La Historia de la Mártir y Princesa Elizabeth

elizabeth_2La Santa beata-mártir Gran-Princesa Elizabeth Feodorovna era la segunda entre los hijos del Gran Duque Luis IV de Guessen-Darmstadt y de la princesa Alicia, hija de la Reina Victoria de Inglaterra.(1) Una de las hijas de esta pareja — Alicia — se convirtió en la futura Emperatriz de Rusia como Alejandra Feodorovna.

Los hijos fueron educados como tradicionalmente se hacia en la antigua Inglaterra. Su vida transcurría en un severo orden establecido por su madre. La vestimenta y la comida de los niños eran las más sencillas. Las hijas mayores cumplían ellas mismas con los quehaceres domésticos: ordenar los cuartos, las camas, encendían y mantenían el fuego en la chimenea. Posteriormente la princesa Elizabeth decía: “En casa me enseñaron de todo.” La madre seguía atentamente el desarrollo de los talentos e inclinaciones de cada uno de sus siete hijos y tratando de educarlos con una fuerte base de preceptos cristianos introduciendo en sus corazones el amor al prójimo y sobre todo a los que sufrían.

Los padres de Elizabeth Feodorovna gastaron gran parte de su fortuna en obras de beneficencia, los hijos viajaban permanentemente con su madre visitando hospitales, asilos, residencias para inválidos, trayendo grandes ramos de flores los distribuían entre las salas de los enfermos colocándolas en floreros. Elizabeth gustaba desde la infancia de la naturaleza y sobre todo de las flores las cuales pintaba gustosamente. Tenia talento artístico y durante toda su vida dedicaba mucho tiempo a la pintura. Gustaba también de la música clásica. Los que conocían a Elizabeth desde la niñez resaltaban su amor al prójimo. Como lo decía la misma princesa Elizabeth, desde su vida temprana tuvo en ella mucha influencia la vida y hechos de Elizabeth de Turinguen, una de sus antecesoras en honor de quien había sido llamada Elizabeth.

En el año 1873 se accidentó y murió delante de la vista de su madre el hermano de Elizabeth de tres años, Federico. En el año 1876 en Darmstadt hubo epidemia de difteria, enfermaron todos los hijos, menos Elizabeth. La madre pasaba las noches, velando delante de las camas de los hijos enfermos. Prontamente falleció María de cuatro años, luego de lo cual enfermó y falleció la misma Gran duquesa Alicia a la edad de 35 años. Ese año finalizó para Elizabeth la etapa de la niñez. Apenada, comenzó a rezar con mas fervor y con mas frecuencia. Comprendió que la vida terrenal — era un camino de cruz. Con todas sus fuerzas trataba de aliviar el dolor de su padre, de apoyarlo, consolarlo y a sus hermanas y hermano menores, de reemplazar a la madre.

A los veinte años la princesa Elizabeth se comprometió con el Gran Príncipe Sergio Alexandrovich, quinto hijo del emperador Alejandro II, hermano del emperador Alejandro III. Conoció al futuro esposo en la niñez, cuando viajaba a Alemania con su madre, emperatriz María Alexandrovna, también procedente de la casa Guessen. Hasta ese momento todos sus pretendientes habían sido rechazados.

Toda su familia acompañó a la princesa para su boda en Rusia. Con ella vino su hermana de doce años Alicia, quien encontró aquí a su futuro esposo, príncipe Nicolás Alexandrovich.

El casamiento se realizó en el castillo de Invierno de San Petersburgo. La Gran Princesa con mucho esfuerzo y ahínco se dedicó al estudio del idioma ruso, deseando profundizar en su cultura y sobre todo en la religión de la nueva patria. La Gran Princesa Elizabeth era deslumbrantemente hermosa. Decían en aquellos tiempos que en Europa había solo dos bellezas y las dos — Elizabeth: Elizabeth de Austria, esposa de Francisco José y Elizabeth Feodorovna. El Gran príncipe Constantino Romanov le dedicó a Elizabeth Feodorovna un poema escrito en el año 1884.

Te miro y te admiro a cada hora

¡Eres tan indeciblemente hermosa!

¡Oh cierto, debajo de tal hermosura exterior

está tu hermosa alma!

En cierta dulzura y melancolía secreta

de tus ojos, se oculta la profundidad.

Eres como un ángel apacible, pura y perfecta;

Como mujer pudorosa y dulce

Que nada en la tierra

de todos los males y las aflicciones

manche tu pureza.

¡Y que todo el que te vea, glorifique a Dios,

Creador de tanta belleza!

C. R.

Durante la mayor parte del año la Gran Princesa con su esposo vivía en su propiedad de Ilinskoe a 60 kilómetros de Moscú, a orillas del río Moscú. Ella gustaba de Moscú con sus antiguos templos, monasterios y su vida patriarcal. Sergio Alexandrovich era una persona muy creyente, viviendo según los mandamientos de la Santa Iglesia, observando estrictamente los ayunos, concurriendo asiduamente a los oficios religiosos, frecuentemente visitaba los monasterios.(3) La Gran princesa siempre acompañaba a su esposo , permaneciendo en los prolongados oficios religiosos hasta su finalización.

Estando en los templos ortodoxos, experimentaba asombrosos sentimientos misteriosos y bienaventurados, que no sentía en la iglesia protestante. Viendo el estado de alegría de su esposo Sergio , luego de recibir los Santos Dones de Nuestro Señor, quiso ella misma acercarse al Santo Cáliz para compartir tal placidez. Elizabeth pidió al esposo que consiguiera libros de contenido religioso, catecismo ortodoxo e interpretación de las Santas Escrituras, para comprender con la razón y el corazón a la verdadera fe.

En el año 1888 el Emperador Alejandro III determinó que su hijo Sergio fuera su representante durante la bendición de la iglesia de María Magdalena en Getsemani, edificada en Tierra Santa en honor de su madre Emperatriz María Alexandrovna. El príncipe Sergio ya había estado en Tierra Santa en el año 1881, asistiendo a la inauguración de la Sociedad Ortodoxa Palestina, siendo su presidente. Esta sociedad recogía medios para favorecer la venida de los peregrinos hacia Tierra Santa, para la ayuda de la Misión Rusa en Palestina, para desarrollar la labor misionera, para adquirir tierras y monumentos ligados a la vida del Señor. Conocida la posibilidad de visitar Tierra Santa, Elizabeth entendió esto como una indicación de la Providencia Divina y rezaba a Dios, que ante el Santo Sepulcro el Mismo Señor Jesucristo le mostrara Su voluntad.

El Gran príncipe Sergio y su esposa llegaron a Palestina en octubre del año 1888. El templo de Santa María Magdalena fue construido en el jardín de Getsemani en la base del monte de los Olivos. Este templo con cinco cúpulas doradas — aun ahora es uno de los templos más bellos de Jerusalén. En la cima del monte de los Olivos sobresalía un gran campanario llamado “vela rusa.” Viendo esta belleza y percibiendo en este lugar la presencia de la Gracia Divina, la Gran Princesa dijo: “Como me gustaría ser sepultada aquí!” No sabia que había pronunciado una profecía, que iba a ser cumplida. Como regalo al templo de Santa María Magdalena, Elizabeth trajo preciosas vasijas, un Evangelio y paños usados en la Divina Liturgia para cubrir el Cáliz, llamados velos.

Luego de la visita a Tierra Santa la Gran Princesa Elizabeth tomo la firme decisión de convertirse a la fe ortodoxa. Al dar este paso temía herir a sus familiares y sobre todo a su padre. Finalmente el primero de enero 1891, escribió una carta a su padre acerca de su decisión de convertirse a la fe ortodoxa. La citaremos casi en su totalidad donde vemos el camino que eligió Elizabeth.

“…Y ahora, querido Papa, le quiero decir algo y suplico me de Su bendición.

Usted debió haberse dado cuenta cuan profunda es mi devoción hacia la religión local desde el momento que usted estuvo aquí la ultima vez hace mas de un año y medio atrás. Permanentemente pensaba y leía, y pedía a Dios me indicara el camino correcto y he llegado a la conclusión, que solo en esta religión yo puedo encontrar toda la verdadera y poderosa fe en Dios, que el hombre debe tener para ser un buen Cristiano. Seria pecado permanecer como yo estoy ahora — pertenecer a una iglesia formalmente y para el mundo exterior, pero en lo profundo del alma creer como cree mi esposo. Usted no se imagina cuan generoso fue mi esposo, tratando de no forzarme por ningún medio y dejándolo todo solo bajo mi conciencia. El sabe, cuan serio es este paso y que yo debía estar completamente segura antes de tomar esta decisión. Yo hubiera hecho esto anteriormente pero me mortificaba la idea de que con ello lo podría mortificar. Mas Usted, no entenderá Usted, ¡mi querido Papa! Usted me conoce tan bien, Usted debe ver que yo he decidido dar este paso solo por mi profunda fe y lo que siento es que debo presentarme ante Dios con el corazón puro y fiel.

¡Cuanto mas fácil sería permanecer como ahora y mas cuan hipócrita, cuan falso seria!, como puedo mentir a todos — fingiendo, que soy protestante en todos los cánones exteriores, cuando mi alma pertenece totalmente a la fe Ortodoxa. He pensado, y pensado profundamente en todo esto y , encontrándome en este país hace mas de seis años, sabiendo que la religión verdadera ya la he “encontrado!” ¡Deseo tanto comulgar con los Santos Dones en la Pascua junto con mi esposo! Posiblemente esto Le parezca improviso, mas yo ya lo he estado pensando durante mucho tiempo, y ahora finalmente, no lo puedo postergar mas. Mi conciencia no me lo permite mas. Pido, pido que al recibir estas líneas perdone a Su hija, si ello Le ocasiona dolor. ¿Pero no es verdad, que la fe en Dios, y la confesión de esa fe sea uno de los consuelos mas importantes de este mundo? Por favor envíeme por telégrafo solo una línea cuando reciba esta carta. Dios Lo Bendiga. Esto seria para mi un gran consuelo ya que se que vendrán momentos muy desagradables ya que nadie comprenderá este paso. Pido solo una pequeña y cariñosa carta.”

