“¿Por qué me llaman: ‘Señor, Señor’ y no hacen lo que digo?” (Lucas 6:46-7:1)

¿Por qué me llaman: ‘Señor, Señor’ y no hacen lo que digo? Todo el que venga a mí y oiga mis palabras y las ponga en práctica, les voy a mostrar a quién es semejante: Es semejante a un hombre que, al edificar una casa, cavó profundamente y puso los cimientos sobre roca. Al sobrevenir una inundación, rompió el torrente contra aquella casa, pero no pudo destruirla por estar bien edificada. Pero el que haya oído y no haya puesto en práctica es semejante a un hombre que edificó una casa sobre tierra, sin cimientos, contra la que rompió el torrente y al instante se desplomó y fue grande la ruina de aquella casa. Una vez concluidas todas estas palabras al pueblo, entró en Cafarnaún.


Comentario

San Juan Crisóstomo (Constantinopla, siglo IV)

    Aquel, pues, que escucha mis palabras y las pone en práctica, será como el varón prudente [Mat 7:24]

    Oísteis cuan gravemente serán castigados quienes, aunque hagan milagros, no observan los preceptos de Cristo. Conviene que oigáis ahora de qué bienes gozarán quienes observan todos sus mandatos; y esto no únicamente en el siglo futuro, sino también en el presente. Dice pues: Aquel que escucha mis palabras y las pone por obra, será como el varón prudente. ¿Adviertes en qué forma va variando su discurso? Unas veces se revela a sí mismo diciendo: No todo el que me dice: ¡Señor, Señor! Otras veces, haciendo lo mismo, afirma: El que hace la voluntad de mi Padre. Y luego, declarándose como Juez, añade: Muchos en aquel día me dirán: ¡Señor, Señor! ¿no profetizamos en tu nombre? Y yo les diré: No os conozco. Ahora, en cambio, manifiesta tener poder sobre todas las cosas, pues dice: Quien oye mis palabras.

    Había declarado lo tocante a las cosas futuras y les había hablado acerca del reino y del premio inefable y de la consolación y de otras cosas semejantes. Quiere ahora que recojan el fruto de todo y mostrarles cuán grande es la fuerza de la virtud en esta vida. ¿Cuál es esa fuerza? El vivir con seguridad, el no doblegarse por ningunos sufrimientos, el ser superiores a cuanto nos infiere daños. ¿Qué puede haber que a esto se iguale? Es cosa que no puede adquirir ni quien vive ceñido de la corona real, sino únicamente quien se entrega a la virtud. Sólo éste posee esos bienes y en gran cantidad, y disfruta en este mar estrecho y tempestuoso de la vida presente, de gran tranquilidad.

    Admirable resulta que cuando no hay calma alguna sino tormenta violentísima, grandes perturbaciones y tentaciones abundantes, él no pueda estremecerse ni siquiera un poco.

Homilías Sobre el Evangelio de San Mateo, Homilia XXIV (tr. del griego por Padre Rafael Ramírez Torres, SJ)

(http://www.clerus.org/bibliaclerusonline/es/ev4.htm#a3)


Santa Pelagia la Penitente (Siria, siglo IV)

Conmemorado el 8 octubre

    ag-Pelagia

    Pelagia, a causa de las magníficas perlas por las que se había vendido con frecuencia, era una actriz de Antioquía célebre por su riqueza y su vida borrascosa. Cuando el patriarca de Antioquía reunió a un sínodo de obispos los reunió ante el pórtico de la basílica de San Julían Mártir, donde predicaba el honorable obispo de Edesa, San Nono. En aquel momento pasó por ahí Pelagia, cabalgando en un caballo blanco, rodeado de admiradores, con los brazos y hombros desnudos, como cualquier vulgar cortesana, y lanzando a todos miradas provocativas. San Nono interrumpió su discurso y, en tanto que los otros obispos bajaban lo ojos, se quedó mirando a Pelagia hasta que ésta desapareció. En seguida pregunto el santo a los obispos: “¿No os parece muy bella esa mujer?” Los obispos sin saber qué contestar, se quedaron callados. El Santo continúo “A mí me pareció muy bella, y creo que es una lección de Dios para nosotros. Esa mujer hace lo imposible por mantener su hermosura y perfeccionarse en la danza, y nosotros no hacemos ni siquiera la mitad de lo que ella por nuestras diócesis y por nuestras almas.” Esa misma noche, San Nono tuvo un sueño en el que vio celebrando la liturgia, en tanto que un pajarraco sucio y agresivo trataba de impedírselo. Cuando el diácono despidió a los catecúmenos, el pajarraco partió con ellos, pero a poco volvió y San Nono consiguió entonces apoderarse de él y arrojarlos en la fuente del atrio. El ave salió del agua blanca como la nieve y desapareció entre las nubes. Al día siguiente, que era domingo, todos los obispos que asistieron a la Divina Liturgia celebrada por el patriarca, pidieron a éste que predicase. Pelagia, que no era ni siquiera catecúmena, se había sentido movida a ir a la iglesia, y las palabras del santo penetraron hasta el fondo de su corazón. Poco después, Pelagia escribió una carta a San Nono, rogándole que le permitiese hablar con él. El santo aceptó, a condición de que los otros obispos asistiesen a la entrevista. En cuanto a Pelagia llegó a donde estaba San Nono, se arrojó a sus pies, le pidió el bautismo y le rogó que se interpusiese entre ella y sus pecados para que el mal espíritu no se posesionase nuevamente de su alma. A instancias de Pelagia, el patriarca de Antioquía nombró madrina a Romana, la más anciana de las diaconisas y San Nono bautizó a la pecadora, la confirmó y le dio la primera comunión. Ocho días después de su bautismo, Pelagia, que había renunciado ya a todos sus bienes a favor de los pobres, se despojó de la túnica blanca de los bautizados, se vistió de hombre y desapareció de la ciudad. En Jerusalén, a donde se trasladó secretamente, se retiró a vivir en la soledad de una cueva en el Monte de los Olivos. Las gentes empezaron pronto a llamarla “Pelagio, el monje imberbe.” Tres o cuatro años más tarde, fue a visitarla Jacobo, el diácono de San Nono. La antigua pecadora murió durante la estancia de Jacobo en Jerusalén. Cuando fueron a sepultar el cadáver descubrieron el sexo de Pelagia, exclamaron al unísono: “Gloria a ti, Señor Jesucristo, porque tienes en la tierra muchos tesoros escondidos.”

