“Mi madre y mis hermanos son estos que oyen la palabra de Dios y la hacen” (Lucas 8:16-21)

La imagen más antigua de la Virgen María, pintados por los cristianos perseguidos en Roma en los años 200, la Catacumba de Priscilla

La imagen más antigua de la Virgen María, pintados por los cristianos perseguidos en Roma en los años 200, la Catacumba de Priscilla

Nadie enciende una lámpara y la cubre con una vasija, o la pone debajo de una cama, sino que la pone sobre un candelero para que los que entren vean la luz. Pues no hay nada oculto que no haya de ser manifiesto, ni secreto que no haya de ser conocido y salga a la luz. Por tanto, tened cuidado de cómo oís; porque al que tiene, más le será dado; y al que no tiene, aun lo que cree que tiene se le quitará.

Entonces su madre y sus hermanos llegaron a donde El estaba, pero no podían acercarse a El debido al gentío. Y le avisaron: Tu madre y tus hermanos están afuera y quieren verte. Pero respondiendo El, les dijo: Mi madre y mis hermanos son estos que oyen la palabra de Dios y la hacen.

Lucas 8:16-21, LBLA

 


Cánon de Eusebio:

Mateo Marcos Lucas Juan
5:14-16 4:21 8:16
10:26 4:22-23 8:17
13:12 8:18
12:46-50 3:31-35 8:19-21

 


Homilía por San Juan Crisóstomo (siglo IV)

 

Lo que hace poco os decía, que sin la virtud todo es en vano, ahora clarísimamente se demuestra. Os decía que eran inútiles la edad, el natural, el vivir en el desierto, si no existe el buen propósito de la voluntad. Pero ahora aprendemos otra cosa además de aquéllas: que ni aun el haber dado a luz a Cristo y haber tenido aquel parto maravilloso, tendría utilidad alguna sin la virtud.

Esto sobre todo queda manifiesto en este pasaje. Pues dice: Mientras El hablaba a la muchedumbre, alguien le dijo: Tu madre y tus hermanos te buscan. Pero El dijo: ¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos? Y lo dijo no porque se avergonzara de su madre o que negara ser Ella su madre; pues si de Ella se hubiera avergonzado, no hubiera salido de su vientre; sino para declarar que de todo ello ninguna utilidad le provendría a su madre, si ella no guardaba todos los preceptos. Porque lo que Ella entonces hacía, nacía de cierta ambición: quería ostentarse ante el pueblo como si aún mandara sobre su hijo, del cual no imaginaba aún nada grande, de manera que se acercó inoportunamente. Considera, pues, la arrogancia de Ella y de los hermanos. Siendo lo propio que entraran y escucharan con las turbas; o si no querían esto, esperar a que se terminara el discurso, para luego acercársele, lo llaman afuera delante de todos, descubriendo así su vana ambición y demostrando que querían aún mandar sobre El con gran autoridad. Por su parte el evangelista lo refiere como en cierto modo acusando, pues dice: Mientras El hablaba a la muchedumbre. Como si dijera: ¿acaso no había otro tiempo? ¿no podían haberle hablado llamándolo aparte? Y ¿qué le querrían decir? Si le iban a tratar acerca de la verdad de su doctrina, convenía que lo expusieran abiertamente y delante de todos, para utilidad común de los otros. Pero, si le iban a hablar de cosas particulares de ellos, no convenía que en esa forma le urgieran. Si El no permitió ir a sepultar a su padre para no impedir a quien deseaba seguirlo, mucho menos debió interrumpir su discurso para cosas de poca importancia. De donde se ve claramente que ellos procedieron así por sola vanagloria. Significando esto, Juan dice: Ni sus hermanos creían en El [Jn 7:5] – Y refiere las palabras de ellos, demasiado locas, y afirma que lo empujaban a Jerusalén no por otro motivo, sino para alcanzar gloria ellos con los milagros de El. Porque le dicen: Nadie hace esas cosas en secreto si pretende manifestarse [Jn 7:5]. Pero El los reprendió y culpó su ánimo aún carnal. Y como los judíos lo despreciaban y decían: ¿No es éste el hijo del carpintero cuyos padre y madie nosotros conocemos? ¿No están entre nosotros sus hermanos? [Mt 13:55,56]

Vituperaban así su linaje como innoble, por lo cual sus hermanos lo impelían a manifestarse con milagros. Pero El los rechaza, tratando de librarlos de semejante enfermedad. De modo que si El hubiera querido negar a su madre, era la ocasión para que la hubiera negado, cuando los judíos se la echaban en cara como un oprobio. Mas, por el contrario, tan grande solicitud muestra por Ella, que estando en la cruz la encomendó al discípulo a quien más amaba y mostró gran cuidado de Ella. En cambio, en este pasaje no procede del mismo modo, con el objeto de hacerle a Ella un bien y también a los hermanos. Como lo creían puro hombre y se dejaban llevar del anhelo de la gloria vana, echa fuera esa enfermedad, no para oprobio de ellos, sino para enmienda. Mas tú, por tu parte, no consideres únicamente aquellas palabras que contienen una moderada reprensión, sino además la importunidad y atrevimiento de sus hermanos y quién es el que los reprende. Porque no es puro hombre, sino el Unigénito Hijo de Dios.