El padre no envió a la hija el esperado telegrama con la bendición, sino que escribió y envió una carta, diciendo que la decisión de ella le era muy dolorosa y penosa por lo cual no podía mandarle su bendición.

Elizabeth Feodorovna con gran valentía y a pesar de los sufrimientos morales no titubeó y mantuvo su decisión de consagrarse a la ortodoxia. He aquí otros trozos de sus cartas a personas allegadas:

“…Mi conciencia no me permite continuar en este estado — seria pecaminoso; yo mentí durante todo este tiempo, permaneciendo en mi antigua religión… no seria posible permanecer viviendo de este modo, como he vivido hasta ahora , ya entiendo casi todo el idioma eslavo y ruso , pero en este ultimo es mas fácil leerlo… Tu dices… que el brillo exterior de la Iglesia me hechizó , en esto te equivocas.

Nada de lo externo me atrae, ni siquiera los oficios religiosos — sino el fundamento de la religión. Lo externo solo me recuerda a lo interno… Me convierto por pura convicción, sintiendo que es la religión mas elevada y que lo estoy haciendo con fe, profundo conocimiento y certeza, y que para esto tengo la bendición de Dios.”

El 12 (25) de abril, el sábado de Lázaro se realizó Sacramento de la Unción oleosa de la Gran Princesa Elizabeth Feodorovna dejándole su nombre anterior, mas ahora en honor de la santa justa Elizabeth — madre de San Juan el Bautista, cuya conmemoración por la iglesia Ortodoxa es el 5 (18) de setiembre. Luego de la Unción, el Emperador Alejandro III bendijo a su nuera con el inapreciable icono “Nerucotvorni Spas” (no hecho por la mano del hombre) del cual Elizabeth Feodorovna no se separó en toda su vida y con el sobre su pecho murió martirizada. Ahora le pudo decir a su esposo con palabras de la Biblia: “Tu pueblo es mi pueblo, y tu Dios — mi Dios” (Ruth 1:16).

En el año 1891 el Emperador Alejandro III lo nombró al Gran Príncipe Sergio como gobernador general de Moscú. La esposa del gobernador debía cumplir con muchas obligaciones, permanentes recepciones, conciertos, bailes. Era menester sonreír a los invitados, bailar y relacionarse, sin tomar en cuenta su estado de animo, estado de salud y voluntad. Luego de haberse trasladado a Moscú, Elizabeth sufrió la muerte de personas allegadas — como de la apasionadamente amada nuera princesa Alejandra (esposa de Pablo Alexandrovich) y la de su padre. Fue la época de su crecimiento espiritual.

Los habitantes de Moscú rápidamente valoraron la misericordia de la Gran Princesa. Frecuentaba los hospitales para pobres, hospicios, asilos para niños huérfanos. Siempre tratando de aliviar los sufrimientos de las personas, repartiendo comidas, ropa, dinero, mejorando las condiciones de vida de los necesitados. Después de la muerte de su padre, navegaron con el príncipe Sergio por el Volga con parada en Iaroslav, Rostov, Ugliche. En todas estas ciudades los esposos rezaron en los templos locales.

En el año 1894 a pesar de muchos obstáculos presentados finalmente se dió la resolución de los esponsales de la Gran Princesa Alicia con el heredero al trono de Rusia Nicolás Alexandrovich. Elizabeth se alegró de que dos personas que se amaban iban a poder desposarse y su hermana podría vivir en su querida y cercana al corazón , Rusia. La princesa Alicia tenia 22 años y Elizabeth esperaba que, viviendo en Rusia amaría y comprendería al pueblo ruso, conociendo totalmente el idioma ruso podría ir preparándose para el alto servicio de Emperatriz de Rusia.

Mas todo sucedió de otra manera. La novia del heredero llegó a Rusia cuando el Emperador Alejandro III estaba agonizante. El 20 de octubre de l894 el Emperador falleció. Al día siguiente la princesa Alicia se convirtió a la Ortodoxia con el nombre de Alejandra. El casamiento del Emperador Nicolás II con Alejandra se realizo una semana después del sepelio y en otoño del año l896 se realizó la coronación en Moscú. Los festejos fueron ensombrecidos con lo sucedido en el campo de Jodinka, cuando se distribuían los regalos, donde comenzó una apretuja de gente — y miles de personas fueron heridas o aplastadas. De este modo comenzó este trágico reinado — entre misas de réquiem y cánticos de sepultura.

En julio de l903 se realizó la solemne glorificación del beato Serafín de Sarov. A Sarov llegó toda la familia Imperial. La Emperatriz Alejandra pedía en sus oraciones al santo que le otorgara un hijo. Cuando al año, el Heredero del trono había nacido, por deseos de la casa Imperial, el altar de la iglesia inferior, construido en Tsarskoe Selo, fue santificado en honor de san Serafín de Sarov. A Sarov llego también Elizabeth con su esposo. En una carta escrita en Sarov ella escribe: “…¡Cuanta necesidad, cuanta enfermedad hemos visto, mas cuanta fe! Nos parecía vivir en tiempos de la vida terrena del Señor Salvador. ¡Mas cómo rezaban, cómo lloraban — esas pobres madres con sus hijos enfermos — y gracias a Dios, muchos sanaron! El Señor nos dió la gracia de ver como una niña muda habló ¡mas cómo había rezado su madre por ella!” (4)

Cuando comenzó la guerra ruso-japonesa Elizabeth se ocupó de la organización de la ayuda para los combatientes. Uno de sus magníficos comienzos fue la organización de talleres para ayuda a los soldados — siendo para ello utilizados todos los salones del palacio del Kremlin, menos el que pertenecía al trono. Miles de mujeres se esforzaban trabajando en maquinas de coser y mesas de trabajo. Grandes donaciones se recibían de todo Moscú y de la provincia, desde aquí partían fardos con abastecimientos, equipamientos, medicamentos y regalos para los soldados. La Gran Princesa enviaba al frente iglesias móviles con iconos y todo lo necesario para realizar los oficios religiosos. Personalmente de parte de ella enviaba Evangelios, iconos y libros de oraciones. Bajo su peculio organizó y movilizó varios trenes sanitarios. En Moscú organizó un hospital para heridos los cuales visitaba personalmente, creo comités especiales para abastecer de todo lo necesario a viudas y huérfanos de soldados y oficiales perecidos en los combates de guerra.

Sin embargo los ejércitos rusos en esta región tan lejana sufrían una derrota tras otra. Los actos terroristas en el país aumentaron sobremanera, así como los mítines y las huelgas. El orden gubernamental y social se desmoronaba, se acercaba la revolución.

Sergio Alexandrovich consideraba que había que tomar medidas más severas en relación a los revolucionarios y notificó de esto al Emperador, diciendo que ante la situación imperante no podía seguir ocupando el cargo de gobernador general de Moscú. El Zar aceptó su dimisión y los esposos dejaron la casa del gobernador trasladándose temporalmente a Neskuchnoe. Mientras tanto la organización de los Es.Er. (social revolucionarios) condenó al Gran Príncipe Sergio a la muerte. Sus agentes lo vigilaban, esperando el momento oportuno para ejecutarlo. Elizabeth sabia que a su esposo le esperaba la muerte inminente. Ella recibía cartas anónimas, que advertían de no acompañar a su esposo si no quería correr la misma suerte del príncipe. La Gran Princesa con mas esmero no lo dejaba solo, y en lo posible siempre lo acompañaba.

El 5 (l8) de febrero del año l905 Sergio Alexandrovich fué muerto por una bomba, lanzada por el terrorista Ivan Kaliaev. Cuando Elizabeth hubo llegado al lugar de la explosión ya allí había una multitud. Alguien trató de impedirle el paso hacia los restos mortales de su esposo, pero ella con sus manos juntó en una camilla los restos de su marido, esparcidos por la explosión. Luego del primer oficio fúnebre en el monasterio de Chudov, Elizabeth regresó al palacio, vistió vestido negro de luto y comenzó a enviar telegramas, antes que a nadie — a su hermana Alejandra, pidiéndole no venir a las exequias ya que los terroristas podrían utilizar este acontecimiento para atentar contra la familia Real.

La Gran Princesa mientras escribía los telegramas varias veces se informó acerca de la salud del herido cochero del príncipe Sergio. Le informaron que el estado del cochero no daba esperanzas de recuperación, y podría morir en cualquier momento. Para no apenar mas al moribundo Elizabeth se quitó el luto, vistió el mismo vestido celeste que uso anteriormente y se fue al hospital. Allí, inclinada sobre el lecho del moribundo, captó su pregunta acerca de Sergio y para consolarlo, la Gran Princesa se dominó, sonrió y con cariño le dijo: “Él me pidió viniera con Usted.” Apaciguado con sus palabras, pensando que Sergio Alexandrovich vivía, el abnegado cochero Efim falleció esa misma noche.

Al tercer día de la muerte de su esposo Elizabeth fue a la cárcel donde estaba el asesino Kaliaev, quién le dijo: yo no quería matarla a Usted, yo lo había visto a él varias veces. Tenía la bomba pronta, pero Usted estaba con él y yo no osé tocarlo” — ¿”Y Usted no consideró que al matarlo a él me mataba a mi junto a él?” — le contesta ella. Luego ella dijo, que le había traído el perdón de Sergio Alexandrovich, pidiendo al asesino se arrepintiera. En sus manos tenia el Evangelio, pidiéndole lo leyera… mas él se negó. Ella dejó igualmente el Evangelio en el cuarto y un pequeño icono, esperanzada en un milagro. Saliendo de la cárcel dijo: “Mi intención no tuvo resultado, aunque a lo mejor, a último momento reconocerá su pecado y se arrepentirá de él. Luego la Gran Princesa pidió al Emperador Nicolás II el perdón de Kaliaev, pero ésta petición fué denegada.

