“Guardaos de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía” (Lucas 11:47-12:1)

Imprécations contre les pharisiens (Imprecaciones contra los fariseos, James Tissot (francés, 1886-1896)

Imprécations contre les pharisiens (Imprecaciones contra los fariseos), James Tissot (francés, 1886-1896)

¡Ay de vosotros!, porque edificáis los sepulcros de los profetas, y fueron vuestros padres quienes los mataron. De modo que sois testigos, y aprobáis las acciones de vuestros padres; porque ellos los mataron y vosotros edificáis sus sepulcros.

Por eso la sabiduría de Dios también dijo: “Les enviaré profetas y apóstoles, y de ellos, matarán a algunos y perseguirán a otros, para que la sangre de todos los profetas, derramada desde la fundación del mundo, se le cargue a esta generación, desde la sangre de Abel hasta la sangre de Zacarías, que pereció entre el altar y la casa de Dios; sí, os digo que le será cargada a esta generación.”

¡Ay de vosotros, intérpretes de la ley!, porque habéis quitado la llave del conocimiento; vosotros mismos no entrasteis, y a los que estaban entrando se lo impedisteis.

Cuando salió de allí, los escribas y los fariseos comenzaron a acosarle en gran manera, y a interrogarle minuciosamente sobre muchas cosas, tramando contra El para atraparle en algo que dijera. En estas circunstancias, cuando una multitud de miles y miles se había reunido, tanto que se atropellaban unos a otros, Jesús comenzó a decir primeramente a sus discípulos: Guardaos de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía.


 

Comentario

 

¿Cómo no habéis entendido que no os hablaba del pan? Guardaos digo del fermento de los fariseos y saduceos [Mat 16:11], el evangelista prosigue: Entonces cayeron en la cuenta de que no les había dicho que se guardaran del fermento del pan, sino de la doctrina de los fariseos y saduceos [Mat 14:12]; aunque él claramente los increpó para eso.

Considera cuántos bienes se siguieron de esa increpación. Pues por una parte los retrajo de las observancias judaicas; por otra, como ellos antes estuvieran soñolientos los volvió más atentos y los fortificó en la fe, de manera que no teman ni se atemoricen si les acontece tener pocos panes, ni se afanen por cuidarse del hambre, sino que desprecien todas las cosas. En consecuencia, tampoco nosotros querramos adular a los súbditos y caerles bien siempre, ni querramos que quienes nos gobiernan nos den continuamente gusto en todo. El alma humana necesita de ese doble remedio. Y este es el motivo por el que Dios administra así las cosas humanas, procediendo a veces de un modo y a veces de otro, sin permitir que los bienes ni los males sean inmutables.

Así como unas veces es de día y otras es de noche, y unas veces hay invierno y otras verano, así en las cosas humanas: unas veces hay alegría y otras tristeza; unas veces enfermedad y otras salud. No nos espantemos, pues, si caemos enfermos, siendo así que aún deberíamos admirarnos de estar con salud. No nos turbemos cuando nos aprieta el dolor, pues aun al tiempo en que gozamos, lo conveniente sería que nos perturbáramos. En conclusión: todo viene según el orden natural de las cosas. ¿Cómo puedes admirarte de que así suceda cuando vemos que aún a los santos iguales cosas les han acontecido?

Y para que lo comprendas ¡ea! ¡traigamos al medio la vida de alguno que tú pienses estar más lejos de los negocios y más lleno de delicias! ¿Te parece que examinemos desde el principio la vida de Abrahán? ¿Qué fue lo primero que se le ordenó?: Sal de tu tierra y de tu parentela [Gen 12:1]. ¿Observas cómo semejante mandato está pleno de dolor? Pues advierte cómo se le sigue una prosperidad: Y ve a la tierra que yo te mostraré Yo te haré un gran pueblo. Y ¿qué sucedió? ¿Acaso una vez que llegó a la tierra aquella y tomó puerto ahí, ya no hubo más tristezas? De ninguna manera. Cayó en cosas más amargas: hambre, peregrinación, rapto de su mujer. Mas luego hubo bienes de nuevo: el castigo del Faraón, el salir libre, el honrarlo aquéllos con dones abundantes y el retorno a su casa. Y en fin, todo lo que sigue es una cadena de bienes y de males, entremezclados.

