLA

 


Cánon de Eusebio:

Mateo Marcos Lucas Juan
13:31-32 4:30-32 13:18-19
13:33 13:20-21
9:35 6:6 13:22
7:13-14 13:23-24
7:22-23 13:25-28a
8:11-12 13:28b-29

 


Homilía por San Juan Crisóstomo (siglo IV)

 

Entrad por la puerta angosta; porque ancha es la puerta y espaciosa la senda que lleva a la perdición y son muchos los que por ella entran. Estrecha es la puerta y angosta la senda que lleva a la vida y cuan pocos son los que dan con ella (Mateo 7:13-14).

Y sin embargo, más adelante dijo: Mi yugo es suave y mi carga ligera [Mateo 11:30]. Y aun en lo que antes dijo, ya lo dio a entender. Entonces ¿cómo es que aquí llama estrecha y angosta a la senda? Si pones atención, verás que también aquí declara ser fácil y suave en gran manera. Preguntarás: ¿cómo siendo estrecha y angosta puede ser fácil? Porque es camino y es puerta; así como la otra senda, aun siendo amplia y espaciosa, es también camino. En semejantes caminos, nada permanece, sino que todo pasa: todo lo que a esta vida pertenece, ya sean cosas tristes, ya alegres y prósperas.

Ni sólo por esto es fácil la virtud, sino que se hace aún más fácil por el fin. Pues no únicamente porque los trabajos y sudores son pasajeros, sino por el buen fin y acabamiento que tienen, que es la vida eterna, han de producir consolación en los que combaten. De modo que la brevedad de los trabajos y la eternidad de la corona y el que aquéllos precedan a ésta, todo trae gran consuelo en los sufrimientos. Por eso Pablo llamó leve a la tribulación; no atendiendo a la naturaleza de lo que nos acontece, sino a la pronta voluntad de los combatientes y a la esperanza de los bienes futuros. Dice: Pues por la momentánea y ligera tribulación nos prepara un peso eterno de gloria incalculable; y no ponemos nuestros ojos en las cosas visibles, sino en las invisibles [2 Corintios 4:17-18]. Si por la esperanza de los premios vanos y perecederos parecen leves y más soportables las olas y los mares a los navegantes, las muertes y heridas a los soldados, el calor y el frío a los agricultores, y a los púgiles las frecuentes contusiones, mucho más necesario es que cuando se nos propone el cielo, los bienes inefables y los inmortales premios, nadie sienta la pena de las presentes aflicciones.

Y si alguno, a pesar de todo, todavía tiene la senda por estrecha y laboriosa, eso nace de la desidia únicamente. Pero advierte cómo también por otro camino la aligera, cuando ordena no juntarse ni mezclarse con los canes y los cerdos, y cuidarse de los seudoprofetas [Mateo 7:15] y por todos los medios nos hace solícitos. Aun eso mismo de que la llame estrecha, ayuda mucho para facilitarla; puesto que así nos amonesta a vivir vigilando. Al modo como cuando Pablo dice: No es nuestra lucha contra la carne y sangre [Efesios 6:12], lo dice no para abatir los ánimos de los combatientes, sino para mucho levantarlos, así el Señor, para despertar del sueño a los caminantes, les dice que el camino es áspero. Ni solamente así nos excita a vigilar, sino también cuando añade que hay muchos que tratan de vencernos; y que lo más grave es que no acometen abiertamente, sino a ocultas: porque así son los seudoprofetas.

Pero no te aflijas por eso, dice, de que la senda sea áspera y empinada, sino atiende en dónde termina. Y todo esto lo dice para levantar el ánimo, como lo hizo cuando decía: Y los que se hacen violencia lo arrebatan [Mateo 11:12]. Cuando el atleta entra al concurso, al darse cuenta claramente de que el jefe del certamen está mirando la lucha, se torna más diligente. No decaigamos, pues, de ánimo cuando acá nos acontezcan contrariedades y aflicciones. Pues la senda es estrecha y la puerta angosta, pero ella no es la ciudad. Por lo mismo no hemos de esperar aquí el descanso, ni tampoco hemos de temer que en aquella ciudad haya tristezas.