(http://www.ortodoxia.com/contenido/nuestra_fe/santos_es.php?santo=343)

Anuncios

“No juzguen y no serán juzgados” (Lucas 6:37-45)

Χριστός Παντοκράτωρ (Cristo Pantokrator), mosaico Deësis de Hagia Sophia, Constantinopla, 1261

Χριστός Παντοκράτωρ (Cristo Pantokrator), mosaico Deësis de Hagia Sophia, Constantinopla, 1261

No juzguen y no serán juzgados, no condenen y no serán condenados; perdonen y serán perdonados. Den y se les dará; una medida buena, apretada, sacudida, rebosante pondrán en el pliegue de sus vestidos. Porque con la medida con que midan se les medirá.» Les añadió una parábola: ¿Podrá un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el hoyo? No está el discípulo por encima del maestro. Será como el maestro cuando esté perfectamente instruido. ¿Cómo es que miras la astilla que hay en el ojo de tu hermano y no reparas en la viga que hay en tu propio ojo? ¿Cómo puedes decir a tu hermano: “Hermano, deja que saque la astilla que hay en tu ojo”, si no ves la viga que hay en el tuyo? Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo y entonces podrás ver para sacar la astilla que hay en el ojo de tu hermano. Porque no hay árbol bueno que dé fruto malo y, a la inversa, no hay árbol malo que dé fruto bueno. Cada árbol se conoce por su fruto. No se recogen higos de los espinos, ni de la zarza se cosechan uvas. El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca lo bueno, y el malo, del malo saca lo malo. Porque de lo que rebosa el corazón habla su boca.


Comentario

Obispo Alejandro Mileant (ruso, siglo XX)

    Un gran mal y tentación para el hombre es la costumbre de hablar mal de otros. El Señor prohíbe severamente juzgar y condenar: No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido [Mat 7:1-5].

    Sabemos que el renacimiento espiritual no viene por si solo. Exige una severa verificación de actos, pensamientos y sentimientos, está construido sobre una activa corrección de sí mismo. El hombre que sinceramente pretende vivir en forma cristiana, no puede, a veces, dejar de notar el nacimiento en él de pensamientos malos, impulsos pecaminosos, que aparecen como por si mismos. Venciendo estas tentaciones internas, él sabe por experiencia propia cuan difícil y tensa es la lucha con sus faltas, cuanto esfuerzo cuesta hacerse virtuoso. Por eso, un verdadero cristiano siempre piensa de sí mismo en forma muy modesta, se considera pecador y se entristece por su falta de perfección y pide a Dios perdón de sus pecados y ayuda para mejorar. Tal conciencia sincera de su imperfección vemos en todos los verdaderos justos. Así, por ejemplo, San Apóstol Jacobo escribía que todos nosotros pecamos mucho [Jac 3:2] y San Apóstol Pablo afirmaba que el Señor vino a salvar a los pecadores, de los cuales él era el primero [1Tim 1:15]. San Apóstol Juan el Teólogo pensaba así de aquellos que se consideraban sin pecado: Si decimos que no pecamos; nos engañamos a nosotros mismos, y no hay verdad en nosotros [1Ju 1:8]. Naturalmente, el hombre, que con todas sus fuerzas trata de corregirse, no mostrará curiosidad por los pecados ajenos, mas todavía no encontrará solaz en su difusión.

    Sin embargo, gente, que conoce solo superficialmente la enseñanza Evangélica, y que no viven en forma cristiana, a menudo, son muy atentos en las faltas ajenas y gozan hablando mal de otros. La condenación es el primer signo de la ausencia en el hombre de la vida espiritual. Es todavía peor cuando un descuidado pecador en su ceguera espiritual, trata de enseñar a otros. El Señor pregunta a semejante hipócrita: O ¿como dirás a tu hermano: Déjame sacar la paja de tu ojo, y he aquí la viga en el ojo tuyo? [Mat 7:4]. Bajo la “viga” se puede entender la ausencia en el hombre que juzga de la sensibilidad espiritual — su grosería moral. Si él se preocuparía de la purificación de su conciencia y por experiencia sabría todas las dificultades del camino de la virtud, no se atrevería de proponer a otro sus lastimosos servicios. ¡No es natural para un enfermo tratar de curar a otros!

