“Pero yo os digo que Elías ya ha venido” (Marcos 9:10-16)

La predicazione di San Giovanni Battista nel deserto, Massimo Stanzione (italiano, 1634)

La predicazione di San Giovanni Battista nel deserto, Massimo Stanzione (italiano, 1634)

Y se guardaron para sí lo dicho, discutiendo entre sí qué significaría resucitar de entre los muertos. Y le preguntaron, diciendo: ¿Por qué dicen los escribas que Elías debe venir primero? Y El les dijo: Es cierto que Elías, al venir primero, restaurará todas las cosas. Y, sin embargo, ¿cómo está escrito del Hijo del Hombre que padezca mucho y sea despreciado? Pero yo os digo que Elías ya ha venido, y le hicieron cuanto quisieron, tal como está escrito de él.

Cuando volvieron a los discípulos, vieron una gran multitud que les rodeaba, y a unos escribas que discutían con ellos. Enseguida, cuando toda la multitud vio a Jesús, quedó sorprendida, y corriendo hacia El, le saludaban. Y El les preguntó: ¿Qué discutís con ellos?

 

LBLA

 


Cánon de Eusebio:

Mateo Marcos Lucas Juan
9:10
17:10-13 9:11-13
9:14-16

 


Comentario

 

Le preguntaron los discípulos: ¿Cómo, pues, dicen los escribas que Elías tiene que venir primero? (Mateo 17:10).

De modo que esto ellos no lo sabían por las Escrituras, sino que así lo contaban los escribas, y semejante opinión corría entre el vulgo, lo mismo que acerca de Cristo. Por eso decía la samaritana: Yo sé que el Mesías está por venir y que cuando venga nos hará saber todas las cosas [Juan 4:25]. Y los judíos preguntaban al Bautista: ¿Eres tú Elías o uno de los profetas? [Juan 1:21] Pues como ya dije, semejante opinión acerca de Elías y de Cristo andaba muy valida; sino que ellos no la interpretaban correctamente. Porque la Escritura refiere dos venidas de Cristo: la que ya be verificó y la que está por venir. A ambas se refiere Pablo cuando dice: Porque se ha manifestado la gracia salutífera de Dios a todos los hombres, enseñándonos a negar la impiedad y los deseos del mundo, para que vivamos sobria, justa y piadosamente en este siglo. Aquí tenemos la primera venida. Pero oye cómo declara luego la otra: Con la bienaventurada esperanza en la manifestación gloriosa del gran Dios y Salvador nuestro Cristo Jesús [Tito 2:13].

También los profetas hablan de ambas venidas; y de una de ellas, que es la segunda, dicen que tendrá como Precursor a Elías. Precursor de la primera fue el Bautista, al cual Cristo lo llamaba Elías, no porque fuera Elías, sino porque tenía un ministerio como el de Elías. Pues así como Elías será precursor de la segunda venida, así Juan lo fue de la primera. Pero los escribas, confundiéndolo todo y pervirtiendo la opinión popular, se fijaron únicamente en Elías, el Precursor de la segunda venida; y así decían al pueblo: “Si éste fuera el Cristo, debía haberlo precedido Elías.”  Y este fue el motivo de que los discípulos preguntaran: ¿Cómo es, pues, que los escribas dicen que Elías ha de venir primero?

Por la misma causa los fariseos enviaron mensajeros al Bautista para preguntarle: ¿Eres tú Elías o uno de los profetas? [Juan 1:21] sin mencionar la primera venida. ¿Cómo resolvió Cristo la cuestión? Respondiendo que Elías ciertamente vendrá antes de su segunda venida; pero que ya vino también, llamando así al Bautista. Como si dijera: Juan vino ya como vendrá Elías; pero si preguntáis del Tesbita, ese ya vendrá. Y por esto dijo: Elías vendrá y restablecerá todo. ¿Qué es ese todo? Lo que dijo el profeta Malaquías: He aquí que yo enviaré a Elías Tesbita, el profeta, antes que venga el día de Yavé, grande y terrible. El convertirá el corazón de los padres a los hijos, no sea que venga yo y entregue la tierra toda al anatema [Malaquías 4:5-6 LXX]*

¿Observas la exactitud de la predicción profética? Como Cristo había llamado Elías a Juan, a causa del parecido en el ministerio, a fin de que no pensaras que éste era también el que el profeta predecía, notó la patria añadiendo el Tesbita. Ahora bien: el Bautista no era Tesbita. Además el profeta añadió otra cosa notable cuando dijo: No sea que venga yo y entregue la tierra toda al anatema, con lo que declaró lo terrible del segundo advenimiento. Porque en el primero no vino a entregar la tierra al anatema. Pues él mismo dice: No he venido a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo [Juan 12:47]. De modo que esto lo dice aludiendo al Tesbita que ha de aparecer antes de la venida de Cristo para el juicio. Y añade el motivo por el que vendrá. ¿Cuál es? Para inducir a los judíos a creer en Cristo, no sea que cuando El llegue perezcan todos en absoluto. Y Cristo, recordando esas cosas, dice: Restablecerá todo [Mateo 17:11]. O sea que enmendará la incredulidad de los judíos que para entonces queden; de modo que se expresó exactísimamente. Porque no dijo el profeta: Convertirá el corazón de los hijos a los padres, sino de los padres para con sus hijos. Siendo los judíos los padres de los apóstoles, eso significa que convertirá el corazón de los judíos a los dogmas y enseñanzas de los apóstoles; o sea que convertirá a ellos el linaje judaico.

