“¿Pensáis que vine a dar paz en la tierra? No, os digo, sino más bien división” (Lucas 12:48-59)

Icono del Cristo Pantocrator, Monasterio de Hilander, Monte Athos, Grecia

Icono del Cristo Pantocrator, Monasterio de Hilander, Monte Athos, Grecia

A todo el que se le haya dado mucho, mucho se demandará de él; y al que mucho le han confiado, más le exigirán.

Yo he venido para echar fuego sobre la tierra; y ¡cómo quisiera que ya estuviera encendido! Pero de un bautismo tengo que ser bautizado, y ¡cómo me angustio hasta que se cumpla! ¿Pensáis que vine a dar paz en la tierra? No, os digo, sino más bien división. Porque desde ahora en adelante, cinco en una casa estarán divididos; tres contra dos y dos contra tres. Estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre; la madre contra la hija y la hija contra la madre; la suegra contra su nuera y la nuera contra su suegra.
cf Mat 10:34-36

Decía también a las multitudes: Cuando veis una nube que se levanta en el poniente, al instante decís: “Viene un aguacero”, y así sucede. Y cuando sopla el viento del sur, decís: “Va a hacer calor”, y así pasa. ¡Hipócritas! Sabéis examinar el aspecto de la tierra y del cielo; entonces, ¿por qué no examináis este tiempo presente?
cf Mat 16:2-3

¿Y por qué no juzgáis por vosotros mismos lo que es justo? Porque mientras vas con tu adversario para comparecer ante el magistrado, procura en el camino arreglarte con él, no sea que te arrastre ante el juez, y el juez te entregue al alguacil, y el alguacil te eche en la cárcel. Te digo que no saldrás de allí hasta que hayas pagado aun el último centavo.


 

Comentario

 

No penséis que vine a traer paz a la tierra; no vine a traer paz, sino espada. Porque vine a poner al hombre contra su padre, a la hija contra su madre, y a la nuera contra su suegra, y los enemigos del hombre serán los de su misma casa [Mateo 10:34].

Otra vez anuncia cosas laboriosas y con grande autoridad; y de antemano predice lo que después habían de objetar. A fin de que, tras de oír semejantes cosas, no le dijeran: ¿Para esto has venido, para darnos muerte lo mismo que a quienes nos han hecho caso y para llenar de guerras el orbe? El se adelanta y dice: No penséis que he venido a poner paz en la tierra. Entonces ¿por qué mandó a los apóstoles que entrando en una casa dieran la paz? ¿Por qué los ángeles decían: Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz? [Lucas 2:14] ¿Por qué los profetas todos predijeron la paz? Pues porque precisamente eso es sobre todo la paz: el cortar lo enfermo, el separar lo que disiente. Y así puede juntarse el cielo con la tierra.

El médico conserva sano el cuerpo cuando corta de él lo insanable; y el jefe hace lo mismo cuando empuja a separarse a quienes han iniciado juntas perniciosas. Así sucedió en la famosa torre de Babel: la concordia para el mal no se curó sino con una buena discordia, y así volvió la paz [Genesis 11:7,8]. Igualmente Pablo apartó a los que en su contra habían hecho juntas y concordia [Hechos 23:6,7]. Y en el caso de Nabot la junta y concordia fue más desastrosa que cualquier guerra [1 Reyes 21]. De manera que no siempre es laudable la concordia, pues también los ladrones forman entre si concordia. En conclusión, la guerra no brota de parte de Cristo, sino de la mala voluntad de los otros. El, por su parte, quería que todos estuvieran concordes en la piedad y religión; mas como ellos disentían, de ahí nacía la guerra.

Pero no es ese el sentido de lo que dijo Cristo. ¿Qué fue lo que dijo? Para cosolar a los discípulos les dijo: No vine a poner paz. Como si dijera: no penséis que sois vosotros la causa de esas guerras; soy yo quien las determina a causa de la disposición de ánimo que el mundo tiene. No os turbéis pues como de cosas inesperadas. Para esto vine Yo: para provocar la guerra, y esta es mi voluntad. No os turbéis al ver que la tierra, como si le pusieran asechanzas, se llena de guerras. En cuanto fuere separado lo que es de mala calidad, entonces lo que es de mejor calidad se adherirá al cielo. Se lo dice para fortalecerlos contra la mala opinión de muchos.

Y no dijo guerra, sino espada, que es mucho peor. Ni te admires de que tales sentencias encierren trabajo y suenen ingratas al oído. Queriendo ejercitarlos mediante la aspereza de tales palabras para que no volvieran atrás al ihallarse en medio de las dificultades, dispuso tales expresiones. Y para que nadie dijera que hablaba por divertir y ocultando lo difícil de la empresa, explicó de un modo más terrible y acerbo las cosas que podían decirse de otra manera. Al fin y al cabo, es mejor la suavidad en las obras que en las palabras.

Por lo cual, no se contentó con eso, sino que, declarando el modo de las guerras, dejó ver que eran más terribles con mucho que cualquier guerra civil. Les dice: He venido a separar al hombre de su padre y a la hija de su madre y a la nuera de su suegra. Como quien dice: se levantarán no sólo los amigos y conciudadanos, sino los parientes unos contra otros; y la naturaleza misma se rasgará con la guerra. De modo que la guerra estallará no únicamente entre los domésticos sino aun entre los que son amiguísimos y están unidos con el más estrecho parentesco. Pero esto sobre todo manifiesta su poder: que los discípulos, oyendo tales cesas, las aceptaran y las persuadieran a los demás.

En realidad tales guerras no las hará El mismo, sino la perversidad del hombre; sin embargo dice que El las hará. Porque es costumbre de las Sagradas Escrituras hablar así. En otra parte dicen: Les dio Dios ojos para que no vieran? Pues del mismo modo aquí habla, para que ellos, recordando las palabras que cité más arriba, no se turbaran al ser acometidos con oprobios e injurias. Y si algunos tienen estas cosas por pesadas, recuerden la historia antigua. Pues allá en los primeros tiempos sucedió lo mismo; cosa que, por otra parte, demuestra la afinidad de la Ley Antigua con la Nueva, y que es uno mismo el Legislador de ambas

– San Juan Crisóstomo (siglo IV), Homilías Sobre el Evangelio de San Mateo, Homilía XXXV (tr. por Padre Rafael Ramírez Torres, SJ)

(http://www.clerus.org/bibliaclerusonline/es/ewe.htm#bi)

 


Dijo el padre Antonio al padre Poemen: “Esta es la obra grande del hombre: echar sobre sí el propio pecado ante Dios y esperar tentaciones hasta el último aliento.

– de Las Palabras de Los Ancianos del Desierto


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