    Así, según las palabras del Señor, la ausencia de la sensibilidad espiritual es peor que otras faltas, cuanto una “viga” es mas pesada que una paja. Semejante ceguera espiritual demostraron los jefes judíos de los tiempos de la vida terrenal del Salvador — los eruditos y fariseos. Juzgando en forma despiadada a todos, ellos se consideraban solo a sí mismos justos. ¡Hasta en Cristo encontraban faltas y ante todo el pueblo Lo criticaban porque Él no guardaba el sábado, aceptaba comer con publicanos y pecadores! No entendían ellos que el Señor hacía todo esto para la salvación de la gente. Los eruditos y fariseos, escrupulosamente, se ocupaban de los detalles ceremoniales — sobre la limpieza ritual de la vajilla, muebles, sobre el pago del diezmo, sobre la menta y el anís y al mismo tiempo, sin remordimiento eran hipócritas, odiaban y trataban mal a la gente [ver Mat cap. 23]. Llegando a la extrema obnubilación, ellos condenaron a muerte en la cruz al Salvador del mundo y luego ante el pueblo mintieron sobre Su resurrección de los muertos. ¡Con todo esto ellos seguían visitando el templo y largamente oraban para mostrarse! Por eso no es extraño que ahora como entonces, y en todos los tiempos los hipócritas autosatisfechos, parecidos a ellos, encontrarán causas para condenar a otros.

    El Apóstol Jacobo explica que el derecho de juzgar pertenece solo a Dios. Él es el Único Legislador y Juez. Todos los hombres, sin excepción, siendo pecadores en distinto grado, son Sus acusados. Por eso, el hombre que condena a sus prójimos, se apropia para sí el nombre de juez y con esto peca mucho [Jac 4:11]. El Señor dice que cuan mas severamente el hombre juzga a la gente, tanto mas severamente será juzgado por Dios.

    La costumbre de juzgar a otros tiene raíces profundas en la sociedad contemporánea. A menudo, una inocente conversación entre feligreses, sobre cualquier tema, pasa a juzgar a los conocidos. Hay que recordar, que el pecado es un veneno espiritual. Tanto, como la gente que tiene contacto con venenos comunes, se encuentra siempre en peligro de envenenamiento por un contacto descuidado o por respirar sus efluvios, así, también la gente que gusta de hablar sobre las faltas de sus conocidos, con esto contacta el veneno espiritual y se envenena. Por eso no es sorprendente que ellos se impregnen paulatinamente con este mal que condenan. San Marcos el asceta instruía sobre ese tema: “No desees saber las iniquidades de los demás, porque describiéndolas, se graban en ti.” A la gente de alta vida espiritual San Marcos aconsejaba tener compasión de la gente que todavía no había llegado a la altura espiritual. Esta compasión y comprensión, según sus palabras, es necesaria para conservar entero su propio orden espiritual. “El que posee algún talento espiritual y compasión con respeto a los que carecen de esta espiritualidad, con esta compasión, conserva su propio talento” (Amor a la bondad, volumen primero). El gran santo ruso San Serafín de Sarov, saludaba a todos los que venían a él: “¡Alegría mía!” A sí mismo se llamaba siempre como “pobre Serafín.” ¡Este es el verdadero modelo cristiano!

    Prohibiendo condenar (juzgar), el Señor luego explica que no condenar no significa la indiferencia ante el mal y ante todo lo que pasa alrededor. El Señor no quiere que se toleren con indiferencia costumbres pecaminosas en nuestro medio o que se permita a los pecadores un acceso igual al santuario como a los justos. El Señor dice: No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas delante de los cerdos, no sea que las pisoteen, y se vuelvan y os despedacen [Mat 7:6]. Aquí el Señor llama “perros” y “cerdos” a la gente moralmente baja, que se tornó vulgar e incapaz de corregirse. El cristiano debe guardarse de gente así: no revelarles las verdades profundas de la fe cristiana ni dejarles llegar hasta los sacramentos de la Iglesia. Sino ellos pueden burlarse y profanar lo santo. Tampoco es indicado de compartir con los cínicos los sentimientos profundos, abrir ante ellos el alma para que ellos puedan según las palabras del Salvador: No lo pisoteen y se vuelvan y os despedacen [Mat 7:6]. Así en esta parte del Sermón de la Montaña el Señor nos previene contra dos extremos: indiferencia hacia el mal y condena de los prójimos.

– traducido del ruso por Dra. E. Ancibor

http://www.fatheralexander.org/booklets/spanish/sermon_monte.htm

“Si aman a los que los aman, ¿qué mérito tienen?” (Lucas 6:31-36)

A Hegyi beszéd (Sermón de la Montaña),  Károly Ferenczy (húngaro, 1896)

A Hegyi beszéd (Sermón de la Montaña), Károly Ferenczy (húngaro, 1896)

Y traten a los hombres como quieran que ellos los traten. Si aman a los que los aman, ¿qué mérito tienen? Pues también los pecadores aman a los que les aman. Si hacen bien a los que les hacen el bien, ¿qué mérito tienen? ¡También los pecadores hacen otro tanto! Si prestan a aquellos de quienes esperan recibir, ¿qué mérito tienen? También los pecadores prestan a los pecadores para recibir lo correspondiente. Más bien, amen a sus enemigos; hagan el bien y presten sin esperar nada a cambio; entonces su recompensa será grande y serán hijos del Altísimo, porque él es bueno con los desagradecidos y los perversos. Sean compasivos como su Padre es compasivo.

 

 


 

Comentario

 

San Juan Crisóstomo (Constantinopla, siglo IV)

 

No odies, pues, al hombre que te hace mal, pues con esto te alcanza bienes innumerables y a tan alto honor te eleva. No maldigas a quien te hace mal, pues de lo contrario sufrirás y al mismo tiempo quedarás privado del fruto: soportarás el daño y perderás el premio, cosa que será el colmo de la locura: es a saber, que habiendo soportado lo que es más, no suframos lo que es menos. Dirás que ¿cómo es eso? Viendo a Dios hecho hombre y que en tal manera se ha abajado y tan terribles padecimientos ha soportado por ti ¿todavía preguntas y dudas de cómo puedes perdonar las injurias de tu consiervo? ¿No lo escuchas cuando en la cruz dice: Perdónalos porque no saben lo que hacen? [Lucas 23:24] ¿No oyes a Pablo que dice: El que resucitó, el que está a la derecha ruega por nosotros? [Romanos 8:34] ¿No ves que después de la cruz y de la Ascensión envió sus apóstoles a los judíos que lo habían crucificado, para que les llevaran infinitos bienes, y esto a sabiendas de que los apóstoles iban a sufrir de su parte males sin cuento?