En el sepelio , de los Grandes Príncipes … solo presenciaron Constantino y Pablo. Sepultaron a Sergio Romanov en una pequeña iglesia del monasterio de Chudov, donde diariamente durante 40 días se realizaron oficios fúnebres. La Gran Princesa presenció cada oficio y a menudo venía en la noche, rezando por el recientemente fallecido. Aquí experimentó una ayuda beneficiosa ante las santas reliquias de Alexis el metropolitano de Moscú a quien veneraba por sobremanera desde aquel entonces. La Gran Princesa usaba un crucifijo de plata con una partícula de las reliquias del jerarca Alexis (5). Ella consideraba que el jerarca Alexis infundió en su corazón el deseo de consagrar el resto de su vida a Dios.

En el lugar de la muerte de su esposo Elizabeth erigió un monumento — una cruz, realizada por el proyecto del pintor Vasnetzov. En el monumento estaban escritas las palabras de Nuestro Señor dichas por El en la Cruz: “Padre, perdónalos pues no saben lo que hacen” (Lucas 23:24) (6).

Desde el momento de la muerte del esposo, Elizabeth ya no se quitó el luto, observando ayunos rigurosos, rezaba mucho. Su dormitorio en el palacio de Nikolaievsk simulaba una celda monacal. Todo el mobiliario suntuoso fue desalojado, las paredes repintadas de color blanco, encontrándose sobre ellas solo iconos y cuadros de contenido religioso. No asistía a ningún acto social. Asistía solo a los templos en los casamientos y bautismos de familiares y amigos o salía por trámites regresando prontamente a su casa. Ahora nada la ataba a la vida social.

Juntó todas sus alhajas y una parte de ellas entregó al estado, parte — a los familiares y lo restante decidió utilizar en la construcción de una obra de beneficencia. En la Gran Ordinka de Moscú Elizabeth adquirió una hacienda con cuatro casas y jardín. En la mayor, de dos plantas dispusieron el refectorio para las hermanas, la cocina, la despensa y otras habitaciones para el servicio doméstico de la casa, en el segundo piso una iglesia y hospital, al lado — farmacia y policlínica para los pacientes ambulatorios, en la cuarta casa se encontraba la vivienda para el sacerdote — confesor del convento, salones para clases para las niñas del asilo y biblioteca.

Durante mucho tiempo ella se afanó en la elaboración del Estatuto del convento. Quería hacer renacer en él, el antiguo instituto de la diaconisas que había existido en los primeros siglos del cristianismo. En aquellos tiempos podían ser diaconisas solamente viudas o vírgenes de edad madura. Sus obligaciones primordiales eran: controlar a las mujeres entrantes en la Iglesia, la enseñanza a ellas sobre las bases de la religión, ayudas en el momento de la ejecución del Sacramento del bautismo, así como también la preocupación por los pobres y enfermos. En épocas de persecución de los cristianos las diaconisas sirvieron a los mártires y las mártires en los presidios.

El arzobispo Anastasio conocía personalmente a la princesa Elizabeth, recuerda: que en cierto momento ella creyó verdaderamente en el renacimiento del antiguo instituto de las diaconisas, la apoyó el metropolitano de Moscú, Vladimir (Nuevo Mártir de Rusia + año 1918). Pero a esto se opuso el obispo de Saratov Germogén (después de la revolución martirizado, terminó sus días en Tobolsk). Elizabeth renunció a sus planes, no queriendo aprovechar su alta posición y hacer caso omiso de los reglamentos eclesiásticos. Injustamente a la Gran Princesa la acusaban de tendencias protestantes, de lo cual mas adelante se arrepintieron.

Elizabeth continuaba trabajando en la confección del Estatuto del convento. Viajó varias veces al desierto de Zosimo donde discutió el proyecto con los “staretz” (ancianos monjes consejeros espirituales), consultó diferentes monasterios y bibliotecas religiosas del mundo, estudió los estatutos de los monasterios antiguos. Un feliz incidente, enviado por la Voluntad Divina, le ayudó en esos trabajos. En el año 1906 la Gran Princesa leyó el libro “Diario del sacerdote del regimiento de guerra ruso-japonesa durante todo aquel periodo,” (7) relatado por el sacerdote Mitrofan Serebrianski. Ella quiso conocer al autor a quien solicitó viniera a Moscú. Como resultado de sus entrevistas y coloquios surgió el proyecto del Estatuto del futuro convento, preparado por el padre Mitrofán y al cual Elizabeth tomó como base.

Para la realización de los servicios religiosos y el apoyo espiritual de las hermanas, según el proyecto del Estatuto era necesario un sacerdote casado pero que llevara con su matushka (esposa del cura) una vida de hermanos, y permaneciera siempre en los limites del convento. Elizabeth en cartas y personalmente pedía al padre Mitrofán fuera el conductor espiritual del futuro convento. Ya que el cumplía con todas las exigencias del Estatuto. Nació en 1870. El y sus hermanos fueron educados con devoción y gran respeto por el cumplimiento de los cánones eclesiásticos. Cuando el niño cumplía 4 años el padre lo acercaba a la madre y le decía que desde ese momento el niño estaba apto para cumplir con todos los ayunos prescritos. En la familia reinaba la paz y el amor, los hijos se dirigían a los padres con suma veneración. Siendo joven Mitrofán terminó el seminario religioso, pidió bendición a sus padres para el casamiento para luego consagrarse al sacerdocio. Durante toda su vida el padre Mitrofán quiso y respetó a su esposa. Finalizando su vida el padre Mitrofán recordaba: “Olguita, compañera mía, en balsas abiertas navegaba hacia mi en el exilio soviético con la corriente del río. “¡Que apoyo y sosiego era eso para mi!”

Los esposos no tuvieron hijos, de común acuerdo decidieron conservar la castidad matrimonial. El padre Mitrofán decía que esto era una difícil y valerosa acción — tener la bendición para vivir con la esposa amada, mas eliminar el deseo. Solo con la misericordia Divina eso es posible.

Desde al año 1896 el padre Mitrofán ejercía como sacerdote del regimiento de dragones, ubicado en Orol. Junto con el regimiento el padre Mitrofán se fue a la guerra ruso-japonesa los años 1904-1906. Terminada la guerra, volvió a Orol ocupando el cargo de párroco de la iglesia parroquial. Era muy querido por sincero, experimentado pastor espiritual. Finalizando el oficio religioso durante horas atendía a la gente, que buscaba consejo, orientación en dificultades. Recordaba que nunca le era posible retirarse de la iglesia antes de las l7 horas.

Luego del coloquio con la Gran Princesa el padre Mitrofán dijo, que estaba de acuerdo en trasladarse a Moscú para oficiar en el nuevo convento. Mas pensaba cuantas lágrimas le esperaban allí, cuantos feligreses había apenados por el alejamiento de su querido padre espiritual. Y resolvió desistir de su traslado a Moscú, aunque decía que últimamente el pedido de la Gran Princesa era casi una orden. Antes de regresar a casa, se hospedó en un lugar cerca de Moscú y largamente razonó y decisivamente optó enviar un telegrama con la negativa a la propuesta de Elizabeth. Y repentinamente, comenzó a dejar de tener sensibilidad en los dedos de su mano y luego toda su mano. El padre Mitrofán se asustó… ya no podría oficiar en la iglesia… comprendiendo que lo sucedido lo hacia entrar en razón… comenzó a rezar ardorosamente, prometiéndole al Señor aceptar su traslado a Moscú — a las dos horas la mano nuevamente se normalizó.

Cuando el padre Mitrofán hizo público ante sus parroquianos su alejamiento, lloraban todos, comenzaron los ruegos, las cartas, peticiones ante las autoridades eclesiásticas. Pasaban los meses mas no era posible dejar Orol, y el padre Mitrofán sintió que no tenia fuerzas para hacerlo… y su mano quedó nuevamente insensible —enseguida fue a Moscú, se dirigió a la capilla de Iver y rezó ante el icono , con lágrimas a la Madre de Dios de Iver prometiéndole mudarse a Moscú — sanándosele la mano. Luego de lo cual se postró ante el icono, lo besó y los dedos de la mano enferma comenzaron a moverse. Luego de esto fue a lo de Elizabeth y con alegría comunicó, que con certeza decidió venir y ser el padre espiritual del convento.

Varias veces la Gran Princesa tuvo que modificar el Estatuto para conformar todos los pedidos y modificaciones del Santo Sínodo. El emperador Nicolás II con Su Supremo Mandato ayudó a paliar la oposición del Sínodo en la formación del convento. El 10 de febrero de 1909 la Gran Princesa se quitó el traje negro de luto y vistió ropas de hermana de la cruz de caridad y beneficencia y junto a otras l7 hermanas de su convento dijo: “Me alejo del brillante mundo, donde ocupé un lugar brillante y junto a todas ustedes me elevo hacia otro gran mundo — el mundo de los pobres y sufrientes.’’

El padre Mitrofán fue el verdadero y auténtico padre espiritual, asesor y ayudante de la superiora. ¡Cuanto valoraba la Gran Princesa al padre espiritual del convento!, se percibe en las cartas al Zar (abril de 1909) : “Para nuestra obra el padre Mitrofán — es una bendición de Dios, ya que el dió el primer imprescindible impulso inicial… El me confiesa, me alimenta en la iglesia; me prodiga una gran ayuda, dando el ejemplo con su vida pura y sencilla — tan simple y modesto con su ilimitado amor a Dios y a la Iglesia Ortodoxa. Hablando con él solamente unos minutos, se ve — a un sencillo, limpio hombre de Dios, siervo de Dios en nuestra Iglesia.”

Para el cimiento del convento de la Misericordia de Marta- María fué usado el Estatuto de la vida social del convento d el 9 (22) de abril del 1910 de la iglesia de las santas Marta y María del obispo Trifon Turquestanof, él bendijo con el nombre de hermanas de la cruz de caridad de amor y misericordia de Cristo a l7 hermanas del convento junto a la Gran Princesa Elizabeth. Durante la solemne ceremonia el obispo Trifon, dirigiéndose a la ya vestida Gran Princesa con ropas de hermana de cruz, pronunció estas palabras proféticas: “Estas ropas las ocultaran del mundo, y el mundo será oculto de ustedes, pero ellas a la vez serán testigos de Sus acciones misericordiosas, que resplandecerán ante el Señor para Su Gloria.”

