Jesús sana a la suegra de Simón (Lucas 4:37-44)

Mosaico del siglo XVI, Iglesia del Santísimo Salvador en Chora, Constantinopla (Estambul)

Mosaico del siglo XV, Iglesia del Santísimo Salvador en Chora, Constantinopla (Estambul)

Y su fama se divulgaba por todos los lugares de la región circunvecina. Y levantándose, salió de la sinagoga y entró en casa de Simón. Y la suegra de Simón se hallaba sufriendo con una fiebre muy alta, y le rogaron por ella. E inclinándose sobre ella, reprendió la fiebre, y la fiebre la dejó; y al instante ella se levantó y les servía. Al ponerse el sol, todos los que tenían enfermos de diversas enfermedades se los llevaban a El; y poniendo El las manos sobre cada uno de ellos, los sanaba. También de muchos salían demonios, gritando y diciendo: ¡Tú eres el Hijo de Dios! Pero, reprendiéndolos, no les permitía hablar, porque sabían que El era el Cristo. Cuando se hizo de día, salió y se fue a un lugar solitario; y las multitudes le buscaban, y llegaron adonde El estaba y procuraron detenerle para que no se separara de ellos. Pero El les dijo: También a las otras ciudades debo anunciar las buenas nuevas del reino de Dios, porque para esto yo he sido enviado. Y predicaba en las sinagogas de Judea.


Comentario

San Juan Crisóstomo (Constantinopla, siglo IV)

    Considera en este paso la reverencia de Pedro para con Cristo. Teniendo él a su suegra en el lecho, en casa, con alta fiebre, no llevó a Jesús a su morada, sino que esperó a que se terminara la explicación doctrinal y a que fuera sanando a todos los demás; y finalmente cuando Jesús entró en su casa entonces le rogó. De este modo Cristo le iba enseñando a posponer los negocios de los demás a los propios.

    De manera que no fue Pedro quien introdujo a Jesús en la casa, sino fue Jesús quien espontáneamente penetró en ella. Y esto después de que el centurión le había dicho: Señor, yo no soy digno de que entres bajo mi techo [Mateo 8:8]. Declaró con eso cuan grato le era el discípulo. Considera qué clase de viviendas eran las de los pescadores; pero Cristo no tuvo a menos entrar en ellas, para enseñarnos a pisotear todo fausto humano.

Homilías Sobre el Evangelio de San Mateo, Homilia XXVII (tr. del griego por Padre Rafael Ramírez Torres, SJ)

(http://www.clerus.org/bibliaclerusonline/es/ev5.htm)

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El Exorcismo en la Sinagoga de Capernaúm (Lucas 4:31-36)

Fresco del exorcismo en la sinagoga de Cafarnaúm (siglo XI), Monasterio de Stift Lambach, Austria

Fresco del exorcismo en la sinagoga de Capernaúm (siglo XI), Monasterio de Stift Lambach, Austria

Y descendió a Capernaúm, ciudad de Galilea. Y les enseñaba en los días de reposo; y se admiraban de su enseñanza porque su mensaje era con autoridad. Y estaba en la sinagoga un hombre poseído por el espíritu de un demonio inmundo, y gritó a gran voz: Déjanos ¿Qué tenemos que ver contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Yo sé quién eres: el Santo de Dios. Jesús entonces lo reprendió, diciendo: ¡Cállate y sal de él! Y después que el demonio lo derribó en medio de ellos, salió de él sin hacerle ningún daño. Y todos se quedaron asombrados, y discutían entre sí, diciendo: ¿Qué mensaje es éste? Porque con autoridad y poder manda a los espíritus inmundos y salen.


Comentario

San Agustín de Hipona (Argelia antigua, siglo V)

    Creer que Jesús es Dios equivale a creer como creen los cristianos que no lo son sólo de nombre, sino con los hechos y la vida, no como creen los demonios. Pues, como dice la Escritura, también los demonios creen, pero tiemblan [Santiago 2:19]. ¿Qué más pudieron creer los demonios, si llegaron a decir: Sabemos que eres el Hijo de Dios? Lo que dijeron los demonios es lo mismo que dijo Pedro. Cuando el Señor les preguntó quién era y quién decían los hombres que era Él, los discípulos respondieron: Unos dicen que eres Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas [Mateo 16:14]. A lo que Él replicó: Pero vosotros ¿quién decís que soy yo? [Mateo 16:15]. Respondió Pedro: Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo [Mateo 16:16]. Y él oyó de boca del Señor: Dichoso eres Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló la carne y la sangre, sino mi Padre que está en los cielos [Mateo 16:17]. Ved qué alabanzas acompañan a esta profesión de fe: Tú eres Pedro y sobre esta roca edificaré mi Iglesia [Mateo 16:18]. ¿Qué significa sobre esta piedra edificaré mi Iglesia? Sobre esta profesión de fe, es decir, sobre las palabras: Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo. «Sobre esta roca fundamentaré mi Iglesia», le dijo. ¡Magnífica alabanza! Así, pues, dice Pedro: Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo; dicen asimismo los demonios: Sabemos quién eres, el Hijo de Dios, el Santo de Dios [e.g. Lucas 4:34]. Lo mismo que dice Pedro, lo dicen los demonios, las mismas palabras, pero no con el mismo espíritu. ¿Y cómo consta que Pedro lo decía con amor? Porque la fe del cristiano va acompañada del amor; la de los demonios, no. ¿Cómo es que no va acompañada de amor? Pedro dijo aquellas palabras para adherirse a Cristo, y los demonios, en cambio, para que se alejase de ellos. Pues, antes de decir: Sabemos quién eres, tú eres el Hijo de Dios, habían dicho: ¿Qué tenemos que ver nosotros contigo? ¿Por qué has venido a echarnos a perder antes de tiempo? [Mateo 8:29, Marcos 1:24] Por tanto, una cosa es confesar a Cristo para poseerle y otra es confesarlo para alejarlo de ti. Así, pues, veis en qué sentido dice aquí: Quien cree. Se refiere a una fe específica; no a la fe común a muchos hombres. En consecuencia, hermanos, que ningún hereje os diga: «También nosotros creemos». Os he propuesto el ejemplo de los demonios precisamente para que no os alborocéis ante las solas palabras de los que creen, sino que exploréis los hechos de la vida.