También a los apóstoles acontecieron cosas semejantes. Por esto Pablo decía: El que nos consuela en todas nuestras tribulaciones para que podamos consolar nosotros a todos los atribulados [2 Cor 12:1]. Dirás: “Pero a mí eso ¿qué me importa, pues vivo en perpetuo dolor?” No seas malagradecido ni olvides los beneficios. No es posible que alguien viva solamente en perpetuos dolores, pues la naturaleza no lo podría tolerar. Porque quisiéramos vivir en perpetuo gozo, creemos que vivimos en perpetuo dolor. Y no es este el único motivo, sino que al punto nos olvidamos de las cosas buenas y de la prosperidad, mientras que, por el contrario, continuamente nos acordamos de lo que aflige; y por esto decimos que pasamos la vida en perpetuo dolor.

– San Juan Crisóstomo (siglo IV), Homilías Sobre el Evangelio de San Mateo, Homilía LIII (tr. por Padre Rafael Ramírez Torres, SJ)

(http://www.clerus.org/bibliaclerusonline/es/ewn.htm#bz)

 


Un día el santo padre Antonio, mientras estaba sentado en el desierto, fue presa del desaliento y de densa tinieblas de pensamientos. Y decía a Dos: “¡Oh Señor! Yo quiero salvarme, pero los pensamientos me lo impiden. ¿Qué puedo hacer en mi aflicción? Entonces, asomándose un poco, ve Antonio a otro como él, que está sentado y trabaja, después interrumpe el trabajo, se pone en pie y ora, después se sienta de nuevo y se pone a trenzar cuerdas, y después se levanta de nuevo y ora. Era un ángel del Señor, enviado para corregir a Antonio y darle fuerza. Y oyó al ángel que decía: “Haz así y serás salvo.”

– de Las Palabras de Los Ancianos


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“… y el estado final de aquel hombre resulta peor que el primero” (Lucas 11:23-26)

El que no está conmigo, contra mí está; y el que conmigo no recoge, desparrama.

Cuando el espíritu inmundo sale del hombre, pasa por lugares áridos buscando descanso; y al no hallarlo, dice: “Volveré a mi casa de donde salí.” Y cuando llega, la encuentra barrida y arreglada. Entonces va y toma consigo otros siete espíritus peores que él, y entrando, moran allí; y el estado final de aquel hombre resulta peor que el primero.


 

Comentario

 

Porque cuando alguno, liberado de las desdichas, sin embargo no se enmienda, tiene que soportar otras mayores que las precedentes. Por eso dice: No encontrará reposo, para indicar que las asechanzas del demonio necesariamente vendrán y se apoderarán de él. La razón es porque debieron ser llevados a mejores pensamientos por ambas cosas: por lo que ya habían sufrido y por haber sido liberados. Y aun hay una tercera cosa: la amenaza que se les hace de que algo peor puede sucederles. Y sin embargo, por ninguno de esos motivos se tornaron mejores.