Y la razón de reprenderlos: pues no quería poner duda sobre Ella, sino librarla de una enfermedad tiránica y llevarla poco a poco a la conveniente opinión de lo que El era y convencerla de que no era solamente hijo suyo, sino también su Señor. Y verás haber sido la reprensión en modo extremo conveniente a quien El es, y útil para su madre; y a la vez sumamente llena de mansedumbre. Porque no respondió: “¡Anda y di a esa madre que no es ella mi madre!” Sino que dijo al que le hablaba: ¿Quién es mi madre? Y logró así, además de lo ya dicho, otra cosa. ¿Cuál? Que nadie, ni aun ellos, fiándose en el parentesco, descuidara la virtud. Porque si a ella en nada le ayudaba ser su madre si no estaba muy firme en la virtud, apenas y ni apenas algún otro motivo de parentesco alcanzaría la salvación. Porque la única nobleza consiste en hacer la voluntad de Dios. Este modo de nobleza es más excelente y mejor que el otro basado en la naturaleza.

Sabiendo esto, no nos envanezcamos por los hijos esclarecidos en la virtud, si no estamos dotados de una virtud como la de ellos; ni tampoco por nuestros buenos y nobles padres si no nos les asemejamos. Y aun pudiera suceder que quien nos engendró no fuera nuestro padre, y quien no nos engendró sí sea nuestro padre. Por eso en otro pasaje, como una mujer clamara: Dichoso el seno que te llevó y los pechos que mamaste, Cristo no le respondió: ningún seno me llevó, ningunos pechos mamé, sino: Más bien dichosos los que oyen la palabra de Dios y la guardan [Lc 11:27,28]. ¿Observas cómo no niega en forma alguna el natural parentesco, sino que le añade la afinidad que proviene de la virtud?

También el Precursor, cuando dice: Raza de víboras, no os gloriéis diciendo: Tenemos a Abrahán por padre [Mt 3:7,9] no quiso decir que ellos no fueran nacidos de Abrahán según la naturaleza, sino que de nada les aprovechaba ser nacidos de Abrahán si no tenían otro parentesco por medio de las mismas costumbres. Esto mismo declara Cristo con estas palabras: Si sois hijos de Abrahán, haced las obras de Abrahán [Jn 8:39]. No les niega el parentesco carnal, sino que afirma que hay otro mayor y más verdadero que ése, y que es el que se debe buscar. Lo mismo hace aquí, pero con mayor moderación y suavidad por tratarse de su madre. Porque no dijo: “No es mi madre, ni ésos no son mis hermanos, ya que no hacen mi voluntad.” Ni sentenció ni condenó, sino que lo dejó al arbitrio de ellos si quisieran serlo, expresándose con la mansedumbre a El conveniente. Pues dice: Quien hace la voluntad de mi Padre, ése es mi hermano y mi hermana y mi madre [Mt 13:50]. De manera que si lo quieren ser, que echen por este camino. Y cuando exclamó la mujer y le dijo: Bienaventurado el seno que te llevó, no contestó Cristo: “no es mi madre;” sino que dijo: “Si quiere ser bienaventurada que haga la voluntad de mi Padre. Pues quien así procede, ése es mi hermano y mi hermana y mi madre.”

¡Ah, ah! ¡cuán grande honor! ¡ah, cuán grande es la virtud! ¡a qué cumbres levanta a quienes la practican! ¡Cuántas mujeres han llamado bienaventurada a la santísima Virgen y a su vientre, y anhelaron ser así madres y rechazar de sí todas las cosas! Pero ¿qué obsta para ello? Ancho camino nos abre la virtud y pueden no sólo las mujeres sino también los varones levantarse a semejante afinidad y aun a una superior con mucho. Porque ésta constituye en una verdadera maternidad más que el parto. De manera que si ser madre es una cosa feliz, mucho más y más verdaderamente lo es eso otro, puesto que es más deseable. En consecuencia, no solamente lo desees, sino emprende con gran empeño la senda que te ha de conducir a lo que anhelas.

Homilías Sobre el Evangelio de San Mateo, Homilía XLIV (tr. por Padre Rafael Ramírez Torres, SJ)

(http://www.clerus.org/bibliaclerusonline/es/ewj.htm#br)

 


El padre Pambo preguntó al padre Antonio: “¿Qué debo hacer?” El anciano le dice: “No confíes en tu justicia, no te preocupes de lo que pasa y sé continente con la lengua y con el vientre.”

– Antonio el Grande ( Las Palabras de los Ancianos)

(http://www.fatheralexander.org/booklets/spanish/palabras_ancianos_juliania.htm)

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