¿Alegarás ser ya mucho lo que has sufrido? ¿Es acaso que tú ya soportaste todo cuanto padeció tu Señor, que fue atado, abofeteado, azotado, escupido por sus siervos, muerto, y muerto con la muerte más ignominiosa de todas las muertes y todo tras de haberles hecho tan inmensos beneficios? Entonces si tus enemigos muy mucho te han ofendido, cólmalos de beneficios para tejerte una brillante corona y librar a tus hermanos de su gravísima enfermedad. Los médicos cuando son acometidos por algún enfermo furioso a puntapiés e injurias, entonces sobre todo se duelen y se disponen a devolverles la salud, sabiendo que las injurias son fruto de la violencia misma de la enfermedad.

Piensa tú lo mismo acerca de los que te asedian, y procede con esos enfermos de la misma manera; porque enfermos son precisamente esos a quienes oprime y sufren la dicha enfermedad. Libra a tu enfermo de su mal gravísimo y procura que se alivie de su ira: arrebátalo de ese demonio cruel. Cuando contemplamos a un poseso, lloramos y procuramos no quedar también nosotros poseídos del demonio. Esto es lo que debemos hacer con los airados, puesto que los tales son como los posesos y aún más miserables, ya que están locos teniendo sus sentidos cabales. Y esta es una de las razones por las que su locura no merece perdón.

No hundas más al caído, sino al revés: compadécelo. Si vemos a alguno con la bilis conmovida y con vértigos y que se apresura a vomitar aquel mal humor, le ayudamos, lo sostenemos, aun cuando nos manche el manto no cuidamos de esto; lo único que nos preocupa es librarlo de semejante angustia. Pues bien, procedamos lo mismo con los irritados: sostengámoslos mientras vomitan y se agitan y no los abandonemos hasta que hayan arrojado toda la bilis. Cuando estén ya en paz, te quedarán sumamente agradecidos y verán con claridad de qué tremenda perturbación los habéis liberado.

Homilías Sobre el Evangelio de San Mateo, Homilia XVIII (tr. del griego por Padre Rafael Ramírez Torres, SJ)

(http://www.clerus.org/bibliaclerusonline/es/ev1.htm#x)

 

 


 

Santa Charitina (Asia Menor, siglo IV)

 

Conmemorado el 5 octubre

 

Saint-Charitina-of-Amisus-Oct-5th

La Santa era sirviente en la casa de un rico llamado Claudio. Cuando el soberano Dometio (290) supo que era cristiana, ordeno arrestarla y traerla a su presencia para interrogarla. Claudio estaba muy acongojado por la detención de la Santa, pero ella le dijo que no debe entristecerse sino alegrarse, porque su muere la bendeciría: “Es una ofrenda fragante, un sacrificio que Dios acepta con agrado”. (Filipenses 4:18) Claudio conmovido por la respuesta, le dice, “Acuérdate de mí, cuando estés con él Rey Celestial”. Cuando la Santa estuvo en presencia del gobernador, con pasión y firmeza expreso su fe en Cristo; al ver la posición de la Santa, Dometio manda a que le afeiten la cabeza, pero por milagro el vello le vuelve a crecer, entonces le ponen la cabeza en carbones encendidos y le vierten vinagre, luego la arrojan al mar con una piedra en su cuello, y nuevamente el milagro de Dios se hace presente. Entonces el gobernador la envía a una casa de vida licenciosa, pero la Santa ruega a Dios que la libere de ese martirio; entregando luego el espíritu a Dios

(http://www.ortodoxia.com/contenido/nuestra_fe/santos_es.php?santo=340)

“Bienaventurados serán cuando los hombres los odien” (Lucas 6:19-23)

Le Sermon sur la Montagne (El Sermón de la Montaña), Claude Lorrain (francés, 1656)

Le Sermon sur la Montagne (El Sermón de la Montaña), Claude Lorrain (francés, 1656)

Bajó con ellos y se detuvo en un paraje llano; había un gran número de discípulos suyos y gran muchedumbre del pueblo, de toda Judea, de Jerusalén y de la región costera de Tiro y Sidón, que habían venido para oírlo y ser curados de sus enfermedades. Y los que eran molestados por espíritus inmundos quedaban curados. Toda la gente procuraba tocarlo, porque salía de él una fuerza que sanaba a todos. Y él, alzando los ojos hacia sus discípulos, decía: Bienaventurados los pobres, porque suyo es el Reino de Dios. Bienaventurados los que tienen hambre ahora, porque serán saciados. Bienaventurados los que lloran ahora, porque reirán. Bienaventurados serán cuando los hombres los odien, cuando los expulsen, los injurien y proscriban su nombre como malo por causa del Hijo del hombre. Alégrense ese día y salten de gozo, que su recompensa será grande en el cielo. Pues de ese modo trataban sus padres a los profetas.