Sin embargo, yo os digo: Elías ya vino y no lo reconocieron; antes hicieron con él lo que quisieron. De la misma manera el Hijo del hombre tiene que padecer de parte de ellos. Entonces entendieron los discípulos que les hablaba de Juan el Bautista [Mateo 17:12-13].

Aunque esto no lo decían ni los escribas ni la Escritura, sin embargo, los discípulos por estar ya más despiertos y poner mayor atención a lo que se les decía, pronto lo entendieron. ¿Por dónde vinieron a entenderlo? Ya les había dicho: El es Elías que está a punto de venir [Mateo 11:14]; luego les dice: Ya vino; y de nuevo: Elías vendrá y restablecerá todo. No te turbes ni vayas a sospechar que hay contradicción en lo que dice cuando afirma ahora que ya vino, ahora que está por venir. Todo ello es verdad. Porque cuando dice que Elías vendrá y restablecerá todo, habla del mismísimo Elías y de la futura conversión de Israel. Y cuando dice: El es el que va a venir, dice que Juan es Elías a causa de lo parecido del ministerio.

Del mismo modo los profetas a cualquier rey esclarecido lo llaman David; y a los judíos los llaman príncipes de los sodomitas [Isaías 1:10] y también hijos de los etíopes [Amós 9:7]; y lo hacen por la semejanza de costumbres. Porque así como Elías será Precursor en la segunda venida, así lo fue Juan en la primera. Ni es ésta la única razón de que a Juan lo llame Elías, sino también para manifestar su pleno acuerdo con la Ley Antigua, y que lo de su segundo advenimiento es una verdadera profecía. Por esto añade: Vino y no lo reconocieron, antes hicieron con él lo que quisieron [Mateo 17:12]. Pero ¿qué significa: lo que quisieron? Es decir, lo encarcelaron, lo afrentaron, lo mataron, trajeron en una bandeja su cabeza. Y así de la misma manera el Hijo del hombre tiene que padecer de parte de ellos [Mateo 17:12].

¿Adviertes cómo oportunamente les trae a la memoria su Pasión, y los consuela grandemente con lo de la Pasión de Juan? Ni lo hizo únicamente por este capítulo, sino haciendo enseguida grandes milagros. Cuando habla de su Pasión, al punto obra prodigios; y lo mismo hace antes y después de hablar de ella, como con frecuencia se observa. Pues dice el evangelista: Desde entonces comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y ser muerto y padecer mucho [Mateo 16:21]. Entonces. ¿Cuándo? Cuando ya quedó claro ser él el Cristo e Hijo de Dios. Y también en el monte cuando les puso delante aquella visión admirable en la que los profetas hablaban de su gloria, El les recordó su Pasión. Porque Juan, una vez que refirió la historia del hecho, añade: Así el Hijo del hombre ha de padecer de parte de ellos.

Y no mucho después, cuando echó el demonio que los discípulos no habían podido expulsar, cuando volvía a Galilea, dijo Jesús, según narra el evangelio: El Hijo del hombre tiene que ser entregado en manos de hombres pecadores que lo matarán, y al tercer día resucitará [Mateo 17:23]. Procedía así con el objeto de que la magnitud de los milagros disminuyera el exceso del dolor y del todo los consolara; así como ahora, trayéndoles al recuerdo la muerte de Juan, los consoló grandemente. Y si alguno preguntara ¿por qué ahora no resucita a Elías y lo envía, siendo así que tantos y tan grandes beneficios testifican su venida? Respondemos que fue porque aún ahora, creyendo ellos que Jesús era Elías, sin embargo no se convirtieron. Porque dicen los discípulos: Unos dicen que eres Elías, otros que Jeremías [Mateo 16:14]. Entre Juan y Elías no había diferencia sino del tiempo.

Preguntarás: entonces ¿cómo después sí creerán? Ciertamente Elías lo restablecerá todo, no únicamente porque se le reconocerá, sino porque la gloria de Cristo que se extenderá en gran manera y se aumentará, hasta aquel día, brillará más espléndida que el sol. De modo que cuando él venga, habiendo ya precedido tan grande estima y expectación, predicando io mismo y anunciando a Jesús, más fácilmente aceptarán sus palabras. Y cuando dice no lo reconocieron [Lucas 12:24], parece en cierto modo excusarlos; y los consuela no únicamente de este modo, sino además demostrando que El padecerá injustamente; y también como ocultando esas cosas tristes con dos milagros: el que hizo en el monte y el que hará enseguida.

Después de oírlo, ya no le preguntan cuándo vendrá Elías, ya fuera por la tristeza de la futura Pasión, ya porque se apoderó de ellos el temor. Pues con frecuencia, cuando advierten que El no quiere hablar claramente, ellos callan. Así pues, como estando en Galilea les dijera: El Hijo del hombre tiene que ser entregado y le darán muerte, y al tercer día resucitará, el evangelista añade: Y se pusieron muy tristes [Mateo 17:22-23]. Así lo dan a entender dos evangelistas. Marcos dice: Y ellos no entendían esas osas, pero temían preguntarle [Marcos 9:32]. Y Lucas: Pero ellos no sabían lo que significaban aquellas palabras, que estaban veladas, de manera que no las entendieron, y temían preguntarle sobre ellas [Lucas 9:45].

– San Juan Crisóstomo (Constantinopla, siglo IV), Homilías Sobre el Evangelio de San MateoHomilía LVII

 

* Crisóstomo está citando la versión de la Septuaginta de de Malaquías.  el Texto Masorético omite la referencia a Elías como Tesbita [Malaquías 4:5].