Pero no pensemos que tales cosas se dijeron sólo para ellos, pues también para nosotros son oportunas, una vez que iluminados y liberados de los males antiguos, otra vez nos apegamos a la misma perversidad: con más graves penas seremos castigados por los pecados cometidos después de semejante liberación. Por esto Cristo dijo al paralítico: Mira que has sido curado: no vuelvas a pecar: no te suceda algo peor [Juan 5:14]. Esto lo dijo a quien había estado enfermo treinta y ocho años. Preguntarás ¿qué cosa más grave que lo anterior podía sufrir? ¡Cosas mucho más duras y peores! Lejos de nosotros el ir a padecer ni siquiera tanto cuanto ya hemos padecido. Porque no le faltan a Dios castigos que imponernos. Pues así como es grande su misericordia, así también es pesada su ira. Por esto Ezequiel acusa a Jerusalén diciendo: Te vi sucia en tu sangre. Te lavé con agua, te ungí con óleo. Te hiciste cada vez más hermosa. Te diste al vicio entregándote a cuantos pasaban? [Ezek 16:6,9,14,26]. Por eso se te amenaza con males mayores. Pero considera aquí no únicamente el castigo sino también la infinita paciencia de Dios. Porque con frecuencia nos hemos despeñado en los mismos pecados y sin embargo nos tolera. No nos confiemos. Más bien, temamos. Si el Faraón al primer castigo se hubiera enmendado no habría experimentado los que luego se siguieron, ni habría perecido con todo su ejército poco tiempo después. Lo digo porque a muchos conozco que ahora dicen lo mismo que el Faraón: ¡No conozco a ese Dios! [Éxod 5:2] Y son los que a sus súbditos los aplican a fabricar ladrillos de barro. ¡Cuántos hay que, ordenándoles Dios omitir las amenazas [Efes 6:9], no quieren ni siquiera disminuir los trabajos!

– San Juan Crisóstomo (siglo IV), Homilías Sobre el Evangelio de San Mateo, Homilía XLIII (tr. por Padre Rafael Ramírez Torres, SJ)

(http://www.clerus.org/bibliaclerusonline/es/ewi.htm#bp)


Los Santos Stajis, Apelis, Amplias, Urbanos, Narciso y Aristóbulo, Apóstoles de los 70

 

TODOS LOS SANTOS_80Ellos eran parte de los 70 Apóstoles del Señor [Luc 10:1-24]. Porque para Dios nosotros somos el aroma de Cristo entre los que se salvan y entre los que se pierden [2 Cor 2:15]. Stajis [Rom 16:9] se convirtió en el primer obispo Byzantino, y después de 16 años de predicación apostólica, descansó en paz. Apelis fue ordenado obispo de Heraclea, donde convirtió a muchos a la fe cristiana. Amplias se convirtió en obispo de Odysupoleos y Urbanos obispo Macedonia debido a que los dos obispos habían destruidos muchos ídolos paganos, fueron martirizados hasta su muerte. Narciso fue ordenado obispo de Atenas, donde enseñaba con mucho celo el Evangelio, esto no les agrado a los idolatras, de modo que lo arrestaron lo martirizaron provocándole la muerte. Aristóbulo [Rom 16:10] era obispo [de Britania] y entrego su alma en paz, enseñando la palabra de Dios hasta sus últimos días.

“Pero si yo por el dedo de Dios echo fuera los demonios, entonces el reino de Dios ha llegado a vosotros” (Lucas 11:14-23)

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Estaba Jesús echando fuera un demonio, que era mudo, y sucedió que cuando el demonio salió, el mudo habló; y las multitudes se maravillaron.

Pero algunos de ellos dijeron: El echa fuera los demonios por Beelzebú, príncipe de los demonios.

Y otros, para ponerle a prueba, demandaban de El una señal del cielo.

Pero conociendo El sus pensamientos, les dijo: Todo reino dividido contra sí mismo es asolado; y una casa dividida contra sí misma, se derrumba. Y si también Satanás está dividido contra sí mismo, ¿cómo permanecerá en pie su reino? Porque vosotros decís que yo echo fuera demonios por Beelzebú. Y si yo echo fuera demonios por Beelzebú, ¿por quién los echan fuera vuestros hijos? Por consiguiente, ellos serán vuestros jueces. Pero si yo por el dedo de Dios echo fuera los demonios, entonces el reino de Dios ha llegado a vosotros. Cuando un hombre fuerte, bien armado, custodia su palacio, sus bienes están seguros. Pero cuando uno más fuerte que él lo ataca y lo vence, le quita todas sus armas en las cuales había confiado y distribuye su botín. El que no está conmigo, contra mí está; y el que conmigo no recoge, desparrama.


