“Yo os bautizo con agua; pero viene el que es más poderoso que yo …” (Lucas 3:1-18)

Juan Bautista, icono por Andrei Rublev (siglo XV, Rusia)

Juan Bautista, icono por Andrei Rublev (siglo XV, Rusia)

En el año decimoquinto del imperio de Tiberio César, siendo Poncio Pilato gobernador de Judea, y Herodes tetrarca de Galilea, y su hermano Felipe tetrarca de la región de Iturea y Traconite, y Lisanias tetrarca de Abilinia, durante el sumo sacerdocio de Anás y Caifás,vino la palabra de Dios a Juan, hijo de Zacarías, en el desierto. Y él fue por toda la región contigua al Jordán, predicando un bautismo de arrepentimiento para el perdón de los pecados; como está escrito en el libro de las palabras del profeta Isaías:

VOZ DEL QUE CLAMA EN EL DESIERTO: “PREPARAD EL CAMINO DEL SEÑOR, HACED DERECHAS SUS SENDAS.

TODO VALLE SERA RELLENADO, Y TODO MONTE Y COLLADO REBAJADO; LO TORCIDO SE HARA RECTO, Y LAS SENDAS ASPERAS SE VOLVERAN CAMINOS LLANOS;

Y TODA CARNE VERA LA SALVACION DE DIOS.”

Por eso, decía a las multitudes que acudían para que él las bautizara: ¡Camada de víboras! ¿Quién os enseñó a huir de la ira que vendrá? Por tanto, dad frutos dignos de arrepentimiento; y no comencéis a deciros a vosotros mismos: “Tenemos a Abraham por padre”, porque os digo que Dios puede levantar hijos a Abraham de estas piedras. Y también el hacha ya está puesta a la raíz de los árboles; por tanto, todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado al fuego. Y las multitudes le preguntaban, diciendo: ¿Qué, pues, haremos? Respondiendo él, les decía: El que tiene dos túnicas, comparta con el que no tiene; y el que tiene qué comer, haga lo mismo. Vinieron también unos recaudadores de impuestos para ser bautizados, y le dijeron: Maestro, ¿qué haremos? Entonces él les respondió: No exijáis más de lo que se os ha ordenado. También algunos soldados le preguntaban, diciendo: Y nosotros, ¿qué haremos? Y él les dijo: A nadie extorsionéis, ni a nadie acuséis falsamente, y contentaos con vuestro salario. Como el pueblo estaba a la expectativa, y todos se preguntaban en sus corazones acerca de Juan, si no sería él el Cristo, Juan respondió, diciendo a todos: Yo os bautizo con agua; pero viene El que es más poderoso que yo; a quien no soy digno de desatar la correa de Sus sandalias; El os bautizará con el Espíritu Santo y fuego. El bieldo está en su mano para limpiar completamente su era y recoger el trigo en su granero; pero quemará la paja en fuego inextinguible. Y también con muchas otras exhortaciones Juan anunciaba las buenas nuevas al pueblo.

 

La Bibila de Las Americas

 

*3:3 … predicando un bautismo de arrepentimiento por LBLA. Mas bien,… predicando EL bautismo de arrepentimiento [κηρύσσων βάπτισμα μετανοίας]

Cánon de Eusebio:

Mateo Marcos Lucas Juan
3:1-2 3:1-2 1:6-8; 3:23
3:3 1:3 3:3-6 1:23
3:7-10 3:7-9
3:10-15
3:11 1:7-8 3:16 1:15,26-27,30-31; 3:28
3:12 3:17-18

 


Comentario

Homilía por San Juan Crisóstomo (siglo IV)

Hubo un hombre enviado por Dios, llamado Juan  (Juan 1:6)

El Evangelista, en su doctrina sobre el Dios Verbo, puso las cosas más esenciales y necesarias; y procediendo por su orden, vino luego al Precursor del Verbo, llamado Juan. Pero tú, cuando oyes que fue enviado por Dios, piensa desde luego que nada de lo que dice lo dice al modo humano. Porque no dice cosas suyas, sino del que lo envía. Por tal motivo fue llamado ángel o enviado [ἄγγελος, angelos] [Malaquías 3:1]. El oficio del ángel o enviado es no decir nada suyo. Además, eso de hubo no significa que vino a la existencia, sino que se le dio una misión. Fue enviado por Dios es lo mismo que fue enviado de Dios. Yo pregunto: ¿cómo es que los herejes dicen que aquello de: Subsistiendo en la naturaleza divina [Filipenses 2:6] no se ha de entender de una igualdad del Hijo con el Padre, porque la palabra Dios no lleva artículo? Tampoco acá hay artículo alguno. Entonces ¿aquí no se refiere al Padre? Pero ¿qué diríamos del profeta que clama: He aquí que yo envié a mi mensajero para allanar el camino delante de ti [Malaquías 3:1, Marcos 1:2]? Ese mi y ti significan personas.

Este vino como testigo para dar testimonio de la luz (Juan 1:7).