 


Por esta causa te dejé en Creta, para que pusieras en orden lo que queda, y designaras ancianos*en cada ciudad como te mandé, esto es, si alguno es irreprensible, marido de una sola mujer, que tenga hijos creyentes, no acusados de disolución ni de rebeldía. Porque el obispo debe ser irreprensible como administrador de Dios, no obstinado, no iracundo, no dado a la bebida, no pendenciero, no amante de ganancias deshonestas, sino hospitalario, amante de lo bueno, prudente, justo, santo, dueño de sí mismo, reteniendo la palabra fiel que es conforme a la enseñanza, para que sea capaz también de exhortar con sana doctrina y refutar a los que contradicen. Porque hay muchos rebeldes, habladores vanos y engañadores, especialmente los de la circuncisión, a quienes es preciso tapar la boca, porque están trastornando familias enteras, enseñando, por ganancias deshonestas, cosas que no deben. Uno de ellos, su propio profeta, dijo: Los cretenses son siempre mentirosos, malas bestias, glotones ociosos. Este testimonio es verdadero. Por eso, repréndelos severamente para que sean sanos en la fe, no prestando atención a mitos judaicos y a mandamientos de hombres que se apartan de la verdad. Todas las cosas son puras para los puros, mas para los corrompidos e incrédulos nada es puro, sino que tanto su mente como su conciencia están corrompidas. Profesan conocer a Dios, pero con sus hechos lo niegan, siendo abominables y desobedientes e inútiles para cualquier obra buena. Pero en cuanto a ti, enseña lo que está de acuerdo con la sana doctrina.

(2 Timoteo 4:9-22, LBLA)

 

 

Las lecturas tomadas del Leccionario de la Iglesia Ortodoxa de 18 de diciembre 2014

 
 

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“Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz, y sígame” (Marcos 8:30-34)

La letra "nun" en árabe, puesta por extremistas en casas cristianas en Irak para identificarlas

La letra “nun” en árabe, puesta por extremistas en casas cristianas en Irak para identificarlas

Y El les advirtió severamente que no hablaran de El a nadie.

Y comenzó a enseñarles que el Hijo del Hombre debía padecer muchas cosas, y ser rechazado por los ancianos, los principales sacerdotes y los escribas, y ser muerto, y después de tres días resucitar. Y les decía estas palabras claramente. Y Pedro le llevó aparte y comenzó a reprenderlo. Mas El volviéndose y mirando a sus discípulos, reprendió a Pedro y le dijo: ¡Quítate de delante de mí, Satanás!, porque no tienes en mente las cosas de Dios, sino las de los hombres.

Y llamando a la multitud y a sus discípulos, les dijo: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz, y sígame.

 

LBLA*

 

Ve el comentario sobre 8:34, “niéguese a sí mismo, tome su cruz, y sígame”

 


Cánon de Eusebio:

Mateo Marcos Lucas Juan
16:20-21 8:29-32a 9:21-22
16:22-23 8:32b-33
16:24-26 8:34-37 9:23-25

 


Comentario

 

Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame (Mateo 16:24).

 

Entonces. ¿Cuándo? Después de que Pedro había dicho: No quiera Dios que esto suceda, y había oído aquel Retírate de mí, Satanás. No le pareció suficiente a Jesús con increpar a Pedro; sino que anhelando demostrar con abundancia lo absurdo de sus palabras y la utilidad que de su Pasión se seguiría, dijo: “Tú, Pedro, me dices: ‘No quiera Dios que esto suceda;’ mas Yo te digo que no sólo sería dañoso para ti el impedirme padecer, aun cuando te pese mi Pasión, sino que ni siquiera podrías alcanzar tu salvación, si tú mismo no estás preparado para morir.” Y para que no pensara que el padecer era indigno de Cristo, no sólo con las anteriores palabras, sino también con las que siguen, le enseña la utilidad de su Pasión.

En Juan dice: Si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, quedará solo; pero si muere, llevará mucho frutos [Juan 12:24]. Pero ahora, tratando más largamente del asunto, habla no únicamente de su acabamiento por la muerte, sino que extiende la doctrina a sus discípulos. Como si les dijera: “tan grande es la ganancia de la Pasión que si vosotros no queréis morir, os será perjudicial; mas sucederá lo contrario si estáis preparados para ese bien.” Así lo declara con lo que sigue. Pero ahora lo examina por un solo lado. Observa cómo impone una obligación estricta. Pues no dice: “Queráis o no, es necesario que padezcáis semejante Pasión.” Sino ¿qué es lo que dice? Si alguno quiere venir en pos de mí. No lo obligo; no le impongo una necesidad; lo dejo al arbitrio de cada uno. Y por esto digo: Si alguno quiere. Os invito a bienes y no a males, ni a cosas difíciles, ni a suplicios y penas, para que fuera necesario obligaros. La naturaleza misma de la cosa es suficiente para atraer. Y con decirles esto, más los animaba. Quien pone obligación, con frecuencia más bien aparta de la obra; pero quien la deja al arbitrio del oyente, más lo atrae. Puesto que más fuerza tiene la simple exposición de la empresa que no la violencia Por eso les decía: Si alguno quiere. Como si les dijera: “Grandes son los bienes que os ofrezco, y tales que espontáneamente se corre hacia ellos.”

A la verdad, si alguno ofreciera oro y un tesoro tal vez, no llamaría con violencia. Pues si a esas cosas se va sin violencia, mucho más se irá a los bienes celestes. Si la naturaleza misma de la cosa no te persuade a que corras a ella, ya no eres digno de recibirla; y si la recibes, no sabrás apreciar lo que recibes. Por eso Cristo no obliga, sino exhorta y es indulgente con nosotros. Y como los discípulos murmuraban mucho, comentando lo dicho y se turbaban, les dice: “No es el caso de turbarse y comentar. Si creéis que lo que dije, si os aconteciere, no es fuente de bienes innumerables, yo no os obligo, no os hago violencia, solamente invito al que quiera.”