 

Comentario

 

    Pero si yo arrojo los demonios con el Espíritu de Dios, entonces es que ha llegado a vosotros el reino de Dios.

    ¿Qué es ese reino? Mi advenimiento. Observa cómo de nuevo los atrae y medicina y los empuja a su conocimiento y les demuestra que pelean contra su propio bien y litigan en contra de su salvación. Como si les dijera: cuando convenía gozarse y dar saltos de júbilo, pues ha venido el que os dará aquellos bienes inefables y grandes que antiguamente anunciaron los profetas y ha llegado para vosotros el tiempo de la bienandanza, vosotros hacéis lo contrario y no sólo no recibís los bienes, sino que os dedicáis a calumniar y a revolver y a lanzar culpas que no existen.

    Mateo dice: Pues si yo arrojo los demonios en el Espíritu de Dios [Mat 12:28]. Lucas en cambio dice: Si yo arrojo los demonios en el dedo de Dios? [Luc 11:20] Pone así en claro que semejante obra es propia del sumo Poder, o sea el echar los demonios, y de una no vulgar gracia. Y de aquí quiere deducir por raciocinio que siendo eso así, luego vino ya el Hijo de Dios. Pero no lo dice claro, sino oscuramente; a fin de que a los judíos no les resulte molesto, lo deja entender diciendo: Luego ha llegado a vosotros el reino de Dios. ¿Observas su eximia sabiduría? Por las mismas cosas que le objetaban, les declara manifiestamente su venida.

    Luego, para atraerlos, no dice simplemente: Ha llegado el reino, sino que añade: a vosotros. Como si dijera: llegan para vosotros los bienes. Entonces ¿por qué tratándose de vuestros propios bienes no tenéis cordura? ¿por qué lucháis contra vuestra salvación? Este es el tiempo que los profetas predijeron; esta es la señal del advenimiento por ellos celebrado, es a saber: las obras llevadas a cabo con el divino Poder. Que sean hechas, vosotros lo sabéis; que lo sean por el divino Poder, las obras mismas ló proclaman. Porque no puede ser que ahora Satanás sea más poderoso, sino que necesariamente es más débil, pues uno que sea débil no podrá echar al demonio que es fuerte. Decía esto para manifestar la fuerza [del amor] y la debilidad de los litigantes y adversarios. Por tal motivo El con frecuencia exhorta a los discípulos [al amor] y declara cómo el demonio hace cuanto puede para hacerla desaparecer.

– San Juan Crisóstomo (siglo IV), Homilías Sobre el Evangelio de San Mateo, Homilía XLI (tr. por Padre Rafael Ramírez Torres, SJ)

(http://www.clerus.org/bibliaclerusonline/es/ewh.htm#bn)

“¿Qué padre hay entre ustedes que, si su hijo le pide un pescado, en lugar de un pescado le da una culebra” (Lucas 11:9-13)

Yo les digo: Pidan y se les dará; busquen y hallarán; llamen y se les abrirá. Porque todo el que pide, recibe; el que busca, halla; y al que llama, le abrirán. ¿Qué padre hay entre ustedes que, si su hijo le pide un pescado, en lugar de un pescado le da una culebra; o, si pide un huevo, le da un escorpión? Si, pues, ustedes, aun siendo malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan!


 

Comentario

 

Monasterio Gregoriou en el Monte Athos, Grecia. El monasterio contiene parte de los restos de Santa Anastasia la romana, una mártir cristiana del siglo III que se recuerda hoy.

Monasterio Gregoriou en el Monte Athos, Grecia. El monasterio contiene parte de los restos de Santa Anastasia la romana, una mártir cristiana del siglo III que se recuerda hoy.

    ¿Quién de vosotros es el que si su hijo le pide pan, le da una piedra?