Preguntará alguno: ¿Cómo es eso de que el siervo da testimonio del Señor? Pues bien: ¿no te admirarás más aún y dudarás cuando veas que no sólo es testificado por el siervo, sino que El mismo acude al siervo y es bautizado por el siervo, estando mezclado con los demás judíos? No conviene perturbarse ni alborotarse, sino más bien admirarse de la inefable benignidad del Señor. Si alguno duda y permanece turbado, el Señor le dirá lo que al Bautista: Déjame ahora hacer: pues así conviene que cumplamos toda justicia [Mateo 3:15]. Y si más aún se conturba, le añadirá lo que dijo a los judíos: Yo no necesito que un hombre testifique en favor mío [Juan 5:34]. Pero si Jesús no necesita de semejante testimonio, entonces ¿por qué Juan fue enviado por Dios? No fue porque Cristo necesitara de semejante testimonio: afirmarlo sería el colmo de la impiedad. Entonces ¿por qué? Juan mismo nos lo enseña cuando dice: Para que todos creyeran en El [Juan 1:7].

Cristo, habiendo dicho: Yo no necesito que un hombre testifique en favor mío [Juan 5:34], para no parecer ante los necios como contradiciéndose, ya que en una ocasión afirma: Es otro el que da testimonio de Mí y sé Yo que su testimonio es verdadero [Juan 5:32] refiriéndose a Juan; y en esta otra dice: Yo no necesito que un hombre testifique en favor mío, El mismo añadió la solución: Lo digo por vosotros, para que os salvéis [Juan 5:34]. Que es como si dijera: Soy Dios y verdadero Hijo de Dios y de su misma substancia inmortal y feliz, y no necesito del testimonio de ningún hombre. Pues aun cuando nadie quisiera testificarlo, no por eso sería yo en nada inferior en naturaleza al Padre. Mas como tengo el cuidado de muchos, me he abajado a esta humillación de dar el oficio de testificar de Mí a un hombre.

Atendiendo a la debilidad y bajas apetencias de los judíos, parecía que por este camino sería más fácil que creyeran en El. De manera que así como se revistió de carne para no descender al certamen en su manifiesta divinidad, lo que hubiera sido dar muerte a todos, así envió a un hombre como heraldo, para que escuchando ellos la voz de uno de su mismo linaje, más fácilmente se le acercaran los que entonces lo oyeran. No teniendo necesidad del testimonio del Bautista, cosa que sólo podía demostrarse apareciendo en clara substancia, con lo que habría espantado a todos, no procedió así, como hace un momento lo dije, pues a todos los hubiera perdido, por no poder nadie resistir la fuerza de aquella luz inaccesible. Tal fue el motivo de revestirse de carne y dar a uno de nuestros consiervos el oficio de testimoniar acerca de El; porque El todo lo hizo buscando siempre la salvación de los hombres. Por lo cual cuidó al mismo tempo de su propia dignidad y de la capacidad de entender de sus oyentes y de la utilidad de los mismos.

Dando a entender esto, decía: Esto lo digo por vosotros, para que seáis salvos. Y el evangelista, que dice lo mismo que afirma el Señor, una vez que dijo: Para dar testimonio de la luz, añadió: Para que por su medio creyeran todos en El [Juan 1:7]. Como si dijera: No pienses que vino Juan el Bautista para añadir algo a la fe en las palabras del Señor. No vino para eso, sino para que por su medio creyeran sus congéneres los judíos. Y que el evangelista lo haya dicho para suprimir esa imaginación, consta por lo que sigue. Pues añadió: No era él la luz [Juan 1:8]. Si no lo hubiera dicho con el objeto de apartar la imaginación que indiqué, resultaría inútil decirlo y más sería una repetición que no una explicación de la doctrina. Habiendo dicho ya: Fue enviado para que diera testimonio de la luz ¿por qué había de añadir: No era él la luz? No lo hizo sin causa y motivo. Lo que sucede es que como entre nosotros con frecuencia es de mayor dignidad el que testifica que aquel de quien testifica, por lo cual de ordinario se le juzga más digno de fe, para que nadie imaginara eso del Bautista, ya desde el principio lo excluye; y una vez corregido eso de raíz, declara quién es el que testifica y quién aquel del que da testimonio, y cuán grande es la diferencia entre ambos.

Hecho esto, y demostrada la incomparable excelencia del Verbo, prosigue confiadamente con lo demás. Rechazado ya con diligencia lo que de absurdo podría ocurrirse a los necios, se dedica a enseñar la doctrina fácilmente y sin tropiezo. Roguemos, pues, al Señor que, ya que poseemos la revelación de tantas y tan excelentes cosas, y juntamente la recta y sana doctrina, llevemos una vida pura y santa. Pues la doctrina de nada nos aprovecha sin las buenas obras. Aun cuando logremos una fe plena y una inteligencia clara de todas las Escrituras, si no tenemos el patrocinio de una vida buena, nada obstará para que caigamos en la gehenna del fuego y nos quememos para siempre en la llama inextinguible. Así como los que obraron el bien resucitarán para vida eterna, así los que se atrevieron a llevar una vida desordenada, resucitarán para un castigo sin acabamiento y eterno.

En consecuencia, empleemos todo nuestro empeño, para que la ganancia lograda mediante la fe correcta, no la perdamos a causa de la perversidad en nuestras obras; sino que tras de vivir acá piadosamente, nos presentemos confiados ante Cristo, felicidad que no tiene igual. Ojalá que nosotros, conseguido todo lo dicho, en todo procedamos para la gloria de Dios; al cual sea la gloria, juntamente con el Hijo Unigénito y el Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.

Homilías sobre el Evangelio de San JuanHomilía VI

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