Comentario

San Juan Crisóstomo (Constantinopla, siglo IV)

    Bienaventurados seréis cuando os insulten y persigan y con mentira digan de vosotros todo género de mal por mí. Alegraos y regocijaos. Como si dijera: felices sois si os llaman charlatanes, seductores, maléficos o con cualquier otro epíteto denigrante. Pero ¿qué cosa había más desacostumbrada que semejantes preceptos, cuando afirma Jesús que deben desearse tales cosas que todo el mundo piensa que deben huirse? Por ejemplo, el mendigar, el llorar, el padecer persecución, el oír que se hable mal de nosotros. Y sin embargo, lo dijo y lo persuadió; y no a dos, ni a diez, ni a veinte, ni a cien, ni a mil hombres, sino a todo el universo. Y las turbas quedaban admiradas y con estupor cuando oían tales preceptos, según el mundo duros, molestos, contrarios a todo lo acostumbrado: ¡tan grande era la virtud del que hablaba!

    Por lo demás, no pienses que el solo oír que dicen de nosotros mal es suficiente para ser bienaventurados. Por lo cual añadió Cristo dos condiciones: cuando las habladurías fueren o por odio a él, o por mentira. Si estas condiciones no se cumplen, quien oye de sí males no sólo no es bienaventurado, sino miserable.

Homilías Sobre el Evangelio de San Mateo, Homilia XV (tr. del griego por Padre Rafael Ramírez Torres, SJ)

(http://www.clerus.org/bibliaclerusonline/es/evy.htm#t)


Santo Mártir Dionisio el aeropagita, primer Obispo de Atenas (siglo I)

Conmemorado el 3 octubre

    1003ADionysiosarepegite

    San Dionisio es mencionado en el libro de los Hechos de los Apóstoles junto con Damarás su esposa. Se convirtió a la fe en nuestro Señor Jesucristo por manos del Apóstol Pablo durante su visita a Atenas. Dionisio era uno de los consejeros de la suprema corte de justicia, llamada comité de Areópago y conocedor de la filosofía griega. Se dice que en el día de la crucifixión del Señor en Jerusalén, Dionisio vio un eclipse solar que rompía las reglas de la astronomía reconocida en aquel entonces, luego dijo: “O Dios está dolorido o es que ha llegado el fin del mundo”. Cuando San Pablo pasó por el centro cultural de Atenas, el Areópago, dijo su famosa homilía: Atenienses, veo que vosotros sois, por todos los conceptos, los más respetuosos de la Divinidad. Pues al pasar y contemplar vuestros monumentos sagrados, he encontrado también un altar en el que estaba grabado esta inscripción: ‘Al Dios desconocido.’ Pues bien, lo que adoráis sin conocer, eso os vengo yo a anunciar… [Hechos 17:22-31] y les predicó al Dios verdadero, aunque muchos empezaron a burlarse de Pablo y de su prédica, otros pocos se adhirieron a él y creyeron; entre ellos estaba Dionisio. La Tradición nos dice que Dionisio fue el primer obispo de Atenas. También se menciona de él que en la Dormición de la Santísima Madre de Dios, se presentó en el Espíritu Santo. Vivió noventa años y fue decapitado durante la persecución del Emperador Domiciano (96 d.C.). Su cráneo está guardado en el monasterio Búlgaro Doquiario en el Monte Athos.

(http://www.acoantioquena.com/content/santo-mártir-dionisio-el-aeropagita-primer-obispo-de-atenas)

“Y toda la multitud procuraba tocarle, porque de El salía un poder que a todos sanaba” (Lucas 6:12-19)

Vocazione dei primi apostoli ( Vocación de los apóstoles ), Domenico Ghirlandaio (italiano, 1481-82)

Vocazione dei primi apostoli (Vocación de los apóstoles), Domenico Ghirlandaio (italiano, 1481-82)

En esos días El se fue al monte a orar, y pasó toda la noche en oración a Dios. Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos y escogió doce de ellos, a los que también dio el nombre de apóstoles: Simón, a quien también llamó Pedro, y Andrés su hermano; Jacobo y Juan; Felipe y Bartolomé; Mateo y Tomás; Jacobo, hijo de Alfeo, y Simón, al que llamaban el Zelote; Judas, hijo de Jacobo, y Judas Iscariote, que llegó a ser traidor. Descendió con ellos y se detuvo en un lugar llano; y había una gran multitud de sus discípulos, y una gran muchedumbre del pueblo, de toda Judea, de Jerusalén y de la región costera de Tiro y Sidón, que habían ido para oírle y para ser sanados de sus enfermedades; y los que eran atormentados por espíritus inmundos eran curados. Y toda la multitud procuraba tocarle, porque de El salía un poder que a todos sanaba.


Comentario

San Juan Crisóstomo (Constantinopla, siglo IV)

    Christ Healing the Sick (Cristo sanando a los enfermos), Benjamin West (americano, 1794)

    Christ Healing the Sick (Cristo sanando a los enfermos), Benjamin West (americano, 1794)

    Su fama había volado hasta Siria entonces; ahora vuela por todo el orbe. Aquéllos concurrían a él porque habían oído que arrojaba los demonios; y tú, tras de experimentar en mayor grado su poder ¿no te levantas, no corres a su encuentro? Aquéllos dejaron su patria, sus amigos y parientes ¿y tú no quieres siquiera salir de tu casa para acercarte a él y recibir dones mucho mayores?