“No penséis que seguirme es hacer eso que ahora hacéis al seguirme. Necesitaréis de muchos trabajos y pasar por muchos peligros, si habéis de seguirme. No por haberme confesado ahora, oh Pedro, vayas a pensar que sólo te esperan coronas y que con solo pensar lo que has pensado te basta para la salvación y que en adelante has de vivir contento como si ya todo estuviera acabado. Como Hijo de Dios que soy, puedo eximirte de experimentar los males, pero por bien tuyo no quiero hacerlo, para que tú pongas algo de tu parte y así seas mejor probado.” Ningún Prefecto de juegos, cuando estima mucho a un atleta quiere coronarlo gratis, sino que anhela que éste lo gane con su propio trabajo, sobre todo porque lo estima. Así Cristo quiere que aquellos a quienes especialmente ama brillen con su propio mérito y por sola su gracia.

Advierte, además, cómo hace un discurso en nada pesado. Puesto que no circunscribe los males a solos los discípulos, sino que, extendiendo su enseñanza a todo el orbe, dice: Si alguno quiere, ya sea mujer o varón, príncipe o súbdito, quienquiera que por este camino echare. Al parecer dice una sola cosa, pero en realidad son tres: negarse a sí mismo, tomar su cruz, seguirlo. Junta dos cosas, en tanto que la otra la pone aparte. Veamos en primer lugar qué sea negarse a sí mismo. Pero ante todo qué sea negar a otro. Y así sabremos qué sea negarse a sí mismo. Quien niega a otro, ya sea su hermano o su criado u otro cualquiera, no se presenta, no lo auxilia, no se entristece, no se aflige, puesto que se trata de uno que le es extraño.

Quiere, pues, Cristo que en esa forma, es decir, en forma alguna, perdonemos a nuestro cuerpo; de modo que aún cuando lo azoten, lo empujen, lo quemen o le hagan otra cosa cualquiera no lo perdonemos. Porque esto es verdaderamente perdonarlo. Así los padres, cuando entregan sus hijos a los maestros, es cuando verdaderamente los perdonan, advirtiendo al profesor que nada les perdone a los niños. Así, Cristo no dijo que no se perdone uno a sí mismo, sino lo que es más duro: Niegúese a sí mismo. Es decir, que sea para sí como un extraño, de manera que se entregue a los peligros y certámenes, y esté en tal disposición como si fuera otro el que padeciera. No dijo simplemente “negarse” [ἀρνεῖσθαι], sino “abnegarse” [ἀπαρνεῖσθαι].* Y con este pequeño aditamento da a la sentencia una gran fuerza. Porque abnegarse es mucho más que simplemente negarse.

Y tome su cruz. Es una consecuencia de lo anterior. No vayas a pensar que conviene abnegarse únicamente cuando se trate de palabras, injurias y oprobios. Por eso dice hasta dónde conviene negarse a sí mismo: es decir hasta la muerte, y muerte la más oprobiosa. Y para significarlo no dijo: “niegúese a sí mismo hasta la muerte”, sino tome su cruz, o sea hasta la muerte más vergonzosa; y no una ni dos veces, sino por toda la vida. Como si dijera: lleva contigo perpetuamente semejante muerte y permanece cada día dispuesto a morir. Puesto que muchos despreciaron las riquezas, los placeres, la gloria, pero no despreciaron la muerte, sino que tuvieron temor a los peligros, Yo, dice Cristo, quiero que mi atleta luche hasta la muerte y que soporte el certamen hasta derramar su sangre. De modo que conviene llevar con fortaleza la muerte, si es necesario morir, y aun la muerte más oprobiosa y execrable, y aunque sea por vanas sospechas: y en tales casos grandemente gozarse.

Y sígame. Como puede suceder que el que padece no siga a Cristo, no padece por El (así como los ladrones, los robadores de sepulcros, los hechiceros sufren y graves padecimientos), para que no creas que basta con soportar los dolores, añadió el motivo de soportarlos. ¿Cuál es? Que al sufrir todo eso, vayas en seguimiento de Cristo y por causa de El lo padezcas y así ejercites todas las virtudes. Porque eso significa: Sígame. De manera que no sólo demuestres fortaleza de ánimo en los padecimientos, sino además continencia, equidad y toda clase de virtudes. Esto es seguir a Cristo como conviene: procurar las demás virtudes y padecer por El todo Hay quienes siguen al demonio y padecen las mismas cosas y por él aceptan la muerte; pero nosotros lo hacemos por Cristo y aun por nosotros mismos y por nuestro bien. Ellos lo hacen dañándose a sí mismos aquí y en la otra vida; pero nosotros lo hacemos para lucrar ambas vidas.

Entonces ¿cómo no sería el colmo de la desidia el no tener tan gran fortaleza cuanta muestran esos que perecen, cuando vamos a recibir tantas coronas? Y eso que a nosotros nos auxilia Cristo y a ellos nadie. Por otra parte, este fue el precepto que dio Cristo a los apóstoles cuando los envió a misión, di-ciéndoles: No vayáis a los gentiles [Mateo 10:5]. Os envío como ovejas en medio de lobos [Mateo 10:16, Lucas 10:3]. Seréis llevados a los gobernadores y reyes? [Mateo 10:18] Pero ahora lo enunció más solemnemente y con mayor reciedumbre. Porque entonces hablaba sólo de la muerte, mientras que aquí menciona la cruz y una cruz perpetua. Puesto que dice: Tome su cruz, es decir: llévela siempre.**

Tenía Cristo por costumbre poner los mandatos más importantes no al principio y como exordio de sus discursos, sino poco a poco y sin sentir, a fin de que los oyentes no se perturbaran con lo duro de las cosas. Aquí, como lo que decía parecía ser cosa difícil y molesta, observa cómo la hace fácil en lo que sigue, estableciendo premios superiores a los trabajos. Y no sólo premios, sino además castigos para los perversos. Y en los castigos se detiene más que en los premios, porque a muchos los hace prudentes más la amenaza de los castigos que los bienes del premio.