Significativamente el convento santificado en nombre de las mujeres mirróforas Marta y María, tendría que pasar a ser la casa del santo Lázaro — amigo de Dios, casa a la cual tan a menudo solía concurrir el Salvador. Las hermanas tendían a reunir el elevado destino de María con palabras de vida eterna, y el servicio de Marta — sirviendo al Señor a través de sus prójimos.

El primer templo del convento (hospitalario) fue bendecido por el obispo Trifon el 9 (21) de setiembre del l909 (el día de festividad del Nacimiento de la Santísima Virgen) en honor de las mujeres mirróforas Marta y María. El segundo templo en honor del Manto de la Virgen María, bendecido en el 1911, construído como el Novgorod- Pskov, conservó la calidez y comodidad de los pequeños templos parroquiales pero hacho para ubicar a mas de mil feligreses.

El famoso pintor M. Nesterov dijo acerca de este templo: “Templo del Manto — el mejor de lo actualmente construido en Moscú, pudiendo también ser además del destino concebido, una belleza pictórica — educativa para todo Moscú.” En el 1914 debajo del templo fue construído un templo-sepulcro en honor de las Fuerzas Celestiales y Todos los Santos donde la superiora pretendía hacer lugar para su sepulcro. Las pinturas en el sepulcro fueron hechas por P. Korin alumno de M. Nesterov.

En el convento de Marta María el día comenzaba a las seis de la mañana. Luego de cumplida la regla general matinal de oraciones en el templo hospitalario la Gran Princesa distribuía las tareas a las hermanas para todo el día. Las que no tenían tareas permanecían en el templo, donde comenzaba el oficio matinal de la gran liturgia. La comida diurna se acompañaba con la lectura de la vida de santos. A las cinco de la tarde se oficiaban las vísperas y los maitines. Los días antes de las festividades y los domingos se oficiaban las Vísperas. A las 9 de la noche en el templo hospitalario se leía la regla de la tarde luego de lo cual todas las hermanas con la bendición de la superiora se retiraban a sus celdas. Cuatro veces por semana en las Vísperas se leían akafistos: el domingo — al Señor Salvador, el lunes — al Arcángel Miguel y a todas las fuerzas Celestiales, el miércoles — a las santas mujeres mirroforas Marta y María y el viernes — a la Santísima Virgen María o a los Padecimientos de Jesucristo. En la capilla construída al final del jardín del convento, se leían los Salmos por los difuntos. A menudo por las noches la superiora permanecía rezando sola en el interior.

La vida de las hermanas era guiada por un extraordinario sacerdote y pastor, confesor del convento protopresbítero Mitrofán Serebrianski. Dos veces por semana hacía coloquios, conversaciones con las hermanas. Además las hermanas diariamente podían a determinadas horas ir a pedir consejo o instrucción al consejero espiritual o a la superiora. La Gran Princesa con el padre Mitrofán enseñaban a las hermanas, que su función — no solo era brindar atención médica, sino también orientar espiritualmente a todos los deprimidos, extraviados y desconsolados. Los domingos después de los oficios de la tarde en la catedral del Manto de la Santísima Madre de Dios se organizaban conversaciones o sermones para la gente y se acompañaba de oraciones cantadas por todos.

” En toda la parte exterior del convento y en su interior y en toda la creatividad de la Gran Princesa había un dejo de particularidad y cultura no porque ella le diera algún sentido sobrevalorado, sino porque así era ese algo involuntario que actuaba en su espíritu creador” — escribe en sus memorias el metropolitano Anastasio.

Los oficios en el convento se distinguían por su especial belleza y veneración, esto era debido, exclusivamente, al mérito del consejero y pastor espiritual, elegido por la superiora. Aquí realizaban oficios religiosos y predicaban la palabra de Dios los mejores pastores y predicadores no sólo de Moscú sino de muchos lugares alejados de Rusia. Como abeja, la superiora recogía el néctar de todas las flores, para que la gente percibiera ese aroma especial de la espiritualidad. El convento, sus templos y oficios religiosos provocaban la admiración de los contemporáneos. Esto era debido no solo a la belleza de los templos, sino que también al parque con invernaderos — con los mejores recursos del arte de enjardinar del siglo XVIII-XIX. Era todo uno, coordinando armónicamente la belleza interior con la exterior.

Contemporánea a la Gran Princesa, Nona Greiton, dama de honor de su pariente la princesa Victoria atestigua lo siguiente acerca de Elizabeth: ” Ella poseía una extraordinaria cualidad — de ver lo bueno y verdadero en las gentes y trataba de sacarlo a la luz. No tenía alta estima de sus propias cualidades… Nunca usó la palabra “no puedo”, y nunca hubo nada desanimado y triste en el convento de Marta María. Todo era actual allí, dentro tanto como afuera. Y quien haya estado allí se llevaba una extraordinaria impresión.”

En el convento de Marta María la Gran Princesa llevaba una vida de asceta. Dormía sobre maderos sin colchón, secretamente usaba cilicio y “verigui” (cadenas del asceta) acerca de esto tenemos el relato de la devota, hermana Liubov del convento de Marta María. Cierta vez, no estando al tanto todavía de las reglas monacales, penetró en la habitación de reposo de la superiora — sin oración y sin pedir bendición. En la celda vió a la Gran Princesa con cilicio y verigui, quien le dijo: “Alma mía, antes de entrar, hay que golpear.”

La hermana Liubov (monja Efrosinia) recuerda también el admirable caso por el que la trajo al convento. Fue en 1912. A los l6 años se durmió con un sueño letárgico durante el cual su alma fue recibida por el reverendo Onofrio el Grande. La acercó a tres santos — en una vió a Sergio de Radonez, los otros dos no le eran conocidos. El reverendo Onufrio le dijo a Efrosinia que ella era necesaria en el convento de Marta-María. Habiendo despertado del sueño comenzó a intentar saber donde había en Rusia un convento en honor de Marta y María. Una de sus conocidas resultó ser novicia de ese convento y le relató a Efrosinia acerca del convento y de su fundadora. Efrosinia envío una carta a la superiora, preguntando si era posible que la recibieran allí, recibiendo una respuesta afirmativa. Al llegar al convento Efrosinia entró en la celda de la superiora, reconoció en ella a la santa que estaba en los cielos junto con el reverendo Sergio. Cuando se dirigió a recibir la bendición del padre espiritual , padre Mitrofán, reconoció en él al segundo de los cuales estaban al lado del reverendo Sergio. Seis años después de esta visión la Gran Princesa sufrió y murió martirizada en el día de la apertura de las reliquias de Sergio de Radonez, el padre Mitrofán mas adelante tomó los hábitos con el nombre de Sergio en honor del reverendo Sergio.

Acostumbrada desde la niñez al trabajo, la Gran Princesa hacía todo por ella misma y personalmente para sí no precisaba de la ayuda de ninguna hermana.

Participaba en todas las labores del convento, como una hermana más, siempre dando el ejemplo a las demás. Cierta vez a la superiora se acercó una de las novicias con el pedido de mandar a alguien para seleccionar papas ya que nadie quería hacerlo. La Gran Princesa sin decir palabra fue ella misma a hacerlo. Viendo a la superiora seleccionando papas, avergonzadas las hermanas vinieron corriendo para comenzar el trabajo.

La Gran Princesa respetaba los ayunos con severidad, alimentándose solo de vegetales. De mañana se levantaba a rezar, después de lo cual distribuía los quehaceres a las hermanas, trabajaba en la clínica, recibía a los visitantes, revisaba los pedidos de ayuda y cartas.

De tarde recorría los enfermos, terminando mas allá de la media noche. La superiora oraba en el cuarto de oraciones o en la iglesia, su sueño rara vez se extendía por mas de tres horas. Cuando el enfermo sin sosiego necesitaba ayuda, permanecía ante su lecho hasta el amanecer. En el hospital Elizabeth se adjudicaba a sí misma el trabajo más responsable, ayudaba en las operaciones, hacía curaciones, consolaba a los enfermos y tendía con todas sus fuerzas a aliviar sus dolencias. Los sometidos a operaciones difíciles decían que de la Gran Princesa emanaba una fuerza sanadora, que les ayudaba a sobrellevar el dolor y aceptarlo.

Como el medio más importante en las dolencias la superiora ofrecía la confesión y la comunión. También decía: “Es inmoral consolar a los moribundos con esperanzas vanas sobre su sanación no… es mejor ayudarles cristianamente llegar a la eternidad.”

A las hermanas del convento les enseñaban las bases de la medicina. El problema principal de ellas era la visita a los enfermos y pobres, preocupación por los niños abandonados ofreciéndoles ayuda medicinal, moral y material.

En el hospital del convento trabajaban los mejores especialistas de Moscú. Todas las operaciones se realizaban sin costo. Aquí sanaban los que eran abandonados por otros médicos. Los pacientes sanados lloraban, abandonando el convento de Marta-María, al separarse de la “Gran Matushka” como ellos llamaban a la superiora. En el convento funcionaba los domingos una escuela para los que trabajaban en fabricas. Cualquier persona podía hacer uso de la maravillosa biblioteca. Funcionaba un comedor gratuito para pobres. Se formó un asilo para niñas huérfanas. En Navidad se organizaba un gran árbol navideño para niños pobres, regalándoles juguetes, dulces, ropas de abrigo, confeccionada por las propias hermanas.

La superiora consideraba que lo más importante para las hermanas no era la labor en el hospital sino la ayuda a los necesitados y pobres. El convento recibía hasta doce mil pedidos de ayuda por año. Los pedidos eran de lo mas variado: solicitudes de tratamiento, de trabajo, cuidado de niños, cuidado de enfermos postrados, pedido de estudios en el extranjero.

La Gran Princesa encontraba oportunidades para ayudar al clero, dando medios económicos para las iglesias pobres, pueblerinas que no tenían medios para su conservación o construcción de unas nuevas. Ayudaba materialmente a los sacerdotes — misioneros que trabajaban entre paganos del Extremo Norte o entre extranjeros en las fronteras de Rusia, animándolos y fortaleciéndolos.

