“Ocultaste estas cosas a sabios y a inteligentes, y las revelaste a niños” (Lucas 14:19-21)

Mirad, os he dado autoridad para hollar sobre serpientes y escorpiones, y sobre todo el poder del enemigo, y nada os hará daño. Sin embargo, no os regocijéis en esto, de que los espíritus se os sometan, sino regocijaos de que vuestros nombres están escritos en los cielos.
En aquella misma hora El se regocijó mucho en el Espíritu Santo, y dijo: Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque ocultaste estas cosas a sabios y a inteligentes, y las revelaste a niños. Sí, Padre, porque así fue de tu agrado.

 


Explicación y Homilia

 

Observa de cuántos y cuan variados modos los lleva a la fe. En primer lugar con las alabanzas a Juan [Mateo 11:7-11]. Pues al demostrar que era varón grande y admirable, hizo dignas de fe sus palabras y sus obras con que los había Juan atraído a su conocimiento. En segundo lugar, avisándoles que el reino de los cielos se conquista a la fuerza y que son los esforzados quienes lo arrebatan; que es cosa propia de quien excita e impele [Mateo 6:14-19]. En tercer lugar, demostrándoles que ya todo lo anunciado por los profetas estaba cumplido [Mateo 6:13]. Pues con esto les declaró que El había sido predicho por ellos. En cuarto lugar, manifestándoles que de su parte había hecho todo cuanto debía hacerse, cuando les propuso la parábola de los muchachos en la plaza [Mateo 6:14-19]. En quinto lugar, cuando reprochó a los incrédulos y añadió terrores y amenazas [Mateo 11:20-24]. En sexto lugar, cuando dio gracias a su Padre por los que habían creído. Porque ese: Te alabo, significa en este sitio Te doy gracias. Te doy gracias, dice, porque ocultaste estas cosas a los sabios y discretos.

¿Significa esto que El se goce de las ruinas y de que aquéllos no conocieran tales cosas? ¡De ninguna manera! Sino que éste es el más excelente camino de salvación: que quienes rechazan y no quieren oír lo que se les predica, de ningún modo sean obligados; para que, pues siendo llamados, no se hicieron mejores, sino que se apartaron y despreciaron la predicación, al menos con verse rechazados, queden invitados y se le conduzca a desear las cosas que se han predicado. Aparte de que por este medio, los que atendieran se tornarían más empeñosos. Que a los segundos se les revelen es cosa que causa gozo; que a estos otros se les escondan, es cosa que causa no gozo, sino lágrimas de compasión. Así lo practicó Jesús cuando lloró sobre la ciudad ingrata por conmiseración. De manera que no se goza de la ruina, sino porque lo que no conocieron los sabios, lo conocen los apóstoles. Es como dijo Pablo: Pero gracias sean dadas a Dios porque siendo esclavos del pecado obedecisteis de corazón la norma de doctrina a que os disteis [Romanos 6:17]. No se alegra Pablo porque fueron siervos del pecado, sino porque, siendo tales, al fin lograron tan grandes bienes.

Llama aquí sabios a los escribas y fariseos. Y se expresa así para hacer más prestos a los discípulos y para manifestar cuan grandes dones han alcanzado ellos, pecadores; dones que aquellos otros en absoluto perdieron. Y cuando los llama sabios, no habla de la verdadera y laudable sabiduría, sino de la otra aparente que creían haber conseguido con su porte majestuoso y grave. Por eso no dijo: Que revelaste a los necios, sino a los pequeñuelos; es decir a los sinceros y sencillos. Declaró así además que aquéllos no la habían alcanzado, no sólo por ser indignos, sino además con todo derecho. Nos enseña de este modo a huir de la soberbia y buscar la sencillez.

Pablo se extiende en esto cuando escribe: Si alguno de vosotros cree ser sabio según este siglo, hágase necio para llegar a ser sabio [1 Corintios 3:18]. De este modo se muestra ser don de Dios. Pero ¿cómo es que Cristo da gracias al Padre, siendo así que aquello era obra suya? Así como ruega a Dios, manifestando su gran caridad para con nosotros, así igualmente da gracias, cosa que es muestra de íntimo cariño; y al mismo tiempo declara que aquellos otros se han apartado no solamente de él, sino también del Padre. Lo que ordenó a sus discípulos: No deis lo santo a los perros [Mateo 7:6], ya lo había El practicado. Manifiesta también su voluntad y la de su Padre: la suya, pues se complace y da gracias por lo hecho; la del Padre, demostrando que el Padre, no por ruegos lo había hecho, sino que se había determinado a ello espontáneamente. Porque dice: Porque así te plugo, es decir, te agradó.

Por qué motivo se hubieran escondido tales cosas a los sabios, oye cómo Pablo lo declara: Porque buscando la justicia propia, no se sometieron a la justicia de Dios [Romanos 10:3]. Considera en qué estado de ánimo se encontrarían los discípulos al oír aquellas cosas, es a saber: que ellos conocían lo que ignoraban los sabios; y lo conocían permaneciendo en su pequeñez y por revelación de Dios. Lucas dice que en aquel tiempo, cuando regresaron los setenta refiriendo lo de echar los demonios, El se alegró en gran manera, y que fue entonces cuando dijo esas palabras con que los volvía más empeñosos y al mismo tiempo los preparaba para ser moderados. Porque era verosímil que les produjera vanagloria el arrojar los demonios; y así por aquí les bajaba los humos. Ya que lo que sabían era fruto no de sus estudios, sino de la revelación.

Los escribas y sabios, por juzgarse a sí mismos prudentes, a causa de su hinchazón perdieron semejantes dones. Como si les dijera: Puesto que a ésos a causa de su hinchazón se les ocultó la revelación, tened vosotros moderación y permaneced pequeños. Porque de esto nació el que disfrutéis de la revelación; así como por el vicio contrario aquéllos se vieron privados de ella. Cuando dice revelaste no significa que todo fuera de Dios. Así como cuando Pablo dice: Dios los entregó a su réprobo sentir [Romanos 1:28] y cegó su inteligencia [2 Corintios 4:4], no significa que Dios haya hecho todo eso, sino que ellos le dieron motivo, así acá, en el mismo sentido dice Cristo: escondiste. Y pues dice: Te alabo, Padre, porque lo escondiste a ésos y lo revelaste a los pequeños, para que no pienses que no lo pudo hacer por faltarle virtud y que por esto da gracias a su Padre, añadió en seguida: Todo me ha sido entregado por mi Padre [Mateo 11:27]. Y a los que se alegraban de que los demonios les obedecían, les dijo: ¿Por qué os admiráis de que os obedezcan los demonios? [Lucas 10:22] Todo es mío. Todo me ha sido entregado. Y cuando oyes me ha sido entregado, no pienses nada humano. Se expresa así para que no creas que hay dos dioses no engendrados. En otros pasajes afirma con frecuencia ser El a su vez coeterno con Dios y Señor de todo.

– San Juan Crisóstomo (siglo IV), Homilías Sobre el Evangelio de San Mateo, Homilía XXXVIII (tr. por Padre Rafael Ramírez Torres, SJ)

(http://www.clerus.org/bibliaclerusonline/es/ewg.htm)

 


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