– San Juan Crisóstomo (Constantinopla, siglo IV), Homilías Sobre el Evangelio de San MateoHomilía LV

 

* “No dijo simplemente ‘negarse’ [ἀρνεῖσθαι], sino ‘abnegarse’ [ἀπαρνεῖσθαι].”  El griego del Mateo 16:24, Marcos 8:34 y Lucas 8:34 por niéguese a sí mismo tiene la palabra ἀπαρνέομαι – “abnegarse” – que es algo mas fuerte que simplemente negarse, aunque todas las traducciones parecen utilizar la palabra “negarse” y no “abnegarse”.

 


Procura venir a verme pronto, pues Demas me ha abandonado, habiendo amado este mundo presente, y se ha ido a Tesalónica; Crescente se fue a Galacia y Tito a Dalmacia. Sólo Lucas está conmigo. Toma a Marcos y tráelo contigo, porque me es útil para el ministerio. Pero a Tíquico lo envié a Efeso. Cuando vengas, trae la capa que dejé en Troas con Carpo, y los libros, especialmente los pergaminos. Alejandro, el calderero, me hizo mucho daño; el Señor le retribuirá conforme a sus hechos. Tú también cuídate de él, pues se opone vigorosamente a nuestra enseñanza. En mi primera defensa nadie estuvo a mi lado, sino que todos me abandonaron; que no se les tenga en cuenta. Pero el Señor estuvo conmigo y me fortaleció, a fin de que por mí se cumpliera cabalmente la proclamación del mensaje y que todos los gentiles oyeran. Y fui librado de la boca del león. El Señor me librará de toda obra mala y me traerá a salvo a su reino celestial*. A El sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén. Saluda a Prisca y a Aquila, y a la casa de Onesíforo. Erasto se quedó en Corinto, pero a Trófimo lo dejé enfermo en Mileto. Procura venir antes del invierno. Eubulo te saluda, también Pudente, Lino, Claudia y todos los hermanos. El Señor sea con tu espíritu. La gracia sea con vosotros.

(2 Timoteo 4:9-22, LBLA)

 

* 4:18   … y me traerá a salvo a su reino celestial (LBLA). La RVR es mas cerca al griego [σώσει εἰς τὴν βασιλείαν αὐτοῦ τὴν ἐπουράνιον]: y me preservará para su reino celestial

 

Las lecturas tomadas del Leccionario de la Iglesia Ortodoxa de 16 de diciembre 2014

“¿Aún no entendéis?” (Marcos 8:11-21)

La multiplicité des pains, James Tissot (1886-1896)

La multiplicité des pains, James Tissot (1886-1896)

Entonces salieron los fariseos y comenzaron a discutir con El, buscando de El una señal del cielo para ponerle a prueba. Suspirando profundamente en su espíritu, dijo: ¿Por qué pide señal esta generación? En verdad os digo que no se le dará señal a esta generación. Y dejándolos, se embarcó otra vez y se fue al otro lado.

Y se habían olvidado de tomar panes; y no tenían consigo en la barca sino sólo un pan. Y El les encargaba diciendo: ¡Tened cuidado! Guardaos de la levadura de los fariseos y de la levadura de Herodes. Y ellos discutían entre sí que no tenían panes. Dándose cuenta Jesús, les dijo: ¿Por qué discutís que no tenéis pan? ¿Aún no comprendéis ni entendéis? ¿Tenéis el corazón endurecido? Teniendo ojos, ¿No veis? Y teniendo oídos, ¿No ois? ¿No recordáis cuando partí los cinco panes entre los cinco mil? ¿Cuántas cestas llenas de pedazos recogisteis? Y ellos le dijeron: Doce. Y cuando partí los siete panes entre los cuatro mil, ¿cuántas canastas llenas de los pedazos recogisteis? Y ellos le dijeron: Siete. Y les dijo: ¿Aún no entendéis?

 

LBLA

 


Cánon de Eusebio:

Mateo Marcos Lucas Juan
16:1 8:11 2:18
16:4 8:12-14
16:5-6 8:15 12:1
16:7-12 8:16-21

 


Comentario

 

Los discípulos, al pasar al otro lado, se habían olvidado de tomar panes. Y Jesús les dijo: Estad atentos y guardaos de la levadura de los fariseos y saduceos (Mateo 16:5-6).

¿Por qué no les dijo: Guardaos de la doctrina de los fariseos? Porque quiere traerles a la memoria los sucesos de esos días, porque conocía que ya los habían olvidado. Pero no parecía oportuno en esa ocasión simplemente echárselos en cara: tomar ocasión de lo que ellos dijeran y así increparlos hacía más llevadera la acusación.