Uno de los lugares de más pobreza donde la Gran Princesa prodigaba especial atención era el mercado de Jitrovo. Elizabeth en compañía de su celara, monja Bárbara, o de hermana de convento la princesa María Obolenski, incansablemente yendo de una guarida a otra, reunían a los huérfanos y convencían a los padres entregarles los niños para su educación. Toda la población de Jitrovo la respetaba llamándola “hermana Elizabeth” o “Matushka.” La policía permanentemente la avisaba, que no garantizaba su seguridad personal. En respuesta a esto la Gran Princesa siempre agradecía a la policía por su preocupación y decía, que su vida no está en sus manos, sino en manos de Dios. Trataba de salvar a los niños de Jitrovo. A ella no le molestaba la suciedad, la maldad, el aspecto de la gente que había perdido el aspecto humano. Ella decía: “La semejanza a Dios puede estar a veces oscurecida, pero jamás puede estar aniquilada.”

A los varones arrancados de Jitrovo los ubicaba en residencias comunales. De un grupo de estos recientes harapientos se organizó un cuerpo de mensajeros cumplidores de Moscú. A los niños los colocaban en establecimientos de enseñanza o asilos donde se controlaba su desarrollo físico y espiritual.

Elizabeth organizaba hogares de auxilio para huérfanos, inválidos, enfermos crónicos encontrando tiempo para visitarlos y ayudarlos materialmente trayéndoles regalos. Relatan el siguiente caso. Cierta vez la Gran Princesa tenía que ir a un asilo para niñas pequeñas huérfanas. Todas se preparaban para recibir dignamente a la benefactora. A los niños les dijeron que iba a venir la Gran Princesa y debían saludarla y besarle las manos. Habiendo llegado Elizabeth, salieron a recibirla pequeñas con vestidos blancos. Amigablemente saludaron y estiraron sus manitas hacia la Gran Princesa diciendo:” Besa las manitas.” Las cuidadoras se horrorizaron:” ¡Que es lo que va a suceder!” Mas la Gran Princesa con lágrimas en los ojos se acercó a cada una de las niñas besándole las manitas de cada una. Lloraron todos ante esto — ¡tal ternura ! veneración había en los corazones y en las caras.

Otra muestra de su inconmensurable amor hacia los sufrientes recuerdan sus contemporáneos. Una hermana vino de una zona de pobres y relato acerca de una mujer con dos pequeños niños, enferma de tuberculosis sin salvación, viviendo en un frío sótano. Matushka se agitó llamo a la hermana superiora y ordenó ubicar a la madre en un sanatorio para tuberculosos y a los niños en un asilo, en caso de no encontrar cama ubicar a la enferma en una cama plegable. Luego de lo cual, tomó la ropa para los niños, frazadas, y fue por ellos. La Gran Princesa permanentemente visitó a la madre enferma hasta su final, la tranquilizaba prometiéndole ocuparse de los niños.

La Gran Matushka tenia esperanza que en el convento creado por ella de Marta-María la misericordia florecería dando un árbol productivo grande. Con el tiempo quería organizar conventos aislados en otras ciudades de Rusia.

La Gran Princesa tenía el sincero y puramente ruso amor al peregrinaje. Viajó repetidamente a Sarov acudiendo con alegría al templo para rezar ante las reliquias del reverendo Serafin. Viajó a Pskov, a Kiev y al desierto de Optino, al desierto de Sozimo, estuvo en el monasterio de Solovetz. Visitaba los monasterios más pequeños en lugares más apartados y alejados de Rusia. Asistía a todos los homenajes religiosos relacionados con la apertura o traslado de reliquias de santos. A los peregrinos enfermos esperanzados en la sanación por los nuevos santos, la Gran Princesa les ayudaba secretamente ,cuidándolos. En 1914 la Gran Princesa visitó el monasterio en Alapaievsk — ciudad en la que estaba el lugar destinado a su reclusión y martirio hasta la muerte.

Ayudaba a los peregrinos rusos en viaje a Jerusalén. A través de sociedades, creadas por ella, se cubría el costo de los pasajes de los peregrinos, navegando desde Odessa hasta Jaifa. Construyó un gran hospedaje en Jerusalén. Otra benévola acción de la Gran Princesa — la construcción de una iglesia ortodoxa rusa en Italia, en la ciudad de Bari donde yacen las reliquias del jerarca Nicolás de Mir-Liki. En el 1914 fue bendecido el templo inferior en honor del reverendo Nicolás y una casa para huéspedes.

Preciado es el recuerdo de la Gran Princesa del metropolitano Anastasio quien la conoció personalmente:

“Ella era capaz no solo de llorar con los que lloran sino, que alegrarse con los que se alegran, lo cual en general es más difícil que lo primero. No siendo monja en todo el amplio sentido de esta palabra, mejor que otras monjas cumplía con el gran legado de san Nilo del Sinaí: “Bendito el monje, quién respeta a toda persona como si fuera dios, después de Dios.” Encontrar bondad en cada persona y “por clemencia a los caídos implorar” era siempre la tendencia de su corazón. Su carácter de mansedumbre no era obstáculo para encenderse en justa cólera ante la injusticia. Mas severamente se juzgaba a sí misma, si llegaba a caer en tal o cual equívoco… cierta vez siendo todavía obispo-vicario en Moscú me ofreció la presidencia en una organización totalmente social, no teniendo nada que ver con la Iglesia. Sin querer, me confundí sin contestar a sus palabras. Ella comprendió mi situación:” Perdone, — con decisión dijo ella,— yo dije una tontería, — “y con ello me sacó de mi compromiso.”

Sus contemporáneos recuerdan, que la presencia de Elizabeth introducía en el ambiente un puro aroma de lirios, será por ello que gustaba tanto del color blanco. Encontrándose con mucha gente entendía al instante a la persona: el servilismo, la mentira o la astucia eran contrarios a ella. Ella decía: “Hoy es difícil encontrar verdad sobre la tierra, inundada cada vez más por olas pecadoras, para no desilusionarse de la vida hay que buscar la verdad en el cielo, hacia donde se alejó de nosotros.”

Desde el comienzo de su vida en la Ortodoxia y hasta los últimos días la Gran Princesa se encontraba en total obediencia hacia sus padres espirituales. Sin la bendición del sacerdote del convento de Marta María protopresbítero Mitrofán Serebrianski y sin los consejos de los staretz del desierto de Optina, y del desierto de Sozima y otros monasterios ella por sí sola no tomaba ninguna decisión. Su humildad y obediencia eran admirables.

El Señor la agració con el don de juicio espiritual y la profecía. El padre Mitrofán contaba, que poco antes de la revolución tuvo un sueño luminoso y claramente profético, más no sabía como interpretarlo. El sueño era colorido, cuatro cuadros cambiantes cada uno de ellos. Primero, hay una hermosa iglesia. De pronto de todos lados aparecen lenguas de fuego, encendiendo todo el templo — una visión magnificente y horrenda. Segundo: representación de la Emperatriz Alejandra en un marco negro; a los lados de este marco comienzan a aparecer tallos sobre los cuales se abren lirios blancos, las flores van aumentando de tamaño dejando ver una representación. Tercero: el arcángel Miguel con una espada de fuego en la mano. Cuarto cuadro: el reverendo Serafin de Sarov postrado de rodillas sobre piedra con los brazos elevados en oración.

Emocionado por el sueño, el padre Mitrofán lo relató a la Gran Princesa temprano en la mañana antes del comienzo de la Liturgia. Elizabeth dijo que le era claro ese sueño. El primer cuadro indica que en Rusia pronto habría una revolución, comenzará la persecución de la Iglesia rusa y, a causa de nuestros pecados a causa de la falta de fe, quedará al borde de la perdición. El segundo cuadro significa: que la hermana de Elizabeth y toda la Familia Real tendrán un final mártir. El tercer cuadro significa que después le esperan a Rusia grandes padecimientos. El cuarto cuadro significa que por las oraciones del beato Serafin y otros santos y justos de la tierra Rusa y con la protección de la Madre de Dios, — el país y el pueblo serán perdonados.

El don del razonamiento espiritual se observó en su relación con Rasputin. En varias ocasiones trató de convencer a su hermana — emperatriz no confiarse en él y no permitir tener dependencia de él. Dijo esto la Gran Princesa al mismo Emperador, pero su consejo no fue escuchado. A pedido de sus amigos y con la bendición de los staretz en el año l916 hizo la última tentativa, trasladándose hasta Tsarskoe Selo, para hablar personalmente con el Zar acerca de la situación en el país. El Emperador no la recibió. La conversación acerca de Rasputin versó entre la Emperatriz y la Gran Princesa y terminó tristemente. La Emperatriz no quiso escuchar a su hermana: “Sabemos que acerca de los santos murmuraban desde antes.” A lo cual la Gran Princesa contestó “Recuerda el destino de Luis XVI.” Se despidieron fríamente.

Durante los años de la primera guerra mundial la labor de la Gran Princesa aumentó: era necesario cuidar a los heridos en los hospitales. Parte de las hermanas del convento fueron enviadas a trabajos en los hospitales de campo. Al principio Elizabeth, plena de sentimientos cristianos, visitaba a los presos alemanes, más las calumnias por el apoyo secreto del enemigo la obligóa renunciar a ello.

En el año 1916 se acercó una multitud enfurecida a las puertas del convento, exigiendo entregaran a un espía alemán — al hermano de Elizabeth, que suponían estaba oculto en el convento. La superiora salió a la multitud sola, y ofreció ver todo el habitáculo del convento. El Señor no permitió que pereciera ese día. Policías a caballo desbarataron a la multitud. Muy pronto después de la revolución del mes de febrero se acercó al convento una multitud armada, banderas rojas y moños. La misma superiora abrió las puertas — le declararon que habían venido para arrestarla y ajusticiarla por ser espía alemana, más el agravante, de guardar armas en el convento.