Al decir: Pocos son los que la encuentran [Mateo 7:14], de nuevo advierte la desidia de muchos y enseña a los oyentes a que no Se fijen en la prosperidad de esos muchos, sino en tos trabajos y empeños de los pocos. Como si dijera: muchos no sólo no entran por ese camino, pero ni siquiera lo eligen, que es el extremo de la necedad. Mas no se debe atender a la multitud ni turbarse por ellos, sino imitar a los pocos y caminar por la dicha senda, reuniéndose de todas partes en apretado haz y mutuamente aplaudiéndonos. Pues aparté de que es estrecha, hay muchos que tratan de armarnos zancadilla para que no entremos.

Homilias Sobre el Evangelio de San Mateo, Homilía LXXVI (tr. del griego por Padre Rafael Ramírez Torres, SJ)

 


Dijo aún: “Del prójimo nos viene la vida y la muerte. Porque, si ganamos al hermano, ganamos a Dios; y si escandalizamos al hermano, pecamos contra Cristo.”

– Antonio el Grande (Las Palabras de los Ancianos)

Jesús sana a la suegra de Simón (Lucas 4:37-44)

Mosaico del siglo XVI, Iglesia del Santísimo Salvador en Chora, Constantinopla (Estambul)

Mosaico del siglo XV, Iglesia del Santísimo Salvador en Chora, Constantinopla (Estambul)

Y su fama se divulgaba por todos los lugares de la región circunvecina. Y levantándose, salió de la sinagoga y entró en casa de Simón. Y la suegra de Simón se hallaba sufriendo con una fiebre muy alta, y le rogaron por ella. E inclinándose sobre ella, reprendió la fiebre, y la fiebre la dejó; y al instante ella se levantó y les servía. Al ponerse el sol, todos los que tenían enfermos de diversas enfermedades se los llevaban a El; y poniendo El las manos sobre cada uno de ellos, los sanaba. También de muchos salían demonios, gritando y diciendo: ¡Tú eres el Hijo de Dios! Pero, reprendiéndolos, no les permitía hablar, porque sabían que El era el Cristo. Cuando se hizo de día, salió y se fue a un lugar solitario; y las multitudes le buscaban, y llegaron adonde El estaba y procuraron detenerle para que no se separara de ellos. Pero El les dijo: También a las otras ciudades debo anunciar las buenas nuevas del reino de Dios, porque para esto yo he sido enviado. Y predicaba en las sinagogas de Judea.


Comentario

San Juan Crisóstomo (Constantinopla, siglo IV)

    Considera en este paso la reverencia de Pedro para con Cristo. Teniendo él a su suegra en el lecho, en casa, con alta fiebre, no llevó a Jesús a su morada, sino que esperó a que se terminara la explicación doctrinal y a que fuera sanando a todos los demás; y finalmente cuando Jesús entró en su casa entonces le rogó. De este modo Cristo le iba enseñando a posponer los negocios de los demás a los propios.

    De manera que no fue Pedro quien introdujo a Jesús en la casa, sino fue Jesús quien espontáneamente penetró en ella. Y esto después de que el centurión le había dicho: Señor, yo no soy digno de que entres bajo mi techo [Mateo 8:8]. Declaró con eso cuan grato le era el discípulo. Considera qué clase de viviendas eran las de los pescadores; pero Cristo no tuvo a menos entrar en ellas, para enseñarnos a pisotear todo fausto humano.

Homilías Sobre el Evangelio de San Mateo, Homilia XXVII (tr. del griego por Padre Rafael Ramírez Torres, SJ)

(http://www.clerus.org/bibliaclerusonline/es/ev5.htm)