El Exorcismo en la Sinagoga de Capernaúm (Lucas 4:31-36)

Fresco del exorcismo en la sinagoga de Cafarnaúm (siglo XI), Monasterio de Stift Lambach, Austria

Fresco del exorcismo en la sinagoga de Capernaúm (siglo XI), Monasterio de Stift Lambach, Austria

Y descendió a Capernaúm, ciudad de Galilea. Y les enseñaba en los días de reposo; y se admiraban de su enseñanza porque su mensaje era con autoridad. Y estaba en la sinagoga un hombre poseído por el espíritu de un demonio inmundo, y gritó a gran voz: Déjanos ¿Qué tenemos que ver contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Yo sé quién eres: el Santo de Dios. Jesús entonces lo reprendió, diciendo: ¡Cállate y sal de él! Y después que el demonio lo derribó en medio de ellos, salió de él sin hacerle ningún daño. Y todos se quedaron asombrados, y discutían entre sí, diciendo: ¿Qué mensaje es éste? Porque con autoridad y poder manda a los espíritus inmundos y salen.


Comentario

San Agustín de Hipona (Argelia antigua, siglo V)

    Creer que Jesús es Dios equivale a creer como creen los cristianos que no lo son sólo de nombre, sino con los hechos y la vida, no como creen los demonios. Pues, como dice la Escritura, también los demonios creen, pero tiemblan [Santiago 2:19]. ¿Qué más pudieron creer los demonios, si llegaron a decir: Sabemos que eres el Hijo de Dios? Lo que dijeron los demonios es lo mismo que dijo Pedro. Cuando el Señor les preguntó quién era y quién decían los hombres que era Él, los discípulos respondieron: Unos dicen que eres Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas [Mateo 16:14]. A lo que Él replicó: Pero vosotros ¿quién decís que soy yo? [Mateo 16:15]. Respondió Pedro: Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo [Mateo 16:16]. Y él oyó de boca del Señor: Dichoso eres Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló la carne y la sangre, sino mi Padre que está en los cielos [Mateo 16:17]. Ved qué alabanzas acompañan a esta profesión de fe: Tú eres Pedro y sobre esta roca edificaré mi Iglesia [Mateo 16:18]. ¿Qué significa sobre esta piedra edificaré mi Iglesia? Sobre esta profesión de fe, es decir, sobre las palabras: Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo. «Sobre esta roca fundamentaré mi Iglesia», le dijo. ¡Magnífica alabanza! Así, pues, dice Pedro: Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo; dicen asimismo los demonios: Sabemos quién eres, el Hijo de Dios, el Santo de Dios [e.g. Lucas 4:34]. Lo mismo que dice Pedro, lo dicen los demonios, las mismas palabras, pero no con el mismo espíritu. ¿Y cómo consta que Pedro lo decía con amor? Porque la fe del cristiano va acompañada del amor; la de los demonios, no. ¿Cómo es que no va acompañada de amor? Pedro dijo aquellas palabras para adherirse a Cristo, y los demonios, en cambio, para que se alejase de ellos. Pues, antes de decir: Sabemos quién eres, tú eres el Hijo de Dios, habían dicho: ¿Qué tenemos que ver nosotros contigo? ¿Por qué has venido a echarnos a perder antes de tiempo? [Mateo 8:29, Marcos 1:24] Por tanto, una cosa es confesar a Cristo para poseerle y otra es confesarlo para alejarlo de ti. Así, pues, veis en qué sentido dice aquí: Quien cree. Se refiere a una fe específica; no a la fe común a muchos hombres. En consecuencia, hermanos, que ningún hereje os diga: «También nosotros creemos». Os he propuesto el ejemplo de los demonios precisamente para que no os alborocéis ante las solas palabras de los que creen, sino que exploréis los hechos de la vida.

– San Agustín de Hipona, Homilías sobre la Primera Carta de San Juan, Homilía V
(http://www.augustinus.it/spagnolo/commento_lsg/omelia_10_testo.htm)

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