    Mas ni siquiera eso te pedimos. Solamente abandona tu mala costumbre y permaneciendo en tu casa y con los tuyos, fácilmente conseguirás tu salvación. Si padecemos una enfermedad corporal, todo lo hacemos, todo lo removemos para quedar libres de semejante molestia; y en cambio tenemos enferma el alma y andamos con desidia y rehusamos aplicar los medios. De aquí proviene que nunca nos libramos, porque despreciamos lo que es necesario y creemos necesario lo que es de menor importancia: dejamos intacta la fuente de nuestros males y andamos queriendo secar los arroyos que de ella dimanan. Y que la perversidad del alma sea la causa de las enfermedades corporales lo han demostrado el paralítico de treinta y ocho años y el otro que fue descolgado por el techo; y antes que ellos, Caín. Y en muchos otros casos puede cualquier constatarlo.

    Suprimamos la fuente de los males y al punto se secarán los ríos de las enfermedades. Enfermedad es no la parálisis solamente, sino también el pecado: más aún, éste es peor que aquélla, tanto más cuanto el alma es mejor que el cuerpo.; Ea, pues! Acerquémonos también ahora nosotros a Jesús; roguémosle que frene nuestra alma, que descuidadamente procede; y haciendo a un lado todos los intereses del siglo, cuidemos únicamente de lo espiritual. Si esto consigues, luego podrás atender a aquéllos. No te desentiendas por el hecho de que no te dueles cuando pecas, sino más bien duélete de eso mismo sobre todo: de que no tienes dolor de tus pecados. Eso te sucede, no porque el pecado no muerda, sino porque acostumbrada el alma al pecado, ha perdido la sensibilidad del mal. Piensa cómo aquellos que sí sienten sus pecados, lloran más amargamente que si se les destrozara o quemara; y cómo gimen y sufren y sollozan, con el objeto de deponer su mala conciencia: nada de esto harían si no se dolieran grandemente de sus pecados.

    Cierto que sería mejor nunca pecar; pero tras el pecado sólo queda dolerse y enmendarse. Pero si no tenemos ese dolor y deseo de la enmienda ¿cómo pediremos a Dios perdón de pecados a los que no damos ninguna importancia? Si tú que pecaste no quieres ni siquiera saber que pecaste ¿suplicarás a Dios el perdón de faltas de que no te das cuenta que cometiste? ¿Cómo apreciarás entonces la grandeza del don? Confiesa abiertamente tus pecados para que caigas en la cuenta de qué es lo que se te perdona y para que puedas así agradecer el beneficio. Cuando ofendes a un hombre, echas de por medio amigos, vecinos, porteros, gastas dineros y empleas días y días buscándolo, visitándolo, suplicándole; y aunque una y dos e infinitas veces te rechace el ofendido, no te desanimas sino que más bien se acrece tu solicitud y añades más ruegos. Y en cambio, cuando está ofendido el Dios de todo el universo ¿dudamos, descuidamos, nos damos a deliberar y a embriagarnos y procedemos en todo como si nada pasara? Pero por semejante camino ¿cuándo lo aplacaremos? ¿Acaso no lo irritamos más aún?

    Porque el no dolemos de nuestros pecados es cosa que más lo provoca a ira que el mismo pecado. Convendría que nos ocultáramos bajo tierra y no viéramos el sol ni respiráramos, pues teniendo un Dios tan fácil para aplacarse, lo irritamos y tras de irritarlo no hacemos penitencia. Aunque es verdad que él, aun irritado, no nos aborrece ni se aleja de nosotros; sino que únicamente se aira, con el objeto de ver si así nos atrae. Si tras de haberlo ofendido tú él continuara sin más en hacerte beneficios, lo despreciarías más aún. Y para que esto no suceda, aparta su rostro por algún tiempo, con el objeto de tenerte siempre consigo. Confiemos, pues, en su bondad; y cuidemos solícitamente de hacer penitencia, antes de que llegue el día en que ya la penitencia de nada nos aproveche.

    Porque ahora todo está en nuestras manos; pero en aquel día sólo él será Señor así del juicio como de la sentencia. Lleguémonos a él con alabanzas, aclamémoslo con cánticos. Lloremos, gimamos. Si lográremos aplacar al Juez antes del día aquel preestablecido y que nos perdone nuestros pecados, ya no necesitaremos de quien nos introduzca a su presencia. Pero si por el contrario no lo logramos, nos juzgará delante de todo el universo y no nos quedará esperanza de perdón. Ninguno de los que acá no borran sus pecados podrá huir del merecido castigo cuando el Juez se presente; sino que a la manera de los que acá sacan de la cárcel cargados de cadenas para presentarlos ante nuestros tribunales, del mismo modo las almas todas, al salir de aquí, ceñidas con las cadenas de sus pecados, serán llevadas ante el tremendo tribunal.

    En realidad esta vida en nada es mejor que una cárcel. Así como cuando entramos en una cárcel a todos los vemos ceñidos de cadenas, así acá, si quitamos esas apariencia exteriores y penetramos en la vida de cada cual, veremos sus almas ceñidas con ataduras más resistentes que el hierro; en especial si entramos en las de los ricos. Cuanto de mayores riquezas los vieres rodeados, sabe que con tanto mayores cadenas se encuentran atados. Pues bien: así como cuando ves a un hombre atado por las manos y los lomos y aun con férreos grilletes en los pies y gruesas cadenas, te compadeces de él sobremanera, así cuando veas a un rico rodeado de miles de cosas, no lo creas rico, sino tenlo por eso mismo como miserable. Atado con tales cadenas, tiene además un guarda y carcelero, que es la perversa codicia de las riquezas. Esta no le permite salir de la cárcel, sino que le pone infinitos grilletes, custodios, puertas y traviesas; y aherrojándolo en el fondo de la prisión, lo persuade que se deleite con semejantes cadenas, de manera que ni siquiera queda la esperanza de poder salir de los males que lo amenazan.