– San Agustín de Hipona, Homilías sobre la Primera Carta de San Juan, Homilía V
(http://www.augustinus.it/spagnolo/commento_lsg/omelia_10_testo.htm)

La Tentación de Cristo (Lucas 4:1-15)

The Temptation of Christ (La tentación de Cristo), Eric Armusik (americano, 2011)

The Temptation of Christ (La tentación de Cristo), Eric Armusik (americano, 2011)

Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán y fue llevado por el Espíritu en el desierto por cuarenta días, siendo tentado por el diablo. Y no comió nada durante esos días, pasados los cuales tuvo hambre. Entonces el diablo le dijo: Si eres Hijo de Dios, di a esta piedra que se convierta en pan. Jesús le respondió: Escrito está: “NO SOLO DE PAN VIVIRA EL HOMBRE.” Llevándole a una altura, el diablo le mostró en un instante todos los reinos del mundo. Y el diablo le dijo: Todo este dominio y su gloria te daré; pues a mí me ha sido entregado, y a quien quiero se lo doy. Por tanto, si te postras delante de mí, todo será tuyo. Respondiendo Jesús, le dijo: Escrito está: “AL SEÑOR TU DIOS ADORARAS, Y A EL SOLO SERVIRAS.” Entonces el diablo le llevó a Jerusalén y le puso sobre el pináculo del templo, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, lánzate abajo desde aquí, pues escrito está: “A SUS ANGELES TE ENCOMENDARA PARA QUE TE GUARDEN”, y: “EN LAS MANOS TE LLEVARAN, NO SEA QUE TU PIE TROPIECE EN PIEDRA.” Respondiendo Jesús, le dijo: Se ha dicho: “NO TENTARAS AL SEÑOR TU DIOS.” Cuando el diablo hubo acabado toda tentación, se alejó de El esperando un tiempo oportuno. Jesús regresó a Galilea en el poder del Espíritu, y las nuevas acerca de El se divulgaron por toda aquella comarca. Y enseñaba en sus sinagogas, siendo alabado por todos.


Comentario

San Juan Crisostomo (siglo IV)

    Y pues Jesús sufría el hambre, acercándose el tentador le dijo: Si eres hijo de Dios di a estas piedras que se conviertan en pan. Como había oído la voz del cielo que decía: Este es mi Hijo muy amado[1]; y había escuchado a Juan que tan grandes cosas testificaba; y luego lo ve hambriento, al fin quedó en duda. No lo podía creer solo hombre por lo que de él se había dicho; pero tampoco admitía que fuera el Hijo de Dios, pues lo veía padecer hambre. Dudoso en su ánimo, traduce sus dudas en sus palabras. Y al modo como acercándose a Adán allá al principio fingió lo que no había para cerciorarse de lo que en realidad había, así ahora, ignorando el secretísimo misterio de la nueva economía y no sabiendo en concreto quién era el que ahí presente se encontraba, procura fabricar nuevas redes, mediante las cuales creía poder llegar a saber lo que en la oscuridad estaba escondido.

    ¿Qué dice, pues? Si eres el Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan. No le dijo: puesto que tienes hambre, sino: si eres el Hijo de Dios, pensando que así lo halagaría. Calló lo del hambre para que no pareciera que se lo echaba en cara y lo avergonzaba. Ignorando la alteza de las cosas que se iban llevando a cabo, pensaba que hablarle del hambre le sonaría a injuria; por lo cual, al modo de los que adulan, única pero dobladamente se refiere a su dignidad. Y ¿qué hace Cristo? Humillándole su hinchazón y demostrándole que de ninguna manera resultaba vergonzoso lo que le acontecía, ni era indigno de su sabiduría, echa por delante precisamente lo que el diablo había callado y le dice: No de solo pan vive el hombre.

Homilías Sobre el Evangelio de San Mateo, Homilia XIII (tr. del griego por Padre Rafael Ramírez Torres, SJ)

[1] El bautismo de Jesus, e.g. Lucas 3:19-22, la lectura de 9/22