El ciego en Betsaida (Marcos 8:22-26)

Gesù Cristo ridona la vista al cieco , Gioacchino Assereto (italiano, 1640)

Gesù Cristo ridona la vista al cieco , Gioacchino Assereto (italiano, 1640)

Llegaron a Betsaida, y le trajeron un ciego y le rogaron que lo tocara. Tomando de la mano al ciego, lo sacó fuera de la aldea; y después de escupir en sus ojos y de poner las manos sobre él, le preguntó: ¿Ves algo? Y levantando la vista, dijo: Veo a los hombres, pero los veo como árboles que caminan. Entonces Jesús puso otra vez las manos sobre sus ojos, y él miró fijamente y fue restaurado; y lo veía todo con claridad. Y lo envió a su casa diciendo: Ni aun en la aldea entres.

 

LBLA*

 

* 8:26 La LBLA omite ni lo digas a nadie en la aldea.

 


Cánon de Eusebio:

Mateo Marcos Lucas Juan
8:22-26

 


La curación del ciego en Betsaida

 

Este milagro es relatado sólo por san Marcos. El Señor lo realizó luego de haber llegado con sus discípulos a la costa oriental del lago de Genezareth. Camino a Cesárea de Filipo, en la ciudad de Betsaida (también conocida como Julia, en honor de la hija del tetrarca Filipo), le fue traído un ciego al Señor para que Él lo curase con la imposición de Sus manos. Es probable que aquel hombre no haya sido ciego de nacimiento pues, con la imposición de las manos del Señor, el ciego anunció que podía ver a las personas y a los árboles, es decir, el ya conocía cual era el aspecto de aquellos. Una vez efectuada la curación el Señor actuó como lo había hecho al sanar al sordomudo: condujo al hombre fuera de la aldea, puso un poco de saliva en sus ojos y el ciego fue recobrando la visión, no de inmediato, sino de manera gradual, luego de que Jesús posara sus manos dos veces sobre él. Aparentemente, con sus acciones el Señor estaba tratando una vez mas de despertar la fe en este hombre lo cual era imprescindible para la realización del milagro. Luego Nuestro Señor lo envió a su hogar ordenándole que no entrara en la aldea y que no diera noticia alguna sobre este milagro.

 

– Arzobispo Averky Tauchev (ruso-ortodoxo, 1906-1976),  “Guia Para el Estudio de los Cuatro Evangelios”

 


Toda Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto*, equipado para toda buena obra. Te encargo solemnemente, en la presencia de Dios y de Cristo Jesús, que ha de juzgar a los vivos y a los muertos, por su manifestación y por su reino: Predica la palabra; insiste a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con mucha** paciencia e instrucción. Porque vendrá tiempo cuando no soportarán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oídos, acumularán para sí maestros conforme a sus propios deseos; y apartarán sus oídos de la verdad, y se volverán a mitos.
(2 Timoteo 3:16-4:4, LBLA)

 

* …  a fin de que el hombre de Dios sea perfecto [ἄρτιος] … El griego significa “completamente equipada”
** … con mucha paciencia [ἐν πάσῃ μακροθυμίᾳ] … El griego significa “con paciencia completa”

 

Las lecturas tomadas del Leccionario de la Iglesia Ortodoxa de 16 de diciembre 2014

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