    Si con el pensamiento penetraras a lo íntimo de su alma, no sólo la encontrarías atada con cadenas, sino además escuálida, hedionda, cargada de grillos. Pues en nada son mejores que los grillos esos deleites voluptuosos, sino al revés son más horribles y destruyen juntamente con el alma, también el cuerpo; y a ambos les infligen infinitas heridas y les causan mil enfermedades. Por todo esto, roguemos al Redentor de nuestras almas que rompa nuestras cadenas y aparte de nosotros ese cruel carcelero; de manera que libres del peso de las férreas cadenas, ponga en nosotros pensamientos elevados y más ligeros que si estuvieran dotados de alas. Pero al mismo tiempo que le suplicamos, pongamos de nuestra parte lo que nos toca, como es la solicitud, el aliento, la presteza. Podremos así en breve tiempo quedar libres de los males que se han apoderado de nosotros y conocer nuestro prístino estado y adquirir la conveniente libertad. Ojalá que todos la consigamos por gracia y benignidad de nuestro Señor Jesucristo, a quien sea la gloria y el poder, por los siglos de los siglos. Amén.

Homilías Sobre el Evangelio de San Mateo, Homilia XIV (tr. del griego por Padre Rafael Ramírez Torres, SJ)

(http://www.clerus.org/bibliaclerusonline/es/evy.htm#t)

“Y toda la multitud procuraba tocarle, porque de El salía un poder que a todos sanaba” (Lucas 6:17-23)

Преподобный Сергий Радонежский. Благословение князя московского Димитрия Иоанновича со дружиною на битву (La Bendición Príncipe de Moscú Dimitri Ivanovich por San Sergio de Radonezh con su séquito a la batalla), Sergei Yefoshkin (ruso, 1994)

Преподобный Сергий Радонежский. Благословение князя московского Димитрия Иоанновича со дружиною на битву (La Bendición del Príncipe de Moscú Dimitri Ivanovich por San Sergio de Radonezh con su séquito a la batalla), Sergei Yefoshkin (ruso, 1994)

Descendió con ellos y se detuvo en un lugar llano; y había una gran multitud de sus discípulos, y una gran muchedumbre del pueblo, de toda Judea, de Jerusalén y de la región costera de Tiro y Sidón, que habían ido para oírle y para ser sanados de sus enfermedades; y los que eran atormentados por espíritus inmundos eran curados. Y toda la multitud procuraba tocarle, porque de El salía un poder que a todos sanaba. Volviendo su vista hacia sus discípulos, decía: Bienaventurados vosotros los pobres, porque vuestro es el reino de Dios. Bienaventurados los que ahora tenéis hambre, porque seréis saciados. Bienaventurados los que ahora lloráis, porque reiréis. Bienaventurados sois cuando los hombres os aborrecen, cuando os apartan de sí, os colman de insultos y desechan vuestro nombre como malo, por causa del Hijo del Hombre. Alegraos en ese día y saltad de gozo, porque he aquí, vuestra recompensa es grande en el cielo, pues sus padres trataban de la misma manera a los profetas.


Muerte del Venerable Padre Sergio de Radonej, Abate y milagroso –

conmemorado el 25 de septiembre

Видение отроку Варфоломею (Visión del joven Bartolomé), Mikhail Nesterov (ruso, 1889-90)

Видение отроку Варфоломею (Visión del joven Bartolomé), Mikhail Nesterov (ruso, 1889-90)

    A mediados del siglo XIV se fundó el gran monasterio de Troitse Serguievskaia. Su fundador el beato Sergio (en la vida mundana Bartolomé), era hijo de boyardos de Rostov, Cirilo y María, quienes se trasladaron a vivir más cerca de Moscú en Radonez. A los 7 años, Bertolomé comenzó sus estudios. Con mucha ansiedad deseaba el aprendizaje, pero ello no le resultó fácil. Apenado por esto día y noche pedía al Señor abrirle el aprendizaje de los libros. Cierta vez buscando en el campo caballos perdidos, vio debajo de un roble un desconocido anciano vestido de negro. El monje rezaba. El joven se acercó y relató su pena. Con atención escuchó al joven, y el anciano comenzó a rezar..por su ilustración. En tanto tomando un cofre, tomó un trozo de prosforá y bendiciendo con él a Bartolomeo, dijo: “Toma, joven y cómelo, — esto se te da como emblema de la benevolencia Divina y el entendimiento de las Sagradas Escrituras.” Bendición ésta que obtuvo el joven: el Señor le dio inteligencia, memoria y el joven comenzó a adquirir fácilmente la sabiduría de los libros.

    Después de este milagro en el joven Bartolomeo se afianzó aún más el deseo de servir a Dios. Quiso aislarse como los antiguos beatos, pero el amor a los padres lo mantenía junto a la querida familia. Bartolomeo era tímido, taciturno y no hablador, era condescendiente con todos y cariñoso, no se exasperaba y mostraba una total obediencia a los padres.

    Comúnmente sólo comía pan y agua y en los días de abstinencia no tomaba ningún alimento. Después de la muerte de los padres dejó la herencia para su hermano menor Pedro y junto con su hermano mayor Estéban fue a habitar a 10 verstas (medida de Rusia) de Radonez en un tupido monte cerca del río Conchúry. Los hermanos cortaban los árboles a mano y así construyeron una celda y una pequeña iglesia. Esta iglesia fue bendecida por el sacerdote enviado por el metropolita Feognósto, en honor de la Santísima Trinidad. Así se originó el famosísimo convento del beato Sergio.