¿Por qué no los increpó cuando ellos dijeron: De dónde vamos a sacar en el desierto tantos panes? [Mateo 15:33, Marcos 8:4] Porque esa parecía buena ocasión. Fue para no parecer que tenía ansia de hacer el milagro. Por otra parte, no quería reprenderlos delante de las turbas, ni hacer ostentación de sí mismo. En cambio ahora la acusación resulta más oportuna, pues tales se mostraban ellos tras del doble milagro. Tal es la causa de que, después del segundo milagro, los increpe y saque al medio los pensamientos de ellos. ¿Qué era lo que pensaban?: Es porque no hemos traído panes, dice el evangelista. Todavía estaban adheridos a las purificaciones judaicas y a la discriminación de alimentos; y por lo mismo los increpa Jesús con mayor vehemencia y les dice: ¿Qué pensamientos son los vuestros, hombres de poca fe? ¿Que no tenéis pan? ¿Aún no entendéis ni recordáis? Como si les dijera: Obcecado está vuestro corazón, y teniendo ojos no veis y teniendo oídos no oís [Marcos 8:17-18]. ¿Aún no habéis entendido ni recordáis los cinco panes para cinco mil hombres y cuántos canastos recogisteis? ¿De los siete panes para cuatro mil hombres cuántas espuertas recogisteis? [Mateo 16:9-10]

¿Adviertes su gran indignación? En ninguna otra parte, según parece, los increpó en tal forma. ¿Por qué lo hace? Para de nuevo desterrar la discriminación en los alimentos. Por esto anteriormente sólo les dijo: No entendéis, no comprendéis. En cambio ahora añade: Hombres de poca fe, increpándolos con vehemencia. Porque no siempre conviene echar mano de la mansedumbre. Así como antes les había infundido confianza, así ahora los increpa, siempre buscando con esta variedad su salud espiritual. Pero observa cómo al mismo tiempo que los increpa, les muestra su gran mansedumbre. Pues enseguida, como justificándose de haberlos reprendido con aspereza, les dice: ¿Aún no habéis entendido ni os acordáis de los cinco panes para cinco mil hombres y cuántos canastos recogisteis? ¿Ni de los siete panes para los cuatro mil hombres y cuántas espuertas recogisteis? Recuerda el número así de los que comieron como de los sobrantes, tanto para traerles a la memoria los milagros pasados, como para hacerlos más atentos a los que van a seguirse.

Y para que veas cuánto pudo aquella increpación y cómo despertó la mente soñolienta de los discípulos, oye lo que dice el evangelista. Pues como Cristo nada más dijera, sino solamente los hubiera increpado, añadiendo: ¿Cómo no habéis entendido que no os hablaba del pan? Guardaos digo del fermento de los fariseos y saduceos, el evangelista prosigue: Entonces cayeron en la cuenta de que no les había dicho que se guardaran del fermento del pan, sino de la doctrina de los fariseos y saduceos [Mateo 16:12]; aunque él claramente los increpó para eso.

Considera cuántos bienes se siguieron de esa increpación. Pues por una parte los retrajo de las observancias judaicas; por otra, como ellos antes estuvieran soñolientos los volvió más atentos y los fortificó en la fe, de manera que no teman ni se atemoricen si les acontece tener pocos panes, ni se afanen por cuidarse del hambre, sino que desprecien todas las cosas. En consecuencia, tampoco nosotros querramos adular a los súbditos y caerles bien siempre, ni querramos que quienes nos gobiernan nos den continuamente gusto en todo. El alma humana necesita de ese doble remedio. Y este es el motivo por el que Dios administra así las cosas humanas, procediendo a veces de un modo y a veces de otro, sin permitir que los bienes ni los males sean inmutables.

Así como unas veces es de día y otras es de noche, y unas veces hay invierno y otras verano, así en las cosas humanas: unas veces hay alegría y otras tristeza; unas veces enfermedad y otras salud. No nos espantemos, pues, si caemos enfermos, siendo así que aún deberíamos admirarnos de estar con salud. No nos turbemos cuando nos aprieta el dolor, pues aun al tiempo en que gozamos, lo conveniente sería que nos perturbáramos. En conclusión: todo viene según el orden natural de las cosas. ¿Cómo puedes admirarte de que así suceda cuando vemos que aún a los santos iguales cosas les han acontecido?

Y para que lo comprendas ¡ea! ¡traigamos al medio la vida de alguno que tú pienses estar más lejos de los negocios y más lleno de delicias! ¿Te parece que examinemos desde el principio la vida de Abrahán? ¿Qué fue lo primero que se le ordenó?: Sal de tu tierra y de tu parentela [Genesis 12:1] ¿Observas cómo semejante mandato está pleno de dolor? Pues advierte cómo se le sigue una prosperidad: Y ve a la tierra que yo te mostraré Yo te haré un gran pueblo. Y ¿qué sucedió? ¿Acaso una vez que llegó a la tierra aquella y tomó puerto ahí, ya no hubo más tristezas? De ninguna manera. Cayó en cosas más amargas: hambre, peregrinación, rapto de su mujer. Mas luego hubo bienes de nuevo: el castigo del Faraón, el salir libre, el honrarlo aquéllos con dones abundantes y el retorno a su casa. Y en fin, todo lo que sigue es una cadena de bienes y de males, entremezclados.

También a los apóstoles acontecieron cosas semejantes. Por esto Pablo decía: El que nos consuela en todas nuestras tribulaciones para que podamos consolar nosotros a todos los atribulados [2 Corintios 1:4]. Dirás: “Pero a mí eso ¿qué me importa, pues vivo en perpetuo dolor?” No seas malagradecido ni olvides los beneficios. No es posible que alguien viva solamente en perpetuos dolores, pues la naturaleza no lo podría tolerar. Porque quisiéramos vivir en perpetuo gozo, creemos que vivimos en perpetuo dolor. Y no es este el único motivo, sino que al punto nos olvidamos de las cosas buenas y de la prosperidad, mientras que, por el contrario, continuamente nos acordamos de lo que aflige; y por esto decimos que pasamos la vida en perpetuo dolor.  Si os place, examinemos la vida de quien la pasa entre continuas delicias; es decir, la de un hombre delicado, que tiene abundancia de todo, sin aflicciones, sin tristezas, sin molestias. Os probaremos que ni éste está del todo libre del dolor, ni aquel otro de alguna tranquilidad. Pero no os conturbéis.