Ante la orden de irse inmediatamente la Gran Princesa dijo que debía dejar las ordenes pertinentes y despedirse de las hermanas. La superiora reunió a todas las hermanas del convento y pidió al padre Mitrofán oficiara un te deum de acción de gracias. Luego dirigiéndose hacia los revolucionarios los invitó a entrar a la iglesia, pero dejando las armas a la entrada. Sin mucho ánimo se quitaron las armas y entraron en el templo.

elizabethDurante todo el te deum Elizabeth permaneció de rodillas. Una vez finalizado el oficio ella les dijo, que el padre Mitrofán les iba a mostrar todas las construcciones del convento pudiendo ellos buscar todo lo que quisieran. Cierto no encontraron nada más que las celdas de las hermanas y el hospital con los enfermos. Cuando se hubieron ido Elizabeth Feodorovna les dijo a las hermanas: “Parece que todavía no estamos dignos de la corona de mártires.” En una de las cartas de aquel entonces ella escribe: “Lo que estamos viviendo es realmente un milagro inmutable.” No tenía ningún rencor ni reprobación contra la demencia del gentío. Ella decía — “La gente, el vulgo — son niños, no son culpables de lo sucedido… Están poseídos en el extravío de los enemigos de Rusia.” Acerca del arresto y padecimientos de la Familia Real ella decía: “Ello (el arresto) los va a llevar hacia la purificación moral, acercándolos a Dios.”
En la primavera del 1917 llegó un ministro sueco a pedido de Káiser Guillermo y le ofreció ayuda en el traspaso de la frontera. Elizabeth contestó, que decidió vivir la suerte del país al cual consideraba su nueva patria, no pudiendo dejar a las hermanas del convento en este momento difícil. Dijo: no hice mal a ninguno, que se cumpla la voluntad de Dios.

Nunca hubo tanta gente en el oficio religioso del convento como antes de la revolución de octubre. Iban no solo por un plato de sopa o por ayuda médica , sino para consuelo y consejo de la Gran “Matushka.” Elizabeth recibía a todos, los escuchaba, los apoyaba. La gente se iba de allí pacificada y animada. En el inicio de la revuelta de octubre no molestaron al convento de Marta María. Al contrario tenían respeto hacia las hermanas, dos veces por semana llegaba un camión con alimentos, pan negro, pescado ahumado, verduras… De medicamentos entregaban pocas cantidades, materiales para vendas y los remedios de primera necesidad.

Todos en derredor estaban asustados, los beneficiarios y adinerados cooperadores ahora tenían miedo de ayudar al convento. Para evitar provocaciones la Gran Princesa casi no atravesaba el portón del convento, no estaba permitido salir a las hermanas a la calle. Sin embargo el orden establecido en el convento no había cambiado. Solo los oficios religiosos eran más prolongados, más cálida la oración de las hermanas. El padre Mitrofán realizaba los Divinos Oficios Litúrgicos diariamente con el templo colmado de fieles, con muchos tomadores de la comunión. En algún tiempo en el convento se encontraba el icono de la Madre de Dios “Derzavnaia” (La Soberana), encontrado cerca de Moscú el día de la abdicación del Zar Nicolás II al trono. “…

Ella escribe a sus conocidos:

El Señor nuevamente con su gran bondad nos ayudó a sobrevivir días de guerra interna y hoy tenemos el inconmensurable consuelo de rezar… y asistir al Divino Oficio religioso, mientras nuestro Patriarca nos daba su bendición. El Kremlin Santo con rastros evidentes de estos días tristes, me era más querido que en otro momento cualquiera y pude sentir hasta qué punto la Iglesia Ortodoxa es la verdadera Iglesia del Señor. Experimenté una tan profunda lástima hacia Rusia y sus hijos, quienes en este momento no ven lo que hacen. ¿Acaso no es este un niño enfermo a quien queremos cien veces más cuando está enfermo, que mientras esta alegre y sano? ¡Quisiera sufrir sus sufrimientos, enseñarle a tener paciencia, ayudarlo! Esto es lo que siento cada día. La Santa Rusia no puede sucumbir. Mas no tenemos más a la Gran Rusia. Pero Dios en la Biblia muestra, como El perdonó a su arrepentido pueblo y nuevamente le otorgó Su fuerza bendita. Vamos a tener fe que las oraciones cada día más fervorosas y el arrepentimiento más profundo hará más clemente a la Siempre Virgen que rezará por nosotros ante Su Divino Hijo y que el Señor nos perdonará.” “…Totalmente destruida la Gran Rusia — más la Santa Rusia y la Iglesia Ortodoxa, a quién “las puertas del infierno no vencerán” existe más de lo que era antes. Y los que tienen fe y no dudan ni por un instante, verán “el cielo interior” que ilumina las tinieblas en momentos peligrosos… Nosotros trabajamos, rezamos, tenemos fe y día a día sentimos la clemencia de Dios. Cada día experimentamos un constante milagro. Otros al comenzar a sentir esto vienen a nuestra iglesia para tener reposo espiritual:

La serenidad en el convento era una calma previa a la tormenta. Primero enviaron al convento formularios — interrogatorios para todos los que vivían allí o se encontraban en tratamiento: nombre, apellido, edades, origen social, etc. Luego fueron arrestadas varias personas del hospital. Luego de lo cual declararon que a las huérfanas las trasladarían a la casa del niño.

En abril del 1918 al tercer día de Pascua, el día de festividad del icono de la Madre de Dios de Iver, arrestaron a Elizabeth Feodorovna e inmediatamente la llevaron fuera de Moscú. Esto sucedió cuando el santísimo Patriarca Tijon visitó el convento de Marta-María, donde ofició la Divina Liturgia un oficio de acción de gracias. Terminando el oficio religioso el Patriarca permaneció hasta las 16 horas en el convento, conversando con la superiora y las hermanas. Esta fue la ultima bendición y orientación del confesor de la Iglesia Ortodoxa Rusa a Elizabeth Feodorovna antes de iniciar su procesión religiosa al Gólgota.

Casi en seguida después de la partida del Patriarca Tijon llegó al convento un auto con el comisario y letones-comunistas. Obligaron a ir con ellos a la superiora — Elizabeth. Le dieron media hora para prepararse para el viaje. La superiora logró solamente reunir a las hermanas en la iglesia de Marta-María y darles la ultima bendición. Lloraban todos los presentes, sabiendo que veían a su madre y superiora por última vez. Elizabeth agradeció a las hermanas por su abnegación y sinceridad, pidiendo al padre Mitrofán no dejar el convento y realizar oficios religiosos hasta que ello fuera posible. Junto a la Gran Princesa fueron dos hermanas — Bárbara Iakovleva y Catalina Yanisheva.

Antes de subir al auto la superiora bendijo a todas con la señal de la cruz. Una de las hermanas del convento Zinaida (monja Nadezda) recuerda: “…Y se la llevaron. Las hermanas corrían detrás de ella, hasta cuanto pudieron. Alguna caía en el camino… Cuando llegué al oficio religioso, escuche que el diácono leyendo la letanía lloraba, no podía continuar…Y la llevaron a Ekaterinburgo, acompañada por carceleros. Con Bárbara no se separaron… Luego envió cartas al padre y a cada una de las hermanas. Dentro había 105 (9) anotaciones para cada una según su necesidad. Citas del Evangelio, de la Biblia, para algunas citas personales. Ella conocía a todas las hermanas, a todas sus hijas conocía…”

Conociendo lo sucedido, el Patriarca Tijon trató a través de diferentes organizaciones del nuevo poder — trató de interceder por la liberación de la Gran Princesa. Más sus tentativas fueron vanas. Todos los miembros de la Casa Imperial fueron condenados. A Elizabeth y sus acompañantes las enviaron en tren a Perm. En el camino al exilio escribió una carta para las hermanas de su convento. He aquí trozos de ella:

“Bendice Señor, que os consuela y fortalece en la Resurrección de Cristo… Ampáranos a todos nosotros junto a ustedes mis queridas, El reverendo Sergio, Santo Demetrio y Santa Efrosinia de Polotsk….No puedo olvidar el día de ayer, todos los queridos bondadosos rostros. ¡Señor, qué sufrimiento en ellos, cuánto dolor en el corazón! Cada minuto se me hacen mas queridos. ¿Cómo las podré dejar mis hijas, cómo consolarlas, cómo protegerlas? Recuerden mis queridas todo lo que les he dicho. Sean siempre no solo mis hijas, sino obedientes alumnas. Reúnanse y sean una única alma, toda para Dios y digan como San Juan Chrisóstomo: ¡”Gracias a Dios por todo!” Las hermanas mayores protejan a sus hermanitas. Pidan al patriarca Tijon protección para las “pollitas que están bajo sus alas.” Acomódenlo en mi cuarto intermedio. Mi celda — para confesiones; la grande — para recibir visitas… Por amor a Dios no decaigan espiritualmente. La Madre de Dios sabe porque Su Hijo Celestial nos envió este sufrimiento en Su día… no decaigan espiritualmente y no desfallezcan en sus buenas intenciones. Y el Señor, Quien temporalmente nos separó, nos mire espiritualmente. Recen por mí, pecadora, para que sea digna de regresar con mis hijas y me perfeccione para servirle a Ustedes, para que todas juntas pensemos como prepararnos para la vida eterna. Recuerdan como yo temía, que ustedes encuentren en mi su gran apoyo en la vida, y yo les decía:” Debemos acercarnos más a Dios. El Señor dice: “Hijo mío, dáme a Mi tu corazón, y tus ojos verán Mis caminos.”

Ten la seguridad entonces, que todo lo darás a Dios si Le Entregas tu corazón es decir a tí mismo. Ahora estamos atravesando por lo mismo e involuntariamente en El encontramos consuelo al llevar nuestra común Cruz en la separación. El Señor halló que es el momento de que lleváramos Su cruz. Tratemos de ser dignos de esta alegría.

Pensé que íbamos a ser débiles, no habiendo crecido lo suficiente para llevar tan grande cruz. “El Señor nos dió, el Señor se lo llevó.” Se hizo como era la voluntad del Señor. Sea bendito el Nombre del Señor por los siglos. Que ejemplo nos da san Job con su obediencia y paciencia en las aflicciones. Por ello luego el Señor le dió alegría. Cuantos ejemplos de estas aflicciones a los Santos Padres en sus santos claustros, más luego había alegría. Prepárense para estar juntos en la alegría. Seamos pacientes y humildes. No quejémonos y agradezcámos por todo.