    Преподобный Сергий - Весна ( San Sergio - Primavera ), Sergey Efoshkin (ruso, moderno)

    Преподобный Сергий – Весна ( San Sergio – Primavera ), Sergey Efoshkin (ruso, moderno)


    Pronto Esteban dejó a su hermano y fue superior del monasterio “Bogoiavlensky” (o en ruso: “Aparición Divina”), en Moscú y padre espiritual del gran príncipe Bartolomeo, como monje con el nombre de Sergio, cerca de dos años habitó solo en el bosque. Es imposible imaginar cuantas tentaciones soportó durante este tiempo el joven monje, pero con paciencia y oración logró sobrellevar todos los obstáculos. Jaurías de lobos rondaban su celda, había osos, pero ningún animal le prodigaba daño. Cierta vez el beato del desierto le dio pan a un oso que se acercó a su celda, a partir de entonces el animal comenzó a visitar seguido al beato Sergio, quien compartía con él su ultimo pedazo de pan.

    Por más que el beato Sergio trataba de ocultar sus devociones su reputación se divulgó y atrajo a otros monjes que deseaban la salvación bajo su orientación. Comenzaron a pedirle que tomara la bendición para sacerdote y abad. Sergio no lo aceptó durante mucho tiempo, pero sintió un perseverante pedido de una voz del Cielo que dijo: “Desearía obedecer que hacer obedecer, pero temiendo al juicio Divino me pongo a la voluntad de Dios.” Esto fue en 1354, cuando el beato Alexey comenzó como metropolita catedrático de Moscú.

    La vida y obra del beato Sergio en la vida del monaquismo ruso tiene un especial significado porque inició la vida eremítica, de los ermitaños, organizando fuera de la ciudad el convento comunal. Organizado bajo nuevos parámetros el convento de la Santísima Trinidad, al comienzo tuvo que soportar grandes carencias; las “casullas” (en ruso —riza) eran de una tela común teñida, los utensilios eclesiásticos eran de madera, en el templo en lugar de velas iluminaban astillas, — pero los devotos ardían por su celo. El beato Sergio daba a la hermandad el ejemplo de gran abstinencia, profunda contrición y firmeza implacable en la ayuda de Dios. En los esfuerzos y hazañas iba él primero y la hermandad lo seguía.

    Cierta vez el convento quedó sin reservas de pan. El mismo abad para conseguir ganar algunos trozos de pan, construyó un atrio para la celda de un hermano. En momentos de gran necesidad, por los rezos de la hermandad, inesperadamente llegaba piadosa ayuda. Luego de unos años de inaugurado el convento, campesinos comenzaron a poblar los alrededores. No lejos de allí, había una ruta hacia Moscú y al norte, por lo cual los ingresos del convento comenzaron a crecer, y al igual que el convento de Kievo Pechersky comenzó a prodigar limosnas y a aceptar bajo su protección enfermos y peregrinos.

    Hasta Constantinopla llegaron las noticias acerca del beato Sergio, y el patriarca Filofey le envió su bendición y su decreto por el cual se aprobaban las nuevas reglas de la vida ermitaña comunitaria aplicadas por el fundador del convento de la Santísima Trinidad. El metropolita Alexis admiraba al beato Sergio, como amigo, le encomendaba reconciliar príncipes enemistados, le encargaba importantes facultades y lo preparaba como sucesor. Pero él rehusó este nombramiento.

    Cierta vez el metropolita Alexis quiso condecorarlo con la cruz de oro por su trabajo pero Sergio contestó: “Desde la infancia no usé oro, a la vejez con más razón quiero mantenerme en la humildad” — y decididamente declinó de sí tal honor.

    El gran príncipe Dimitry Ivanovich, llamado Donskoy, honraba al beato Sergio, como a un padre, y le pedía bendición para la lucha contra el jan tártaro Mamay. “Vé, vé con confianza príncipe y confía en Dios!” — le dijo el beato anciano y le dio a dos devotos monjes: Peresvéta y Oslábiu quienes perecieron como héroes en la batalla de Kulikov.

    STASSIS
    Durante su vida ya el beato Sergio realizaba milagros y era partícipe de sublimes confesiones. Cierta vez tuvo la aparición magnánima de la Madre de Dios con los apóstoles Pedro y Juan quién prometió Su protección al convento. Otra vez vio una luz inigualable y muchos pájaros llenando el aire con sus magníficos trinos, y tuvo la revelación, de que muchos monjes reunirá en su convento. Treinta años después de su beata desaparición (28 sep. 1392), se abrieron sus santas reliquias.

    El convento de Troitse Serguievskaia se expandió en todas direcciones fundando muchos nuevos reductos. El convento englobaba como una red todo el norte y lo concentraba hacia la iglesia, y la parte central del gobierno de Rusia — Moscú. Durante su vida el beato Sergio organizó y coordinó conventos como Kiryátsky, (cerca del río Kiryáts, en el estado de Vladimir), Golutvín (en Colomno), Simonov en Moscú, Visotsky, cerca de Serpujóv, Boriso-Glebsky, cerca de Rostov, Dubénsky, en honor de la guerra de Kulikóv, Pokrófsky, cerca de Bopovscá, Avramiev cerca de Chijlomá.

    Después de la desaparición del beato Sergio sus seguidores fundaron también conventos: como Sávvin Storoyevsky (cerca de Zvenígoroda), Zhelezno-bórsky (cerca de Gálich), Voscresensky, cerca de Obnor, al norte de la provincia de Iarosláv, Ferapóntov, Kirilóv-Belosersky y otros. Como amigo del beato Sergio, tenemos a san Esteban evangelizador del país de Perguí.

http://www.fatheralexander.org/booklets/spanish/vida_santos_5.htm#_Toc529407706