Veamos a un esclavo y a un rey joven y a un pupilo que ha logrado una enorme herencia. Consideremos a un operario que todo el día trabaja y a otro que vive en continuos placeres. ¿Te parece que ante todo describamos los dolores del que vive entre continuos placeres? Pues considera cuánto es necesario que se agite y fluctúe al anhelar una gloria mayor que la que puede alcanzar; y cuando lo desprecian sus criados; y cuando los inferiores lo injurian; y cuando ve que tiene infinitos acusadores que lo calumnian acerca de que hace gastos enormes; y cuando le acontecen infinitas otras cosas que suelen acaecer en medio de la abundancia de riquezas, como son las enemistades, los enojos, las acusaciones y reproches, los daños, la cantidad de asechanzas de parte de los envidiosos que no pudiendo apoderarse de sus riquezas, por todas partes lo acometen, lo desgarran y le levantan infinitas tempestades.

¿Quieres que ahora te enumere los deleites de aquel obrero mercenario? Se halla libre de todo lo dicho. Aun cuando alguno lo injurie, no se duele; a nadie teme ni tiene por superior a él; no tiembla por causa de las riquezas; toma con placer sus alimentos, duerme gozoso. No se alegran como él los que beben el vino de la isla de Tasos, cuando va a las fuentes de agua para beber de sus raudales. Cierto que no es como ésta la condición del que antes dijimos. Pero, si aún no estás satisfecho, para quedar yo más victorioso ¡ea! comparemos al rey que yo decía con el esclavo. Verás con frecuencia a éste saltar de gozo, jugar, mientras el otro, adornado de púrpura y diadema, anda triste y comido de infinitos cuidados y muerto de miedo.

Porque en conclusión, ¡no se puede! ¡no, no se puede encontrar una vida sin dolor ni tampoco privada en absoluto de algún placer! Pues, como ya lo dije, no podría la naturaleza nuestra soportar eso. Que uno goce más que otro, se duela más que otro, eso nace del mismo que vive en el dolor porque es de poco ánimo, pero no de la naturaleza de las cosas. Si queremos gozarnos con frecuencia, muchas ocasiones tenemos. Desde luego, si nos dedicamos a la virtud, ya nada podrá causarnos dolor. Pues la virtud es causa en el alma de la buena esperanza en quien la ejercita; lo hace agradable a Dios y bien visto de los hombres y nos aporta un inefable gozo. Si la virtud es trabajosa en su ejercicio, pero está llena la conciencia de abundante alegría, pone en lo interior tanto gozo cuanto no puede explicarse. Porque ¿qué es lo que en la vida presente parece más deleitable? ¿La mesa opípara, la buena salud corporal, la gloria, las riquezas? Pues bien: si eso que te parece agradable lo comparas con la virtud, encontrarás ser lo más amargo de todo. Porque nada hay más dulce que la buena conciencia y la buena esperanza.

Si queréis todavía mejor comprenderlo, vayamos a un moribundo o a un anciano. Recordémosle las mesas opíparas bien abastecidas que tuvo, y la gloria y los honores, y las buenas obras que practicó durante su vida; y preguntémosle de cuáles más se goza. Observaremos que de aquellas primeras se ruboriza y avergüenza, mientras que de estas últimas se regocija y alegra. Así el rey Ezequías, cuando cayó enfermo, no recordó la gloria, ni el reino, ni la mesa suculenta, sino su justicia: Acuérdate, dice, o Señor, de que he andado en tu presencia [2 Reyes 20:3]. Mira cómo también Pablo se regocija por lo mismo y exclama: He combatido el buen combate, he terminado mi carrera, he guardado la fe? [2 Timoteo 4:7] Preguntarás: “Pero ¿qué otras cosas podía enumerar Pablo?” Muchas otras: honores, greyes de amigos, muchos servidores.

¿No lo oyes que dice: Me recibisteis como a un ángel del Señor, como a Cristo Jesús; y si hubiera sido posible os habríais arrancado los ojos y me los habríais dado? [Gálatas 4:14,15] Y además, que expusieron su cabeza por salvarle la vida [Romanos 16:4]. Pero nada de eso alega, sino únicamente sus trabajos, sus peligros y los triunfos en esa materia conseguidos. Y con razón. Pues aquellas otras cosas aquí se quedan; pero éstas van con nosotros. De aquéllas tendremos que dar razón; de estas otras .esperamos recompensa. ¿Ignoráis acaso cómo los pecados afligirán al alma en aquel último día y cómo punzarán el corazón? Pero entonces el recuerdo de las buenas obras, a la manera de una bonanza en plena tempestad, consolarán al alma en su turbación. Si vigilamos y vivimos con sobriedad, durante la vida toda nos acompañará ese santo temor; pero como vivimos descuidados, se nos echará encima cuando salgamos de aquí. El encadenado más se duele cuando lo sacan y carean con los jueces; entonces más tiembla, cuando se acerca al tribunal, cuando ha de dar razón de sus hechos.

