El Hijo Pródigo (Lucas 15:11-32)

De terugkeer van de verloren zoon,  Rembrandt van Rijn (1668)

De terugkeer van de verloren zoon, Rembrandt van Rijn (1668)

También dijo: Un hombre tenía dos hijos;y el menor de ellos dijo a su padre: Padre, dame la parte de los bienes que me corresponde; y les repartió los bienes. No muchos días después, juntándolo todo el hijo menor, se fue lejos a una provincia apartada; y allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente. Y cuando todo lo hubo malgastado, vino una gran hambre en aquella provincia, y comenzó a faltarle. Y fue y se arrimó a uno de los ciudadanos de aquella tierra, el cual le envió a su hacienda para que apacentase cerdos. Y deseaba llenar su vientre de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba. Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre! Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros. Y levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó. Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo.Pero el padre dijo a sus siervos: Sacad el mejor vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y calzado en sus pies.Y traed el becerro gordo y matadlo, y comamos y hagamos fiesta;porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado. Y comenzaron a regocijarse. Y su hijo mayor estaba en el campo; y cuando vino, y llegó cerca de la casa, oyó la música y las danzas; y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello. Él le dijo: Tu hermano ha venido; y tu padre ha hecho matar el becerro gordo, por haberle recibido bueno y sano. Entonces se enojó, y no quería entrar. Salió por tanto su padre, y le rogaba que entrase. Mas él, respondiendo, dijo al padre: He aquí, tantos años te sirvo, no habiéndote desobedecido jamás, y nunca me has dado ni un cabrito para gozarme con mis amigos. Pero cuando vino este tu hijo, que ha consumido tus bienes con rameras, has hecho matar para él el becerro gordo. Él entonces le dijo: Hijo, tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas. Mas era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este tu hermano era muerto, y ha revivido; se había perdido, y es hallado.

 

Reina Valera Revisada (1960)

Cánon de Eusebio:

Mateo Marcos Lucas Juan
15:11-16:12

 


Comentario

Esta parábola complementa la precedente [La oveja extraviada, Lucas 15:1-7] debido a su segundo aspecto el cual consiste en la salvación del hombre que vuelve voluntariamente hacia su Padre Celestial. En la primer parábola se habla sobre el Salvador que busca al pecador para ayudarle y en la segunda parábola, sobre el esfuerzo de la persona necesario para la unión con Dios.

En esta parábola se ofrecen ciertas características de la vida terrenal del pecador. Estando aferrado por mucho tiempo a los placeres terrenales recapacita después de muchos errores y caídas, o sea, comienza a reconocer todo el vacío y las impurezas de su vida y arrepintiéndose toma una firme decisión de volver a Dios. Esta parábola es muy vital del punto de vista psicológico. El hijo pródigo pudo realmente apreciar la felicidad de estar reunido devuelta con su padre después de que él sufrió al máximo la separación con él. De la misma forma muchos comienzan a apreciar la relación con Dios en el momento que ellos llegan profundamente a sentir por dentro sus imperfecciones y sus vidas sin ningún objetivo. De este punto de vista, esta parábola verdaderamente muestra el lado positivo de la vida de las penas y disoluciones. El hijo pródigo seguramente nunca hubiese vuelto en sí, si no fuera por la pobreza y el hambre que despertaron en él la conciencia.

En esta parábola se habla en una forma alegórica sobre el amor de Dios con respecto a la gente, en el ejemplo del padre que sufre y sale a la calle todos los días con la esperanza de ver a su hijo volver. Las dos parábolas ya presentadas sobre la Oveja Extraviada y el Hijo Pródigo, hablan de lo importante que es para Dios la salvación del hombre. Al final de la parábola sobre el hijo pródigo (no descrita aquí) se cuenta sobre el hijo mayor que se encuentra descontento con respecto a su padre por haber perdonado al hermano menor. Jesucristo, asemeja al hermano mayor a los envidiosos escribas judíos. Por un lado ellos detestaban profundamente a los publicanos, fornicadores y otros pecadores sin querer tener con ellos ningún tipo de relación, y por otro lado, ellos protestaban de que Jesucristo hablaba con los pecadores tratando de ayudarlos a encaminarse. Esta misericordia de Cristo con respecto a los pecadores los enfurecía.

– Obispo Alejandro Mileant (Ruso, siglo XX), “Parábolas Evangélicas” (tr. por Nicolas Mitakys)

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