Curación de un leproso (Lucas 5:12-16)

Ilustración de los Evangelios en árabe, transcrito por Basim Ilyas Khuri Bazzi Rahib (Egipto, 1684)

Ilustración de los Evangelios en árabe, transcrito por Basim Ilyas Khuri Bazzi Rahib, un monje egipcio (1684)

Y aconteció que estando Jesús en una de las ciudades, he aquí, había allí un hombre lleno de lepra; y cuando vio a Jesús, cayó sobre su rostro y le rogó, diciendo: Señor, si quieres, puedes limpiarme. Extendiendo Jesús la mano, lo tocó, diciendo: Quiero; sé limpio. Y al instante la lepra lo dejó. Y El le mandó que no se lo dijera a nadie. Pero anda — le dijo —, muéstrate al sacerdote y da una ofrenda por tu purificación según lo ordenó Moisés, para que les sirva de testimonio. Y su fama se difundía cada vez más, y grandes multitudes se congregaban para oírle y ser sanadas de sus enfermedades. Pero con frecuencia El se retiraba a lugares solitarios y oraba.


Comentario

San Juan Crisóstomo (Constantinopla, siglo IV)

    Y una vez que curó al leproso en el cuerpo, le ordenó que a nadie lo dijera, sino que se presentara al sacerdote y llevara la ofrenda que Moisés mandó, para que les sirva de testimonio. Dicen algunos que le ordenó no decirlo a nadie, a fin de que no procedieran con malicia al examen de la curación: pero ésta es muy necia sospecha. Porque no lo curó de tal manera que quedara duda de la curación. Le ordena no decirlo a nadie, enseñándolo a librarse del fausto y de la ambición. Sabía Cristo que el leproso no callaría el beneficio, sino que ensalzaría a su bienhechor: hizo pues lo que a él le tocaba hacer.

    Preguntarás: ¿por qué en otra ocasión, al revés, ordenó que se publicara el beneficio? No lo hizo contradiciéndose ni dando órdenes encontradas, sino enseñando en este otro caso a mostrarse agradecido. Pues no ordenó que se celebraran a sí mismos, sino que dieran gloria a Dios De manera que por este leproso nos enseñó a no ser fastuosos ni vanagloriosos; y por el otro a ser agradecidos a los beneficios; y en todos los casos a que refiriéramos a Dios la gloria y alabanza. Y porque los hombres, en general, cuando enferman es cuando se acuerdan de Dios; y una vez que se aleja la enfermedad se tornan desidiosos, ordena a sanos y enfermos que continuamente tengan presente a Dios: Da gloria a Dios.

Homilías Sobre el Evangelio de San Mateo, Homilia XXV (tr. del griego por Padre Rafael Ramírez Torres, SJ)

(http://www.clerus.org/bibliaclerusonline/es/ev4.htm)

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