Vuestra permanente devota peregrina y amada Madre en Cristo.

“Matushka”

Los últimos meses de su vida la Gran Princesa la pasó recluída en una escuela en las afueras de la ciudad Alapaievsk junto al Gran Príncipe Sergio (el hijo menor del Gran Príncipe Miguel, hermano del Emperador Alejandro II) su secretario — Teodoro Remes, tres hermanos — Juan, Constantino e Igor (hijos del Gran Príncipe Constantino) y el Príncipe Vladimiro Palen (hijo del Gran Príncipe Pablo). El final estaba cerca. La Matushka — superiora se preparaba para esta partida, dedicando todo el tiempo a la oración.

A las hermanas acompañantes de su superiora la llevaron al consejo provincial y les propusieron quedar en libertad. Las dos imploraron volver con la Gran Princesa. Entonces los “chequistas” (comisión extraordinaria) responsables, comenzaron a asustarlas con torturas y martirios que les corresponden a todas las que se queden con ella. Barbara Iakovleva dijo, que estaba lista para dar una respuesta firmada con sangre y que deseaba compartir su destino con el de la Gran Princesa. Así la hermana de la cruz del convento de Marta-María, Barbara, hizo su elección y se unió a los presos esperando la resolución de su destino.

Entrada ya la noche el 5 (l8) de julio en el día de la apertura de las reliquias de Sergio de Radonez, a la Gran Princesa Elizabeth, junto a otros miembros de la Familia Real los tiraron a un pozo de una antigua mina. Cuando los abestiados verdugos los empujaron al lúgubre foso, ella repetía la oración pronunciada por el crucificado en la Cruz al Salvador del mundo: “Señor, perdónalos ya que no saben lo que hacen” (Lucas 23:24). Luego los “chequistas” arrojaron al foso granadas de mano. Un campesino testigo de la muerte decía que de las profundidades de la mina se escuchaban sonidos de canción a los Querubines, cantadas por los martirizados antes de pasar a la eternidad.

Elizabeth Feodorovna no cayó al fondo de la mina, sino que quedó en una saliente que estaba a l5 metros. A su lado encontraron el cuerpo de Juan Constantinovich con la cabeza vendada. Con profundas fracturas y golpes también aquí trataba ella de aliviar los sufrimientos al prójimo. Los dedos de la mano derecha de la Gran Princesa y de la religiosa Bárbara estaban en posición para realizar la señal de la cruz. Fallecieron con grandes martirios por sed, hambre y heridas.

Por un tiempo la fuerzas ateas comunistas retrocedieron y Alapaievsk fue liberado.

Los restos mortales de la superiora del convento de Marta-María y su fiel monja de celda Bárbara en el año 1921 fueron llevados a Jerusalén y depositados en el sepulcro de la iglesia de Santa María Magdalena en Getsemani. Largo y penoso fue este camino. El l8 (31) de octubre del año l918 los cuerpos de los mártires fueron hallados y colocados en ataúdes de madera, dejándolos en la iglesia del cementerio de Alapaievsk, donde se realizaban permanentemente lecturas de salmos con misas de difuntos. Al día siguiente los ataúdes los llevaron a la catedral de la Santísima Trinidad. Se ofició una Liturgia fúnebre, luego de lo cual se celebró la misa de cuerpos presentes. Los ataúdes fueron dejados en el sepulcro de la catedral hacia la derecha del altar.

No por largo tiempo permanecieron en paz sus restos. El ejército rojo avanzaba y fue necesario llevarlos a un lugar más seguro. Se ocupó de esto el padre Serafin, superior del hermitorio de Alexeiev de la diócesis de Perm, amigo y confesor de la Gran Princesa.

Después de la revolución de octubre el padre Serafin estuvo en Moscú, conversó con la Gran Princesa, invitándola a ir con el Alapaievsk donde, según sus palabras, había gente de confianza en hermitorios, quienes sabían como podían resguardar a la Gran Princesa. Elizabeth se negó a ocultarse y agregó al final del coloquio: “Si me matan, le pido a Usted, me entierre cristianamente.” Estas palabras resultaron ser proféticas.

El superior Serafin obtuvo el permiso del almirante Kolchak para trasladar los cuerpos. El jefe Semenov autorizó para ello un vagón y emitió un permiso. El l (l4) de julio de l919 — ocho ataúdes de Alapaievsk se dirigieron a Chita (cerca del lago Baical). Como ayudantes el padre Serafín llevó a dos novicios — Máximo Kanunikov y Serafin Gevashev.

Ya en Chitá los ataúdes fueron llevados al monasterio de monjas del Manto, donde las religiosas lavaron los cuerpos de los martirizados, vistieron a la Gran Princesa y a la religiosa Bárbara con ropas monacales. El padre Serafin con los novicios quitaron las tablas del piso de una de las celdas, excavaron una tumba y colocaron los ocho ataúdes cubriéndolos con una fina capa de tierra. En esta celda permaneció viviendo el mismo padre Serafin conservando y protegiendo los cuerpos de los mártires.

En Chitá los ataúdes de los mártires permanecieron seis meses. El ejército rojo nuevamente estaba invadiendo y las reliquias de los nuevos mártires fue necesario llevar fuera de los limites de Rusia. El 26 de febrero comenzó este camino ante la total desorganización del transporte de trenes. El vagón se movía junto con el frente de batalla: avanzaba unos 25 kilómetros, y retrocedía l5. Gracias a la licencia obtenida el vagón era acoplado a diferentes trenes orientándose siempre hacia la frontera china. Llego el verano; de los ataúdes salía liquido, esparciendo olor a descomposición. Al detenerse el tren los acompañantes juntaban pasto y con él limpiaban los ataúdes. El liquido del ataúd de la Gran Princesa, como lo recuerda el padre Serafin, despedía olor agradable y aromático; ellos lo juntaban cuidadosamente como algo santo en frasco.

En la misma frontera china fueron atacados por montoneros rojos, quienes trataron de tirar los ataúdes con los cuerpos desde el vagón. Soldados chinos oportunamente acercados hicieron huir a los atacantes y protegieron los cuerpos de los mártires de su destrucción.

Cuando llegaron a Jarbín los cuerpos de todos los mártires de Alapaiev estaban totalmente en descomposición, menos los de la Gran Princesa y Bárbara. El príncipe N. A. Kudashev fue llamado a Jarbín para reconocer a los mártires y hacer los protocolos correspondientes. El recuerda que la Gran Princesa reposaba, como viva y no había sufrido cambios desde el día que yo me despedí de ella en Moscú antes de viajar a Pekín. Solamente a un lado de la cara había un gran hematoma del golpe al caer a la mina.

Encargué para ellos ataúdes verdaderos y asistí a los funerales. Sabiendo que la Gran Princesa siempre deseaba ser enterrada en Getsemani de Jerusalén decidí respetar su voluntad — envié sus restos mortales y los de su novicia a la Tierra Santa, solicitando al monje los acompañara hasta su lugar de reposo final y con ello finalizar la tarea comenzada.

En abril del año 1920 los ataúdes de los mártires llegaron a Pekín donde fueron recibidos por el encargado de la Misión Espiritual Rusa, obispo Inocencio. Luego del oficio religioso fúnebre fueron temporalmente ubicados en uno de las bóvedas del cementerio de la Misión, e inmediatamente comenzaron las obras de una nueva cripta en la iglesia de San Serafin.

Los ataúdes con los cuerpos de la Gran Princesa y de la religiosa Bárbara, acompañados por el superior Serafin (l0) y dos novicios nuevamente iniciaron el camino, esta vez de Pekín a Tiazin, luego en barco a Shanghai. De Shanghai — a Port Said, llegando en enero del l921. De Port Said los ataúdes en vagones especiales los mandaron a Jerusalén donde los recibieron religiosos rusos y griegos, muchos peregrinos a quienes la revolución del año l917 sorprendió en Jerusalén.

La sepultura de los mártires los realizó el patriarca Damián en conjunto con muchos religiosos. Sus ataúdes fueron depositados en la parte inferior del templo entre los cimientos del templo de María Magdalena en Getsemani. Cuando abrieron el ataúd con el cuerpo de la Gran Princesa el aroma inundó la habitación. Según las palabras del Archimandrita Antonio (Grabbe) se percibía “un fuerte aroma como a miel con jazmín.” Las reliquias de las nuevas mártires resultaron parcialmente incorruptas.
El patriarca de Jerusalén Diodoro bendijo el ceremonioso traslado de las reliquias de las nuevas mártires de la capilla funeraria donde se encontraban hasta ese entonces, al mismo templo de la Santa María Magdalena.

El dos de mayo de l982 — durante la celebración de las santas mujeres mirróforas, en el oficio religioso utilizaron el santo “cáliz”, el Evangelio y los velos obsequiados al templo por la Gran Princesa Elizabeth en el año l886, estando ella allí.

En el año l992 el Concilio de Obispos de la Iglesia Ortodoxa Rusa agregó a la nomina de los nuevos santos de Rusia a los grandes mártires Gran Princesa Elizabeth y a la religiosa Bárbara, estableciendo la memoria el día de su fallecimiento 5 (l8) de julio.

*** *** ***

La voz del pueblo, no por casualidad, denominóa la Gran Princesa como santa, pues ella era el vivo testigo de la eternidad en nuestro mundo, en nuestra Patria terrena. Ella se convirtió a la Ortodoxia un sábado de Lázaro — y esto le profetizaba el camino a seguir.

Todos recordamos que luego del sábado de Lázaro viene la entrada del Señor en Jerusalén, comenzando la Semana Santa. Del mismo modo en la vida de Elizabeth junto a las aflicciones y privaciones había gran alegría — creación del convento de la Misericordia — la casa de Lázaro, tenia el cariño total del pueblo, a quien ella servía. Más luego de ello prosiguió la semana Santa y el Gólgota. Ella aceptó el Golgota con la oración por sus crucificadores, hasta el último suspiro cumplía con lo que profetizó el Mismo Señor.