Por eso muchos cuentan horrendas visiones que en semejante ocasión se les presentaron; y no pudiendo soportarlas los moribundos, tendidos en el lecho, se sacuden grandemente con ímpetu; y a los presentes los miran con torvas miradas, porque interiormente el alma se agita y no quiere apartarse del cuerpo ni puede soportar la presencia de los ángeles que se acercan. Si cuando vemos a hombres temibles temblamos, cuando veamos a los ángeles amenazantes y a las tremendas Potestades ¿qué no sufriremos, arrancada ya el alma del cuerpo y doliéndose grandemente, pero en vano? Porque aquel rico del evangelio, Epulón, una vez que hubo muerto lloró, lloró mucho; pero no le sirvió.

Imaginando, pues, todo esto y meditándolo, guardemos el santo temor para que no padezcamos otro tanto y para que escapemos de aquel eterno suplicio y consigamos los bienes eternos, por gracia y benignidad de nuestro Señor Jesucristo, a quien con el Padre sea la gloria, juntamente con el santo y vivificante Espíritu, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

 

– San Juan Crisóstomo (siglo IV), Homilías Sobre el Evangelio de San MateoHomilía LIII

 


Ahora bien, en una casa grande no solamente hay vasos de oro y de plata, sino también de madera y de barro, y unos para honra y otros para deshonra. Por tanto, si alguno se limpia de estas cosas, será un vaso para honra, santificado, útil para el Señor, preparado para toda buena obra. Huye, pues, de las pasiones juveniles y sigue la justicia, la fe, el amor y la paz, con los que invocan al Señor con un corazón puro. Pero rechaza los razonamientos necios e ignorantes, sabiendo que producen altercados. Y el siervo del Señor no debe ser rencilloso, sino amable para con todos, apto para enseñar, sufrido, corrigiendo tiernamente a los que se oponen, por si acaso Dios les da el arrepentimiento que conduce al pleno conocimiento de la verdad, y volviendo en sí, escapen del lazo del diablo, habiendo estado cautivos de él para hacer su voluntad.” (2 Timothy 2:20–26, LBLA)

 

Las lecturas tomadas del Leccionario de la Iglesia Ortodoxa de 14 de diciembre 2014

“¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero y perder su alma?” (Marcos 8:34-9:1)

Vocazione di san Matteo(La vocación de San Mateo, Michelangelo Merisi da Caravaggio (italiano, 1599-1600)

Vocazione di san Matteo (La vocación de San Mateo), Caravaggio (italiano, 1599-1600)

Y llamando a la multitud y a sus discípulos, les dijo: Si alguno quiere venir en pos de Mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz, y sígame. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por causa de Mí y del evangelio, la salvará. Pues, ¿de qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero y perder su alma? Pues ¿qué dará un hombre a cambio de su alma? Porque cualquiera que se avergüence de Mí y de Mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, el Hijo del Hombre también se avergonzará de Él, cuando venga en la gloria de Su Padre con los santos ángeles. Y les decía: En verdad os digo que hay algunos de los que están aquí que no probarán la muerte hasta que vean el reino de Dios después de que haya venido con poder.

 

Comentario por San Juan Crisostomo (siglo IV):


    ¿Qué dará el hombre a cambio de su alma?

    Insiste en lo mismo. Como si dijera: ¿tienes acaso otra alma que des a cambio de la tuya? Si pierdes tus riquezas, las puedes suplir con otras; y lo mismo si pierdes tu casa o tus esclavos u otra cualquiera posesión que tengas. Pero si pierdes tu alma no podrás dar otra. Aun cuando poseas el mundo y seas rey del universo; aunque pongas en la balanza todas las cosas del orbe y al orbe mismo íntegro, no puedes redimir una sola alma.

    Pero ¿es acaso admirable que así suceda respecto del alma, cuando aun en las corporales cosas lo mismo se puede observar? Aun cuando estés con mil diademas coronado, si tu cuerpo estuviere enfermo de una dolencia incurable, no lograrías, ni aun dando de regalo todo el reino, alcanzar la salud; y esto aun cuando añadieras otros muchos cuerpos y ciudades y riquezas. Pues piensa lo mismo acerca de tu alma; y con mayor razón tratándose del alma. Dejando, pues, todo lo demás, ocúpate de ella con todas tus fuerzas. No te preocupes de las cosas de los demás con descuido de ti mismo y de tus intereses, cosa que ahora todos hacen, pareciéndose a los que trabajan en las minas que ninguna utilidad ni riqueza sacan de semejante trabajo, sino muy grave daño, pues en vano se exponen a los peligros en bien de otros, sin obtener para sí ganancia de los sudores y aun de la muerte que muchas veces les acontece. Y actualmente tienen éstos muchos imitadores que andan en busca de riquezas para otros. Y hasta son más miserables que los dichos mineros, pues al fin de sus muchos trabajos les espera la gehena. A los mineros la muerte les acarrea el término de sus sudores, pero a los otros les resulta el comienzo de sus padecimientos.

    Y si dices que tú, siendo rico ya disfrutas de tus trabajos, muéstrame la alegría y gozo de tu alma y entonces te lo creeré. El alma es lo principal de todo lo que poseemos; y si el cuerpo engorda mientras ella enferma, de nada te sirve toda tu abundancia. Pues así como cuando la esclava se goza, su gozo de nada sirve a su ama que está moribunda, y así como en nada ayuda el ornato de los vestidos al cuerpo enfermo, así tampoco la riqueza al alma; sino que de nuevo te repetirá Cristo: ¿Qué podrá dar el hombre a cambio de su alma? y continuamente ordenará que te ocupes en salvarla y que de sólo eso tengas cuidado.

Homilías Sobre el Evangelio de San Mateo, Homilia LV (tr. del griego por Padre Rafael Ramírez Torres, SJ)