“¡Dichosos los ojos que ven lo que ven!” (Lucas 10:22-24)

Le message de la femme de Pilate (El Mensaje de la esposa de Pilato), James Tissot (francés, 1886-1894).  La esposa de Pilato, Santa Prócula, se conmemora el 27 de octubre.  Después de la muerte de Cristo se convirtió en cristiana y murió en paz en el siglo primero.

Le message de la femme de Pilate (El Mensaje de la esposa de Pilato), James Tissot (francés, 1886-1894). La esposa de Pilato, Santa Prócula, se conmemora el 27 de octubre. Después de la muerte de Cristo se convirtió en cristiana y murió en paz en el siglo primero.

Mi Padre me lo ha entregado todo, y nadie conoce quién es el Hijo sino el Padre; y quién es el Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Volviéndose a los discípulos, les dijo aparte: ¡Dichosos los ojos que ven lo que ven! Porque les digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que ustedes ven, pero no lo vieron, y oír lo que ustedes oyen, pero no lo oyeron.


 


Comentario

 

    Si no los hubiera querido oír y salvar, lo propio era callar y no hablarles ni una palabra. Ahora, en cambio, habiéndoles en forma enigmática los incita. Porque Dios no quiere la muerte del pecador sino que se convierta y viva.

    Y acerca de que el pecado no provenga de la naturaleza misma ni de una necesidad, oye lo que dice a los apóstoles: Bienaventurados son vuestros ojos que ven y vuestros oídos que oyen. No habla de la vista y del oído corporales, sino de la vista y el oído de la mente. Porque estos oyentes eran judíos, educados del mismo modo; y sin embargo en nada los dañó la profecía, porque tenían bien arraigada la raíz del bien obrar; es a saber, el propósito de la voluntad. ¿Adviertes cómo eso de: A vosotros se os ha dado no lleva consigo necesidad alguna? Porque no se les habría proclamado bienaventurados si esa buena obra no les perteneciera y naciera de ellos. Así que no me arguyas diciendo que les habló oscuramente. Al fin y al cabo, podían también ellos acercarse y preguntar, como lo hicieron los apóstoles; sino que llenos de pereza y desidia, no quisieron. Mas ¿qué digo no quisieron? Incluso recalcitraron. Pues no solamente no le creían ni le daban oídos, sino que lo impugnaban y lo escuchaban grandemente molestos, como lo predijo el profeta acusándolos, cuando les advirtió: Lo oyeron pesadamente.

    No fueron así los discípulos y por esto los llama bienaventurados. Además, por otro camino los confirma diciendo: En verdad os digo que muchos profetas y justos desearon ver lo que vosotros veis y no lo vieron, y oír lo que vosotros oís y no lo oyeron: es decir, mi advenimiento, mis milagros, mi voz, mis enseñanzas. Con semejantes palabras los antepone no solamente a aquellos hombres perdidos y malvados, sino también a los esclarecidos antiguos, puesto que los llama más bienaventurados. ¿Por qué? No sólo porque están viendo lo que los judíos no ven, sino porque ven lo que aquéllos antiguos anhelaban ver. Estos tan sólo lo vieron por fe, mientras que los discípulos lo ven con sus propios ojos, y con mucha mayor claridad.

– San Juan Crisóstomo (siglo IV), Homilías Sobre el Evangelio de San Mateo, Homilía XLV (tr. por Padre Rafael Ramírez Torres, SJ)

(http://www.clerus.org/bibliaclerusonline/es/ewj.htm#br)

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