Recordemos que en su última carta a las hermanas del convento de Marta María la superiora reza por sus “niñas” a la reverenda Efrosinia de Polotsk, cuyas reliquias en aquél entonces se encontraban en Jerusalén. No es por casualidad, que la superiora se dirige a la primera “matushka” rusa, ya que ella fue digna seguidora de la acción valerosa de la maternidad espiritual legada por la reverenda. Las reliquias de la beata Efrosinia estaban en Jerusalén y fueron llevadas a Rusia. Siete siglos y medio las reliquias de la beata Mártir Gran Princesa Elizabeth, sacadas de Rusia, encontraron sosiego en Tierra Santa. Actualmente se encuentran en el templo de la santa mirrófora María Magdalena en el Monte de los Olivos donde el resucitado Jesucristo ascendió en gloria para ir al lado de Dios Padre. Este templo y las reliquias de las santas Elizabeth y Bárbara espiritualmente reúnen a la Tierra Santa con la tierra rusa.

Si algún día resucitara una Rusia libre ortodoxa — como la Potestad de la Madre de Dios, las santas reliquias de la superiora del convento en honor de las mujeres mirróforas Marta y María, tal vez, se llevarán (como antes las reliquias de la beata Efrosinia Polotsakaia) al país por el cual dió su vida. Entonces el sepulcro preparado por la Gran Princesa para sí en el convento de Marta María recibirá ya a la glorificada santa superiora bajo el Manto de la Purísima Madre del Señor. Y tal vez vivamos hasta el momento en el cual en el convento por ella creado, se eleve el templo en nombre de la santa beata Mártir Elizabeth.

En su valerosa hazaña espiritual vemos la unión de varios caminos de santidad. Ella era una princesa piadosa, justa, virtuosa, beata y mártir. Ella era seguidora de lo dicho por el profeta Isaías, quien contestó a la pregunta del Señor: “A quien enviaré, y quien irá por nosotros?… He me aquí, envíame a mi” (Is. 6:8). La vida de la Gran Princesa Elizabeth — es divina conjunción de caminos de las santas y justas Marta y María en tiempos nuevos. La primera de las santas mujeres de Rusia — la santa gran princesa Olga, antes de convertirse a la fe de Cristo no perdonaba a sus enemigos y cruelmente se vengó por la muerte de su esposo. Luego de casi l000 años la Gran Princesa Elizabeth no sólo perdona a los asesinos de su marido, sino ante el martirio y muerte reza a Dios por el perdón de sus asesinos.

Pasando a la religión ortodoxa, y después, ya siendo monja, la Gran Princesa no cambió de nombre. Con ello confirmó, que el cimiento de la hazaña espiritual tomada por ella, fue el mismo durante toda su vida. “Elizabeth, traducido del hebreo antiguo, significa “veneración a Dios.” Veneración de Dios y amor a todo lo de Dios — he aquí las cualidades sobresalientes de la Gran Princesa, que le ayudaron en todos los caminos de la vida. Cubrir todo con amor — este es su legado para nosotros. Las mujeres rusas tienen un ejemplo para seguir: aprender a vivir y a rezar, como lo hacía Elizabeth en el templo del Manto, regresando de las pocilgas de Moscú: con gran tristeza en el alma, con amor y esperanza en la ayuda Divina para que se realice la conversión a la fe, al amor, y renovación de la vida de los infortunados, vagando en las encrucijadas de nuestra tierra.

Y algo más. La palabra se desvalorizó. Aun con la más elevada y verdadera palabra, es difícil cambiar la situación de la gente en una sociedad, donde la desintegración y la violencia se hicieron un desastre nacional. Para que la palabra sea verdadera tenemos que cumplir el mandamiento del Salvador: “Bienaventurados los que oyen la palabra de Dios, y la guardan.” (Luc. 11:28). Estas palabras concluyen las palabras del Señor en la casa de Lázaro, Marta y María. Al cumplimiento de este mandamiento nos llama la Gran Matushka de la tierra rusa, la beata-mártir Elizabeth y todo el concilio de santas mujeres de Rusia.

La hermana de cruz del convento de la Misericordia de Marta María, Bárbara Iakovleva fue la que primeramente siguió las huellas de la Gran Princesa y comenzó a servir al prójimo en el ya fundado por Elizabeth convento. Era la monja de celda de la superiora y una de las hermanas más cercanas. Mas ella no tenía vanidad, permaneciendo amable y accesible para cualquiera. Los allegados a Elizabeth la conocían llamándola Varia.

De donde vino y de que ambiente era la hermana Bárbara — no sabemos. Siguió por su voluntad en el martirio y muerte a su madre — superiora, cumpliendo con el legado del Señor: “Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos.” (In. 15:13). Todos los encarcelados de Alapaiev sabían lo que les esperaba en un próximo futuro. Conscientemente se preparaban para la muerte y pedían a Dios fortaleza en la hazaña de profesar su fe. La beata mártir Bárbara realizó su hazaña a la edad de 35 años.

Es necesario decir algunas palabras acerca del destino futuro del padre Mitrofán Sere brianski, quien dignamente compartió la hazaña espiritual de la Gran Matushka en el convento, fundado por ella. Con el arresto de la superiora, prácticamente se detuvo la obra benéfica del convento, que subsistió aun siete años. El padre Mitrofán continuaba orientando a las hermanas hasta el cierre del convento.

El santo patriarca Tijon, quien en repetidas ocasiones oficiaba en el convento de Marta María, en una de las ocasiones tonsuró al padre Mitrofán como monje con el nombre de Sergio y a su Matushka Olga, como monja — con el nombre de Elizabeth.

En el año 1916 arrestaron al padre Mitrofán y lo mandaron a Siberia, luego de lo cual siguieron años de su reclusión en GULAG. Dieciséis años pasó él en cárceles y campamentos. El último lugar fue en el pueblo Vladichnoe de la provincia Tverskaia.

Su querida matushka lo acompañó hasta el final. Estando deportados, ella estuvo paralizada y el padre Mitrofán con esmero cuidó de ella. Vivían en una cabaña con tres ventanillas y techo de paja. Dos mujeres venían a ayudarlos. En esa zona lo veneraban como a un santo.

Falleció el 5 de abril de 1948 a causa de una pulmonía. Fue sepultado allí mismo en Vladichnoe. Cuando a los dos años en el mismo sepulcro fue depositado el ataúd con el cuerpo de Matushka la tapa del ataúd en el que permanecían los restos del padre Mitrofán se movió — y su cuerpo apareció inalterado.

La veneración del padre Mitrofán comenzó muy pronto después de su fallecimiento. En la diócesis de Tverskaia están reuniendo los materiales para exaltarlo junto con los santos nuevos mártires y confesores de Rusia.

Observaciones:

1) La madre de la princesa Alicia — la reina Victoria, contestando a las preguntas de un americano, en que se basa la potencia de Inglaterra, le mostró una Biblia, diciendo:” En este pequeño libro.”

2) Elizabeth de Turingen, canonizada por los católicos, vivió en épocas de las cruzadas. Sobresalía por su gran religiosidad y gran abnegación en el amor hacia la gente. Dedicó toda su vida a la beneficencia.

3) Para la princesa, al casarse con el gran príncipe no se exigía específicamente profesar la religión Ortodoxa.

4) Al día siguiente de la exhalación en el convento de la Dormición, la madre de una niña muda pasó su pañuelo sobre el féretro con las reliquias del beato, y luego por la cara de su hija, que comenzó de hablar.

5) Este crucifijo junto a otras pertenencias está en el templo de santa María Magdalena en Getsemani en Jerusalén.

6) La cruz fue derribada por las nuevas autoridades en primavera del 1918. Al inicio del 1985 en momentos de trabajo de remodelación en la plaza de Ivanovo del Kremlin de Moscú, los obreros encontraron una bóveda en buen estado, con los restos del gran príncipe Sergio. Los colaboradores del museo del Kremlin quitaron todos los objetos con metales preciosos: anillos, cadenas, medallones, iconos, cruz de San Jorge, llevándolos a la comisión de fondos de los museos del Kremlin para determinar su valor artístico y lugar de su futura conservación “como se notifica en el acta de su retiro.” En el lugar de la sepultura de Sergio Alexandrovich se construyó un estacionamiento de autos.

A los noventa años del asesinato, el 18 de febrero de 1995 Su Santidad Patriarca Alexis II realizó un oficio religioso en la catedral Arjangel del Kremlin y dijo en el sermón”: Creemos justo llevar las reliquias del Gran Príncipe Sergio Alexandrovich a la capilla funeraria bajo la catedral del monasterio de Novospaski. Elevemos oraciones para que el Señor de paz a su alma en el Reino Eterno.

7) Se publicó en el año 1905-1906 en el Vestnik del Clero Militar.

8) El rey francés Luis XVI, 1754-1793, durante el cual se produjo la caída de la monarquía fue sentenciado a muerte y el 21 de enero de 1793 Luis XVI fue llevado al patíbulo.

9) En el año 1918 en el convento había 105 religiosas.

10) En las laderas del Monte de los Olivos hay un lugar llamado, Galilea Pequeña donde se encuentra la residencia del patriarca de Jerusalén. En el jardín de la residencia hay dos santuarios: los cimientos de la casa donde el Señor se presentó a Sus discípulos luego de Su resurrección y una capilla construida en el lugar donde el Arcángel Gabriel se apareció a la Madre de Dios, anunciándole Su pronta Dormicion. En las cercanías de esta capilla con la bendición del patriarca Damián, el abad Serafin; construyó un habitáculo, viviendo en él hasta su muerte, sucedida a los 85 años de vida. Está sepultado cerca de su celda.

de “La Santa Beata Mártir y Princesa de Rusia Elizabeth Feodorovna”, por Liubov Miller de Australia (traducido por C. Kuchta y T. Morosoff.)

http://www.fatheralexander.org/booklets/spanish/kniagina_elizabeta_s.htm

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