“¿Qué padre hay entre ustedes que, si su hijo le pide un pescado, en lugar de un pescado le da una culebra” (Lucas 11:9-13)

Yo les digo: Pidan y se les dará; busquen y hallarán; llamen y se les abrirá. Porque todo el que pide, recibe; el que busca, halla; y al que llama, le abrirán. ¿Qué padre hay entre ustedes que, si su hijo le pide un pescado, en lugar de un pescado le da una culebra; o, si pide un huevo, le da un escorpión? Si, pues, ustedes, aun siendo malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan!


 

Comentario

 

Monasterio Gregoriou en el Monte Athos, Grecia. El monasterio contiene parte de los restos de Santa Anastasia la romana, una mártir cristiana del siglo III que se recuerda hoy.

Monasterio Gregoriou en el Monte Athos, Grecia. El monasterio contiene parte de los restos de Santa Anastasia la romana, una mártir cristiana del siglo III que se recuerda hoy.

    ¿Quién de vosotros es el que si su hijo le pide pan, le da una piedra?

    Entre los hombres, si pides con frecuencia, resultarás gravoso y pesado; pero ante Dios, no lo haces, lo mueves a ira. Pero si persistes en pedir, recibirás, aun cuando no recibas al punto. Por eso está cerrada la puerta, para inducirte a llamar. Por eso no concede ni accede al punto, para que llames. Permanece, pues, llamando y sin duda recibirás. Ni vayas a decir: ¡Bueno! ¿y si pido y no recibo? Porque por medio de una parábola confirma él tu fe. Usa de un nuevo argumento y ejemplo humano, para empujarte a tener confianza en lo que pides; al mismo tiempo que por la parábola nos da a entender no sólo que tenemos que pedir, sino también qué es lo que hemos de pedir.

    Porque ¿quién de vosotros es el que si su hijo le pide pan le da una piedra? Pues si pides y no recibes es porque pides una piedra. Aunque seas hijo, no basta eso para que la alcances; o mejor aún, eso es lo que impide que recibas: que siendo hijo, pides lo que no te conviene. No pidas pues cosas mundanas sino espirituales y cierto las recibirás. Salomón [1 Reyes 3:10-14, 2 Crón 1:11,12], porque pidió lo que convenía, mira cómo al punto lo obtuvo. Conviene pues que quien ora, guarde dos cosas: que pida con fervor y que pida lo que conviene, pues dice Cristo: vosotros, aunque seáis padres, dejáis que vuestros hijos os pidan; pero si lo que piden les es dañoso, se lo negáis; si es útil, accedéis y lo concedéis.

    Pensando estas cosas, no desistas hasta haber recibido; no te apartes hasta haber encontrado; no pierdas el ánimo y empeño hasta que te abran la puerta. Si con estas disposiciones te acercas y te dices: si no recibo, no me apartaré, entonces recibirás si es que pides lo que a Aquel a quien pides le conviene dar y también te conviene a ti. ¿Qué cosas serán esas convenientes? Desde luego, si pides todo lo referente a la vida espiritual; si, tras de haber perdonado, te acercas a pedir perdón; si levantamos en oración las manos puras y sin ira ni querellas [1 Tim 2:8]. Si así pedimos, recibiremos.

    Ahora, en cambio, nuestra forma de pedir es una burla y es más propia de ebrios que de sobrios. Instarás: ¿Y qué si pido cosas espirituales y nada recibo? Sin duda que no pediste con fervor o te hiciste indigno de recibir o dejaste de pedir antes de lo que convenía. Preguntarás: ¿por qué no dijo en concreto qué es lo que se ha de pedir? En verdad que ya anteriormente lo había dicho y había declarado para qué cosas debíamos acercarnos a Dios. No digas, pues: me acerqué y no recibí. No quedó por parte de Dios que no recibieras, pues nos ama tanto que en esto vence a nuestros propios padres tanto cuanto supera la bondad a la perversidad. Pues si vosotros con ser malos sabéis dar cosas, buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre que está en los cielos! Y no lo dijo para vituperar a la humana naturaleza, ni afirmando ser malo nuestro linaje -¡lejos de él tal cosa!- sino llamando maldad al paterno cariño si con el cariño y bondad de Dios se lo compara: ¡tan inmensa es la bondad que por naturaleza tiene!

    ¿Has captado la fuerza de este argumento? Es capaz de volver a la buena esperanza aun al más desesperado. Demuestra aquí Cristo la bondad de Dios mediante la comparación y ejemplo de los padres, como antes la había demostrado por sus dones más excelentes, como son el alma y el cuerpo. Sin embargo, no acude a lo que es el principal de todos los bienes, ni hace referencia a su venida. Pues quien entregó a su Hijo a la muerte ¿cómo no nos concederá cuanto le pidamos? El que no perdonó a su propio Hijo, antes lo entregó por todos ¿cómo no nos dará con él todas las cosas? Pero Cristo todavía argumenta con ellos, acudiendo a las cosas humanas.

– San Juan Crisóstomo (siglo IV), Homilías Sobre el Evangelio de San Mateo, Homilía XXIII (tr. por Padre Rafael Ramírez Torres, SJ)

(http://www.clerus.org/bibliaclerusonline/es/ev3.htm#a2)

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