    Entre los hombres, si pides con frecuencia, resultarás gravoso y pesado; pero ante Dios, no lo haces, lo mueves a ira. Pero si persistes en pedir, recibirás, aun cuando no recibas al punto. Por eso está cerrada la puerta, para inducirte a llamar. Por eso no concede ni accede al punto, para que llames. Permanece, pues, llamando y sin duda recibirás. Ni vayas a decir: ¡Bueno! ¿y si pido y no recibo? Porque por medio de una parábola confirma él tu fe. Usa de un nuevo argumento y ejemplo humano, para empujarte a tener confianza en lo que pides; al mismo tiempo que por la parábola nos da a entender no sólo que tenemos que pedir, sino también qué es lo que hemos de pedir.

    Porque ¿quién de vosotros es el que si su hijo le pide pan le da una piedra? Pues si pides y no recibes es porque pides una piedra. Aunque seas hijo, no basta eso para que la alcances; o mejor aún, eso es lo que impide que recibas: que siendo hijo, pides lo que no te conviene. No pidas pues cosas mundanas sino espirituales y cierto las recibirás. Salomón [1 Reyes 3:10-14, 2 Crón 1:11,12], porque pidió lo que convenía, mira cómo al punto lo obtuvo. Conviene pues que quien ora, guarde dos cosas: que pida con fervor y que pida lo que conviene, pues dice Cristo: vosotros, aunque seáis padres, dejáis que vuestros hijos os pidan; pero si lo que piden les es dañoso, se lo negáis; si es útil, accedéis y lo concedéis.

    Pensando estas cosas, no desistas hasta haber recibido; no te apartes hasta haber encontrado; no pierdas el ánimo y empeño hasta que te abran la puerta. Si con estas disposiciones te acercas y te dices: si no recibo, no me apartaré, entonces recibirás si es que pides lo que a Aquel a quien pides le conviene dar y también te conviene a ti. ¿Qué cosas serán esas convenientes? Desde luego, si pides todo lo referente a la vida espiritual; si, tras de haber perdonado, te acercas a pedir perdón; si levantamos en oración las manos puras y sin ira ni querellas [1 Tim 2:8]. Si así pedimos, recibiremos.

    Ahora, en cambio, nuestra forma de pedir es una burla y es más propia de ebrios que de sobrios. Instarás: ¿Y qué si pido cosas espirituales y nada recibo? Sin duda que no pediste con fervor o te hiciste indigno de recibir o dejaste de pedir antes de lo que convenía. Preguntarás: ¿por qué no dijo en concreto qué es lo que se ha de pedir? En verdad que ya anteriormente lo había dicho y había declarado para qué cosas debíamos acercarnos a Dios. No digas, pues: me acerqué y no recibí. No quedó por parte de Dios que no recibieras, pues nos ama tanto que en esto vence a nuestros propios padres tanto cuanto supera la bondad a la perversidad. Pues si vosotros con ser malos sabéis dar cosas, buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre que está en los cielos! Y no lo dijo para vituperar a la humana naturaleza, ni afirmando ser malo nuestro linaje -¡lejos de él tal cosa!- sino llamando maldad al paterno cariño si con el cariño y bondad de Dios se lo compara: ¡tan inmensa es la bondad que por naturaleza tiene!

    ¿Has captado la fuerza de este argumento? Es capaz de volver a la buena esperanza aun al más desesperado. Demuestra aquí Cristo la bondad de Dios mediante la comparación y ejemplo de los padres, como antes la había demostrado por sus dones más excelentes, como son el alma y el cuerpo. Sin embargo, no acude a lo que es el principal de todos los bienes, ni hace referencia a su venida. Pues quien entregó a su Hijo a la muerte ¿cómo no nos concederá cuanto le pidamos? El que no perdonó a su propio Hijo, antes lo entregó por todos ¿cómo no nos dará con él todas las cosas? Pero Cristo todavía argumenta con ellos, acudiendo a las cosas humanas.

– San Juan Crisóstomo (siglo IV), Homilías Sobre el Evangelio de San Mateo, Homilía XXIII (tr. por Padre Rafael Ramírez Torres, SJ)

(http://www.clerus.org/bibliaclerusonline/es/ev3.htm#a2)

“Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá” (Lucas 11:1-10)

El otro lado de la puerta: yo estoy a la puerta y llamo (Apocalipsis 3:20)

El otro lado de la puerta: Yo estoy a la puerta y llamo (Apocalipsis 3:20)

Aconteció que estaba Jesús orando en un lugar, y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: Señor, enséñanos a orar, como también Juan enseñó a sus discípulos.Y les dijo: Cuando oréis, decid: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Y perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todos los que nos deben. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal.

Les dijo también: ¿Quién de vosotros que tenga un amigo, va a él a medianoche y le dice: Amigo, préstame tres panes, porque un amigo mío ha venido a mí de viaje, y no tengo qué ponerle delante; y aquél, respondiendo desde adentro, le dice: No me molestes; la puerta ya está cerrada, y mis niños están conmigo en cama; no puedo levantarme, y dártelos? Os digo, que aunque no se levante a dárselos por ser su amigo, sin embargo por su importunidad se levantará y le dará todo lo que necesite.

Y yo os digo: Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá.


 

Comentario

 

    Dice Cristo: Pedid y recibiréis; buscad y encontraréis; llamad y se os abrirá. Pues había ordenado altas y admirables leyes, mandó a todos ser superiores a sus afectos y pasiones, y los condujo hasta el cielo y mandó que seamos semejantes, en cuanto es posible, a los ángeles y arcángeles y al mismo Señor de todos. Y dio órdenes a los discípulos no sólo de poner en práctica lo dicho, sino de enmendar a los demás y discernir entre los buenos y los malos, entre perros y no perros (ya que tantos misterios oculta el hombre), para que no se dijera que tales cosas son mandatos duros e intolerables. Más adelante el mismo Pedro pregunta: ¿Quién podrá salvarse? [Mat 19:25] y también: Si tal es la condición del hombre con la mujer, preferible es no casarse.

    Pues para que ahora no pusieran la misma objeción, una vez que en lo que precede demostró que sus mandatos son fáciles mediante abundantes razones que así lo probaban, finalmente corona la demostración de la dicha facilidad, buscando un no pequeño ni vulgar consuelo en los trabajos, mediante el auxilio de las continuas oraciones. Pues no dice que baste con procurar cumplir sus mandatos, sino que además debemos implorar el auxilio de lo alto, que sin duda vendrá y estará presente y nos ayudará en el combate y todo lo facilitará. Por esto mandó que se pidiera y prometió que lo daría.

    Ordenó pedir, no como quiera, sino con grande asiduidad y esfuerzo. Porque esto significa buscad. El que busca, echadas de su pensamiento todas las demás cosas, no se ocupa sino en lo que busca y para nada se preocupa de lo presente. Lo saben bien los que, habiendo perdido oro o esclavos, se dan a buscarlos. Esto es pues lo que significa con la palabra buscad. Llamad quiere decir que nos hemos de acercar a Dios con ansias y fervor de ánimo No decaigas de ánimo, oh hombre. No muestres menos cuidado acerca de la virtud que de los dineros. Al fin y al cabo cuando a ésos los buscaste, con frecuencia no los hallaste; y sin embargo, aun sabiendo bien que puede suceder que no los encuentres, empleas todos los modos de investigar. Y si no alcanzas inmediatamente lo que pides, no desesperes. Pues por eso dijo: Llamad para declarar que debes esperar, aun cuando no se te abra al punto.

– San Juan Crisóstomo (siglo IV), Homilías Sobre el Evangelio de San Mateo, Homilía XXIII (tr. por Padre Rafael Ramírez Torres, SJ)

(http://www.clerus.org/bibliaclerusonline/es/ev3.htm#a2)